martes, 29 de noviembre de 2022

REGRESIONES: Nueva edición ampliada en LcLibros.

 

Regresiones es para los que están y para los que no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar. Regresiones es un retrato urbano. Aquí no hay ni una sílaba dedicada a la manida seducción folclórica. Regresiones es una colección de impactos de alcance del día a día. De cuando los mandamientos se resumían en dos, porque nada era relativo: «Vivid en la calle, no paréis en casa», o «La sangre aún me hierve cuando pienso en mi mala suerte». Por ejemplo. Y hay ajuste y expiación en esto que también es un «gracias a la vida».

Pacho Rodríguez

Nueva edición ampliada,
a la venta en la web de LcLibros.



REGRESIONES 2022: Booktrailer.

domingo, 27 de noviembre de 2022

SORTILEGIO DE OTOÑO



La ruta de calzado al fin terminada, Trás os Montes, lleno de diablos y máscaras, melancólico y decadente, en el recuerdo, Híbridos que ya pasó, abrazos y poemas, sonrisas y versos, los que fueron y estuvieron, los que siempre apoyan y los que nunca están, y hoy, con mi chica, ya liberado de obligaciones y cargas, al fin a boletus: el embrujo de los robles y las encinas, de las jaras y el musgo, el bosque animado, nuestro querido Walden particular, y allí, entre la hojarasca y las amanitas muscarias, rojas como la sangre y salpicadas de pequeñas perlas blancas, desafiando a los hombres y al tiempo, un año más, nuestro tesoro: han tardado, nos dijimos abrazándonos, pero aquí están, como un sortilegio de otoño, como un Santo Grial... Pese a los sinsabores y los malos tragos del camino, aquí están: celebremos, mientras dure el viaje, la magia...

Vicente Muñoz Álvarez

VA DE BOLETUS


A MERCED DEL ODIO



DESPUÉS de ¿Qué fue de Baby Jane? y Canción de cuna para un cadáver, ambas de Robert Aldrich, y cerrando una especie de trilogía personal, Bette Davis volvió a interpretar a una anciana desequilibrada y perversa en esta película de Seth Holt, A merced del odio (The Nanny, 1965), menos truculenta que las dos anteriores, pero también llena de macabras sorpresas.

Adaptando a la pantalla grande una novela de Evelyn Piper, la película de Holt se sustenta, como las de Aldrich, sobre la interpretación magistral (aunque aquí más contenida) de Bette Davis, que monopoliza obsesivamente la cámara, y sobre un guion lleno de giros y pistas falsas que desconciertan al espectador.

Muy logrado el suspense y las interpretaciones del resto de actores (en especial la del niño William Dix), pero sobre todo inolvidable el papel de Bette Davis, que una vez más demostró que le iban como anillo al dedo este tipo de personajes atormentados.

Vicente Muñoz Álvarez,
de Cult Movies 2: Películas para la penumbra
(LcLibros, 2018)



miércoles, 23 de noviembre de 2022

LAS VOCES POÉTICAS DE LA ESPAÑA DESPOBLADA



El profesor Escuín apuesta en la antología
«La tierra y la nada» por la voz lírica
de la España despoblada.

La tierra y la nada. Una antología poética de la España despoblada (Bala perdida) no es solo una antología: es el sentir, el cantar y el contar de un antólogo como Nacho Escuín (Teruel, 1981), y de una veintena de poetas, mujeres y hombres, que a decir de Escuín: “lanzan un mensaje claro y cristalino, positivo y convencido acerca de los lugares desde los que escriben, ya sean estos físicos o educacionales, que puede entenderse como estímulo para aquellos que busquen un espacio para leer o escribir idílico”. Y añade: “En esta ocasión, los poetas seleccionados parten de los lugares más despoblados de nuestra geografía, ya sean nacidos en esas zonas o residentes. Visibilizar las voces de aquellos que escriben y viven en las mismas se presenta como una oportunidad para conocer las preocupaciones y los temas centrales de sus poéticas con el reto demográfico de fondo”. ¡Ahí es nada!

Así pues, Pedro Bermejo, José Blanco, Carmen Ruth Boíllos, Pablo Casares, Sofía Castañón, Jaime Cedillo, José María Cumbreño, Amelia Díaz Benlliure, Almudena Eslava, Óscar Esquivias, Be Gómez, Iosune de Goñi, Maribel Hernández del Rincón; Martín López-Vega, Vicente Muñoz Álvarez, Celia Prieto Mazariegos, Ape Rotoma, Regina Salcedo Irurzun y Juan Antonio Tello son los y las poetas que desentrañan para las personas lectoras su sentir y vivir, con versos que emocionan y conmueven. Son poemas que como el frío cierzo de Aragón te deja la cara helada con una sonrisa. En toda esta poesía aquí recogida y antologada hay silencios, sabiduría, belleza, calidad, vivencias, conocimiento, y sobre todo belleza. Son poetas de fértil fuente que se reflejan y enaltecen lo contemplado, con una dinámica poética que se imbrica y comulga con el paisaje y el paisanaje, cual fulgor de todos ellos y ellas.

Son poetas de verdad, con versos iluminados, que alcanzan esa plenitud del lenguaje en sus versos, desde un planteamiento poético de esa otra realidad, que conocen y habitan, de los lugares y pueblos de la España despoblada. Así, Pedro Bermejo (León, 1996) nos dice “Qué rara la ciudad donde he llegado/ donde montan en las nubes por la noche”; José Blanco (Barakaldo-Bizkaia, 1965) señala que: “Anoto en mis cuadernos mi colección de pérdidas,/ junto con las comunes, las más extraordinarias”; Carmen Ruth Boíllos (Soria, 1981) grita: “Y el padre, con los ojos enredados/ en ese cielo encapotado de Madrid,/ alzó su voz sobre el heredado hastío”; Pablo Casares Gurmendi (San Sebastián, 1972) asegura: “Qué delicia este presente/ dejando que los cuerpos den forma a lo impredecible”; Sofía Castañón (Xixón, 1983) explica que “Rivendel, Albanta, Macondo/ nun esisten.// Rodanillo. Villalpando. Valdefarrucos/ sí”. (La poeta escribe en asturiano y castellano); Jaime Cedillo (Toledo, 1990) quiere gritar y grita también: “Al borde del abismo/ también suena mi voz a precipicio”; José María Cumbreño (Cáceres, 1972), albañil de y con la palabra señala que: “Todas las casas se construyen con presencias y ausencias”; Amelia Díaz Benlliure (Castellón, 1959) se pregunta: “donde descansar las iras/ mientras se observan las huellas/ que otras olas borrarán”; Almudena Eslava (Palencia) explica que: “Moriste por la sombra que deja la mano después del tacto./ La sombra que deja la vida en la memoria”; Óscar Esquivias (Burgos, 1972) afirma: “Qué poca cosa es la muerte,/ que ni siquiera vence a la memoria”; Be Gómez (Palencia, 1978) sabe que “Para que la selva se abra paso/ basta un poco de lluvia en el desierto”; Iousune de Goñi (Burlada, Navarra, 1993) asegura “que nuestras manos son orquídeas/ unidas bajo tierra”; Maribel Hernández del Rincón (Soria) apuesta por “Reivindicando un latido/ que hoy, sólo nos devuelve el eco”; Martín López-Vega dice: “Nada más en la imagen;/ ni una casa; ni un almiar; ni vacas;/ ni guadaña; nada”; Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966) es quien recorre pueblos y ciudades “con las maletas llenas de melancólicas/ muestras de zapatos de un solo pie”; Celia Prieto Mazariegos (Zamora, 1980) da cuenta “Porque puede que todo:/ el cuerpo, sus misterios, una casa,/ solo sean eso”; Ape Rotoma (Aranda de Duero, 1967) apuesta por “Y si vuelvo por aquí, a ver si ando/ algo más listo y no lo paso tan mal/ por tanta gilipollez. Y si no, casi mejor”; Regina Salcedo Irurzun (Pamplona, 1972) constata que: “No, leve no;/ la lluvia en realidad tiene manos inmensas”; Y Juan Antonio Tello (La Almunia de Dª Godina, 1965) nos habla de que “Este río ahora es permanente, dispuesto a ser escrito en un cristal/ que se parte en su reflejo, que se derrumba en el tiempo”.

No dejen de leer tamaña antología, descubrirán esa otra realidad tan justa y necesaria, donde todo se recrea. Así pues, las personas lectoras que abran este libro se encontrarán “con un espacio plurilingüe y muy heterogéneo estilísticamente. Esta selección plantea una visión libre y muy abierta del panorama poético de la España más despoblada. Cada una de estas voces representa una mirada a su tierra, a la naturaleza que les rodea y a los problemas propios de día a día”. Escuín dixit. 

Enrique Villagrasa, en Librújula


martes, 22 de noviembre de 2022

TODOS TENEMOS MIEDO



Vendo zapatos

recorro ciudades carreteras pueblos
buscando tiendas donde vender mis zapatos
y todo me parece terminado consumido muerto
y todo es tan tremendamente triste

con las maletas llenas de melancólicas
muestras de zapatos de un solo pie
recorriendo las calles

tienda tras tienda
día tras día

durmiendo en hoteles baratos
comiendo menús baratos
viviendo una vida barata
hipotecada rota

y extendiendo los solitarios zapatos
en mostradores de lánguidas tiendas
que se ahogan que se asfixian
que agonizan

y todo cambia tan rápido

y todos tenemos miedo

y todo en el fondo

tan absurdo y trágico.

Vicente Muñoz Álvarez, de La tierra y la nada (Bala Perdida Ediciones, 2022)


LA POÉTICA DE LA PERIFERIA GUÍA HÍBRIDOS 2022


Vicente Muñoz, Evelia Fernández, y Silvia Díaz

La séptima edición del festival literario y alternativo 
se celebra los días 25 y 26

Pacho Rodríguez. Diario de León. 22-11-2022.

Vuelve Híbridos, y van 7, esta vez «centrado en una antología poética sobre la España despoblada, titulada La Tierra y la nada, que acaba de publicar la editorial Bala Perdida, con una ayuda del Ministerio de Cultura y Deportes. Un proyecto que nos ha parecido muy interesante y necesario para la poética de nuestra ciudad y región», explica Vicente Muñoz, quien con Silvia Díaz Chica son los artífices de esta propuesta de cultura alternativa que a base de originalidad y algo así de propuestas insobornables se ha convertido en un clásico en la ciudad.

Ayer se presentó, con la presencia de Muñoz y Díaz y la concejala de Acción y Promoción Cultural del Ayuntamiento de León, Evelia Fernández.

El Festival Híbridos analizará de esta manera la poesía en la despoblación y se celebrará los días 25 y 26 de noviembre.

La tierra y la nada se adentra en la temática de la despoblación, el reto demográfico y la poéticas de la periferia como eje del mismo. El libro recoge la participación de varios escritores de Castilla y León y todos ellos están incluidos en el programa, en las lecturas y mesas redondas. Se plantearán aquellas cuestiones que devienen de algo tan transversal como estructural, como es el problema de la despoblación y las circunstancias singulares a las que se enfrentan los nacidos o residentes en algunas de estas zonas de nuestra geografía con menor densidad de población por metro cuadrado.

Según explicó la concejala el Festival quiere dar visibilidad a los poetas de Castilla y León que han sido incluidos en esta antología de carácter nacional, lo que supone para este Festival una gran oportunidad para que sus voces resuenen dentro y fuera de ella.

Evelia Fernández también indicó que desde el Ayuntamiento de León se sigue apostando por las propuestas culturales y apoyando tanto a los nuevos creadores como a las iniciativas ya consolidadas como es el caso de este ciclo.

En esta ocasión, «los artistas seleccionados parten de los lugares más despoblados de nuestra geografía». Se quiere visibilizar las voces de aquellos que escriben y viven en ellas, se presenta como una oportunidad para conocer las preocupaciones y los temas centrales de sus poéticas, con el reto demográfico de fondo.

Este encuentro comenzará el viernes 25 a las 19.00 horas con una mesa redonda con Lorena Carbajo, Silvia Diaz, Nacho Escuín y Vicente Muñoz. A continuación, será la lectura de poemas con Pedro Bermejo, Celia Prieto, Almudena Eslava, Be Gómez y Vicente Muñoz. La sesión del sábado 26, a las 13.00 horas correrá a cargo de Carmen Ruth Boíllos, Oscar Esquivias, Ape Rotoma y Maribel Hernández.


domingo, 20 de noviembre de 2022

TRÁS-OS-MONTES



Trás-os-Montes esta escapada, recién finiquitada la ruta, de puro folk horror y ensoñación, mágica y decadente, más que nunca al margen del mundo, con sus encantadoras pousadas y chimeneas, solitaria, otoñal, tan distante y distinta, justo lo que íbamos buscando... Bragança y Miranda do Douro entre los bosques y la lluvia amarilla, detenidas en el espacio y el tiempo y llenas de diablos y máscaras, ángeles y demonios, y nosotros, temblando de emoción y de frío, divinos y luciferinos a la vez... El cielo y el infierno, nos preguntamos sin palabras, solo con miradas y gestos, arriba o abajo, dentro o fuera, en qué perspectiva, dónde...

Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 16 de noviembre de 2022

HÍBRIDOS 2022: La Tierra y la Nada.



La propuesta de esta antología poética, coordinada por Nacho Escuín y editada por Bala Perdida, nos ha parecido tan potente y necesaria, que hemos decidido dedicarle HÍBRIDOS 2022 al completo, los días 25 y 26 de noviembre, invitando a todos los poetas de Castilla y León que participan en ella.

¿Cómo se resiste y escribe desde la España despoblada y vacía, y de qué manera influye lo sociológico y geográfico sobre lo psicológico y poético?

El próximo lunes, tras la rueda de prensa con los medios en el Ayuntamiento, haremos público el programa.

Id haciendo hueco en vuestras agendas.


martes, 15 de noviembre de 2022

LOS QUE SEGUIMOS Y ESTAMOS


Reencontrándome estos días, ahora que termino la ruta y cuelgo en el armario mi disfraz de hombre cuerdo, conmigo mismo y mis viejos amigos, Gonzalo la semana pasada a boletus, Miguel Ángel Martín y Toño Benavides el viernes, Andrés en el Sorrento y Juancho en Discos Lizard hoy, y poco a poco, como Ulises regresando a Ítaca, con unos cuantos más en lo sucesivo, espero... Somos los que seguimos y quedamos los que estamos, pienso al verles y abrazarles, con más o menos cicatrices, parche o pata de palo, pero contra vientos y mares soplamos aún nuestras velas: los pinceles, las guitarras o la pluma, nos lleven a donde nos lleven, qué más da, mientras duren todavía los sueños... Y tantos otros, en los que pienso con melancolía a diario, que ya no están, por el camino de baldosas amarillas se fueron, y brindan con nosotros desde el cielo... Hora de chimeneas y setas, de pousadas y de evasión, de lectura y ensoñación: hora de renacer de nuevo...

Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 13 de noviembre de 2022

sábado, 12 de noviembre de 2022

GAS


todo por qué
y para qué

todo absurdo
inconsistente
vacío 

los triunfos
los fracasos
los desengaños 

todo gaseoso
efímero pasajero

todo por la causa

vivir

Vicente Muñoz Álvarez,
de Gas: Antología poética personal 1999-2016
(Lupercalia Ediciones, 2016)

viernes, 11 de noviembre de 2022

HÍBRIDOS 2022: La Tierra y la Nada.

 

Por séptimo año consecutivo, contra viento y marea, volvemos a la carga con un nuevo Festival de Híbridos, los días 25 y 26 de noviembre en León, centrado esta vez en La Tierra y la nada: Una antología poética de la España despoblada, coordinada por Nacho Escuín, que acaba de editar Bala Perdida:

"Existe la tentación de pensar que cuando se habla bien de la España no urbana se hace con el sempiterno soniquete de que se hace desde la máxima del «menosprecio de corte y alabanza de aldea». Hay algo de verdad en eso, la sociedad se aglutina en las ciudades y desde ellas solo se ven las virtudes del afuera cuando surge una necesidad de salir de las mismas. La pandemia que llegó sorpresivamente y que aún colea en nuestras vidas fue un toque de atención, una llamada general a entender que la vida del afuera puede ser incluso mejor que la de las grandes o pequeñas urbes.

La España despoblada es el afuera. Desde ahí la vida se ve y se vive de otra manera y, por lo tanto, los poetas que son y serán siempre hijos de su tiempo escriben acerca de lo que les rodea y desde una cosmovisión distinta".

Nacho Escuín, antólogo.

Mesa redonda y lecturas de poemas durante la tarde del viernes y la mañana del sábado con la asistencia de 10 poetas seleccionados para el Festival.

Pronto más información.

Coordinan: Silvia D Chica & Vicente Muñoz Álvarez.



MI VIDA EN LA PENUMBRA: Fragmentos.



Aquellas siete horas de clase al día, cuando salía ya de noche del colegio y todo en la calle a esa hora era tristeza y desolación. Cuando creía que fumar era un delito y cogía mis primeros grandes ciegos con ginebra. Cuando me importaba el espíritu, el ideal, el mundo como una utopía... Y cuando montamos luego el grupo, Veredicto final, y tocaba la batería y escribía las letras de las canciones... Cuando empezó a soplar el viento. Cuando empezó a brillar el sol. Cómo me hice outsider y asustaba por el pelo y por la ropa y era fuerte. Años de Lovecraft y de revelación. O el día mágico en que mis padres me regalaron aquella Vespa roja usada, absurdo cacharro que me hizo creer aún más en mí. Los malos tragos y el olor deprimente a coño en otros dedos se esfumaron. Viviendo rápido y buscando la Perla. Las peleas con otras pandillas. Tiempos duros con símbolos muy propios, caracteres que por su indefinición se hacían definidos, una indiferencia manifiesta por todo y ante todo, una filosofía tan desinhibida de las cosas. Los hijos sietemesinos de la Democracia. Y aquella incipiente libertad...

Vicente Muñoz Álvarez,
de Mi vida en la penumbra
(LcLibros, 2020)



miércoles, 9 de noviembre de 2022

PORTENTOSUM



pasan los años
los ciclos las crisis
los gobiernos los hombres
los éxitos y los fracasos
los amores y desamores
las estaciones y las emociones

pasa la vida
el ego la vanidad
la juventud y la fatuidad
lo que fuimos
seremos y somos

polvo y ceniza

y ellas siguen ahí

al margen del mundo

renaciendo entre el musgo

desafiantes y eternas

qué gran lección

Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 6 de noviembre de 2022

UN HOMBRE QUE DUERME



Maravillosa, poética y existencial, y uno de los filmes más fascinantes del cine experimental francés del siglo pasado, Un hombre que duerme (Un homme qui dort, 1974), de Bernard Queysanne, es una metáfora de la soledad y el extrañamiento del ser humano en las grandes ciudades, cómo nos convierten en autómatas y sonámbulos entre la multitud, y de los traumas y patologías que genera esa forma de vida.

Basada en una novela de Georges Perec, la adaptación de Queysanne, un interminable monólogo de Ludmila Mikael, deslumbra y estremece, mientras en la pantalla se suceden sin descanso cientos de bellísimos fotogramas en blanco y negro de la ciudad y las gentes de París, que a modo de gigantesco mosaico, perfilan un complejo retrato de la urbe.

Un estudiante de Sociología (interpretado por Jacques Spiesser, que en toda la película no pronuncia una sola palabra), decide abandonar la carrera y dedicarse a deambular asépticamente por París, sin emociones, rumbo ni metas, simplemente observando y dejándose llevar, en una especie de viaje iniciático y ascético para liberarse de su identidad y fundirse en el espíritu colectivo de la ciudad, hasta que poco a poco la náusea se apodera de él y lo convierte en sonámbulo y monstruo.

La voz en off incesante y abrumadora de Ludmila Mikael (verdadera protagonista del filme), pura poesía, la mixtura de imágenes, sonidos y sensaciones, y las calles, plazas y gentes de París nos acompañan vertiginosamente durante los 78 minutos que dura el metraje, dejándonos un sabor agridulce en la boca y una sensación de desconsuelo y prodigio sin parangón en la historia del cine.

Una maravilla del Séptimo Arte.

Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 4 de noviembre de 2022

CURA DE BIENESTAR



Si hay algo que me sane y libere, al terminar la ruta, de Babilonia y los monstruos, la decadencia de mi gremio y las bajas ventas, los días sin huella y las noches de insomnio, el tráfico enloquecido y las quejas, las montañas rusas de mi autoestima y el adoctrinamiento hipócrita de los gobernantes, la soledad de la carretera y la sinrazón de este mundo salvaje que me está tocando vivir, es, sin duda alguna (estación tras estación lo compruebo), salir en otoño y primavera, justo cuando termino ambas campañas de calzado, a buscar a setas: como un renacer en las praderas y los bosques, ese acto, caminar concentrado en la tierra, cesta en mano, sin pensar, sin sentir, sin juzgar, sin proyectar, sin otra cosa en la cabeza que encontrarlas, es como un exorcismo y una cura de bienestar, las haya o no, liberar de pensamientos mi mente al terminar la ruta es la clave, esa dinámica y esa transmutación: no yo y mis circunstancias, la civilización y su estruendo, solo las setas y la naturaleza, el bosque y sus ofrendas, ese Santo Grial... Estos días, últimos coletazos ya de mi guerra, champiñones, cardo, níscalos y senderuelas, y hoy, como un tesoro entre el musgo, las reinas de los pinares, tricholomas portentosum, veteadas de amarillo, magníficas y reveladoras... La Perla está dentro de mí, pensé al encontrarlas, en mi punto de encaje y en la pradera, pero dentro de mí, no fuera... no fuera...

Vicente Muñoz Álvarez

EL TIEMPO DE LOS ASESINOS: Fragmentos.



La Literatura, como la propia Historia, se rige por impulsos cíclicos. Es un hecho probado cómo cada generación busca unos colores propios y disiente en parte de los de la anterior, entroncando a su vez con los que esta ya había rechazado. Se implanta así un orden nuevo que posiblemente recupere o recicle algunos valores ya desfasados, que una vez más vuelven a ser fuente de inspiración. Y se inicia de este modo otro ciclo que no tardará en volver a ser cerrado.

A este esquema, o parecido, responde la evolución de la poesía inglesa de la primera mitad del siglo XX, que en la época en que Dylan Thomas comenzaba a escribir había dado la espalda a ese panteísmo tan peculiar de la cultura celta que había caracterizado la obra de muchas generaciones anteriores.

Vicente Muñoz Álvarez,
de El tiempo de los asesinos.
Semblanzas de algunos escritores malditos.
(LcLibros, 2019)


Booktrailer


lunes, 31 de octubre de 2022

UNA HISTORIA DE HALLOWEEN

 

Me acaba de venir a la cabeza ahora mismo, esta víspera lluviosa de Todos los Santos, leyendo en el salón de mi casa “Tierra de nadie”, de John Buchan, incluido en “El viento en el pórtico”, que ha publicado Valdemar, aquella mañana de enero bajo las cumbres nevadas, como un eco lejano enterrado ya hace tiempo en mi mente, aquella escalofriante sensación, y súbitamente me he levantado a contarlo.

Hará de esto unos veinte años, tal vez, no sé precisarlo con exactitud, cuando aún éramos jóvenes y la montaña tiraba de nosotros como imán del acero, y nada nos amedrentaba ni echaba nunca atrás. Andrés, mi compañero de rutas, y yo, una mañana, eso sí lo recuerdo, de enero.

Llevábamos planeándolo desde hacía ya varios meses, al descubrir en una caminata en primavera aquel refugio de cazadores al pie de una vertiginosa cima en el Valle de Luna, ir en pleno invierno a pasar una noche allí, y aunque había estado nevando los últimos días y sabíamos que llegar no iba a ser fácil, decidimos hacerlo.

Así que allí estábamos aquella tarde gélida y despejada de enero, subiendo con las mochilas la prolongada cuesta que, por una pista en medio de la montaña, conducía a aquel refugio de altura, conversando y echando los hígados, pero felices e ilusionados con nuestro plan.

Nos costó, ciertamente, lo suyo, llegar al refugio, tres o cuatro horas de ascenso fatigoso sobre la nieve y el barro, más aún con el lastre de las pesadas mochilas, cargadas con ropa de abrigo, esterillas, sacos de dormir y provisiones en abundancia, pero antes de que anocheciera, como estaba previsto, llegamos a nuestro destino.

Un refugio pequeño y sencillo, pero relativamente acogedor y bien equipado, con una mesa de madera, bancos corridos y una chimenea con una parrilla para cocinar y pasar la noche charlando y durmiendo al calor de un buen fuego.

Aunque la cosa se complicó nada más llegar, porque contábamos con que, como la vez anterior, cuando estuvimos allí en primavera, hubiera un generoso haz de leña seca junto a la chimenea, y no fue así, de modo que tuvimos que salir a buscarla por los alrededores y no resultó nada fácil encontrarla. La nieve cubría toda la pequeña meseta sobre la que se asentaba el refugio y nos costó un gran esfuerzo cortar y acarrear las pocas ramas de retama que sobresalían del hielo y algunos tablones húmedos que encontramos alrededor de la cabaña, desechos de la construcción del tejado. Pero finalmente, ya en plena noche y ateridos de frío, logramos con toda la leña que pudimos reunir encender un buen fuego y calentarnos junto a la chimenea.

Y luego, ya descansados y secos, fumamos y bebimos vino de nuestras botas y preparamos sin prisa la cena, una abundante ración de costilla y chorizo a la brasa que Andrés había llevado para la ocasión, y nos quedamos conversando hasta bien entrada la noche.

Extraña sensación, para el que la conozca, dormir en esa abrumadora soledad, en medio del monte nevado, bajo una vertiginosa cima rocosa, lejos de la civilización y totalmente aislados del mundo... Extraña y placentera a la vez, ese silencio y esa quietud, el cielo protector sembrado de estrellas, la nieve rodeándolo todo, el fuego crepitando y la leña mojada emitiendo lastimeros sonidos, como sollozos de niño, como llamadas de auxilio... E incómodo también dormir sobre una esterilla en el suelo congelado, arrebujados en nuestros sacos de invierno, escuchando los aullidos lejanos de los lobos en el corazón del bosque y el silbido del viento colándose por las rendijas de la puerta y de las ventanas... Pero a eso exactamente habíamos ido allí, para hacer al día siguiente una travesía bajo el macizo de las dos Ubiñas, y pese al frío y lo improvisado de nuestros catres, disfrutamos de la cena y de la experiencia.

Aunque es ahora, en este punto en concreto, justo a la mañana siguiente, cuando llego a lo que realmente quería contaros, por lo que he dejado la lectura del relato de Buchan y me he levantado súbitamente a escribir.

Como siempre -es mi hábito y costumbre-, me desperté temprano, sobre las siete, y como sabía que Andrés no lo haría hasta al menos las nueve, me vestí y salí a dar un paseo de reconocimiento por los alrededores.

Aún estaba amaneciendo, pero el paisaje, ya a esa hora, era magnífico y sobrecogedor: el circo impresionante de cumbres nevadas, los majestuosos hayedos y robledales cubiertos de blanco, los riachuelos sinuosos descendiendo estruendosamente de las colinas y, a lo lejos, la enorme mole de Peña Ubiña, como un tótem desafiante en el horizonte.

Respiré hondo, me desperecé y contemplé con mis prismáticos todo aquello extasiado, agradeciendo mi suerte y destino (y por supuesto la compañía de Andrés, perfecta siempre para ese tipo de escapadas y planes), y luego comencé a andar por la pista helada que, al pie de las montañas, se adentraba en el valle que teníamos enfrente.

Mi intención era simplemente dar un pequeño paseo y estirar un poco las piernas, como calentamiento para la ruta que haríamos después, hasta que Andrés se levantara, desayunáramos y comenzáramos juntos la travesía hasta la base de Peña Ubiña. Y eso justamente fue lo que hice, media hora o poco más, disfrutando relajado el paisaje, respirando el aire helado del monte y poniendo a tono mis piernas.

Pero algo no fue bien... Algo, de hecho, fue realmente mal... Algo siniestro, amenazante y oscuro que me desazonó por completo... Qué, no lo sé muy bien, pero sí que me estremeció y erizó la piel y el cabello, y aún hoy, después de tantos años, recuerdo con escalofríos...

Supongo que quien haya estado alguna vez solo en medio de las montañas lo haya experimentado: ese terror infundado que provoca a veces la naturaleza salvaje y agreste, ese sentirse minúsculo e indefenso bajo las rocas, esa sensación de vacío y de vértigo, de amenaza inminente, de ser aplastado como un mosquito por algo, víctima de algo, sacrificado por algo, no lo sé explicar de otra manera... Sin más y de pronto, sin motivo aparente, como una náusea desde lo más profundo de mis entrañas, recorriendo mi espalda y poniéndome la carne de gallina, esa sensación... No el miedo a los muertos ni a los vivos, a los lobos ni a cualquier otro animal, a una caída ni a un alud de nieve, ni siquiera el mismo miedo a morir, no, otro tipo de miedo, vago y difuso, infundado e inconcreto, pero abismal y feroz, lacerante y antiguo, primigenio y ancestral, a ser devorado por la naturaleza, simplemente abducido por ella, a esfumarte e integrarte en ella, a ser parte de la nieve y las rocas, a fusionarte con ellas... Tanto y tan intensamente, que se me atenazaron los músculos y agarrotaron las piernas, se me erizó el cabello y estremeció la espina dorsal, y salí corriendo, como alma que lleva el diablo, hasta llegar jadeante y sudoroso al refugio...

El caso es que así me sentí aquella mañana de enero en medio del monte, aterrorizado e indefenso, a punto de colapsar, de perder mi humanidad y extinguirme, de ser engullido por la naturaleza, y tal cual, esta víspera de Todos los Santos, para esta noche de Halloween, como entremés, os lo cuento: cuidaos del hechizo de las montañas, queridos drugos, esas antiguas brujerías con que a veces, sin previo aviso, te pueden seducir y hacer perder la razón, cuidaos...

Vicente Muñoz Álvarez

THE DARK AND THE WICKED

 

Si verdaderamente queréis pasar un mal-buen rato y aún no la habéis visto, amantes del cine de terror, os recomiendo esta aterradora película, The Dark and the Wicked (2020), de Bryan Bertino, un film lleno de espeluznantes sorpresas, que hará las delicias de los aficionados al género.

Con una banda sonora que eriza la piel (sin duda, uno de sus grandes logros), una puesta en escena convincente y una atmósfera perturbadora y malsana, Bertino logra transmitir pavor en estado puro, ese escalofrío que recorre silencioso la espalda y es la esencia misma del miedo.

Estructurada a modo de capítulos sobre los siete días de una semana, y partiendo de un argumento sencillo -dos hermanos que acuden a una granja para asistir a su padre moribundo-, The Dark and the Wicked nos introduce lentamente en una fantasmagórica espiral de desasosiego y espanto que, a medida avanza el metraje, pone los pelos de punta.

Un ejemplo más de que no se necesitan grandes presupuestos ni efectos especiales para facturar una eficiente película de terror, sino buenas ideas y una atmósfera inquietante y lograda.

Ideal para videar a solas junto a la chimenea algún anochecer tormentoso.

Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 28 de octubre de 2022

PRÓXIMAMENTE en LcLIBROS


Regresiones es para los que están y para los que no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar. Regresiones es un retrato urbano. Aquí no hay ni una sílaba dedicada a la manida seducción folclórica. Regresiones es una colección de impactos de alcance del día a día. De cuando los mandamientos se resumían en dos, porque nada era relativo: “Vivid en la calle, no paréis en casa”, o “La sangre aún me hierve cuando pienso en mi mala suerte”. Por ejemplo. Y hay ajuste y expiación en esto que también es un “gracias a la vida”.

Pacho Rodríguez

jueves, 27 de octubre de 2022

VISIÓN DEL ÁGUILA


Las hojas de los chopos hoy, de camino a Boñar, más hermosas y reveladoras que nunca, pura mística y ensoñación, como una catedral incendiada en el horizonte, un sendero iluminado hacia el cielo... Eso pensé yendo a Boñar esta mañana para intentar vender zapatos, últimos coletazos ya de la ruta, tras tantas noticias trágicas, muertes, guerras, inflación, sinrazón, hipocresía, mal gobierno y ausencias, eso, como terapia para no hundirme aún más, pensé... Y que necesitaba algo así también, ese contacto con la naturaleza y la tierra que al menos a mí tanto me sana, no las noticias manipuladas por el capitalismo, el control y la distopía, sino este sortilegio de otoño que nos regalan ahora mismo los bosques, las setas comenzando a asomar ya sobre el musgo, el olor de la yerba mojada y la visión del águila, esos misterios... Voy terminando la ruta visita a visita, como en un maratón hacia lo más profundo de mí, naufragio tras naufragio, ciudad tras ciudad y pueblo tras pueblo, intentando mantener la armonía y el tipo, y estas son, me dije mientras conducía, las cosas que ahora necesito: ese contacto con la pradera y los chopos, ese ocre iluminando los bosques, ese olor primigenio en las manos y estos milagros... Y que no hay camino sin curvas, tampoco, rosas sin espinas, poema sin sudor ni corazón sin sangre: esas pequeñas verdades que a menudo, con el volante en las manos, me tengo que recordar...

Vicente Muñoz Álvarez

Foto por Marlus Leon

miércoles, 26 de octubre de 2022

EL MERODEADOR: Fragmentos.

 


Me desperté a las 7:30 A.M., desayuné en la cocina leyendo el periódico, cogí la bolsa de la basura y salí de casa a pasear con los perros.

Al acercarme al contenedor, junto a la iglesia, y levantar la tapa para arrojar la basura, los escuché: allí estaban, al fondo, en una bolsa cerrada de plástico, maullando desesperadamente y moviéndose en su interior. Debía haber al menos cuatro. Cerré la tapa espantado.

Durante el paseo con los perros pensé en lo que hacer, si sacarlos de allí, del contenedor, de la bolsa, si llevarlos a casa, si matarlos yo mismo... Cualquier cosa antes que dejarlos morir de aquella manera... Pero no tuve valor para hacerlo.

Se lo dije a mi mujer al volver a casa, pero ella insistió en dejarlos allí.

No debemos tocarlos, dijo, no son nuestros, no podemos criarlos y matarlos sería también otra crueldad...

Intenté olvidarme de ellos.

Transcurrió el día, un día de verano caluroso y ardiente, asfixiante, comí y dormí la siesta, trabajé un rato en mi despacho y al salir otra vez con los perros y pasar junto al contenedor, los volví a escuchar: su maullido angustiado y profundo.

Pasé de largo e intenté, de nuevo, olvidarme de ellos. Pero a la mañana siguiente, al ir otra vez a arrojar la basura, volví a escucharlos al fondo del contenedor, sepultados ya entre otras bolsas, y sentí estremecimiento y rabia. No debían haberlos dejado allí. Debían haberlos matado al nacer, pero no debían haberlos dejado allí, en el contenedor, cociéndose al sol lentamente, soportando entre los desechos aquella agonía...

Los volví a escuchar, cada vez más débiles, por la noche y a la mañana siguiente, ya casi repleto el contenedor de bolsas. Llevaban dentro tres días.

Por la tarde, sobre las nueve, cuando en el horizonte el sol comenzaba a extinguirse, apareció por fin el camión de la basura y volcó en su interior la carga del contenedor.

Solo entonces pude respirar tranquilo.

No volveré a escucharlos, pensé. Pero me equivocaba.

Siguen ahí. Aún los sigo oyendo... moviéndose, agonizando, maullando... Siguen ahí dentro encerrados, asfixiándose, y no logro sacármelos de la cabeza...

Miau...miau...miau...

Vicente Muñoz Álvarez,
de El merodeador

Tercera edición revisada, a la venta en LcLibros:



lunes, 24 de octubre de 2022

VIENTO & CENIZA



qué difícil
para los que seguimos
decir adiós
a los que se van

vuela alto
que la tierra
te sea leve
descansa en paz

solo palabras
y lágrimas

viento y ceniza

qué corto el viaje
qué breve la vida
qué efímero todo

qué triste

Vicente Muñoz Álvarez

Foto por Marlus Leon

viernes, 21 de octubre de 2022

miércoles, 19 de octubre de 2022

RODRIGO CÓRDOBA QUE ESTÁS EN LOS CIELOS



La segunda época de Vinalia Trippers no hubiera sido posible sin el impulso y aliento del editor Rodrigo Córdoba: de él fue la idea de resucitar en el año 2009 el fanzine, él se encargó del diseño, la maquetación, la impresión y la distribución, y de volver a encender su llama... Plan 9 del Espacio Exterior, Trippers from the Crypt, Spanish Quinqui, Duelo al Sol, Helter Skelter y Del fondo, con sus correspondientes Poemash, Especial Raúl Núñez, Master of Horror, El Ángel, Deseo de ser Piel Roja, Santa Sangre y Dolores de Poesía en los bares, fueron las joyas que nos regaló, además de su generosidad y amistad, su casa y su corazón... Editor, también, de Zoográfico Ediciones, que catalizó a los mejores cerebros de nuestra generación, e impulsor de la más brillante cultura subterránea del foro, la notica de su trágica muerte nos deja huérfanos y de luto para toda la vida... Buen viaje, hermano, allá donde ahora estés: que la Tierra te sea leve.

Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 16 de octubre de 2022

PRIMERAS PERLAS DEL BOSQUE



Qué impasse más revitalizante en la ruta, el de esta semana de permiso en mi guerra, jartito ya de zapatos y zapatillas, carreteras asfaltadas en dos direcciones y clientes y tiendas, estos melancólicos días que, como una bendición en la ruta, he podido gozar... Y de nuevo de cabeza, nada más desconectar de Babilonia, a las sinestesias y la ensoñación: las hojas caídas de los chopos que huelen a sol, Ramos Sucre que me sabe a membrillo, Cansinos Asséns de color amarillo, y estos lánguidos atardeceres de lectura y convalecencia en la terraza de mi hogar, rodeado de guindillas y chiles rojos como la sangre, abrasándome por adelantado el paladar y trasladándome a la Pousada de Sao Bartolomeu, en Bragança, donde nada más licenciarme, como cada noviembre al terminar la ruta, junto a la chimenea de su salón brindaré... Qué desorden de los sentidos más placentero, me digo sonriendo y saboreando el momento, intentando no pensar en el calzado y las tiendas, y qué gozosa la vida a veces, dejándose simplemente llevar, paseando sin prisa por el bosque, leyendo a los maestros antiguos y sintiendo el otoño, como un sortilegio, pasar... Pero sobre todo, y tocante a analogías y correspondencias, las primeras perlas del bosque esta mañana junto al río, mis queridas setas de chopo: sin haber llovido aún, como perlas brillando en la tierra, fragantes y hermosas, puro milagro dentro de mí... Ahí, como una ofrenda, os las dejo...

Vicente Muñoz Álvarez

sábado, 15 de octubre de 2022

DE ANTIGUAS BRUJERÍAS, SINESTESIAS Y GAMONEU DEL VALLE

 

Una de las cosas que más me arrebatan de Asturias, de entre tantas y tantas, patria querida, son sus magníficos quesos, sin paragón en nuestra agostada piel de toro, y las sinestesias y correspondencias que, como un gran bosque de símbolos (que diría el bueno de Baudelaire) encierran... Y de entre todos ellos, y mira que los hay tremendos, uno en concreto: el Gamoneu del Valle... No sé si fue por lo atípico y apocalíptico del momento en que lo probé por primera vez, en plena pandemia, y por tener mi conciencia alterada y crispada como nunca antes entonces, todos los restaurantes de Gijón cerrados a las nueve de la noche y la necesidad de llevarme algo para cenar al hotel, pero jamás lo olvido: ese inconfundible e impresionante olor y sabor, primigenio y ancestral, a antiguas brujerías, ceniza y hogueras de noviembre en los campos, a cultura celta y al Gran Dios Pan... En la habitación de mi hotel frente al mar, contemplando romper las olas contra los muros de la Playa de San Lorenzo después de un nefasto día de trabajo intentando vender zapatos, y habiendo comprado por la mañana en el Mercado del Sur una cuña de Gamoneu para la noche, abrí una botella de vino y ese queso, y al probarlo, de repente, una experiencia supernatural: metido de lleno en ese fantástico relato de Algernon Blackwood, Antiguas brujerías (para mí, uno de los mejores de la literatura de terror de todos los tiempos), en esa pequeña ciudad francesa atestada de gatos y meigas que él  tan bien describe, embelesado por su sabor y encarnado, no sé cómo ni por qué, a modo John Silence, en ese relato... Soy un poco sensitivo y a menudo me suele pasar, ese tipo de asociaciones y revelaciones mágicas y literarias, esto que me recuerda a aquello o lo otro, menhires, piras sacrificiales, castros celtas, paisajes y crepúsculos, pero nunca de un modo tan intenso como aquella noche al probar ese queso, teletransportado como por arte de magia a ese inolvidable relato, a la evocadora aldea de Francia donde acontece, al olor de esas hogueras de noviembre en los campos y a aquel impresionante sabor a aquelarre y prodigio... Desde aquel día, por supuesto, compro un buen trozo cada vez que voy a trabajar a Gijón y nunca falla: su sabor ancestral ardiendo en mi paladar, las hojas de los álamos humeando en los páramos y meigas recortadas contra la luna ensangrentada al anochecer... Misterios del subconsciente...

Vicente Muñoz Álvarez

martes, 11 de octubre de 2022

LA TIERRA Y LA NADA



la modernización
o la involución

la manipulación
o la desinformación

la globalización
o la inquisición

y el pueblo

nosotros

último eslabón
de la saga

Vicente Muñoz Álvarez,
de La tierra y la nada:
Una antología poética de la España despoblada
(Bala de Perdida, 2022)