Otro clásico del cine de culto que no deberíais perderos, Los asesinos de la luna de miel (The Honeymoon Killers, 1970), única película dirigida por Leonard Kastle, sigue plenamente vigente en la actualidad, en parte por su sobriedad y aspecto de documental, que le confiere un aire hiperrealista, y por su magnífica fotografía en blanco y negro, que gustará a los amantes del cine independiente.
Basada en hechos reales, los crímenes de Raymond Fernández y Martha Beck (llamados por la prensa sensacionalista "los asesinos de los corazones solitarios") a finales de los años cuarenta, el filme de Kastle impresiona por la crudeza de algunas secuencias y el tono aséptico y objetivo que utiliza, sin consideraciones éticas ni morales, a modo crónica de sucesos.
La película, que arranca lentamente y va progresivamente ganando en ritmo y profundidad, se sustenta en gran parte en las interpretaciones de la pareja de protagonistas, Shirley Stoler, obesa y huraña (y muy parecida, por cierto, a Divine), y Tony Lo Bianco (el detective de God told me to, de Larry Cohen, otra joya de culto), un latin lover sin escrúpulos, que bordan sus respectivos papeles.
Varios otros filmes se han inspirado posteriormente en los mismos hechos, Profundo carmesí (1996), de Arturo Ripstein, Corazones solitarios (2006), de Todd Robinson, o Alleluia (2014), de Fabrice Du Welz, pero ninguno ha logrado transmitir tan certeramente el espíritu homicida y despiadado de los asesinos originales.
Que ustedes la disfruten.
Vicente Muñoz Álvarez




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