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lunes, 26 de octubre de 2026

ENTREVISTA EN CUALIA por HILARIO J. RODRÍGUEZ



TREINTA AÑOS DE ÉXITOS: 
ENTREVISTA CON VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

Hilario J. Rodríguez, Cualia Libros, 24-10-2026

Vicente Muñoz Álvarez repasa su trayectoria literaria, 
la relación entre poesía y narrativa 
y las influencias que atraviesan sus relatos.

La primera vez que supe de Vicente Muñoz Álvarez, no fue ni sobre el agente cultural ni sobre el narrador; sobre quien descubrí algo fue sobre el poeta. Hay, por si no lo sabíais, más de un Vicente Muñoz Álvarez, y el poeta aquella primera vez (en torno a 2013) me pareció impresionante. Leí dos poemas suyos en un blog, uno se titulaba Animal herido y el título del otro ya no lo recuerdo, aunque recuerdo que resonó en mí durante un tiempo y que trataba el tema del jardín. El año pasado su libro Hombre de mimbre. Antología poética (1999-2025) mereció el Premio de la Crítica de Aragón al mejor poemario del año.

No fue un premio puntual, sino a una labor incesante que ya duraba casi treinta años, porque la suya es una obra acumulativa, en la que todo suma: suman los libros, uno tras otro, del mismo modo que el poeta se suma al narrador, al reseñista, al ocasional crítico de cine, al instigador de obras ajenas y al gestor cultural que no duda en apoyar la obra de artistas de todo tipo, marginales especialmente.

Algo parecido a lo que le ha sucedido a su poesía el año pasado, les ha sucedido a sus libros de relatos este año con Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), que acaba de publicar Efe Eme y que recopila tres: Perro de lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador. Bastarían esos tres libros para convertirlo en uno de los maestros indiscutibles del relato en este país.

Al pensar en esta coincidencia: la de que su poesía y tres libros de relatos aparezcan recopilados en un espacio tan breve de tiempo, me parece como si de pronto todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo para hacer un poco de justicia con un escritor incansable, a quien hasta ahora había movido más su amor a la literatura que los premios y distinciones. Ese amor, por si fuera poco, ha ido siempre más allá de su propia obra y se ha expandido en múltiples frentes, como creador de fanzines, reseñista, aficionado al cine, compilador, antologista y coordinador del Festival Cultural Híbridos en León.

Atento siempre a lo que sucede en las periferias, los relatos de Vicente Muñoz Álvarez tienen muchos ecos de los escritores beatniks, pero también del realismo sucio de Raymond Carver y Richard Ford. Prefieren la sequedad al alambicamiento, aunque a veces utilicen recursos poéticos. Eso quiere decir que sus protagonistas nunca son personas demasiado especiales, ni por su inteligencia ni por su fuerza; son tan solo seres humanos, a veces incluso demasiado humanos. No son relatos que pretendan cerrar círculos perfectos, porque a menudo se conforman con mostrar a personas en tránsito, que atraviesan la hoja en blanco y se pierden de vista de pronto, sin haber llegado a un punto y final.

Quienes conocen al autor, insinúan que algunos (bastantes) son relatos autobiográficos. Lo dicen para acto seguido cuestionar su posible veracidad. Con esto quiero dejar claro que no estamos ante un escritor cualquiera, estamos ante alguien que ya ha generado su propio mito. Pero dejemos que él mismo nos lo cuente.

Escribir desde los márgenes

PREGUNTA.- Calculo que para ti, que tienes algo de escritor de periferias y márgenes, cada vez que cobras protagonismo te debe resultar contradictorio, aunque al mismo tiempo sea necesario.

RESPUESTA.- La verdad es que, pese a ser un escritor de periferias y márgenes, como bien dices, la crítica y la prensa siempre me han tratado bien, sobre todo en mi ciudad, y agradezco cualquier entrevista o reseña que dé a conocer mi obra. Siempre he publicado en editoriales pequeñas e independientes, y con ellas es necesario hacer un esfuerzo de promoción si quieres dar a conocer tus libros, así que no tengo ningún problema en contestar entrevistas o lo que me quieran preguntar sobre ellos.

P.- ¿Es el Vicente Muñoz Álvarez que escribió Perro de la lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador el mismo que ahora presenta esos tres libros en un solo volumen de título Nunca volverá a ser ahora? ¿Qué aprendió el joven Vicente Muñoz Álvarez del que iba a venir años después y qué aprende el Vicente Muñoz Álvarez de ahora mismo del que él mismo fue en su día?

R.- Pues obviamente, no soy el mismo, pero a la vez sí… Es decir, me reconozco e identifico totalmente en esos relatos y libros, varios de ellos autobiográficos, pero lo cierto es que ha pasado mucho tiempo desde que los publiqué (1997, 2002 y 2007 respectivamente) y, de algún modo, soy ya otra persona. Si he decidido publicarlos ahora en un solo volumen es porque me siguen pareciendo grandes relatos, y vistos además con la perspectiva del tiempo, creo que se adelantaron a su época y encajan casi mejor en esta. Se habla en ellos de la alienación del individuo, de sociedades distópicas, de servidumbres laborales y sentimentales, del colapso del capitalismo, de la crueldad y las grietas del Estado de bienestar, de las neurosis y paranoias del creador, y sobre todo en El merodeador, el último de los libros que incluye la trilogía, del oficio de tinieblas que es la escritura, don y maldición al mismo tiempo. Temas, todos ellos, de plena actualidad.

Entre poesía y narrativa

P.- Tú mismo te has descrito ante todo como poeta, pero en este volumen demuestras que la ficción narrativa y sobre todo el relato no te son ajenos. ¿Dónde se encuentran en este libro el poeta y el narrador? En libros como Crónicas de motel, de Sam Shepard, o en algunos de John Berger, es fácil verlo porque alternan relatos y poemas, pero en tu caso es más borroso.

R.- Curiosamente, siempre han dicho de mi prosa que es muy poética, y de mi poesía que es muy narrativa, así que de algún modo ambos géneros se fusionan con naturalidad en mi obra. Hay relatos en esta antología, por ejemplo, Un cofre lleno de recuerdos, Beatitud o La lluvia, por citar algún ejemplo de cada uno de los tres libros, que son pura prosa poética. Y en todos ellos, creo, se nota de algún modo mi vena poética, tanto en la concisión como en el tono melancólico y existencial que los caracteriza.

P.- La variedad de asuntos y formas que uno puede encontrar en los relatos de Nunca volverá a ser ahora te coloca casi en el terreno de experimentalistas como Stephen Dixon. ¿Tiene eso que ver con tu afición a los fanzines, los cómics, la ciencia ficción, el underground bukowskiano, la generación beatnik y todo ese torbellino al que podríamos llamar literatura de quiosco, de donde salieron muchos escritores insignes, como Jorge Luis Borges o Fernando Pessoa?

R.- Sí, por supuesto. Siempre he intentado fusionar la alta y la baja cultura, y mis relatos están llenos de referencias a ambos mundos: literatura, cómic, música y cine, que siempre, de un modo u otro, aparecen en mi obra. Y está, por otro lado, mi pasión por la cultura subterránea, como bien dices, los fanzines, la literatura pulp y el cine de serie B, sin menoscabo de la alta literatura, determinantes igualmente en mi trayectoria. No en vano, coordino desde hace más de una década un festival cultural llamado Híbridos para el Ayuntamiento de León, que intenta fusionar lo mejor de unos y otros mundos, con propuestas fuera de los circuitos comerciales habituales.

Influencias literarias y mestizaje cultural

P.- ¿Estarías de acuerdo en definir Perro de lluvia como un libro decimonónico, Los que vienen detrás uno más propio del siglo XX y El merodeador uno del siglo XXI?

R.- Nunca lo había pensado así, pero pudiera ser. En Perro de lluvia apuesto, en líneas generales, por lo que precisamente en el siglo XIX se denominaron cuentos crueles, en la línea de Maupassant, Poe o Villier de L’Isle-Adam, entre otros muchos: relatos excesivos y sangrientos, de ficción extraña, viscerales y perversos. En Los que vienen detrás, la influencia es sobre todo del minimalismo y el realismo sucio norteamericano, con Carver y Bukowski como principales exponentes. Y en El merodeador, que es un homenaje a Thomas Bernhard, un autor básico en mi formación, las influencias son de autores europeos, nihilistas y existencialistas. Aunque, volviendo a lo que hablábamos antes, nunca he sido un autor purista y siempre he apostado por el mestizaje y la hibridación, de modo que en los tres libros hay también influencias de la contracultura, el mundo del rock (Perro de lluvia, sin ir más lejos, es un guiño explícito a Tom Waits), el cine y el cómic, etc.

P.- ¿Cuáles son, en tu opinión, los saltos estilísticos y conceptuales entre los tres libros?

R.- Creo que en parte te he contestado a esto en la pregunta anterior. En mi opinión, Perro de lluvia es un libro de relatos de ficción extraña y gore, Los que vienen detrás de relatos hiperrealistas, y El merodeador de relatos existenciales, con el denominador común del horror y la perversidad humana.

P.- ¿Cuál dirías, además de ser tú el autor de los tres libros, que es el rasgo que los hermana en Nunca volverá a ser ahora?

R.- La brevedad y la concisión de sus relatos, por un lado, y el propósito de remover la conciencia de los lectores, de manera que la lectura de cada relato les haga pensar y no les deje indiferentes.

P.- El lector de quiosco y biblioteca, a la manera de Borges o Umberto Eco, que caracteriza los relatos de Perro de lluvia, parece salir, como Don Quijote, a buscar la realidad en Los que vienen detrás. Parece como si un escritor con unos rasgos clásicos hasta cierto punto, se encontrase de pronto el realismo sucio e intentase encontrar en él su propia voz.

R.- Puede ser, e insisto en lo que ya hemos hablado: mis influencias son tanto de alta como de baja cultura y literatura. Yo leía con veinte años a Sartre y Camus, y a Lovecraft y a Poe a la vez, tocaba la batería en un grupo de rock, leía las Historias de la Cripta y me apasionaban el cine de autor y el de serie b, y todo eso siempre se ha reflejado en mis libros.

Thomas Bernhard y la ambigüedad autobiográfica

P.- El merodeador me recuerda por momentos al padre médico y su hijo en Trastorno, de Thomas Bernhard.

R.- Efectivamente. El merodeador está dedicado a Thomas Bernhard, que fue un autor que me voló la cabeza en su día, cuando estaba escribiendo ese libro, y que está presente de algún modo en todos sus relatos. Trastorno, por supuesto, pero aún más La Calera, Maestros Antiguos y sobre todo Corrección, que aparecen en algunos fragmentos de mi libro. Además, El merodeador, aunque estructurado en forma de capítulos que se pueden leer independientemente como relatos, es una novela con una estructura circular y obsesiva, donde al final todo se entrelaza y cobra sentido, algo muy bernhardiano también.

P.- Hay quienes describen tu obra como un territorio inestable donde es difícil saber cuánto de ficción y verdad hay en cada uno de tus relatos. ¿Hasta qué punto aceptas una descripción así?

R.- Estoy bastante de acuerdo con esa definición de mis libros, porque siempre he jugado con la ambigüedad y tomado mi propia experiencia como base para desarrollar mi prosa y mi poesía. En Nunca volverá a ser ahora, sobre todo en El merodeador, hay muchos relatos absolutamente autobiográficos, y otros que parten de anécdotas que he presenciado o escuchado, para luego derivar hacia otros territorios, según a dónde pretenda llegar.

Literatura, cine y crítica social

P.- En al menos uno de tus volúmenes sobre Cult Movies, que bien merecerían ser rescatados, hay alguna película directamente inventada, pero que sin embargo no desentona en el conjunto, cobrando un poco de vida entre las otras películas, que sí existen.

R.- Cierto, aunque no hablamos solo de una sino de dos películas, de entre las cientos que aparecen reseñadas. Pero no voy a desvelar cuáles son esas películas inventadas, porque de hecho pasan en la actualidad por ser verdaderas. Fue un juego metaliterario y cinéfilo que ha creado una especie de mito con el que me he divertido mucho.

P.- ¿Qué papel juega la crítica en tu obra?

R.- Si te refieres a crítica social, muchísima, sobre todo en mi obra poética, pero también en la narrativa. Soy un escritor que enjuicia la sociedad en la que vive, quizás porque creo que la literatura puede de algún modo cambiar el mundo, o al menos hacer que las personas se planteen en qué mundo viven y qué se puede hacer para mejorarlo.

P.- Una antología de tu poesía, Hombre de mimbre, acaba de recibir un importante premio. ¿De qué manera crees que pueda normalizar tu obra, en todos sus terrenos y vertientes? ¿Hasta qué punto puedes dejar de ser un escritor en los márgenes y convertirte en un representante del establishment?

R.- Hombre de mimbre, Premio de la Crítica de Aragón, ha supuesto un importante reconocimiento y empujón no solo a mi obra poética, sino a toda mi trayectoria al completo como editor, autor y gestor cultural. La cuestión es que yo me encuentro bien en los márgenes, que son mi territorio natural, y no he buscado nunca salir de ahí, ni antes ni ahora. Siempre he sido un autor a contracorriente y crítico, sin pelos en la lengua ni servidumbres de ningún tipo, ni políticas ni literarias, y no tengo ninguna intención de convertirme a estas alturas en un autor comercial, ni mucho menos representante de ningún establishment cultural o literario. Más bien todo lo contrario: me considero un francotirador y un escritor políticamente incorrecto a todos los niveles, con todo lo que ello implica. Y asumo y disfruto los márgenes en los que me muevo y escribo.

P.- ¿En qué andas enfrascado ahora mismo?

R.- En un nuevo poemario que va ya bastante avanzado, pero que no tengo prisa en publicar. Después de Hombre de mimbre, una antología poética de casi 600 páginas, y de Nunca volverá a ser ahora, que rescata tres libros de relatos emblemáticos de mi bibliografía, creo que lo que debo hacer es dejar que ambos libros, y las decenas que hay detrás, encuentren sus lectores y sigan sus respectivos caminos.




domingo, 17 de octubre de 2021

VIAJE A LA ERA PULP



Diario de León, 17-10-2021

Entrevista por José G. Cordonié

Vicente Muñoz Álvarez lleva más de 30 años dejando un rastro de tinta underground a su paso, con una versatilidad absoluta que le hace diferente a todo lo demás que se publica en este país, a la vez que le convierte en creador de un camino donde muchos otros le siguen.

Poeta, escritor de novelas, cuentos y ensayos, con una vocación a echar la vista atrás, en la literatura, en el cine y en la música, aunque siempre con un ojo puesto en el horizonte de lo que ha de venir.

- Cada uno de tus libros es distinto a los anteriores, a pesar de que todos ellos tienen en común la huella de estar escritos al margen, en esa zona en penumbra que se forma entre la luz y la sombra. Eso es algo que encontramos en estos relatos, sobre todo en el tipo de personajes que “merodean” entre sus páginas, en esa “Era Pulp” que avanzas en el título. ¿A qué se debe el título del libro? Las setas y otros relatos de la Era Pulp (Versátiles, 2021).

- Con “Era Pulp” me refiero a la época dorada de la prensa contracultural y la literatura subterránea en este país, la década de los 90 del pasado siglo, en la que proliferaron las revistas y fanzines de tendencia underground, especializados en cultura alternativa, que propiciaron un tipo de literatura transgresora y crítica, desprejuiciada y ajena por completo al canon oficial imperante. Como editor de Vinalia Trippers, viví esa etapa muy intensamente, conociendo a cientos de escritores afines y colaborando en docenas de revistas, antologías y proyectos paralelos, y este libro es un homenaje a aquellos años y aquella manera de entender la literatura y el mundo. Las Setas, por otro lado, es el título del relato que abre el libro, publicado originalmente en el primer número de Vinalia Trippers en 1996, cerrando simbólicamente, veinticinco años después, el círculo.

- En este libro recopilas 30 relatos, escritos a lo largo del tiempo y en distintas etapas literarias, desde los años 90 hasta ahora. ¿Cómo se consigue la coherencia del conjunto?

- Independientemente del estilo y la temática de cada relato, que varía con el paso de los años, he elegido para esta antología en concreto los más viscerales y truculentos, fiel al espíritu de la literatura pulp norteamericana, básica en mi formación. Ese es, digamos, el hilo conductor del libro, al margen de las peculiaridades de cada relato.

- Hofmann, Carver, Baudelaire, Bukowski, Céline Kerouac, Burroughs, Bernhard, Pavese, Fante, Blackwood, Poe, Hammet, Dick… son algunos de los autores que citas en estas páginas y que, de una manera u otra, también te acompañan en otras obras. ¿Qué debes a ellos en tu literatura?

- Básicamente, una manera de escribir transgresora, sin filtros ni ataduras, subversiva y no complaciente, al margen de los tejemanejes del mundo. La valentía de contar la realidad tal cual es, o al menos como tú la ves, guste a quien guste y pase lo que pase luego. Ese es el tipo de escritor con el que más me identifico.

- No obstante, se dice que las principales influencias que se tienen a la hora de escribir son de aquello que tenemos alrededor y de uno mismo. En los relatos de este libro nos encontramos con alguno que parece tener algún tinte autobiográfico (Sesiones de espiritismo, Deseo de ser Bruce Lee, Historias para no dormir, El Paseo, Calor…). ¿Te inspiras en alguno de ellos en vivencias propias, algún recuerdo, o son simple ficción de realismo cotidiano?

- Aunque este libro incluye algunos relatos de pura ficción, la mayoría son autobiográficos, algunos de los que citas, incluso, al pie de la letra. De hecho, me considero por encima de cualquier otra etiqueta un escritor autobiográfico, y casi todos mis libros, sobre todo los de poesía, lo son.

- ¿En qué crees tú que consiste el realismo literario en tus libros?

- Me gusta retratar y cuestionar el mundo que me rodea, y hacer literatura de mi propia vida y experiencias. Esa es mi mayor fuente de inspiración.

- En tu literatura, y también en estos relatos, se percibe en ocasiones el fracaso de lo cotidiano, la frustración social. ¿Es esto un signo de que la sociedad nos lleva al desencanto?

- Esa sensación gravita, me temo, sobre toda mi obra, y es uno de sus motores básicos: cómo la sociedad, el Estado de Bienestar, el capitalismo, la política, la manipulación, nos llevan finalmente al nihilismo y el desencanto.

- Algo que es evidente es tu amor y afición por el cine, principalmente por las series B y Z, las viejas películas de terror, el giallo y el cine de culto. De hecho, has escrito la maravillosa trilogía Cult Movies, donde nos acercas a ese tipo de películas marginales que, al menos, se deberían visionar una vez en la vida. Además de las referencias directas a alguna película o género, o de alguno de los temas tratados en tus relatos, ¿crees que el cine infiere también en tu manera de escribir?

- Es, de hecho, una fuente de inspiración fundamental para mí, y más aún ese tipo de cine que mencionas: desde niño me he criado con él, soy un cinéfilo empedernido, y mis libros están llenos de referencias y guiños al cine de culto.

- En Las setas y otros relatos de la Era Pulp reúnes algunos de tus relatos más significativos en tu trayectoria literaria, incluyendo también algún cuento inédito. Algunos fueron publicados en fanzines o en libros anteriores. ¿Has buscado con esta edición hacer una retrospectiva de tus relatos? ¿Cómo ha sido la elección de los mismos?

- Como explico en la nota preliminar del libro, la mayoría de los relatos que incluye este volumen fueron publicados inicialmente en fanzines y revistas literarias de los años 90, y posteriormente en varios de mis libros de cuentos, Marginales, Perro de la lluvia, Los que vienen detrás, El merodeador, Regresiones, etc. También hay algunos inéditos, olvidados en el baúl de mis recuerdos y rescatados aquí como rarezas, Saudade, por ejemplo, y otros diseminados en antologías colectivas a lo largo del tiempo. Efectivamente, he querido rescatar para este volumen mis relatos más representativos de aquel período, dispersos en un montón de sellos editoriales y ahora por fin reunidos en esta edición de Versátiles.

- En tu obra encontramos poesía, relato, novela, ensayo... ¿Cómo decides utilizar un género u otro al enfrentarte a un nuevo proyecto?

- En mi caso, cada libro tiene su propia voz y formato, que se manifiesta ya en la primera línea, sin tener que forzarlo ni elegirlo, fluidamente y sin premeditación. Cómo lo decido, la verdad, no lo sé, me pongo a escribir y encuentro la forma, misterios de la creación...

- ¿Construyes tus libros con planes previos o van saliendo de manera instintiva?

- Casi siempre, como te comentaba, de modo instintivo, sobre la marcha e improvisando, según hacia dónde me lleve el texto. Aunque otras veces, también, con una cierta estructura, sobre todo en mis libros de ensayo. La trilogía Cult Movies, por ejemplo, sí responde a un plan previo: reseñar una serie de películas que a mi juicio nadie debería perderse y a mí me impactaron. O El tiempo de los asesinos: semblanzas de algunos escritores malditos, que igualmente planifiqué. Pero normalmente, sobre todo cuando escribo poesía, no.

- ¿Cómo definirías tu estilo literario?

- “Realismo existencial”, tal vez.

- Sabemos por alguno de tus libros y de tus posts en redes sociales que, a pesar de tu dedicación a la literatura, lo que te da para vivir es tu trabajo comercial como representante de calzado. Nos hablas de tus rutas, de las dificultades de la venta, del tiempo de desconexión con la escritura. ¿Cómo te enfrentas a estos espacios de tiempo sin escribir? ¿Son tiempo de creación sin llevarla al papel, o tomas notas?

- Efectivamente, ese es mi otro oficio, el que realmente me da de comer, y una de las fuentes básicas de mi inspiración a la hora de escribir: el mundo del calzado y el comercio, del capitalismo salvaje en mis temporadas laborales (otoño y primavera), frente a la introspección y reflexión de la literatura (verano e invierno), y la dialéctica que ambos oficios provocan. De ahí, tomando notas, salió Días de ruta, un libro clave en mi trayectoria, y sus dos secuelas, Travesía y Haga lo que haga en la Tierra, que integran la trilogía La llama encendida, además de muchos otros poemas y relatos dispersos en mis libros.

- Y una vez de regreso de la ruta, ¿cuánto tiempo dedicas a escribir?

- Todo el que me siento inspirado para hacerlo, a veces mucho, otras poco y otras nada, según las circunstancias. Tiempo, también, para leer y ver películas, pasear por el bosque, ensoñar y amar, entre otras cosas de mucho poder.

- A pesar del importante número de libros publicados (más de veinticinco), no has tenido la oportunidad de acceder a una de las grandes editoriales que generan una buena proyección comercial. ¿Es esto ser un escritor underground? ¿O ser un escritor underground es lo que te lleva a sellos editoriales más pequeños?

- Yo creo que ambas cosas a la vez. Publicar en pequeñas editoriales tiene sus ventajas e inconvenientes, y según tus aspiraciones y metas, optas por ellas o no. Personalmente, yo siempre me he encontrado a gusto en editoriales independientes, en parte porque vivo de otra cosa y no tengo la presión de tener que depender de las ventas de mis libros, y en parte también porque soy consciente de que mi literatura no es para todos los públicos, la poesía no es para todos los públicos, la prosa confesional tampoco, y menos aún cuando ambas llevan el sello de la crítica social por bandera. Acceder a grandes editoriales tiene sus servidumbres, no poder escribir cómo y de lo que realmente quieres, en primer lugar, y tener que llevar un tipo de vida pública que a mí personalmente no me interesa. Prefiero, ya de puestos, vender zapatos, pero escribir lo que realmente siento y quiero, tenga o no proyección comercial.

- ¿Cómo ves el mundo editorial en España?

- El que yo conozco, en el que publico y me muevo, que es precisamente el de las pequeñas editoriales, en un momento muy prometedor y activo ahora mismo, con muchos sellos haciendo y publicando cosas muy interesantes: Versátiles, Canalla, Chamán, Eolas, Boria, Aloha, Zoográfico, LcLibros, etc, etc.

- Vivimos tiempos difíciles donde la pandemia ha modificado muchas de nuestras costumbres y rutinas, nuestra manera de trabajar y enfocar nuestro día a día. ¿Cómo piensas que ha afectado la pandemia a la literatura y a la cultura en general?

- Supongo que nos ha hecho aún más conscientes de la fragilidad del mundo en que vivimos, de lo efímero y pasajero de todo, y de lo aleatorio de nuestro paso por la Tierra. Todo ello malo para nuestra psique y cordura, sin duda, pero seguramente bueno para la creación. El tiempo lo dirá.





miércoles, 3 de julio de 2019

ENTREVISTA en EL SÓTANO DEL ORNITORRINCO


Foto de Marlus Leon

Vicente Muñoz Álvarez aterriza en El sótano del ornitorrinco y se enfrenta a nuestro interrogatorio de junio, que incorpora nuevas (y comprometidas) preguntas. Próximamente, contaremos con otros autores (Ada Menéndez, Claudia Capel, Carmen del Río Bravo, Sonia San Román, José María Cumbreño, etc) que se han atrevido a colaborar en nuestra sección de entrevistas minimalistas. Y ahora, pasen y lean, estimados seguidores. A disfrutar de este caluroso verano.

Ana Patricia Moya

Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966). Poeta, narrador, ensayista, gestor cultural y crítico de cine. Autor de los poemarios Privado (Baile del Sol, 2005), Estación del frío (Ediciones del 4 de Agosto, 2006), Parnaso en llamas (Baile del Sol, 2007), Canciones de la gran deriva (Editorial Origami, 2012), Animales perdidos (Baile del Sol, 2013), Días de Ruta (Lupercalia, 2014), Del fondo (Zoográfico Ediciones, 2018), entre otros; de las novelas y libros de relatos Los que vienen detrás (Editorial DVD Ediciones, 2002), Monstruos y Prodigios (Editorial Amargord, 2007), Perro de la lluvia y otros cuentos (Editorial Iralka, 1997), Mi vida en la penumbra (Editorial Eclipsados, 2008), Regresiones (Lupercalia, 2015), El merodeador (Baile del Sol, 2017), Travesía (Chamán Ediciones, 2018); también de los ensayos El tiempo de los asesinos: semblanzas de algunos escritores malditos (Literaturas Com Libros, 2019), Cult Movies I: Películas para llevarse al Infierno (Literaturas Com Libros, 2018), Cult Movies II: Películas para la penumbra (Literaturas Com Libros, 2018) y Cult Movies III: Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones, 2019). Ha coordinado las antologías literarias Golpes: Ficcciones de la crueldad social (con Eloy Fernández Porta; Editorial DVD, 2004), Tripulantes: Nuevas aventuras de Vinalia Trippers (con David González; Editorial Eclipsados, 2006), Resaca / Hankover: Un homenaje a Charles Bukowski (con Patxi Irurzun; Caballo de Troya, 2008), 23 Pandoras: Poesía alternativa española (Baile del Sol, 2009), Beatitud: Visiones de la Beat Generation (con Ignacio Escuín; Ediciones y Producciones Baladí, 2011), y El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis Ferdinan Céline (con Julio César Álvarez; Lupercalia, 2013). Editor del fanzine Vinalia Trippers.

¿La poesía sirve para algo?

Depende de cada lector y poeta, de sus intenciones y metas y su forma de enfrentarse a la poesía. En mi caso en concreto, para hacer de este mundo un sitio mejor.

¿Qué no es poesía? 

No hay nada que en principio sea o no sea poesía: depende, de nuevo, del punto de vista y enfoque de cada poeta y lector. Todo o nada puede serlo, según lo veamos e interpretemos.

El momento más vergonzoso de tu vida como artista fue…

Nunca he sentido vergüenza por ser escritor, en todo caso desencanto o frustración, pero no vergüenza, al contrario, me siento orgulloso de serlo, aún en los peores momentos que haya podido pasar.

¿Dónde están las musas? 

En el cerebro y en el corazón, y en la visión que proyectan de lo que nos rodea.

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline.

La palabra más hermosa del diccionario es…

AMAR.

¿Cuál es tu concepto de justicia poética?

A estas alturas de mi trayectoria, dudo ya que exista o pueda existir la justicia poética. Si la hubiera: poder vivir de la literatura.

¿Amor o desamor como tema universal poético? 

Siempre y por supuesto. Ambos, para lo bueno y para lo malo, son los motores del mundo.

¿Libro impreso o libro electrónico? 

Impreso, sin duda.

Último libro leído. 

La negra luz del círculo oscuro, de mi colega José G. Cordonié, una gozada.

¿La literatura da de comer? 

De merendar, en todo caso, y ya ni eso…

¿El arte ha muerto?

No lo creo, ni creo que muera jamás. Pase lo que pase, seguirá habiendo artistas, aunque varíen las formas, estéticas y contenidos.

Un libro que no recomendarías bajo ninguna circunstancia. 

American Psycho.

¿La pastilla roja o la azul? 

Ambas si puede ser, por favor.

¿Existe alguna relación entre la política y la poesía?

Mucha o ninguna, una vez más, en función de cada poeta, poética e intenciones. En mi caso, en particular, mucha, sin duda, porque mi poesía refleja el mundo en el que vivo, esa es mi principal premisa, y la política, en mayor o menor medida, directa o indirectamente, está siempre presente.

¿Protagonista o secundario? 

Lo quiera o no, secundario, me temo…

Si fueras un personaje de ficción serías… 

Indiana Jones.

¿Qué artista debería de ser estudiado obligatoriamente en colegios e institutos?

H.P. Lovecraft.

Una serie recomendable y una película olvidable. 

Penny Dreadful y Regresión, de Amenábar.

Un director de cine y un disco de cabecera. 

Mario Bava y Rain Dogs, de Tom Waits.

Tu opinión con respecto al panorama poético actual.

Demasiado pan y circo, básicamente, hasta el punto de que el poeta se vea obligado a ser performance, actor, cantautor, y si nos descuidamos, payaso también, para poder captar más audiencia. No me gusta ese juego y creo que de hecho está perjudicando mucho a la verdadera poesía.

¿Alguna manía confesable antes, durante o después del proceso creativo?

Tener tabaco a mano.

Si existiera la posibilidad de resucitar a una celebridad por un día para tener una interesante conversación, ¿a quién elegirías? 

A Jack Kerouac.

Un momento histórico.

El movimiento hippie en San Francisco.

Un consejo para no tener en cuenta.

Sé tú mismo.

Gracias mil, Vicente. Salud y poesía.



lunes, 11 de marzo de 2019

ENTREVISTA CAPOTIANA A VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Vicente Muñoz Álvarez:

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Shangri-La.

¿Prefiere los animales a la gente?

Depende de qué animales y qué gente. Me quedo con unos pocos especímenes de personas, caballos y perros, básicamente.

¿Es usted cruel?

Intento no serlo, al menos, que ya es bastante.

¿Tiene muchos amigos?

Los suficientes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Lealtad, sobre todo. E independencia a la vez.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Los realmente buenos, no.

¿Es usted una persona sincera?

Sí, mucho, demasiado incluso.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Leyendo, escribiendo, viendo películas, paseando, viajando...

¿Qué le da más miedo?

El dolor y una mala muerte.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

El oportunismo y la hipocresía.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Perderme en una isla desierta.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Sí. Bicicleta sobre todo.

¿Sabe cocinar?

Bastante bien, dicen.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Jack Kerouac.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Vida.

¿Y la más peligrosa?

Impostura.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

No.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Anarquista.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Lobo de mar.

¿Cuáles son sus vicios principales?

Demasiados para enumerarlos aquí.

¿Y sus virtudes?

Eso deberían decirlo otros, si es que las tengo, no yo.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Mi vida, como un torbellino, al completo.


jueves, 13 de diciembre de 2018

TRAVESÍA: Entrevista en Diario de León.



Muñoz, retratado en Casa Benito, presenta esta noche su nuevo título en el Gran Café. DEMIAN ORTIZ

Vicente Muñoz, escritor:

«Mis libros son un examen de conciencia»

Lugar: El Gran Café / Hora: 21.00.

Diario de León / E. GANCEDO

Descendió a los abismos sujeto del fino cordel del verso en su estremecedor Del fondo, nos descubrió películas dignas de figurar en la videoteca del infierno con Cult Movies (I y II), invitó al lector a conocer un León más nocturno, libre, apasionado (y perdido) en Regresiones, y sigue editando ese objeto con aspecto de fanzine y alma de monstruo de feria que es Vinalia Trippers. Vicente Muñoz Álvarez, un nombre clave en el activismo cultural leonés y referente del underground de calado, presenta hoy en el Gran Café su nueva obra, Travesía (Chamán Ediciones), acompañado por Fátima Ramos, de Leotopía. Muñoz Álvarez es dueño de una muy extensa y compleja creación literaria, que abarca nueve poemarios, algunos espléndidamente ilustrados, otros tantos de narrativa, tres ensayos y una veintena de antologías, tanto seleccionadas por él como en calidad de participante. En Travesía, este autor cautivado por lo freak, lo oculto, lo distinto y lo que pone a prueba la seguridad de la luz del sol, ha decidido embarcar al lector en un viaje paradójico y letraherido, una expedición sin destino conocido.

—¿Hacia dónde le está conduciendo esta ‘Travesía’? ¿De dónde ha partido y qué dirección (y qué desvíos) tiene?

—Espero que hacia otras rutas y libros, pero en principio hacia la conclusión de esta trilogía autobiográfica, La llama encendida, que inicié con Días de ruta (2014), he continuado con este segundo volumen, Travesía, y espero concluir con un tercero algún día. Me interesaba hablar en ella, especialmente, de los dos ejes laborales sobre los que gira mi vida, el de representante de calzado, por un lado, que es el que me da comer, y el de la escritura, por otro, que es el que me realiza, ambos totalmente antagónicos. Hablar de la dialéctica y el contraste entre uno y otro, el mundo del mercado y del capitalismo llevado hasta sus últimos extremos en esta crisis permanente que nos asola, y el de la ensoñación e introspección de la escritura, en las antípodas del anterior. Y de paso, que es lo que realmente me interesaba, hablar del mundo y del tiempo que me ha tocado vivir y de cómo se refleja la sociedad en mi propia experiencia, que es el objetivo fundamental de mi escritura.

—¿Qué guías de viaje y qué compañeros, qué otros autores, le van ayudando o aconsejando en el periplo?

—Soy un lector empedernido desde que tengo uso de razón y mi bagaje de lecturas e influencias es muy amplio y variado, pero en Travesía en concreto creo que las más presentes y reconocibles podrían ser Jack Kerouac y los demás autores beat, básicos en mi formación. Por dar solo unos cuantos nombres, citar a Thomas Bernhard, siempre presente en mi obra, Henry Miller y Louis Ferdinand Céline, para mí dos de los mejores escritores del pasado siglo, y Carlos Castaneda, otra de mis influencias imprescindibles. De un modo u otro, todos planean sobre las páginas de este libro.

—¿Para qué tipo de viajero/lector está pensado este itinerario literario?

—Para aquellos que disfruten de la literatura autobiográfica y confesional, en principio, y que busquen en la literatura respuestas a los muchos interrogantes de estar vivo. Mi literatura, y más la de esta trilogía, no es de mera evasión, sino de búsqueda y examen de conciencia, y aspira, de una u otra manera, a transformar al lector, hacerle ver otras realidades y puntos de vista, y ello exige que se involucre en sus claves, se haga preguntas y encuentre, le satisfagan o no, ciertas respuestas.

—Los lectores, ¿encontrarán en ‘Travesía’ destinos concretos o más bien callejones sin salida, carreteras que conducen al precipicio?

—Ambas cosas a la vez. Destinos concretos sí, unos cuantos con nombre y apellidos, pero también precipicios y callejones sin salida, qué duda cabe. O dicho de otra manera: cimas y abismos, bosques y cuevas, túneles y fronteras, islas y ríos, puentes y desvíos, lluvia y cobijo, rosas y espinas, sonrisas y lágrimas, polvo y ceniza, comienzo y fin... La cara y la cruz, en suma, de la misma travesía.

—¿Qué es para usted el viaje? ¿Se parece un poco a su concepción de la literatura?

—Literariamente hablando, un camino hacia la autorrealización y la iluminación personal, al fondo y la esencia de nosotros mismos, nos lleve hacia donde nos lleve. Eso es para mí el viaje, o mejor dicho, la meta y el fin de cualquier viaje, y eso es para mí también la literatura.



TRAVESÍA: Entrevista en La Nueva Crónica.



El escritor leonés Vicente Muñoz lleva este jueves su nueva publicación a El Gran Café. | MARLUS LEÓN

La Nueva Crónica / Emilio L. Castellanos / 13/12/2018

Vicente Muñoz: "Mis heridas son también las de muchos otros"

‘Travesía’ es el título de la nueva publicación del escritor y gestor cultural leonés, segunda entrega de la trilogía ‘La llama encendida’ que este jueves verá la luz en El Gran Café

La realidad del leonés Vicente Muñoz Álvarez se significa por su condición poliédrica. Son varios los universos que se citan en una vida intensa y colmada de sensaciones y sensibilidades y de la que él ha ido extrayendo numerosos paisajes para dictar esa literatura emocional que le enmarca y cuyo trazo ha quedado moldeado en los numerosos libros que persiguen su biografía literaria. Una nueva publicación,‘Travesía’, suerte de exorcismo autobiográfico, se añade al bagaje creativo de un escritor de voz y luz propias que se deja mecer por sus propias contradicciones y que convive, precisamente bajo el amparo de aquellas, con sus luces y sus sombras. ‘Travesía’ (Chamán Ediciones), segunda entrega de una trilogía, ‘La llama encendida’, que arrancó en 2014 con ‘Días de ruta’, conocerá su puesta de largo este jueves (21:00 horas), en El Gran Café en el transcurso de un acto en el que intervendrá Fátima Ramos del Cano, directora del magazine digital Leotopía. 

– De todos los Vicentes que nutren tu existencia, ¿cuál prefieres? 

– Al escritor, sin duda, que es mi verdadera pasión y apuesta. Aunque tenga que cargar con el resto de ocupaciones y personalidades para poder comer, claro está. 

– Disfrutas de la capacidad de afrontar sin agobios numerosos oficios y ocupaciones. ¿Cómo eres capaz de conciliarlos? 

– Afortunadamente, aunque con sus complicaciones y servidumbres, cada vez mayores debido a esta crisis perpetua que nos asola, tengo un trabajo, el de representante de calzado, que me deja bastante tiempo libre. Muy intenso y absorbente durante unos meses al año, primavera y otoño, pero seguido de otras dos estaciones, verano e invierno, que aprovecho para escribir. Lo que yo llamo mi mundo de ensoñación, creativo e introspectivo, frente a la vorágine de los meses de ruta, siempre en la carretera, de ciudad en ciudad y de uno a otro cliente, en el corazón mismo del capitalismo. Una pura dicotomía, mi vida, llena de contrastes y extremos. 

– ¿Qué tipo de viaje propones en ‘Travesía’? 

– El de una vida cualquiera, la mía en este caso, como reflejo de la de los demás, sus luces y sombras, cielos e infiernos, penas y alegrías, amores y desamores, visiones e iluminaciones... 

En palabras de Pablo Cerezal, prologuista del libro: «Travesía, a pesar de su nombre, no es un libro de viajes. Es un libro que narra el viaje de una vida, el de cualquier vida, el de la tuya o la mía. Y la del autor, por supuesto, con todo lo que de audaz tiene el acto de asomarse a uno mismo para dolerse y alborozarse, para comprenderse y malinterpretarse, para sorprenderse incluso al ver que la imagen que devuelve el espejo nada tiene que ver con el propio rostro». 

– ¿’Travesía’ constituye una especie de ajuste de cuentas con tu realidad? 

– Sin duda. Es un libro, a caballo de la prosa, la poesía y la filosofía, absolutamente autobiográfico y reflexivo, donde me he despachado a gusto con mi realidad: esa dialéctica entre mis dos oficios y ejes sobre los que gira mi vida, el calzado y la poesía, el capitalismo y la creación. Estamos siendo testigos de un momento histórico de crisis socio económica y política sin precedentes, casi apocalíptico, según yo lo veo, que creo que debe ser contado y recordado, venga lo que venga después. Y eso es exactamente lo que yo he hecho en este libro: reflejarlo con un espíritu analítico y crítico. Desde mi punto de vista y enfoque, por supuesto, siempre subjetivo, pero analizando la sociedad y el mundo que nos ha tocado vivir. Siempre he pensado que la buena literatura confesional y autobiográfica es la que, hablando de uno mismo, logra reflejar la de la colectividad. Y con esa filosofía e intención intento siempre escribir. 

– ¿Te sientes cómodo en el uso de la introspección como vía de expresión?

– Sí, la verdad, creo que es en el registro en el que más cómodo estoy y el que de hecho más practico. Quizás debido a que cultivo tanto la prosa como el ensayo y la poesía, y tiendo a fusionar de un modo u otro siempre los tres géneros, y en parte también porque ese registro es precisamente el que más me gusta leer, el de mis autores favoritos, Thomas Bernhard, Céline, Kerouac, Miller, Lowry, etc, y el de la literatura con la que más me identifico. 

Portada de la publicación

– ¿No te da rubor desnudarte, al usar tu vida como fuente de inspiración, frente al lector?

– No, porque no lo hago nunca de manera gratuita, como mera exhibición, sino todo lo contrario, intentando reflejar el mundo que nos rodea, lo que toca y representa a los demás, que es lo que realmente me interesa. Muestro mis heridas, porque sé que son también las de muchos otros, o muy parecidas, y a todos nos duelen de igual o semejante manera, y doy una visión del mundo que sé que también ven los demás. 

– ¿Por qué en tu obra huyes de la falsa retórica y el fuego de artificio?

– Supongo que porque soy un escritor de corte realista, en primer lugar, que da mucha importancia a las ideas y al contenido, no solamente a la forma, y para ello es básica la claridad de la palabra, no el artificio. Son caminos y apuestas literarias diferentes, ni mejores ni peores, dos formas distintas de expresarse y contar. 

– ¿Huyes de la etiqueta? Aun sin disimular tus influencias, ¿crees que dispones de una voz propia y singular?

– Obviamente, eso intento. Nunca me han interesado demasiado las etiquetas, efectivamente, porque no soy en absoluto un escritor purista y me gusta la fusión e hibridación de estilos y géneros, y por otro lado no me gusta condicionarme con nada a la hora de escribir ni seguir ningún tipo de normas establecidas. La voz singular es lo que queda cuando un escritor ha asimilado muchas voces y experiencias, y lo desmonta todo en su cabeza, influencias y estilos, para expresarse a su modo y manera. Yo lo hice hace ya tiempo, mejor o peor pero lo hice, y sí, reconozco cada vez más mi propia voz, y por supuesto el eco de otras muchas que también me interesan como referente en mi escritura. 

– ¿La trilogía donde se integra ‘Travesía’ es un punto de inflexión en tu trayectoria o una consecuencia más de la misma?

– Supongo que sea un punto de inflexión, sí, aunque no sé aún muy bien hacia qué otro lugar... Como soy un escritor básicamente autobiográfico, salvo en algunos libros concretos, imagino que sean mis propias experiencias, pasadas, presentes o futuras, las que vayan dándome material para mis próximos libros. Lo que sí tengo claro es que en esta trilogía, ‘La llama encendida’, que comencé con ‘Días de ruta’ en 2014, he continuado con ‘Travesía’ y terminaré con un tercer volumen algún día, quería hablar de lo que ya antes señalé, mis dos oficios, el calzado y la poesía, y sus servidumbres y circunstancias, como metáfora y reflejo del momento histórico que me ha tocado vivir. Y en ello justamente estamos.

– ¿Qué le pides al lector cuando se mide con tu obra, en general, y en particular con ‘Travesía’?

– Básicamente, que se involucre en lo que lea, medite, lo juzgue y saque sus propias conclusiones. La mía no es una literatura de mera evasión, aspira a hacer pensar al lector y, aunque sea en mínima medida, transformarle, y está llena de preguntas y claves que él debe analizar. De nuevo, dos formas o caminos distintos de enfocar la literatura. 

– ¿Cómo te enfrentas al hecho creativo? ¿Padeces el síndrome de la página en blanco?

– Con total libertad y espontaneidad y sin estar mediatizado por nada en concreto: escribo lo que siento que debo escribir y cuando el corazón me pide escribirlo, sin más, no mecánicamente ni condicionado por ningún plan u objetivo. Esa, la literatura escrita así, cuando quema por dentro, es la que me gusta leer y escribir. 



domingo, 4 de noviembre de 2018

MEMORIAS DE UN CAMINANTE

ENTREVISTA en LEOTOPÍA



Los chicos de Leotopía me hicieron hace unos meses una extensa y muy elaborada entrevista (con vídeo y audios incluidos) sobre mi vida, obra y milagros, en un lugar para mí muy evocador y especial, la Torre de Plata de la Casa Botines, desde la que de niño jugaba a ser escritor...

Pasen y lean:

Nos reunimos con él en el Museo Gaudí - Casa Botines de León. Miramos atrás entre regresiones repasando vida y obra, y hablamos durante horas de Poe, de Lovecraft, de Kerouac y hasta de Bukowski. Llega a Leotopía una de las firmas más activas y experimentales de las letras leonesas: Vicente Muñoz Alvarez: