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lunes, 16 de enero de 2023

HAGA LO QUE HAGA EN LA TIERRA en ROCK THE BEST MUSIC



De Vicente Muñoz Álvarez se pueden destacar infinidad de características, pero respecto a su literatura, una de las más reseñables es su resistencia en la poesía, género donde ha conseguido pulir una voz propia. En Haga lo que haga en la Tierra muestra un conjunto de poemas directos, sin ambages ni rodeos en la estructura con versos concisos como haikus, mínimos, como por ejemplo en «MÉDULA». Aunque encontramos una definición muy certera en el cierre del «EPÍLOGO» de Gsús Bonilla: «Hallo al poeta preciso. Cada vez más escueto, cada vez más certero, cada vez más verídico.»

El autor leonés cierra la trilogía introspectiva que inició con Días de ruta (Lupercalia, 2014; Literatura Com Libros, 2021) y que continuó con Travesía (Chamán Ediciones, 2018) con el poemario Haga lo que haga en la Tierra, donde expone sus preguntas sobre el vértigo de vivir. Entre sus páginas, Vicente Muñoz dibuja un mapa emocional por el que va y vuelve. Una red de carreteras interconectadas, así como la que describe respecto a sus dos trabajos, la venta de zapatos y la literatura. En ellas se plasman los vericuetos a través de los que ha ido «Urdiendo, retomando esos hilos que han conformado una manera personal e inconfundible de hacer poesía», que explica Julia Navas Moreno al principio del volumen.

A lo largo de los distintos capítulos, el libro se divide en cuatro partes: “Mar adentro”, “Vórtice”, “Aguas profundas” y “Llegar a puerto”, transcurren temas vertebrales del autor en su obra: el fatum, las dudas y las preguntas a uno, o la dialéctica y el nomadismo en los dos oficios que guían su vida. Sin embargo, es la palabra equilibrio la que puede explicar la búsqueda que subyace en este diálogo consigo mismo: que mi vida / y equilibrio / oscile así escribe en «SEGÚN LOS PARES QUE VENDA». Este equilibro se ve, en todo momento, fundamentado por el ahora: es corto / y demasiado / hermoso // el viaje / como para no / disfrutar el paseo de su poema «TRAVESÍA». Porque desde que el ser humano es consciente del tiempo, no puede ser nunca en el presente.

Otro de los pilares fundamentales de la escritura de Vicente Muñoz Álvarez, como muestra el poema «BRANQUIAS», es el deseo de la huida de la Tierra, de Babilonia. Dejar las máscaras y ser uno mismo, o reivindicarlo.

Todos estos poemas se suceden llenos de referentes, quienes a su vez son maestros. De forma directa, o explícita, o indirecta se muestra la gran influencia de los beatniks y Lovecraft, por ejemplo, en su literatura, convergiendo en una literatura pop, más warholiana, dadas las referencias populares que en ella se encuentran. Es por ello que la obra, tomen la trilogía que cierra Haga lo que haga en la Tierra, como punto de partida para una obra que sigue creciendo con paso firme.

David Vázquez


jueves, 16 de septiembre de 2021

LITERATURA PROHIBIDA



viendo estos días
documentales sobre
arqueología prohibida

la que se oculta
por incómoda
y no le interesa
en cada momento
de la Historia
al poder

sea cual sea
y se deba
a lo que se deba
en cada momento
de la Historia
ese poder

pienso

igual que
en la literatura

los mismos vetos
y engaños

las mismas
estrategias

también

Vicente Muñoz Álvarez,
de Haga lo que haga en la Tierra,
(Canalla Ediciones, 2020)



lunes, 31 de mayo de 2021

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ, O LA TRANSFORMACIÓN DEL LOBO DE MAR



La obra poética de Vicente Muñoz Álvarez, poeta, narrador, ensayista y editor leonés comienza en 1998 con un pequeño libro en formato 10×14 cm. que apareció con el título de Buscando la luz, dentro de la colección Vinalia Bolsillo, del que era el número 1, colección nacida al amparo de la revista Vinalia Trippers. Esta obra seminal de lo que posteriormente sería Del fondo, publicada también por Vinalia Trippers producciones en 2018, es una “pesadilla a caballo entre el mito religioso y el horror genético que, mediante secuencias alternadas, reconstruye la decadencia de una civilización que bien pudiera ser la nuestra” (de la contraportada de Buscando la luz). Del fondo se convertirá en verdadero buque insignia dentro de la producción del autor, con una edición muy cuidada en papel de alta calidad y con ilustraciones de Andrés Casciani que abarcan cada una de las páginas del libro. Se trata de un descenso alucinatorio hacia el infierno personal que se vuelve tangible con las ilustraciones. En la palabra y la imagen el mundo se deshace hacia formas muchas veces conocidas, predomina lo antropomórfico sobre cualquier otra referencia, pero siempre disolviéndose, transformándose, envuelto en un aura de oscuridad que otorga una personalidad propia al infierno personal que nos muestra Vicente, aunque este infierno se encuentre en la propia cabeza del personaje principal. Nos encontramos ante un libro de poesía narrativa que participa de los principios dantescos del infierno, del viaje iniciático, aunque aquí más alucinatorio que intelectual. En esta obra es fundamental cómo la carne es lo único que queda, el alma desaparece y es esa carnalidad la que define al hombre. Todas las respuestas se hallan en Yillmora, el lugar de los antepasados, y por paradójico que parezca el cuerpo se renombra a través del recuerdo. Aunque es un lugar donde no se ha perdido la esperanza. Quiero introducir aquí uno de los recursos más recurrentes a lo largo de toda la obra de Vicente Muñoz Álvarez, la antítesis, que en esta obra se convierte en motor de su creación. Nuestro viajero no es más que la reproducción de una dicotomía a nivel estructural: la realidad oscura, dura, recién parida del pensamiento de Lovecraft o del mismo Aleister Crowley aparece opuesta a la promesa futura del predicador, el regreso a Yillmora donde lo mítico se mezcla con el disfrute de la carnalidad. Y es este el punto crucial de Del fondo: una crítica a todo intelectualismo que trate de oponerse al sensualismo. La negación del cuerpo lleva a las peores letrinas del alma, a los abismos más insoldables, rechazar la carnalidad, la renuncia del Carpe diem, solo puede llevarnos a engendrar un nuevo cuerpo sufriente, doliente, al más puro estilo de los santos martirizados. Yillmora no es nada más que una idea en la mente de los habitantes del túnel, y mientras tanto el laberinto, su hábitat, fagocita de tal manera sus cuerpos y sus mentes que acaban olvidándose de lo que eran: pura vida.

Tras Buscando la luz, el autor leonés publica Canciones de la gran deriva, con una primera edición en el Ateneo Obrero de Gijón en 1999 y una posterior reedición ampliada en Origami el año 2012, que vio dos ediciones. Se trata del retrato de un momento, de un lugar, de una persona, predomina la poesía de carácter narrativo y el análisis social. El mundo, la sociedad analizada es a la vez interior y exterior, introspección y extroversión a partes iguales. Estos dos mundos, este microcosmos y a la vez macrocosmos personal se dan la mano en el poema central “En el puerto”. Estamos ante una voz poética dominada por la náusea de existir, que encuentra la belleza en lugares donde otros poetas nunca la buscarían. Esta voz tiende a la sencillez formal, voz despojada que calificaría de metafísica en algunos momentos. Canciones aparece marcado por el paso del tiempo y el peso que el presente y el pasado pueden tener sobre el futuro, cómo las opciones vitales no pueden llenar el vacío existencial del poeta.

En el año 2000 publica de nuevo en la colección Vinalia Bolsillo, el libro titulado 38 poemash. Edición numerada de 300 ejemplares. Son 38 poemas breves, de los que 24 aparecerán posteriormente en la segunda parte de Privado. En palabras del autor: “Jugando un poco con la polisemia del título: Poemash, poema quemado / abrasado roto / calcinado // hecho cenizas. “

Tras cinco años dedicado a la prosa y a la edición aparece su cuarto libro de poemas, Privado en la editorial Baile del Sol. En línea con la obsesión del autor por el tiempo o la memoria como losa absoluta del presente. Se nos invita, recogiendo el tópico del Carpe Diem, a vivir el presente desde la pluralidad de vidas que nos quedan dentro. Pero el pasado siempre está ahí, desde la ironía con que ve la niñez, la realidad se convierte en un sueño y el poeta trata de huir del tiempo, del spleen que nos marca. Pero junto a este spleen vuelve la crítica y la denuncia social. En este punto aparece el cuerpo, primero como tumba, después como cárcel interior, para terminar transformado en templo contra la agresión exterior, será la única vía de salvación. Esta función del cuerpo constituirá una de las partes de su último libro de poemas Haga lo que haga en la tierra, Canalla, 2020.

En el año 2006 aparecen dos obras poéticas, una dentro de la colección artesanal de Ediciones 4 de agosto, titulado Estación del frío. Se trata de una selección de poemas extraídos de sus poemarios Canciones de la gran deriva, 38 poemash y Privado, además de una selección de poemas inéditos. Los poemas de la primera parte, titulada “Erosión”, antología de su producción anterior, se articulan para ofrecer una lectura propia que, en palabras de Diego Marín, prologuista del libro, “recoge el repaso a la infancia y a la juventud, con los miedos, la añoranza por el tiempo pasado, (…) sobre todo el tiempo perdido en metas absurdas como el estudio para una oposición y la evaporación de las esperanzas y el optimismo de la adolescencia”. La segunda parte del libro titulada también “Estación del frío” completan a los anteriores con una visión adulta que ahonda en las mismas conclusiones. No quiero terminar de hablar de este libro sin reproducir las palabras otra vez de Diego Marín que tan bien reflejan el espíritu de la obra de Vicente Muñoz Álvarez: “una vida rota por tantas batallas perdidas, pero que no duda en volver a levantarse para, por lo menos, escribir otro poema que merezca la pena.”

Parnaso en llamas, publicado en la editorial Baile del Sol, también en 2006. Aquí el enuii, la sensación de vacío parte de sentimientos negativos como la insatisfacción, la soledad o el resentimiento hacia una búsqueda de la luz fuera de ese interior destrozado, una luz que al final del libro es ya ensoñación. Hablamos de insatisfacción por lo que pudo ser y no fue, la soledad, los conflictos y el inevitable vacío. La espera se convierte en esperar y no encontrar. La soledad provocada por la obligación de ser todos iguales provoca una evasión hacia lo profundo. El camino del escritor no puede ser otro que crear, disentir y volar, construir su propio camino.

Seis años después, en 2012, aparece Animales perdidos. La voz poética, fuertemente autobiográfica, parte de un estado anterior: la soledad. Se rompe su mundo, la pareja, la ciudad se sustituye por el extrarradio. En este punto aparecen dos animales capitales: la oveja negra y el perro de lluvia. La literatura se convierte en oficio y salvación. Frente a la soledad, la resistencia como forma de vida. La memoria erosiona, desgasta, cansa, es el hogar del engaño, lo único que nos queda es el poema. El yo se fragmenta, se rompe, aparecen el poeta y el vendedor como trasuntos del yo poético. Este pesimismo ahonda en el texto. Todos estamos muertos y pagamos la hipoteca de estar vivos. Aunque no todo es negativo, como he dicho, el poema es salvación al igual que el amor al prójimo: dar y recibir. Llegamos así al paradigma de la libertad, dos perros vagabundos viviendo en pareja en el bosque, ajenos al mundo.

Días de ruta, publicado por Lupercalia en 2014, se convierte en la apuesta suicida por la literatura. Vivimos sin libertad, domina la ley del más fuerte, la herencia nos determina. La solución es escribir poesía o perderse en el mundo; no existen más opciones. En este punto donde los opuestos cobran todo su significado, Vicente como vendedor vive en un mundo de soledad, melancolía, frustración, donde convergen ideas recurrentes: el suicidio, la servidumbre o el miedo. Un camino equivocado donde todo se convierte en pura teleología, importa el fin, la meta. Y es este fin el que lleva al fondo, al final de ese otro, y en ese momento nace su verdadero oficio, su adicción, la escritura se convierte en embriaguez y su correspondiente resaca. Se convierte con Días de ruta en biorritmo vital del autor, el uso de contrarios nos sumerge en sus altibajos. Frente al vendedor, el poeta recicla la mugre de la sociedad, los poetas son perros de lluvia: marginados, iluminados, auténticos.

Llegamos al año 2016, momento en el que aparece la primera gran antología del autor: GAS. Antología poética personal 1999-2016, publicada en Lupercalia. Esta antología recoge cinco de sus libros anteriores: Canciones de la gran deriva, Privado, Parnaso en llamas, Animales perdidos y Días de ruta. Además de los inéditos: Lobos de mar y Libro de haikus. La primera parte, que recoge parte de sus libros publicados, funciona como un todo, un camino introspectivo, de búsqueda continua, podríamos decir que el gran axioma que marca transversalmente GAS es “yo es otro” y será la noche la que aporte luz y tranquilidad al poeta. La segunda parte de la antología, la que incluye sus libros inéditos, merece un análisis más exhaustivo. Lobos de mar marca un puerto de llegada. La voz poética ha pasado de estar a la deriva a ser un auténtico lobo de mar. El destino aparece marcado por las palabras, piedras que unidas dan destino a la poesía. Estamos ante un libro mucho más experiencial que el resto, la realidad es mentira y nuestra obligación es construirla de nuevo. Todo cambia a nuestro alrededor, incluso el amor. El pasado se muestra como nostalgia, lo que permanece es la tristeza que queda en el corazón. Es esta relatividad la que hace que el yo sea la única tabla de salvación frente al mundo, un yo que en su interior es una marea cambiante y en el exterior el mayor crimen hacia los demás. Debemos tener la libertad de elegir, de ser. Al final no somos más que pantalla de nuestra vida, perdemos la capacidad de ser actores. El éxito y el fracaso siempre van de la mano y oscilan. La conclusión del poeta es clara: el amor es la salvación del hombre, lo demás ceniza. Libro de haikus, recopila todos los temas que obsesionan al autor leonés: dualidad, paso del tiempo, amor, mundo, muerte… Se produce la decantación absoluta de su poesía, proceso que se inicia en el momento en que comienza a publicar sus libros de poemas. Podríamos terminar diciendo que GAS no es más, ni menos, que vida y literatura en estado puro.

Termina la producción actual de Vicente Muñoz Álvarez con la publicación en la editorial Canalla del libro de poemas Haga lo que haga en la tierra en el año 2020. Este título se inserta en la trilogía que además incluye Días de ruta y Travesía, publicada esta última en Chamán ediciones. El propio autor califica la trilogía como “…una crónica (poética y crítica) de los tiempos que corren y estamos viviendo, de la debacle del capitalismo y el desmoronamiento de la economía de mercado, y al mismo tiempo de la dinámica y sinsabores del oficio de la escritura (don y maldición), (…) el amor (y el desamor) (…) Tres libros, tres visiones, tres miradas. Y un solo corazón latiendo.” Con este libro el autor nos demuestra que su poesía tiene su propio camino alejado de todo mainstream y del ruido que se produce alrededor de la poesía. Recorrido que se aleja de modas y círculos poéticos, más atento a sus propias referencias que a sus contemporáneos, de los que se convierte en algunos momentos en verdadero crítico. Haga lo que haga en la tierra. Desde mi punto de vista, estamos ante una obra autorreferencial, un paso más allá de lo autobiográfico, que supone introducir al autor como elemento de la poética del libro. En nuestro autor además de su historia vital encontramos sus lecturas, sus referencias, su devoción por el cine. El libro se divide en cuatro partes: “Mar adentro”, “Vórtice”, “Aguas profundas” y “Llegar a puerto”. Estos títulos nos acercan a la idea de la vida como viaje, un viaje que desde la infancia vista con nostalgia nos lleva a un presente duro y afilado. Se trata de un libro que ahonda en la poética de la desnudez que busca dejar atrás todo lo accesorio, versos cortos de ritmo rápido, concisos como un disparo de adrenalina, despojados de todo lo accesorio, con escasas concesiones retóricas a excepción de la antítesis. Sin embargo, se abre en sus múltiples referencias y lecturas.

Podríamos terminar diciendo que Vicente, desde su posición de outsider de las letras, sigue defendiendo unos ideales y formas de hacer poesía que quizá le hayan alejado de cánones preestablecidos, pero que nos brinda una de las voces más originales y menos contaminadas de la poesía española actual.

Obras poéticas de Vicente Muñoz Álvarez

Buscando la luz. Vinalia bolsillo, 1998.
Canciones de la gran deriva. Ateneo Obrero de Gijón, 1999. Reedición ampliada, Origami, 2012.
38 Poemash. Vinalia bolsillo, 2000.
Privado. Baile del Sol, 2005.
Estación del frío. 4 de agosto, 2006.
Parnaso en llamas. Baile del Sol, 2006.
Animales perdidos. Baile del Sol, 2012.
Días de ruta. Lupercalia, 2014.
GAS: Antología poética personal 1999-2016. Lupercalia, 2016. Incluye poemas de los libros de poemas inéditos, Lobos de mar y Libro de haikus.
Del fondo. Vinalia Trippers producciones, 2018.
Haga lo que haga en la tierra. Canalla Ediciones, 2020.


Pablo A. García Malmierca,
en Culturamas


lunes, 24 de mayo de 2021

RESTOS



por nada más
que unos pocos

poetas amores
mis mejores amigos

lo he dado todo

mi corazón al desnudo
latiendo en sus manos

arden los restos


Vicente Muñoz Álvarez,
de Haga lo que haga en la Tiera
(Canalla ediciones, 2020)



jueves, 6 de mayo de 2021

SEGÚN LOS PARES QUE VENDA



la autoestima
el orgullo
el amor propio
el ánimo
o el desánimo
la depresión
o la euforia
el éxito
o el fracaso
la alegría
o la tristeza

en los días
de ruta

según los pares
que venda

y qué aleatorio
e injusto
que mi vida
y equilibrio
oscile así

según los zapatos
que venda

según los pares
que venda


Vicente Muñoz Álvarez,
de Haga lo que haga en la Tierra
(Canalla Ediciones, 2020)



lunes, 8 de marzo de 2021

ESA NAVE SIEMPRE A LA DERIVA



Infatigable es un calificativo apropiado para el leonés Vicente Muñoz, poeta, narrador y ensayista, además de editor del fanzine Vinalia Tripers. Su nuevo libro de poesía se titula Haga lo que haga en la tierra, con prólogo de Julia Navas y epílogo de Gsús Bonilla. En nota preliminar nos indica el autor que el poemario forma parte de una trilogía que comenzó con Días de ruta (2014) y continuó con Travesía (2018). He seguido puntualmente la producción poética de Vicente Muñoz en estas páginas de Filandón, entendiéndola como la expresión de una conciencia crítica. Poesía de resistencia y de disidencia en tal sentido, aunque como él escribe, «nunca me han gustado las etiquetas, y escribo cada libro tal como me lo dicta el corazón, sin atenerme a ningún tipo de norma preestablecida». Y, en efecto, muchos poemas, breves como los propios versos, expresan latidos, son como «espinas / que se clavan / que duelen / que hieren / que desgarran / por dentro / nunca las evito / a tiempo». La poesía no es para Muñoz algo aparte de la vida: es la vida misma, y una y otra aspiran a la claridad: «la vida / la poesía / el arte / el amor / cuanto más / claros mejor / cuestión / de opciones». Creo que la vida incardinada en un yo y sus circunstancias es el gran tema de la poesía de Vicente Muñoz, que crea un sujeto que ama, sufre y se duele o alegra en el corazón, algo lógico en un poeta que expresa sus latidos emocionales y sus raudos pensamientos «luces y sombras / besos y heridas... / todo en el corazón / a la par». «Esa nave siempre a la deriva» que es la vida está hecha de dualismos inseparables que aparecen en tensión en la mayoría de los poemas: «vida / y muerte / ceniza / y pasión / realidad / y ficción»; «el cielo / y el infierno / a la vez / pienso / la vida»; «un laberinto / de rosas / y espinas / la vida». Y la de este poeta es un «complicado equilibrio / entre mis dos oficios / comercial / y escritor».

El poeta es consciente de que cada vez ha ido condensando más los versos buscando «quizá la esencia», algo que se manifiesta especialmente en los haikus «ráfagas de pensamientos en espiral» como dice la prologuista. Una parte del poemario la componen, en efecto, treinta y tantos haikus, género en el que tantos poetas de ahora confluyen. Sea lo que sea, lo que respira la poesía de Muñoz es autenticidad, lealtad a ese sujeto que quiere «seguir siento yo / seguir mi camino / por encima / de todas las cosas».

José Enrique Martínez, 
Filandón, Diario de León



domingo, 28 de febrero de 2021

ENTREVISTA en DIARIO DE LEÓN



«No hay aventura más fantástica ni vertiginosa que la propia vida»

Diario de León. 28 DE FEBRERO DE 2021. 

Cristina Fanjul

Ha convertido el camino en el protagonista de su creación y por eso sus obras van sedimentando y permiten contemplar escenarios y emociones tan diversos...

Vicente Muñoz es una rara avis en el mundo de la literatura. Su extensa obra abarca la poesía, el ensayo y la novela, pero siempre hay un denominador común: el escritor habla sin artificio y desde la palabra esencial y, como él mismo defiende, sigue implicado en la rebeldía. Parafraseando a uno de sus ídolos, sigue en el camino.

—Vicente, ¿se cansa uno de escribir antes que de vivir?

—En mi caso en concreto, ambas cosas, vivir y escribir, van a la par e indisolublemente unidas, y son, por decirlo de algún modo, las dos caras de la misma moneda. Para mí la escritura es una forma de vida, de ser y estar en la Tierra, de entender el mundo y de expresarme y desarrollarme como individuo en él, así que mientras viva seguiré escribiendo, imagino, esté cansado o no. Como ejercicio auto sanador al menos.

—Tienes una carrera literaria impecable, sobre todo por tu voluntad de escribir, no por la fama. Es decir, en tu caso se puede decir que vives para escribir. ¿Cómo ves desde esa atalaya el mercantilismo literario?

—Desde que comencé a publicar mis primeros libros, hace ya muchos años, tuve claro que por el tipo de literatura que a mí me gusta y practico, sería un escritor de fondo, no de grandes éxitos ni ventas, y no tendría prisa ni estaría sometido a servidumbres de ningún tipo a la hora de escribir. Entre otras cosas, supongo, porque vivo de otro trabajo, como bien sabes, y me he permitido siempre escribir lo que realmente quiero y siento por dentro. Respeto, por supuesto, la literatura comercial, de hecho tiene que existir porque es la que el gran público lector demanda, pero siempre he tenido claro que ese no es mi camino, como no lo ha sido tampoco el de los premios ni las subvenciones. Sin embargo, he tenido siempre el privilegio de tener editores dispuestos a publicarme y apostar por mi obra, muchos ya a lo largo del tiempo, y de poder escribir y publicar siempre lo que realmente he querido. Ese es mi camino y mejor premio.

—Parece que la realidad regresa a los años ochenta, que todo lo que creíamos que quedaba en el pasado regresa. ¿Cómo crees que la estética en la creación va a gestionarlo?

—Yo creo que en España siempre regresaremos a los años ochenta, por lo que tuvieron de especial y representaron, la Transición, la Movida, el rupturismo, la celebración y la fiesta... Dediqué, como sabes, mi novela Regresiones a esos años precisamente por eso, porque fui testigo en primera fila de todo lo que sucedió culturalmente en León, algo único e irrepetible, sobre todo a nivel musical, en esa década prodigiosa, y nadie en esta ciudad lo había contado aún. Comparado con aquello, lo que ha venido luego, desde mi punto de vista, ha sido un sucedáneo, así que no me parece en absoluto extraño que se regrese siempre con nostalgia a aquel tiempo, como referente de todo lo que pasó después.

—¿Qué hay en la literatura fantástica que tanto te atrae?

—Desde niño me apasionó la literatura fantástica y de terror, con Allan Poe como indiscutible precursor y maestro, y todos los discípulos que vinieron después, Lovecraft y demás cultivadores del género. Es curiosa esa pasión mía, si la relacionamos con mi propia obra, porque de mis más de veinte libros publicados hasta el momento, sólo dos, Marginales y Del fondo, el primero de relatos y el segundo de poesía, pueden calificarse de ficción pura, y son, de hecho, sendos homenajes a mis maestros antiguos. El resto son más bien autobiográficos, realistas y confesionales, en sus diversas vertientes, pero en las antípodas, en cualquier caso, de la literatura fantástica como género. Supongo que porque, aunque como lector me guste y necesite a veces la evasión, como escritor prefiero escribir sobre la realidad y el mundo que me rodea.

—¿Cómo has evolucionado tanto a nivel personal como literario desde tus comienzos?

—Sobre la marcha y a medida que he ido viviendo, viendo y aprendiendo. Como se han ido formando también mis propios libros, en función de mis experiencias. Dejando fluir la vida y el tiempo, en suma, y plasmándolo sobre el papel. No hay aventura más fantástica ni vertiginosa que la propia vida, creo. Y sobre ella y lo que durante la travesía me ha ido sucediendo y he visto, he ido escribiendo. Eso sí, enlazando con lo que comentaba antes, decantándome por un estilo y estética cada vez más definida, escueta, crítica, existencialista, autobiográfica y real como la vida misma.

—Todavía hay sitio para lo underground o las cosas son demasiado simples?

—Siempre lo habrá, creo, porque por mucho que nos quieran uniformar, controlar, dirigir, automatizar, lobotomizar, siempre habrá disidencia, alguien, siempre, tomará otro camino y tendencia y se rebelará contra lo establecido. Y de ahí nace lo underground y alternativo, sea del rasgo que sea.

—Dime qué es lo más underground de la política en estos momentos.

—Lo de siempre en política: el anarquismo, entendido como organización voluntaria y esporádica de las personas en aras del bien común. Eso, que debería ser la regla y el canon, es la excepción y la meta.

—¿Dónde tienes más lectores, en León o en Barcelona?

—La verdad es que no tengo ni idea, supongo que aquí, en León, aunque no lo sé con certeza. Unos pocos, pero fieles, aquí y allí, imagino.

— ¿Dónde está Babilonia?

—Fuera de nuestro corazón: en los muros y fronteras que nos quieren a toda costa imponer.

—¿Crees que alguna vez hemos dejado de estar en crisis?

—Imagino que no, que la crisis y la procesión va siempre por dentro, allá donde vamos nosotros. Pero como esta, desde luego, este mundo distópico y teledirigido que estamos viviendo, ninguna hasta ahora.

—¿Hay que tener miedo a los que nos prometen la felicidad?

—No deberíamos, pero dadas las circunstancias y el momento de manipulación y entropía que nos está tocando vivir, yo diría que como mínimo hay que ser prudentes y escépticos al respecto. Ojalá pueda pronto decir otra cosa.

—¿Qué ha cambiado entre el Vicente de ‘Monstruos y prodigios’ y el de ‘Haga lo que haga en la Tierra’?

—A nivel literario, casi todo, me atrevería a decir. Ese libro, el primero, Monstruos y prodigios (un guiño al de Ambroise Paré), que publicó la Junta de Castilla y León en 1996, fue un homenaje a la literatura gótica, decadentista y fantástica de la que antes hablábamos, digamos que la conclusión de muchos años de lecturas y pasión por el género, con la que me inicié como lector. Siempre he estado orgulloso de ese extraño libro, entre otras cosas porque creo que no podría volver aunque quisiera a escribir algo así y lo considero una rareza en mi obra. A partir de ahí, comencé a alimentarme de otros maestros y lecturas, la Beat Generation, que ha sido otra de mis grandes influencias literarias, Henry Miller, Céline, Carver, Bukowski, Lowry, Thomas Bernhard y un larguísimo etcétera de autores, que poco a poco han ido cambiando mi estilo, orientación y meta literaria. Parafraseando a Gsús Bonilla en el epílogo a Haga lo que haga en la Tierra: « Cada vez más escueto, cada vez más certero, cada vez más verídico, cada vez más identitario...». Ambos libros, efectivamente, están temática y estilísticamente en las antípodas.

—¿Qué es lo que más duele en la vida y qué en la literatura?

—En la vida y en la literatura lo mismo: la falta de esencia y espíritu. Dejarse llevar. No vivir ni escribir lo que realmente queremos y ser cómplices del sistema. Contra todo ello, como individuo y escritor, me rebelo.

—¿Sigues en la penumbra? ¿Se puede salir de ella?

—No como cuando escribí ese libro, Mi vida en la penumbra, en un momento de crisis personal y cruces de caminos. Siempre en parte, porque yo creo que veo la realidad, para lo bueno y lo malo así, a través de un filtro o penumbra, pero desde luego no en la que describe ese libro, mucho más negra y oscura. De todo, salvo de la muerte, se puede salir y escapar. Y la luz también está ahí, esperándonos. Nosotros tenemos la llave.

—¿Cuál es el verso que mejor te revela?

—Seguir escribiendo /seguir siendo yo / seguir mi camino //por encima / de todas las cosas // lo único / que me identifica // no puedo ni quiero / cambiar mi destino.



jueves, 18 de febrero de 2021

EUREKA


Para bien o para mal, con el paso de las modas, de mis libros y del tiempo, me han ido poniendo diversas etiquetas, social, crítico, de la conciencia, autobiográfico, neorrealista, nihilista, romántico, beat, confesional, autorreferencial... Pero la de Luis Sánchez Martín, reseñando Haga lo que haga en la Tierra, me ha llegado, más que ninguna otra, al alma:

Una sombra solitaria que, como un espectro de Poe, recorre el camino de Kerouac, llegando al retiro de Rimbaud desde el mísero apartamento de Bukowski.

Gracias, compay: me identifico.

Vicente Muñoz Álvarez


lunes, 15 de febrero de 2021

HASTA EL MISMO TUÉTANO: Sobre 'Haga lo que haga en la Tierra' de Vicente Muñoz Álvarez.



«El viajero se detiene a descansar, ha sido una larga y fructífera travesía. Repasa sus pertenencias y, a pesar de que desde hace bastante tiempo sólo necesita lo esencial, la maleta pesa como si llevara lingotes de oro». (Del prólogo de Julia Navas).

Vicente está en posesión de tres verdades irrefutables: el tiempo se acaba, lo que queda atrás no se recupera y lo que queda por delante depende en gran medida de nosotros mismos, aunque siempre estaremos a merced de lo impredecible.

darlo todo
y dejarme
en el intento
la piel

para caer
en picado
de nuevo
al vacío

Desnudando el poema hasta los versos imprescindibles para mostrar lo necesario, Vicente Muñoz termina con ‘Haga lo que haga en la Tierra’ la trilogía ‘La llama encendida’, que comenzara con ‘Días de ruta’ y continuara con ‘Travesía’.

Elige para ello exclusivamente el formato poemario (anteriormente había alternado verso, narrativa y prosa poética), como se ha dicho, carente de todo ornamento cargante e innecesario, para que sus versos, siempre bien afilados, penetren en el lector hasta el mismo tuétano.

Acompañaremos al autor por su itinerario vital: su trabajo como comercial de calzado y su pasión por la escritura. Entramos así al círculo vicioso del momento actual: el trabajo, desagradecido pero necesario, imprescindible, y la pasión, el arte, para muchos más importante que lo anterior, pero relegado al tiempo libre y al desprecio, al ninguneo económico, a ser lo primero que abandonar si el barco empieza a hacer aguas. Con pruebas más que suficientes de que el capitalismo se desborda y la economía se desmorona, todavía nos agarramos, o nos obligan a agarrarnos, a ese culto al billete y la anotación en cuenta que permitirán el sustento más básico.

lo que te contaron
no era verdad
lo que soñaste tampoco
de lo que te prometieron
ni hablar

Los sinsabores, que haberlos, haylos, de la escritura también forman parte de esa ruta vital. No es la primera obra en la que Vicente Muñoz se pregunta por las bondades de la pasión o el oficio (que también lo es, y no todo el mundo sabe y puede desempeñar) de la escritura. ¿Es un don o una maldición? No hay respuesta rápida ni fácil para esta cuestión, pero Muñoz tiene claro quiénes son los poetas malditos, pues los ha mirado a los ojos.

los escritores serios
no se comen una puta rosca

en suma

pero son libres
y auténticos

doy fe

Destacan también en el poemario las referencias al amor (que dejó atrás), a la familia y a los ídolos. Estos tres iconos serán su combustible, pues la vida del autor no es sino el viaje inacabable de una sombra solitaria que, como un espectro de Poe, recorre el camino de Kerouac, llegando al retiro de Rimbaud desde el mísero apartamento de Bukowski. Conozco bien la obra de Muñoz Álvarez, y hay pocos autores tan bien armados para estimular la curiosidad del lector para indagar el catálogo de referencias que han quedado entre las páginas. Yo mismo he visto decenas de películas pulp o serie B recomendadas por él.

y un cuervo
más negro
que la noche
responde

NEVERMORE

Y ahora es cuando cierro esta opinión, reseña o como se le quiera llamar recomendando no sólo la lectura de esta obra, sino la revisión de todo el catálogo de su autor, pero igual que recurrí al prólogo para arrancar, dejo que el epílogo nos guíe en esta salida:

«Hallo al poeta preciso, cada vez más escueto, cada vez más certero, cada vez más verídico. Cada vez más identitario, con el sello propio de quien ha hecho de la poesía de este país casa y domicilio, la poesía vital, el lugar para mi regocijo y pernocta». (Del epílogo de Gsús Bonilla).

Luis Sánchez Martín,
elDiario.es



lunes, 8 de febrero de 2021

HAGA LO QUE HAGA EN LA TIERRA según PABLO MALMIERCA



NOSOTROS, PUERTO SEGURO

El mundo avanza y la poesía de Vicente Muñoz Álvarez sigue su propio camino, un recorrido alejado de modas y círculos poéticos, más atento a sus propias referencias que a sus contemporáneos, de los que se convierte en algunos momentos en verdadero crítico.

Para aquellos que desconozcan la escritura de Vicente podríamos decir que se trata de una literatura que él mismo denomina autobiográfica, tal y como nos dice en la “Nota preliminar” a este libro y que de alguna manera sella el pacto autobiográfico con el posible lector: “la dialéctica entre mis dos oficios, el calzado y la escritura, y el modo y la consecuencias de intentar combinarlos, por un lado, y la poética autobiográfica, escueta y esencial que les caracteriza.” (pág. 15). Haga lo que haga en la tierra se inserta en una trilogía más amplia, compuesta además por Días de ruta y Travesía, que como el mismo autor nos dice son: “…una crónica (poética y crítica) de los tiempos que corren y estamos viviendo, de la debacle del capitalismo y el desmoronamiento de la economía de mercado, y al mismo tiempo de la dinámica y sinsabores del oficio de la escritura (don y maldición), (…) el amor (y el desamor) (…) Tres libros, tres visiones, tres miradas. Y un solo corazón latiendo.” (pág. 15)

Hasta aquí el pacto autorial con el lector, sinceridad y desnudez por parte del autor respecto a los posibles lectores. Pero me gustaría ir un paso más allá y etiquetar, palabra que odia Vicente, a Haga lo que haga en la tierra de obra autorreferencial. La autorreferencialidad supone un paso más allá de la autobiografía y supone introducir al propio autor como elemento de la poética del libro. La forma más habitual de hacerlo es incluir el nombre del autor en alguno de los poemas, cosa que Vicente declina hacer, en su caso opta por la otra de las técnicas propias de este subgénero literario, la referencia a hechos autobiográficos. Esta identificación de la voz poética-personaje con el autor real se hace patente en poemas como “Ella y el pienso”, donde el poeta rememora la pérdida de un ser muy querido que le dejó no hace mucho: “su manta su collar / su champú su cepillo / su bebedero su comedero / su correa su cartilla / / y el pienso / que no terminó // siguen a mi lado // Ella y el pienso / no lo terminó. “ (pág. 57). A este índice de autorreferencialidad me gustaría unir las palabras que reproduje más arriba de la “Nota preliminar”, donde el propio autor hace explícita su intención autobiográfica, es decir, de convertirse en propio material poetizable. Sin embargo, en nuestro autor este material abarca mucho más que la pura historia vital, incluye sus lecturas, sus referencias, su devoción por el cine, que ya ha plasmado en diversos libros. En Vicente Muñoz Álvarez la autorreferencialidad se dispara a muchos niveles, que trataré de desgranar en esta reseña que en cierto modo es continuación y ampliación de las que ya realicé de otros de sus libros anteriores, Gas y Travesía.

Haga lo que haga en la tierra se divide en cuatro partes, cuyos títulos ya de por sí son significativos a la hora de hacer una lectura pormenorizada del texto, estas partes son: “Mar adentro”, “Vórtice”, “Aguas profundas” y “Llegar a puerto”. Esta forma de nombrar nos hace viajar a otro de los títulos del autor, Canciones de la gran deriva. Vicente es gran admirador de la literatura de terror relacionada con el mar, en español podemos encontrar dos grandes antologías publicadas por Valdemar: Aguas profundas y Mares Tenebrosos. A este primer gran referente me gustaría unir un segundo punto de unión de estas cuatro partes, la idea de la vida como viaje, un viaje que parte, como la vida, de la infancia, donde la realidad es otra de la que te contaron y debe ser reedificada, pero vista con nostalgia, el pasado como parte irrecuperable de la vida. Así Vicente aparece trasmutado en el Homo Viator medieval que viaja tras su destino.

La primera parte, “Mar adentro”, es el punto de partida de este viaje, con referencias a dos autores a los que el viaje caracteriza, Stevenson y Kerouac, parte de la escritura y la infancia como lugares en los que se funda. La escritura en Vicente se basa en su particular forma de ver la realidad “por qué veo yo negro / cuando los otros / ven blanco” (30), outsider irredento de las letras españolas ajeno a modas y grupúsculos poéticos. Por esa razón siempre se ve eligiendo “¿un camino? / ¿y el resto? / ¿dónde queda?”. Esta sensación le lleva a recuperar otro de los tópicos literarios que jalonan este libro, el de la Fortuna como hacedora de destino. Siempre decidir como un salto al vacío (pág. 33), merece la pena seguir adelante si el dolor es cada vez mayor, si esperas más de lo que te pueden ofrecer. Pero al autor siempre le queda el amor como tabla de salvación y la propia esencia frente a los demás: “fingir estar / figurar // frente / a Babilonia // urgencia de ser / yo mismo.” (pág. 40). La vida nos puede llevar a la cosificación, como vemos en “Necrófagos”, donde se utiliza la imagen de la víctima cosificada por el psicópata como imagen del destino del hombre actual.

En este juego de referencias contemporáneas y clásicas, merece especial atención el poema “Calavera no llora” (pág. 47), donde aparece un tema que Vicente ha escamoteado en esa “Nota preliminar” y que subyace a algunos de los textos del libro, la muerte. Este poema recupera a Jorge Manrique parafraseando algunas de sus palabras e incorporándolas a la especial poética decantada hacia la que la poesía de Vicente viaja de una forma cada vez más clara. Dice el poema “contemplando / la vida// viendo / la muerte pasar // cómo nos acecha / y espera // ávida impaciente / calavera// tan callando).

Otras referencias en esta primera parte que merece la pena destacar son las continuas referencias a una de sus grandes pasiones, el cine de género, aparecen así de forma más o menos explícita Sangre para Drácula o Carne para Frankenstein de Paul Morrisey, Le ballon rougue, Crisis? What Crisis, Alta Tensión, Unforgiven y un largo etcétera que puede suponer un juego de lectura para cinéfilos. A este entramado de películas cabe unir otro de referencias literarias, que junto a los relatos inspirados en el mar o las referencias a Jorge Manrique, incluye otras como Huysmans, Nietzsche, Sartre, Rimbaud, Poe, Jenofonte, que por no ser este el espacio dejo al lector su búsqueda en el libro.

Todo ello con una poética de la desnudez que busca dejar atrás todo lo accesorio, versos cortos de ritmo rápido, concisos como un disparo de adrenalina, despojados de todo lo accesorio, con escasas concesiones retóricas a excepción de las antítesis, que casan tan bien con esa postura de don/maldición con la que Vicente ve la literatura y el oficio literario. Este uso de las antítesis (luces / y sombras// besos / y heridas // pasión /y traición // amar / y errar // todo / en el corazón / a la par) contribuye a acelerar aún más el ritmo de estos poemas ya de por sí breves y rápidos.

En resumen, frente a la desnudez del poema Vicente nos deja lo intrincado de las abundantes referencias que explicitan u ocultan sus poemas. “Mar adentro” nos presenta al sujeto poético enfrentado a la sensación de estar perdido en la inmensidad del mar, a la deriva que todo lo puede. El hombre enfrentado a una inmensidad que no controla, que le lleva incluso a sentir la náusea sartreana, y que le hace tener el (deseo de ser / tiburón) (pág. 39).

El deseo de esencialidad del autor le lleva en la segunda parte, “Vórtice”, a trabajar el haiku, forma que ya aparecía en GAS y que aquí se transforma en el lugar donde convergen los temas del libro, podríamos hablar que son el vórtice de la tormenta desatada en “Mar adentro”. Siguiendo esta dialéctica, la tercera parte, “Aguas profundas”, es el lugar al que el sujeto lírico llega tras pasar el vórtice de la tormenta. Continúa su interiorización de la muerte, para dejarnos un nuevo elemento autorreferencial en “Paso del Noroeste” (102), la cincuentena como paso lleno de dificultades en la vida. Se inicia con esta parte donde lo personal, su trabajo como comercial, el amor, su visión del mundo, se convierten en temas contrales. Quiero centrarme en la crítica que se realiza tanto del sistema capitalista como del sistema literario que nos domina.

En “Le grande Boufee” (pág. 121), nueva referencia al cine, nos habla del peor de los poetas (un poeta / (sobre todo social) / corrupto), para en “Confesión” (124) darnos su antítesis (los escritores serios / no se comen una puta rosca // en suma // pero son libres / y auténticos // doy fe), lo que nos lleva al malditismo en “Danza de las calaveras” (143).

“Llegar a puerto”, cuarta y última parte del libro de poemas supone un giro argumental en el texto, frente a lo negativo, al sufrimiento, al contemplar con dolor Babilonia, todo marinero regresa a puerto, cierre de la metáfora del viaje, que convierte Haga lo que haga en la tierra en una bella alegoría vital. Será aquí Ulises (pág. 175) el que encarne la figura del sujeto lírico “vuelvo de nuevo / al hogar”. Todo acaba positivizándose en esta parte (la luz radiante / de invierno / que nos ilumina // ahora // bálsamo/ para el corazón) (pág. 169). Será la meditación la que otorgue la paz buscada frente a la locura del mundo (en los que observas / pero no juzgas / sientes pero no sufres / vives pero no piensas) (pág. 170). Alejarse de todo lo que es negativo (fuera siempre / lo que te hace sufrir) (pág. 171).

Se vuelve aquí central el poema que recupera el poema con que se abre Don de la ebriedad del zamorano Claudio Rodríguez, (la claridad / la ebriedad / la iluminación // vienen siempre / del cielo) (pág. 173), debemos buscarnos fuera del mundo, nueva dicotomía que refleja cómo estar en esta Babilonia. Será el amor el que junto a esta iluminación salve al sujeto lírico de la deriva (todo lo salva / el amor) (pág.177)

En conclusión, Haga lo que haga en la Tierra se nos muestra como un libro desnudo y despojado en lo retórico, pero muy rico en referencias y lecturas. Alegoría del viaje vital al estilo, tan propio, de Vicente Muñoz Álvarez, que como demuestra es una de las voces más originales y alejadas de grupúsculos poéticos que podemos encontrar en la actual literatura española. Desde su posición de outsider sigue defendiendo unos ideales y formas de hacer literatura que quizás le hayan alejado de cánones preestablecidos, pero que a sus lectores nos brinda la oportunidad de una literatura que sabe a verdad.

Pablo A. García Malmierca

Aldealengua, 7/02/2021



viernes, 22 de enero de 2021

HAGA LO QUE HAGA EN LA TIERRA en REVISTA MÍNIMA


No tiene mucho sentido decir si un poeta es bueno o malo o peor o mejor, porque ni los talentos compiten ni la medida de un poema es otro poema.

A un poeta, como a sus poemas, se lo reconoce por lo que tiene de único, de personal, por crear una voz que expresa su visión propia de las cosas.

Vicente Muñoz Álvarez es un poeta, y sus poemas te empujan a mirar el mundo por un instante con sus propios ojos.


José Marzo


martes, 12 de enero de 2021

HAGA LO QUE HAGA EN LA TIERRA: Reportaje en Tam Tam Press.



Por CAMINO SAYAGO

El escritor y poeta leonés Vicente Muñoz dijo adiós a 2020 con ‘Haga lo que haga en la tierra’, su nuevo libro editado por Canalla Ediciones. En él vuelve a insistir en algo que conoce muy bien y explora a diario: su itinerario vital y su pasión por la escritura. Y además pone el broche final a la trilogía ‘La llama encendida’ que al rebufo de la estela de los dos anteriores pretende ser y es una crónica (poética y crítica) del momento actual, como siempre en clave autobiográfica y confesional.

Con ‘Gas’ (Ed. Lupercalia), Vicente Muñoz tuvo la oportunidad de condensar su obra poética, fruto de dieciséis años de trabajo, entre 1999 y 2016. En esta antología incluía material ya publicado en otros libros y una buena selección de inéditos, que ahora rescata en ‘Haga lo que haga en la tierra’, como sucede con los poemarios ‘Lobos de Mar’ y ‘Libro de haikus’ que ha vuelto a titular.

En total 200 poemas dan forma a este nuevo trabajo en el que el escritor leonés transita por la vida, la suya, llena de antítesis y contradicciones y reflexiona sobre el momento actual, sus consecuencias y sobre la escritura, con sus luces y sombras. La narración, en clave de poética autobiográfica, desnuda su viaje existencial “Siempre me ha interesado la literatura confesional, a caballo de todos los géneros, Henry Miller, Jack Kerouac, Louis Ferdinand Céline, Malcolm Lowry, Thomas Bernhard, escritores que, partiendo de su propia experiencia, reflejan la de la colectividad, el mundo en que viven, y dejan en su obra, sin necesidad de ficciones ni artificios, constancia de ello”, explicaba en otra ocasión a propósito de su atracción por esta vertiente literaria.

Con este nuevo poemario da por finalizada la trilogía ‘La llama encendida’, que inició con ‘Días de ruta’ (Lupercalia, 2014), continúo con ‘Travesía’ (Chamán, 2018) y concluyó, seis años después, con esta última entrega. Los tres libros son independientes entre sí, son tres visiones diferentes abordadas estilísticamente desde distintos puntos de vista: en el primer volumen mezcla prosa y poesía; en el segundo se sumerge en la prosa poética, y en este tercero se ciñe sólo a la poesía.

Sin embargo los tres títulos comparten, tal como explica su autor, un nexo argumental común: la dialéctica entre sus dos oficios, el negocio del calzado y la poesía. “Este hilo conductor les confiere unidad y sentido: ser una crónica (poética y crítica) de los tiempos que corren y estamos viviendo, de la debacle del capitalismo y el desmoronamiento de la economía de mercado”.

El oficio de la escritura, sobre el que se interroga constantemente si es “don o maldición”, y el amor (y el desamor), dicotomías esenciales sobre las que gravita su obra, vuelven a confluir en el último eslabón de esta trilogía articulada por el impulso invisible de la vida como un turbulento viaje. “Vicente destripa sus contradicciones, sus debilidades, y sigue hacia adelante. El hogar, el cielo, la naturaleza y sus esplendorosos regalos; la pasión vivificante, las brasas que nunca se apagan; la gasolina para seguir devorando kilómetros; la piel redentora que nos acoge al final de cada viaje”, señala Julia Navas Moreno en el prólogo.

Sobre Vicente Muñoz

Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966) poeta, escritor y editor leonés, cuenta con una extensa obra poética y narrativa. Entre ellos nueve poemarios y una docena de libros de relato, novela y ensayo.

Ha coordinado distintas antologías y festivales literarios. Desde 1996 edita el fanzine Vinalia Trippers.


Reproducimos dos poemas de ‘Haga lo que haga en la tierra’, el tercer volumen de la trilogía ‘La llama encendida’, de Vicente Muñoz.

PIEDRAS

están ahí

las palabras

como piedras
en el camino

sueltas
no son nada

juntas
son tu destino


ANÁBASIS

un viaje
extraño

la vida

en un barco
más extraño aún

el cuerpo

la sangre
el océano

tú la tripulación

domingo, 10 de enero de 2021

HAGA LO QUE HAGA EN LA TIERRA en casa de JOSÉ G. CORDONIÉ



Haga lo que haga en la Tierra, la última maravilla de Vicente Muñoz Alvarez, lectura obligatoria para los amantes de la poesía y de la Vida.

José G Cordonié