miércoles, 8 de enero de 2014

LA DESCUARTIZADORA DEL PORTILLO (Leyenda urbana)


fue en mayo de 1975 (pocos meses antes de que muriera el innombrable), así que, echando ahora cuentas, yo tenía entonces 9 años... pero recuerdo perfectamente el shock que me produjo, a mí y al resto de la ciudad, y cómo aquella macabra historia se convirtió inmediatamente en leyenda urbana... Covadonga Sobrino: la descuartizadora del Portillo... todavía sigue en pie, al borde de la carretera y cerrada desde entonces, la casa donde todo ocurrió, un bar de picoteo y alterne llamado ¡Ay!, en la salida de León hacia Valladolid... cuántas veces les oí contar a mis padres, al pasar frente a ella en coche, aquella terrible historia... un crimen pasional, un hombre violento, una mujer maltratada, una discusión y varios hachazos, un paisano que buscando en el bosque caracoles encuentra las piernas del cadáver y otro que días después descubre uno de los dos brazos (del otro, dicen que tatuado, nunca se supo), el torso y la cabeza (que según la prensa, le trajo uno de sus perros en la boca)... y a partir de ahí, al identificar la policía a la víctima (parece ser que por la hebilla del cinturón), Carlos Fernández Guisuraga, la reconstrucción de los hechos: el crimen en el mesón por la noche, el descuartizamiento en la cocina y la dispersión posterior de los restos... y la leyenda urbana añadida: que la asesina había dado de tapa a los parroquianos del bar carne de la víctima cocinada (dicen que del brazo tatuado)... todo lo cual se me quedó grabado en la memoria a fuego, y aún hoy, 38 años después, me estremezco cada vez que subo la cuesta del Portillo y veo, medio derruida y devorada por la maleza, esa casona abandonada, terror de mi infancia, abono para mis pesadillas...


Vicente Muñoz Álvarez

EL DESCRÉDITO: La monstruosidad del genio.


Cerca de treinta de los mejores autores españoles de la vanguardia literaria de nuestro país habitan estos viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Céline. Una antología imprescindible tanto por su valentía como por su calidad literaria.

En los tiempos que corren se hace necesario aplaudir y admirar la valentía y el tesón de Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez, antólogos de este libro y de la editorial Lupercalia, por apostar y sacar adelante un libro tan difícil como imprescindible y necesario. Valentía, tesón y amor por la literatura desprovista de artificios y farándula, de la escritura de trinchera manchada de fango capaz de descender a lo más miserable de la condición humana para mostrarla en toda su crudeza: son las señas de identidad de Louis Ferdinand Céline, uno de los mejores escritores del siglo XX que fue condenado a la cárcel y el ostracismo por sus panfletos antisemitas y supuesta colaboración con los nazis. Con la excusa de indagar en la dicotomía que supone la figura de Céline, autor de innegable calidad artística y más que dudosa catadura moral, El descrédito nos brinda 28 textos, uno por autor, a cual más brillante y sublime.

Bajo la disyuntiva de separar al autor de su obra, esta antología cumple varias funciones; por un lado reivindica la obra de Céline sirviendo como complemento, tan erudito como delicioso, para quien lo haya leído, por otro invita a todo aquel que no haya leído al autor francés y con una pizca de curiosidad a interesarse por el firmante de Viaje al fin de la noche o Muerte a Crédito toda vez que reúne a varios, contando también los sendos maravillosos prólogos de los antólogos, de los mejores escritores del panorama patrio actual, la mayoría de ellos alejados de los grandes focos que prefieren posarse en semianalfabetas mujeres de toreros autoras de bestsellers. En este sentido no es casual que los autores más conocidos a priori, Miguel Sánchez Ostiz y Enrique Vila-Matas, abran y cierren respectivamente la antología. Sin duda el mayor acierto de El descrédito reside en otorgar plena libertad a cada autor que elige el viaje narrativo que desea y ofrece su visión personal sobre el escritor, en muchos casos totalmente distintas unas de otras: mientras Sánchez Ostiz nos sitúa en el contexto histórico de los últimos años de Céline, sin disculparlo jamás, Vila-Matas se ceba con la obra y vida del médico convertido a escritor sin negar cierta atracción hacia ambas facetas.

De hecho El descrédito es otra gran muestra de los encontrados sentimientos que Céline provoca con su literatura y su actitud ante la vida donde caben desde el desprecio absoluto a la más profunda admiración en un solo intento de describirlo. Mario Crespo relata en un excelente ejercicio de metaliteratura el viaje que sirvió como cesión del testigo por parte de Céline a Allen Ginsberg y William Burroughs, miembros de la generación Beat que junto a Bukowski serían sus mayores discípulos literarios. Celia Novis narra de manera magistral la malsana travesía en barco de Céline hacia África que pone de manifiesto su carácter y su posterior misantropía. José Ángel Barrueco, en un texto fascinante que reúne erudición y amor por la literatura, se pregunta si acaso Céline no sufrió demasiado castigo sobre todo en comparación a otros escritores de semejante calaña y apuesta firmemente por separar al escritor del hombre. Óscar Esquivias nos sitúa en primera persona en la vida de Céline en África en un relato tan logrado que pide ser novela. Bruno Marcos, en una excelente y sorprendente comparación de Céline con Charles Chaplin, desmitifica la ferocidad del autor. Pepe Pereza nos brinda uno de los más desgarradores y hermosos relatos de desamor que se pueden leer en el que un libro del autor francés jugará un papel importante.

Isabel García Mellado trenza un bello cuento parisino con aparición casi fantasmal de Céline. Álex Portero Ortigosa da fe de su maestría en un emocionante y reivindicativo texto que debería ser de obligada lectura en las escuelas. Vanity Dust resucita a Céline con su hilarante y genial prosa mientras Juanjo Ramírez hace lo propio de una manera un tanto más escatológica e igual de brillante. Hilarante, brillante y sin tapujos es el genial relato de Patxi Irurzun. Juan Carlos Vicente se pone de manera sublime en la piel del ministro francés que no paró de recibir presiones para que no se homenajeara a Céline en las celebraciones nacionales de 2011. Velpister se muestra excelentemente lúcido plasmando un futuro distópico demasiado reconocible. Esteban Gutiérrez Gómez pone de manifiesto lo muy presente que sigue todavía el espíritu y la obra Céliniana en cualquier espíritu adolescente mínimamente rebelde y curioso. Pablo Cerezal utiliza la magia que su exquisita prosa atesora para poner de manifiesto lo hipócrita del políticamente correcto mundo occidental con su odisea para encontrar un volumen de Muerte a crédito. Miguel Baquero no es capaz de separar al escritor de su obra cerrando su texto con una frase tan certera como hermosa y contundente. Adriana Bañares prefiere poner su maravillosa y poética prosa al servicio de la historia de amor de Céline. Por resumir, el resto de textos de Javier Esteban, José M.Alejandro (Choche), Carlos Salcedo Odklas, Joaquín Piqueras, Gsús Bonilla, Alfonso Xen Rabanal y Daniel Ruiz García contienen una calidad literaria tan demoledora que convierten El descrédito en más que una antología, un artefacto vital de más que necesaria y obligada presencia en todas las estanterías.


Javier Vayá Albert, en LaHuellaDigital.com


lunes, 6 de enero de 2014

ANIMALES PERDIDOS O NO SE PUEDE VIVIR SIN AMOR por Pablo Müller.


Días que oxidan 
que enervan que duelen 

y saudade profunda 
en esta yerma capital del frío. 

Mi vida en la penumbra 
aún huele a ti 

aún huele a ti. 

Y mi perra y yo 
aullando desesperadamente 
a la luna. 

Recuerdo ahora 
ciertas palabras del Cónsul 
en Bajo el volcán 

One cannot live 
without love. 

Y unos versos 
de Pablo Casares 

Tantas formas 
hay de vivir 
como de morir. 
Pero sólo una 
de sobrevivir: 
resistiendo. 

Justamente 
en ello estamos.

Vicente Muñoz Álvarez. 


Vicente Muñoz Álvarez escribe Animales perdidos en tres actos: infierno, purgatorio y cielo, su itinerario con el amor.

No se puede vivir sin amar dice Malcom Lowry en Bajo el volcán.

Resistir para aguantarnos la vida como si fuera la ascua de un trozo de carbón que nos llega del pasado: fuego de vida que quema, padre, madre y la pena, y la labor fuera evitar que se apague, — quemándonos, así es la vida que nos oxida —, y pasarle al hijo en su justo tamaño, peso, y medida, así más tarde sea el examen: la disección de ese resto entre la ceniza.

Como diseccionamos entre las cenizas que nos legaron.

Como si no fuéramos sino consecuencias de un momento de amor.

Hay que poner palabra al miedo, miedo asustado por el miedo mismo, en guardia, vigía del tiempo restante, tan pendiente de los que han sido antes que olvido son mi peso y mi salvoconducto.

Salvoconducto para animales perdidos.

Salud Vicente.


Pablo Müller, del blog Papeles de Pablo Müller.


TERRY ZWIGOFF

domingo, 5 de enero de 2014

LET'S SCARE JESSICA TO DEATH


De lo mejor, para mí, del gótico americano de los años 70, Let's scare Jessica to death (en castellano, fusilando el título original, La maldición de los Bishop, 1971), de John D. Hancock, es una muy inquietante y libre (además de poco conocida) adaptación a la pantalla grande del relato Carmilla, de Sheridan Le Fanu, que con el paso del tiempo se ha convertido por méritos propios en un filme de culto.

Con una atmósfera onírica y asfixiante (como de mal viaje de tripi), un ritmo envolvente y pausado y un elenco de actores casi desconocido, Hancock construye una película con sello propio, original y perturbadora donde las haya, que juega con la ambigüedad de la trama y la locura de la protagonista (magnífica Zohra Lampert), descolocando al espectador y logrando, en más de una ocasión, ponerle los pelos de punta.

Estética lisérgica y hippie (lo que más me ha cautivado del film), dentro del marco rural de la norteamérica profunda, fotografía brumosa y apagada, caserones sombríos, granjeros cretinos, leyendas de fantasmas y visiones de aparecidos, es lo que nos ofrece, sin apenas sangre ni sensacionalismos, Let's scare Jessica to death, más que suficiente para satisfacer a los amantes del género.

No os la perdáis.

v

Trailer in You Tube:

http://www.youtube.com/watch?v=cX4eZD3GiL0

miércoles, 1 de enero de 2014

RITUAL


año nuevo
en la tierra

después de comer
y brindar

una película
de la Hammer

incienso
velas encendidas

bajo
las mantas

agarrados
de la mano

celebrando
el milagro

una vez
más


Vicente Muñoz Álvarez

MI VIDA EN LA PENUMBRA

lunes, 30 de diciembre de 2013

EL DESCRÉDITO: Entrevista en Culturamas.


¿Viaje al fin del hombre? 

El descrédito: viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline, Ediciones Lupercalia


Un barco llamado Lupercalia, en esta ocasión, tripulado por dos maravillosos y apasionados antólogos: Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez. Destino: la obra de un hombre, rara avis, Louis-Ferdinand Céline, capaz de ser odiado y amado por los mismos y al mismo tiempo. ¿Malditismo, genialidad, antisemitismo, uno de los escritores más influyentes del siglo XX, una vuelta de tuerca a la literatura universal o todo al mismo tiempo?

El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline, Ediciones Lupercalia, supone un alto en el camino ineludible para todos aquellos que han viajado al fin de la noche o pretenden hacerlo. 

¿Cómo surge la idea y por qué Céline?

Julio César Álvarez:

Céline se ha ido convirtiendo progresivamente en una voz literaria cada vez más importante. Una especie de lectura obligada. No hemos hecho otra cosa que reflejar ese interés, esa curiosidad creciente entre muchos lectores y autores por una figura confusa y difícil de explicar. Era inevitable abordar su legado, el conflicto moral que encierra y su larga influencia en la literatura más actual.

¿Crees que sus panfletos antisemitas fueron parte de la obra de un provocador, del nihilismo atroz, de la no esperanza en el ser humano, después de haberse adentrado, según dicen, en el corazón de las tinieblas al más puro estilo Conrad?

J.C.A.:Todo ello al mismo tiempo y tal vez justo lo contrario. Es difícil responder con certeza. Lo que está claro es que Céline refleja las miserias y grandezas de la sociedad europea de entreguerras. Una sanguinolenta herida abierta. De hecho, Céline supura todas las enfermedades morales y fantasmas sociales de la época, no es más que su incómodo reflejo, esa parte oscura que la mayoría prefiere esconder. De ahí su ostracismo, su encierro silencioso y su anulación. Aunque ciertas cuestiones artísticas no pueden dejarse aparcadas en un cajón. Evolucionan, crecen, como el propio ser humano. 

Hay quien dice que su antisemitismo se basa en la identificación del judaísmo con el capitalismo, otros que fue un pacifista convencido, defensor de los desfavorecidos, anticlerical y anticolonialista y muchos otros que era un ser inmoral, deleznable y pronazi. ¿No estaríamos ante el paradigma de la contradicción del ser humano cuando en la misma persona se dan todos esos matices? 

J.C.A.: Céline resume en un sólo hombre lo mejor y peor del siglo XX. Sofisticamos la tecnología hasta crear la bomba atómica. En su caso, convive un talento enorme, un estilo depuradísimo (al menos en sus primeras obras), con una pésima calidad moral y una cierta monstruosidad en su visión de otros seres humanos. Evidentemente lo rescatable es su talento creativo, su modificación de las reglas literarias del juego. El resto, es una continuación de esa bomba atómica, nuestro perfeccionamiento como especie que se destruye más y mejor a sí misma.

Céline dijo acerca de su Viaje al fin de la noche: “El hombre está desnudo, despojado de todo, aun de la fe en sí mismo. Mi libro es eso”. Según Vila Matas precisamente, ese pesimismo y esa falta casi absoluta de compromiso moral le permitieron viajar con insólita audacia a donde casi nadie se había atrevido a ir. ¿Crees que el arte puede/debe ser el vehículo para desentrañar incluso la oscuridad más absoluta que nos habita? 

J.C.A.: El arte es el medio, sin duda. Y la libertad resulta imprescindible. Fue quizá esa libertad sin límites la que le permitió innovar y resquebrajar las formas literarias de la novela. Si existe un buen campo de pruebas para desentrañar la oscuridad inherente al ser humano, ese es la creación artística. Pero luego, claro, no nos asustemos de lo que allí aparezca reflejado.

Acerca de la controversia que provoca el universo Céline: ¿dónde empieza el hombre y dónde el creador? ¿Dónde la obra y dónde la vida? ¿Es bueno, justo e inevitable mezclarlo, juzgarlo, condenarlo? 

Vicente Muñoz Álvarez:

Es muy complicado saber dónde empieza el hombre y dónde el creador, ambas facetas, sobre todo en la escritura autobiográfica, como la de Céline. En función de qué experiencia tengas y qué clase de hombre seas, construirás tu escritura, eso está claro. Ahora bien, a la hora de valorar una obra artística, sea del tipo que sea, mi opinión es que se deberían deslindar ambas cuestiones. Si tuviéramos que juzgar a los artistas por su catadura moral, las bibliotecas y museos se vaciarían. Y no hablamos de políticos ni sacerdotes, hablamos de artistas, y de su obra, su legado, que es realmente lo que importa. Juzgar a una persona en vida por sus actos, me parece lógico y necesario. Pero juzgar su obra por sus acciones, creo que no es acertado. Sobre todo cuando, como es el caso de Céline, el autor lleva más de medio siglo muerto y lo que ahora cuenta, cara al presente, es su impresionante obra escrita.

¿Cómo ha sido la experiencia a la hora de congregar, seleccionar a todos esos autores entorno a una figura como la de Céline?

V.M.A.: Muy gratificante para Julio César y para mí. En el fondo, aunque no lo parezca, reunir una nómina de autores como la presente implica una labor de años de trabajo y contactos entre escritores, de haber ido formando una cantera y equipo de autores afines, dispuestos a colaborar en un proyecto así. Tanto Julio César como yo conocíamos previamente a todos estos autores y sabíamos de su interés por Céline, con lo cual no fue difícil reunirles. Pero ya digo, saber de ellos, de los más adecuados para este proyecto en concreto, viene de atrás.

Y por último, ¿creéis que habéis logrado vuestro propósito de desvincular la obra del hombre? Vuestra impresión del resultado.

V.M.A.: El resultado es El descrédito, este magnífico libro que Lupercalia acaba de editar, donde ha primado la libertad total de los autores a la hora de exponer su visión sobre Céline. Unos lo han elogiado, otros condenado, otros criticado… pero todos se han dejado la piel en abordar su obra y figura. Lo que no hicieron en Francia en su día por presiones políticas, lo hemos hecho sin ellas aquí y ahora, en España, los 28 escritores que participamos en la antología. Y de ello estamos, sobre todo Julio César y yo como antólogos, más que orgullosos. Nuestra premisa era, sí, desvincular la obra del hombre, pero sin disculpar en absoluto a Céline por sus actos, sólo con la intención de reivindicar sus grandes novelas. Y creo que lo hemos conseguido. Gracias, en gran parte, a Lupercalia, que ha apostado por esta polémica y arriesgada antología. Y por supuesto, a los puntos de vista y textos de los autores, que se han implicado de lleno en el proyecto.

EDICIONES LUPERCALIA

http://edicioneslupercalia.com/

¿Cómo, cuándo, dónde y por qué Lupercalia? Son vuestras publicaciones Azotes de Lupercalia?

Ricardo Moreno Mira:

El «Cómo»… bueno, con un simple trámite administrativo, alta en el IAE.

El «Cuándo»… Más o menos, creo recordar, hacía el año 2009.

Y el «Por qué»… para dar salida a material que nos gustase y tuviese interés.

Sobre si nuestras publicaciones son «Azotes de Lupercalia»… bueno, nos gustaría que así fuese.

¿Cómo logra nacer una editorial y cómo se mantiene?

R.M.M: Los trámites son sencillos. Todo el mundo puede hacerlos. Como ya he dicho antes, alta en el IAE y pagar tus autónomos. Todo lo demás, encontrar una imprenta que se adapte a lo que buscas, es algo que se aprende. La distribución, es más complicada y difícil, pero también es posible.

¿Mantenerse?… Bueno, eso depende de lo que uno quiera y pueda aguantar. Pero al ser una editorial pequeña no tenemos que soportar una gran infraestructura. Eso nos da flexibilidad y una capacidad de adaptación que supone una enorme ventaja en tiempos de crisis. Somos algo así como pequeños organismos que no necesitan mucho para subsistir, en un panorama general de grandes dinosaurios y con una extinción masiva de fondo.

¿En qué os basáis para la selección de obras? ¿Rastreáis vosotros, os las envían..?

R.M.M: Principalmente en que nos guste, que cojas el manuscrito y te enganche, que tenga fuerza y se adapte a la línea de la editorial. Nos llegan muchos e-mails de gente que quiere publicar pero no damos abasto. Un porcentaje de las cosas que hemos publicado ha salido de ahí, de esos e-mails que nos llegan, y otras las hemos buscamos.

¿Publicar es un deporte de alto riesgo en este país?

R.M.M: Depende de lo que publiques. Si es literatura, probablemente sí. Pero aquí lo difícil, casi imposible, es llegar a tu cliente potencial en un contexto de sobresaturación de estímulos y ofertas.

Habladme del diseño de las portadas. Todas poseen una fuerza tremenda.

R.M.M: Intentamos acordarlo y colaborar con el autor, que él ofrezca idea y sus impresiones. Eso es importante para nosotros, que el autor se sienta satisfecho con nuestro trabajo.

Y por lo demás, bueno, nos alegra si causan esa impresión… Es lo que intentamos, un diseño limpio, austero en cierta medida, pero contundente. Simplemente tratamos que quede lo mejor posible. Y supongo, por la pregunta, que eso a veces funciona.


Entrevista realizada por Julia Roig Whittle para Culturamas.


F.SCOTT FITZGERALD

domingo, 29 de diciembre de 2013

¿QUIÉN MATÓ A LA TÍA ROO?


Si queréis celebrar el espíritu de la Navidad con una película de suspense atípica y conmovedora, siniestra y entrañable a la vez, al margen de los clásicos descafeinados que programan en la televisión, descargaros ¿Quién mató a la tía Roo? (Whoever slew Auntie Roo?, 1972), de Curtis Harrington, y os aseguro que disfrutaréis de una maravillosa velada.

Una inquietante vuelta de tuerca al ya de por sí macabro cuento de Hansel y Gretel, con una camaleónica Shelley Winters a la cabeza del reparto y un Mark Lester (el inolvidable niño de El otro, de Robert Mulligan) perverso y angelical, un montón de giros inesperados y una logradísima atmósfera navideña.

Harrington, especialista en thrillers de terror psicológico, le añade un plus de morbo y sarcasmo al cuento popular de los Hermanos Grimm, respetando su fondo y esencia, pero subvirtiendo algunas claves del mismo y dándole una lectura nueva, más irónica y retorcida, morbosa y aterradora.

Pavos y cochinillos asados, niñas momificadas, dulces de jengibre y de chocolate, fantasmas y sesiones de espiritismo, esquizofrenia y espumillón combinados en sabias dosis para el deleite del espectador.

Ideal para videar junto a la chimenea, con un carajillo caliente en la mano, en la sobremesa de alguna celebración navideña.


Trailer in You Tube:


ÓPERA PRIMA


Ópera Prima

el grupo

esta noche

reencarnado
en otro tiempo

sus temas

olvidados
desde los 18

aún vivos
en mi corazón

no dejo
de sorprenderme


Vicente Muñoz Álvarez

sábado, 28 de diciembre de 2013

LAS SALAMANDRAS



Miraba de cerca la fotografía
de las salamandras negras y amarillas
coleteando en aquel charco,
cuando de pronto el papel comenzó
a abultarse entre mis manos,
a hincharse, a cobrar vida,
y las salamandras se movieron
bajo el agua lentamente
y comenzaron a salirse de la foto
y a escurrirse con su tacto frío y gomoso
entre mis dedos,
una tras otra, una tras otra, una tras otra,
hasta que cesó al final el borboteo
y la foto se quedó totalmente vacía,
un remanso de aguas claras,
y las salamandras negras y amarillas
se perdieron con sus torpes pasos lentos
en la ominosa serenidad del cuarto oscuro.


Vicente Muñoz Álvarez, de Canciones de la gran deriva (Origami, 2012).


viernes, 27 de diciembre de 2013

TRITONES & SALAMANDRAS (La extraña pareja)


fue también aquel curso, séptimo de EGB, cuando me hice con dos de mis más preciadas mascotas: un tritón (jaspeado) y una salamandra... el primero, el tritón, me lo regaló Don Julián, el profesor de Ciencias Naturales, después de hacerme prometerle que le cuidaría... se lo habían llevado al laboratorio unos alumnos y lo mantenía en un tarro de cristal, a la espera de encontrarle dueño... y ahí estaba yo, hipnotizado por sus pequeños ojos de fuego, su rugosa piel verde y negra y sus torpes movimientos, dispuesto a llevármelo a casa... me explicó cómo cuidarlo, Don Julian, construyéndole un terrario húmedo, reproduciendo su hábitat natural y alimentándolo a base de gusanos e insectos... y yo me lo tomé muy en serio (como casi todo a aquella edad) y le construí, siguiendo las instrucciones de un manual sobre anfibios, un terrario de madera y cristal, con ramas, cortezas, yedra y musgo, donde se sintió inmediatamente integrado, hasta el punto de atreverse pronto a comer de mi mano... le llevaba, sobre todo, lombrices de tierra, fáciles de encontrar, y se las acercaba a la boca con los dedos, hasta que aparatosamente, con un giro brusco del cuello, las atrapaba y las engullía... su compañera, la salamandra, llegó poco tiempo después... la encontré en una de mis excursiones al campo en busca de fósiles y minerales, en la garganta de Piedrasecha (también llamada Los Calderones, cerca de la Magdalena), en la orilla del río... más fascinante aún que el tritón, negra y amarilla, de piel gomosa y suave, con unos diminutos dedos palmeados, indefensa y conmovedora... y al terrario que me la llevé también, junto al tritón, para que le hiciera compañía... aquella extraña y bien avenida pareja en la terraza del salón de mi casa, ocultos siempre en sus cuevas, solícitos a mi llamada, cuánto les echo de menos... no sé calcularlo con exactitud, pero al menos siete u ocho años les tuve conmigo, hasta que la madera del terrario, por la humedad, comenzó a deteriorarse y finalmente a pudrirse y decidí devolverles al bosque... les llevé de vuelta a Piedrasecha y justo en el mismo sitio donde había encontrado a la salamandra tiempo atrás, les dejé en libertad... con sus torpes pasos lentos se perdieron bajo la hojarasca de la orilla del río y jamás volví a saber de ellos... aunque siempre pensé (o quise y quiero pensar, distorsionando como terapia el pasado y los sentimientos) que hubieran preferido quedarse conmigo... 

para ellos
este recuerdo


Vicente Muñoz Álvarez

jueves, 26 de diciembre de 2013

"S" (De Violencia & Sexo)


tres eran tres los cines a los que, de chinorris, íbamos a ver películas clasificadas "S": El Lemy, al final de la Avenida Alcalde Miguel Castaño (antigua Avenida de Madrid), el Trianón, en Ramón y Cajal, y muy en especial El Crucero, en el barrio del mismo nombre, cruzando el Puente de San Marcos, que era el único al que casi siempre nos dejaban entrar... toda una odisea, con doce o trece o catorce años, hacernos pasar por mayores de dieciocho para poder entrar a ver aquellas películas, ya fueran de violencia y terror o eróticas y pornográficas, que eran las que habitualmente recibían tal clasificación, poniéndonos en la cola de puntillas para parecer más altos, llevando gafas de sol o embozándonos el rostro con bufandas y abrigos... a veces lo conseguíamos y otras no, dependiendo de qué cine se tratara y de quién estuviera en la taquilla (con las mujeres, gneralmente, la cosa se complicaba)... a mí, para variar, me gustaban más las de terror, pero casi todos en la pandilla preferían las pornográficas, que no solían mostrar escenas de sexo explícito, pero que disparaban igualmente nuestra libido e imaginación... La madre superiora del pecado, Emmanuelle 2: la antivirgen, Bragas calientes, Aberraciones sexuales de una mujer casada, El orgasmo y el éxtasis, Jóvenes viciosas o Gemidos de placer son algunos de los títulos que ahora me vienen a la cabeza, normalmente infumables, bizarras y psicotrónicas, y de las que apenas conservo ningún recuerdo... sí, en cambio, de las de terror, mis favoritas, grabadas a fuego en mi mente: La niña (de las que más nos aterrorizó), Apocalipsis caníbal, Sexo sangrientoLa mansión de los muertos vivientes, Los ritos sexuales del diablo o las mismísimas Viernes 13 y Las colinas tienen ojos, que en su estreno fueron todo un acontecimiento... Se advierte al público que este filme por su temática o contenido puede herir la sensibilidad del espectador... era su tentador eslogan, más aún para unos adolescentes, nosotros, aún recatados y ávidos de nuevas experiencias... allí estábamos, haciendo cola en las taquillas de los mencionados cines, para (si conseguíamos pasar) excitarnos con aquellos indigestos banquetes de muslo y pechuga... Agata Lys, Helga Liné, Barbara Rey, Nadiuska, o las más atrevidas Lina Romay (la mujer de Jess Franco) y Susana Estrada (la más cañonera), eran algunas de las musas habituales de aquellos engendros cinematográficos de la Transición, carne para la máquina del consumo y oscuro objeto de nuestro insaciable deseo... hasta que, no tardando mucho, a partir de los 80, comenzaron a llegar a las salas de cine y los videoclubs las películas "X", hermanas depravadas de las descafeinadas "S", y el público perdió de inmediato interés por ellas... qué tiempos aquellos, tan hipócritas, tan oscuros y tan viscerales, los que nos tocó de adolescentes vivir, herederos del antiguo Régimen, hijos sietemesinos de la democracia... 


Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 23 de diciembre de 2013

MORIR (El diablo)


es, quizás, uno de mis más tempranos recuerdos, cómo tomé por primera vez contacto con la muerte, a los cuatro o cinco años, de manera fortuita, y la tremenda impresión que ello me produjo... recuerdo estar en la cocina de la casa de San Pedro donde vivíamos... recuerdo que era una tarde-noche de invierno... y recuerdo, como si los estuviera viendo ahora, aquellos muñecos de guiñol que alguien me había regalado: una bruja, un payaso, Caperucita y el lobo, y el diablo... un diablo de piel roja y cuernos blancos y pelo negro rizado que mi padre manejaba con una mano dentro de su pequeño cuerpo, agitando alocadamente su cabeza y sus brazos... no sé muy bien cómo, a tanto mi memoria no llega, de qué manera sucedió, pero sí que, en un punto concreto del juego, pregunté a quién representaba aquel muñeco... y no sé tampoco cómo, de qué manera me lo explicaron, pero sí que me dijeron que era el diablo, el guardián del infierno... y que mi curiosidad infantil me hizo preguntar a continuación qué era el infierno y que mis padres me dijeron que era el lugar donde, al morir, iba la gente mala... y que acto seguido pregunté qué era morir y que me dijeron que la gente mayor se moría, que su corazón dejaba de latir y que, en función de cómo se hubieran portado en vida, iban al infierno o al cielo... y que entonces, eso sí que no lo olvido, me invadió un tremendo vacío, un vértigo atroz, una sensación terrible de desconsuelo y de náusea, y que a continuación me puse a llorar y que mis padres me dijeron que no me preocupara, que eso, el morir, no le sucedía a los niños, que le pasaba sólo a la gente mayor, muy mayor, y que a mí me quedaba aún mucho tiempo para que llegara mi hora... desde entonces odio los muñecos de guiñol, obviamente un trauma infantil, y ahora que soy ya mayor sigo sintiendo el mismo vacío y vértigo y la misma sensación de desconsuelo y de náusea cada vez que pienso en la muerte y en que todos tenemos que morir, tarde o temprano, aquí o allí, todos vamos a morir y, tal vez, según nos hayamos portado, a encontrarnos con aquel horrible diablo...


Vicente Muñoz Álvarez

MINERALES (Una pasión)


fueron otra de mis grandes pasiones, los minerales, otra obsesión infantil, sobre todo a partir de cierto momento, en séptimo de EGB (creo recordar), con Don Julián, el profesor de Ciencias Naturales, que nos encargó, como complemento obligatorio de la asignatura, presentar una colección al terminar el curso escolar... así comencé a coleccionarlos y estudiarlos y clasificarlos e ir a buscarlos al monte y al campo... ahí estaba yo, unos once o doce años, calculo, cogiendo con otros alumnos los sábados por la mañana el tren de vía estrecha rumbo a Boñar, La Vecilla o Vegacervera, con mi mochila y mi martillo de geólogo y varias guías de consulta y los ojos (ya sin parche) llenos de ilusión e inocencia, buscando minerales en los bosques y escombreras y minas abandonadas de la región... pirita (cristalizada y limonitizada), cuarzo (ahumado o blanco o rosa), malaquita y azurita, calcita, goethita, azabache, galena, blenda acaramelada, fluorita, turmalina, aragonito, oropimente y rejalgar, etc, etc, etc... me fascinaban aquellos nombres, sus colores, sus propiedades, las formas en que cristalizaban y sus reflejos, como si tuvieran dentro una luz interior, alma y esencia, o algún mensaje cifrado... y me fascinaba, más que ninguna otra cosa, el laboratorio del colegio, al que acudíamos a hacer prácticas una vez por semana, lleno de anaqueles con todo tipo de objetos extraños y exóticos, fósiles y minerales, por supuesto, pero también insectos y mariposas y animales disecados de todas las partes del mundo (procedentes de la misiones de los agustinos), flechas, lanzas y máscaras tribales, microscopios, morteros, matraces y tubos de ensayo, acuarios con peces de colores, terrarios con tritones y salamandras y, la perla de la corona, una nutrida colección de cabezas de jíbaro reducidas, que me atraían como imán al acero y que no me cansaba jamás de observar... un mundo mágico y revelador, luminoso y lleno de enigmas, que me transportaba a realidades y universos paralelos y potenciaba mi, cada vez más acusada, tendencia a la ensoñación... volví loco, con los minerales, a Don Julián, el profesor, al que asediaba y atosigaba en clase a preguntas, llevándole muestras de todo lo que recogía en mis escapadas al campo... volví locos a mis padres y a mi hermana, siempre en danza con las dichosas piedritas... a mis compañeros, proponiéndoles incasable excursiones y changes... y supongo que me volví loco yo también a fuerza de consultar continuamente guías y visitar tiendas de minerales (Petrópolis, en especial, donde a menudo arrastraba a mi madre para intentar que me comprara alguno) y construir cajas de madera para clasificarlos y, ya al final del curso, presentárselos al profesor... aún conservo muchas piezas de aquel tiempo, y desde entonces he seguido coleccionándolos, siempre mirando hacia el suelo en la montaña y el bosque y rebuscando aquí y allá, ensimismado en la configuración del terreno... hace casi cuarenta años de eso... 

ya llovió


Vicente Muñoz Álvarez

FRIENDS


con David González
en el Barrio Húmedo

domingo, 22 de diciembre de 2013

IL PROFUMO DELLA SIGNORA IN NERO


Si os gustan las películas de terror psicológico en la línea de La semilla del diablo, Repulsión o El quimérico inquilino, disfrutaréis de esta rara avis del cine italiano, Il Profumo della signora in nero, dirigida por Francesco Barilli en 1974, repleta de guiños psicoaníliticos, hipnótica y tremendamente desasosegante.

Como en los citados films de Polanski, Barilli construye un delirante entramado de complejos y traumas, de pistas e indicios que desembocan en un escalofriante final (sin duda, de lo mejor del metraje). Todo ello con un elegante sentido de la estética y el ritmo, muy por encima de la media de los giallos habituales de aquel tiempo.

Las referencias a Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo (como alter ego de la protagonista, Mismy Farmer, por cierto, parecidísima a Mia Farrow) son numerosas, hasta el punto de convertir la película en una especie de versión siniestra (muy siniestra) de las novelas de Carroll.

La paranoia y la esquizofrenía, el desdoblamiento de personalidad, el mundo de los sueños y las pesadillas, los golpes y cicatrices de la infancia, la magia negra y la brujería, los ritos satánicos y la pérdida de identidad, son algunas de las piezas clave de esta película, que ha ido con el tiempo ganando prestigio y solera, convirtiéndose por méritos propios en un film de culto.

Magnífica y absorbente la banda sonora de Nicola Pavoani, como anillo al dedo para la ocasión, la fotografía de Mario Masini y, muy en especial, el sorprendente y desquiciado final (que por supuesto no destriparé), una sangrienta guinda para coronar el pastel.

Buon appetito.

Vicente Muñoz Álvarez

Trailer in You Tube:


viernes, 20 de diciembre de 2013

PARCHE (Estigma)


volví a acordarme de él el otro día, videando esa joya del cine de culto titulada Thriller: A cruel picture (en la que se basó Tarantino para crear Kill Bill), al ver a Christina Lindberg, la protagonista, con un parche en el ojo... recordé entonces al niño que a comienzos de los años setenta fui, y el parche que tuve que llevar durante mucho tiempo debido a un estrabismo infantil galopante, aquel parche negro en mi ojo izquierdo (el derecho, verde y nublado de tristeza) que me estigmatizaba y obligaba a dar a todo el mundo explicaciones, en el colegio sobre todo, y a soportar las mofas y burlas de mis compañeros, desde entonces oveja negra del redil... aquel parche redondo y negro como el fin de la noche, oscuro como la tumba donde yace mi amigo (parafraseando a Malcolm Lowry), que con todo el cariño del mundo mi madre me hizo, parche de pirata, de lacra, de disidente, parche de paria... no conservo fotos con él, por desgracia, pero nunca lo olvido... en realidad, pienso, llevo todavía aquel parche en mi subconsciente, siempre ha estado ahí... sólo que ahora me gusta llevarlo, ahora disfruto del estigma y la lacra, me singulariza entre el rebaño y me hace plenamente consciente de mi condición... pero no entonces, a comienzos de los setenta, con apenas cinco años, en aquella sociedad clasista e hipócrita, entre todas aquellas pirañas que buscaban con lupa cualquier debilidad o imperfección para lanzarse ávidamente a devorar a sus presas... luego, tiempo después, no sé cómo ni dónde, mis padres consiguieron unas gafas de pasta con uno de los dos cristales ahumado, el izquierdo, que mejoraron un poco, sólo un poco (seguían siendo de friki total, la verdad sea dicha) la situación y me ayudaron a corregir progresivamente y con paciencia aquel defecto en la vista... hasta que el cristal ahumado pudo ser sustituido por otro transparente y con el paso de los años no tuve ya necesidad de llevar gafas, mi ojo estrábico pasó a ser sólo vago, mi carácter se hizo fuerte y mi corazón rebelde, comencé a sacar partido de la diferencia y a creer cada vez más en mí, a enfrentarme a la vida y al mundo con la cabeza bien alta y a estar orgulloso de no ser como el resto... quizás, pienso, fuera aquel parche en gran medida el causante de ser como soy, de no haber comulgado nunca con la mayoría, de no identificarme en la prole y de ir siempre a tientas por el lado izquierdo, buscando infatigable mi propio camino... 

misterios
del subconsciente


Vicente Muñoz Álvarez