lunes, 31 de octubre de 2022

UNA HISTORIA DE HALLOWEEN

 

Me acaba de venir a la cabeza ahora mismo, esta víspera lluviosa de Todos los Santos, leyendo en el salón de mi casa “Tierra de nadie”, de John Buchan, incluido en “El viento en el pórtico”, que ha publicado Valdemar, aquella mañana de enero bajo las cumbres nevadas, como un eco lejano enterrado ya hace tiempo en mi mente, aquella escalofriante sensación, y súbitamente me he levantado a contarlo.

Hará de esto unos veinte años, tal vez, no sé precisarlo con exactitud, cuando aún éramos jóvenes y la montaña tiraba de nosotros como imán del acero, y nada nos amedrentaba ni echaba nunca atrás. Andrés, mi compañero de rutas, y yo, una mañana, eso sí lo recuerdo, de enero.

Llevábamos planeándolo desde hacía ya varios meses, al descubrir en una caminata en primavera aquel refugio de cazadores al pie de una vertiginosa cima en el Valle de Luna, ir en pleno invierno a pasar una noche allí, y aunque había estado nevando los últimos días y sabíamos que llegar no iba a ser fácil, decidimos hacerlo.

Así que allí estábamos aquella tarde gélida y despejada de enero, subiendo con las mochilas la prolongada cuesta que, por una pista en medio de la montaña, conducía a aquel refugio de altura, conversando y echando los hígados, pero felices e ilusionados con nuestro plan.

Nos costó, ciertamente, lo suyo, llegar al refugio, tres o cuatro horas de ascenso fatigoso sobre la nieve y el barro, más aún con el lastre de las pesadas mochilas, cargadas con ropa de abrigo, esterillas, sacos de dormir y provisiones en abundancia, pero antes de que anocheciera, como estaba previsto, llegamos a nuestro destino.

Un refugio pequeño y sencillo, pero relativamente acogedor y bien equipado, con una mesa de madera, bancos corridos y una chimenea con una parrilla para cocinar y pasar la noche charlando y durmiendo al calor de un buen fuego.

Aunque la cosa se complicó nada más llegar, porque contábamos con que, como la vez anterior, cuando estuvimos allí en primavera, hubiera un generoso haz de leña seca junto a la chimenea, y no fue así, de modo que tuvimos que salir a buscarla por los alrededores y no resultó nada fácil encontrarla. La nieve cubría toda la pequeña meseta sobre la que se asentaba el refugio y nos costó un gran esfuerzo cortar y acarrear las pocas ramas de retama que sobresalían del hielo y algunos tablones húmedos que encontramos alrededor de la cabaña, desechos de la construcción del tejado. Pero finalmente, ya en plena noche y ateridos de frío, logramos con toda la leña que pudimos reunir encender un buen fuego y calentarnos junto a la chimenea.

Y luego, ya descansados y secos, fumamos y bebimos vino de nuestras botas y preparamos sin prisa la cena, una abundante ración de costilla y chorizo a la brasa que Andrés había llevado para la ocasión, y nos quedamos conversando hasta bien entrada la noche.

Extraña sensación, para el que la conozca, dormir en esa abrumadora soledad, en medio del monte nevado, bajo una vertiginosa cima rocosa, lejos de la civilización y totalmente aislados del mundo... Extraña y placentera a la vez, ese silencio y esa quietud, el cielo protector sembrado de estrellas, la nieve rodeándolo todo, el fuego crepitando y la leña mojada emitiendo lastimeros sonidos, como sollozos de niño, como llamadas de auxilio... E incómodo también dormir sobre una esterilla en el suelo congelado, arrebujados en nuestros sacos de invierno, escuchando los aullidos lejanos de los lobos en el corazón del bosque y el silbido del viento colándose por las rendijas de la puerta y de las ventanas... Pero a eso exactamente habíamos ido allí, para hacer al día siguiente una travesía bajo el macizo de las dos Ubiñas, y pese al frío y lo improvisado de nuestros catres, disfrutamos de la cena y de la experiencia.

Aunque es ahora, en este punto en concreto, justo a la mañana siguiente, cuando llego a lo que realmente quería contaros, por lo que he dejado la lectura del relato de Buchan y me he levantado súbitamente a escribir.

Como siempre -es mi hábito y costumbre-, me desperté temprano, sobre las siete, y como sabía que Andrés no lo haría hasta al menos las nueve, me vestí y salí a dar un paseo de reconocimiento por los alrededores.

Aún estaba amaneciendo, pero el paisaje, ya a esa hora, era magnífico y sobrecogedor: el circo impresionante de cumbres nevadas, los majestuosos hayedos y robledales cubiertos de blanco, los riachuelos sinuosos descendiendo estruendosamente de las colinas y, a lo lejos, la enorme mole de Peña Ubiña, como un tótem desafiante en el horizonte.

Respiré hondo, me desperecé y contemplé con mis prismáticos todo aquello extasiado, agradeciendo mi suerte y destino (y por supuesto la compañía de Andrés, perfecta siempre para ese tipo de escapadas y planes), y luego comencé a andar por la pista helada que, al pie de las montañas, se adentraba en el valle que teníamos enfrente.

Mi intención era simplemente dar un pequeño paseo y estirar un poco las piernas, como calentamiento para la ruta que haríamos después, hasta que Andrés se levantara, desayunáramos y comenzáramos juntos la travesía hasta la base de Peña Ubiña. Y eso justamente fue lo que hice, media hora o poco más, disfrutando relajado el paisaje, respirando el aire helado del monte y poniendo a tono mis piernas.

Pero algo no fue bien... Algo, de hecho, fue realmente mal... Algo siniestro, amenazante y oscuro que me desazonó por completo... Qué, no lo sé muy bien, pero sí que me estremeció y erizó la piel y el cabello, y aún hoy, después de tantos años, recuerdo con escalofríos...

Supongo que quien haya estado alguna vez solo en medio de las montañas lo haya experimentado: ese terror infundado que provoca a veces la naturaleza salvaje y agreste, ese sentirse minúsculo e indefenso bajo las rocas, esa sensación de vacío y de vértigo, de amenaza inminente, de ser aplastado como un mosquito por algo, víctima de algo, sacrificado por algo, no lo sé explicar de otra manera... Sin más y de pronto, sin motivo aparente, como una náusea desde lo más profundo de mis entrañas, recorriendo mi espalda y poniéndome la carne de gallina, esa sensación... No el miedo a los muertos ni a los vivos, a los lobos ni a cualquier otro animal, a una caída ni a un alud de nieve, ni siquiera el mismo miedo a morir, no, otro tipo de miedo, vago y difuso, infundado e inconcreto, pero abismal y feroz, lacerante y antiguo, primigenio y ancestral, a ser devorado por la naturaleza, simplemente abducido por ella, a esfumarte e integrarte en ella, a ser parte de la nieve y las rocas, a fusionarte con ellas... Tanto y tan intensamente, que se me atenazaron los músculos y agarrotaron las piernas, se me erizó el cabello y estremeció la espina dorsal, y salí corriendo, como alma que lleva el diablo, hasta llegar jadeante y sudoroso al refugio...

El caso es que así me sentí aquella mañana de enero en medio del monte, aterrorizado e indefenso, a punto de colapsar, de perder mi humanidad y extinguirme, de ser engullido por la naturaleza, y tal cual, esta víspera de Todos los Santos, para esta noche de Halloween, como entremés, os lo cuento: cuidaos del hechizo de las montañas, queridos drugos, esas antiguas brujerías con que a veces, sin previo aviso, te pueden seducir y hacer perder la razón, cuidaos...

Vicente Muñoz Álvarez

THE DARK AND THE WICKED

 

Si verdaderamente queréis pasar un mal-buen rato y aún no la habéis visto, amantes del cine de terror, os recomiendo esta aterradora película, The Dark and the Wicked (2020), de Bryan Bertino, un film lleno de espeluznantes sorpresas, que hará las delicias de los aficionados al género.

Con una banda sonora que eriza la piel (sin duda, uno de sus grandes logros), una puesta en escena convincente y una atmósfera perturbadora y malsana, Bertino logra transmitir pavor en estado puro, ese escalofrío que recorre silencioso la espalda y es la esencia misma del miedo.

Estructurada a modo de capítulos sobre los siete días de una semana, y partiendo de un argumento sencillo -dos hermanos que acuden a una granja para asistir a su padre moribundo-, The Dark and the Wicked nos introduce lentamente en una fantasmagórica espiral de desasosiego y espanto que, a medida avanza el metraje, pone los pelos de punta.

Un ejemplo más de que no se necesitan grandes presupuestos ni efectos especiales para facturar una eficiente película de terror, sino buenas ideas y una atmósfera inquietante y lograda.

Ideal para videar a solas junto a la chimenea algún anochecer tormentoso.

Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 28 de octubre de 2022

PRÓXIMAMENTE en LcLIBROS


Regresiones es para los que están y para los que no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar. Regresiones es un retrato urbano. Aquí no hay ni una sílaba dedicada a la manida seducción folclórica. Regresiones es una colección de impactos de alcance del día a día. De cuando los mandamientos se resumían en dos, porque nada era relativo: “Vivid en la calle, no paréis en casa”, o “La sangre aún me hierve cuando pienso en mi mala suerte”. Por ejemplo. Y hay ajuste y expiación en esto que también es un “gracias a la vida”.

Pacho Rodríguez

jueves, 27 de octubre de 2022

VISIÓN DEL ÁGUILA


Las hojas de los chopos hoy, de camino a Boñar, más hermosas y reveladoras que nunca, pura mística y ensoñación, como una catedral incendiada en el horizonte, un sendero iluminado hacia el cielo... Eso pensé yendo a Boñar esta mañana para intentar vender zapatos, últimos coletazos ya de la ruta, tras tantas noticias trágicas, muertes, guerras, inflación, sinrazón, hipocresía, mal gobierno y ausencias, eso, como terapia para no hundirme aún más, pensé... Y que necesitaba algo así también, ese contacto con la naturaleza y la tierra que al menos a mí tanto me sana, no las noticias manipuladas por el capitalismo, el control y la distopía, sino este sortilegio de otoño que nos regalan ahora mismo los bosques, las setas comenzando a asomar ya sobre el musgo, el olor de la yerba mojada y la visión del águila, esos misterios... Voy terminando la ruta visita a visita, como en un maratón hacia lo más profundo de mí, naufragio tras naufragio, ciudad tras ciudad y pueblo tras pueblo, intentando mantener la armonía y el tipo, y estas son, me dije mientras conducía, las cosas que ahora necesito: ese contacto con la pradera y los chopos, ese ocre iluminando los bosques, ese olor primigenio en las manos y estos milagros... Y que no hay camino sin curvas, tampoco, rosas sin espinas, poema sin sudor ni corazón sin sangre: esas pequeñas verdades que a menudo, con el volante en las manos, me tengo que recordar...

Vicente Muñoz Álvarez

Foto por Marlus Leon

miércoles, 26 de octubre de 2022

EL MERODEADOR: Fragmentos.

 


Me desperté a las 7:30 A.M., desayuné en la cocina leyendo el periódico, cogí la bolsa de la basura y salí de casa a pasear con los perros.

Al acercarme al contenedor, junto a la iglesia, y levantar la tapa para arrojar la basura, los escuché: allí estaban, al fondo, en una bolsa cerrada de plástico, maullando desesperadamente y moviéndose en su interior. Debía haber al menos cuatro. Cerré la tapa espantado.

Durante el paseo con los perros pensé en lo que hacer, si sacarlos de allí, del contenedor, de la bolsa, si llevarlos a casa, si matarlos yo mismo... Cualquier cosa antes que dejarlos morir de aquella manera... Pero no tuve valor para hacerlo.

Se lo dije a mi mujer al volver a casa, pero ella insistió en dejarlos allí.

No debemos tocarlos, dijo, no son nuestros, no podemos criarlos y matarlos sería también otra crueldad...

Intenté olvidarme de ellos.

Transcurrió el día, un día de verano caluroso y ardiente, asfixiante, comí y dormí la siesta, trabajé un rato en mi despacho y al salir otra vez con los perros y pasar junto al contenedor, los volví a escuchar: su maullido angustiado y profundo.

Pasé de largo e intenté, de nuevo, olvidarme de ellos. Pero a la mañana siguiente, al ir otra vez a arrojar la basura, volví a escucharlos al fondo del contenedor, sepultados ya entre otras bolsas, y sentí estremecimiento y rabia. No debían haberlos dejado allí. Debían haberlos matado al nacer, pero no debían haberlos dejado allí, en el contenedor, cociéndose al sol lentamente, soportando entre los desechos aquella agonía...

Los volví a escuchar, cada vez más débiles, por la noche y a la mañana siguiente, ya casi repleto el contenedor de bolsas. Llevaban dentro tres días.

Por la tarde, sobre las nueve, cuando en el horizonte el sol comenzaba a extinguirse, apareció por fin el camión de la basura y volcó en su interior la carga del contenedor.

Solo entonces pude respirar tranquilo.

No volveré a escucharlos, pensé. Pero me equivocaba.

Siguen ahí. Aún los sigo oyendo... moviéndose, agonizando, maullando... Siguen ahí dentro encerrados, asfixiándose, y no logro sacármelos de la cabeza...

Miau...miau...miau...

Vicente Muñoz Álvarez,
de El merodeador

Tercera edición revisada, a la venta en LcLibros:



lunes, 24 de octubre de 2022

VIENTO & CENIZA



qué difícil
para los que seguimos
decir adiós
a los que se van

vuela alto
que la tierra
te sea leve
descansa en paz

solo palabras
y lágrimas

viento y ceniza

qué corto el viaje
qué breve la vida
qué efímero todo

qué triste

Vicente Muñoz Álvarez

Foto por Marlus Leon

viernes, 21 de octubre de 2022

miércoles, 19 de octubre de 2022

RODRIGO CÓRDOBA QUE ESTÁS EN LOS CIELOS



La segunda época de Vinalia Trippers no hubiera sido posible sin el impulso y aliento del editor Rodrigo Córdoba: de él fue la idea de resucitar en el año 2009 el fanzine, él se encargó del diseño, la maquetación, la impresión y la distribución, y de volver a encender su llama... Plan 9 del Espacio Exterior, Trippers from the Crypt, Spanish Quinqui, Duelo al Sol, Helter Skelter y Del fondo, con sus correspondientes Poemash, Especial Raúl Núñez, Master of Horror, El Ángel, Deseo de ser Piel Roja, Santa Sangre y Dolores de Poesía en los bares, fueron las joyas que nos regaló, además de su generosidad y amistad, su casa y su corazón... Editor, también, de Zoográfico Ediciones, que catalizó a los mejores cerebros de nuestra generación, e impulsor de la más brillante cultura subterránea del foro, la notica de su trágica muerte nos deja huérfanos y de luto para toda la vida... Buen viaje, hermano, allá donde ahora estés: que la Tierra te sea leve.

Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 16 de octubre de 2022

PRIMERAS PERLAS DEL BOSQUE



Qué impasse más revitalizante en la ruta, el de esta semana de permiso en mi guerra, jartito ya de zapatos y zapatillas, carreteras asfaltadas en dos direcciones y clientes y tiendas, estos melancólicos días que, como una bendición en la ruta, he podido gozar... Y de nuevo de cabeza, nada más desconectar de Babilonia, a las sinestesias y la ensoñación: las hojas caídas de los chopos que huelen a sol, Ramos Sucre que me sabe a membrillo, Cansinos Asséns de color amarillo, y estos lánguidos atardeceres de lectura y convalecencia en la terraza de mi hogar, rodeado de guindillas y chiles rojos como la sangre, abrasándome por adelantado el paladar y trasladándome a la Pousada de Sao Bartolomeu, en Bragança, donde nada más licenciarme, como cada noviembre al terminar la ruta, junto a la chimenea de su salón brindaré... Qué desorden de los sentidos más placentero, me digo sonriendo y saboreando el momento, intentando no pensar en el calzado y las tiendas, y qué gozosa la vida a veces, dejándose simplemente llevar, paseando sin prisa por el bosque, leyendo a los maestros antiguos y sintiendo el otoño, como un sortilegio, pasar... Pero sobre todo, y tocante a analogías y correspondencias, las primeras perlas del bosque esta mañana junto al río, mis queridas setas de chopo: sin haber llovido aún, como perlas brillando en la tierra, fragantes y hermosas, puro milagro dentro de mí... Ahí, como una ofrenda, os las dejo...

Vicente Muñoz Álvarez

sábado, 15 de octubre de 2022

DE ANTIGUAS BRUJERÍAS, SINESTESIAS Y GAMONEU DEL VALLE

 

Una de las cosas que más me arrebatan de Asturias, de entre tantas y tantas, patria querida, son sus magníficos quesos, sin paragón en nuestra agostada piel de toro, y las sinestesias y correspondencias que, como un gran bosque de símbolos (que diría el bueno de Baudelaire) encierran... Y de entre todos ellos, y mira que los hay tremendos, uno en concreto: el Gamoneu del Valle... No sé si fue por lo atípico y apocalíptico del momento en que lo probé por primera vez, en plena pandemia, y por tener mi conciencia alterada y crispada como nunca antes entonces, todos los restaurantes de Gijón cerrados a las nueve de la noche y la necesidad de llevarme algo para cenar al hotel, pero jamás lo olvido: ese inconfundible e impresionante olor y sabor, primigenio y ancestral, a antiguas brujerías, ceniza y hogueras de noviembre en los campos, a cultura celta y al Gran Dios Pan... En la habitación de mi hotel frente al mar, contemplando romper las olas contra los muros de la Playa de San Lorenzo después de un nefasto día de trabajo intentando vender zapatos, y habiendo comprado por la mañana en el Mercado del Sur una cuña de Gamoneu para la noche, abrí una botella de vino y ese queso, y al probarlo, de repente, una experiencia supernatural: metido de lleno en ese fantástico relato de Algernon Blackwood, Antiguas brujerías (para mí, uno de los mejores de la literatura de terror de todos los tiempos), en esa pequeña ciudad francesa atestada de gatos y meigas que él  tan bien describe, embelesado por su sabor y encarnado, no sé cómo ni por qué, a modo John Silence, en ese relato... Soy un poco sensitivo y a menudo me suele pasar, ese tipo de asociaciones y revelaciones mágicas y literarias, esto que me recuerda a aquello o lo otro, menhires, piras sacrificiales, castros celtas, paisajes y crepúsculos, pero nunca de un modo tan intenso como aquella noche al probar ese queso, teletransportado como por arte de magia a ese inolvidable relato, a la evocadora aldea de Francia donde acontece, al olor de esas hogueras de noviembre en los campos y a aquel impresionante sabor a aquelarre y prodigio... Desde aquel día, por supuesto, compro un buen trozo cada vez que voy a trabajar a Gijón y nunca falla: su sabor ancestral ardiendo en mi paladar, las hojas de los álamos humeando en los páramos y meigas recortadas contra la luna ensangrentada al anochecer... Misterios del subconsciente...

Vicente Muñoz Álvarez

martes, 11 de octubre de 2022

LA TIERRA Y LA NADA



la modernización
o la involución

la manipulación
o la desinformación

la globalización
o la inquisición

y el pueblo

nosotros

último eslabón
de la saga

Vicente Muñoz Álvarez,
de La tierra y la nada:
Una antología poética de la España despoblada
(Bala de Perdida, 2022)

LA TIERRA Y LA NADA: Una antología poética de la España despoblada.

 

Existe la tentación de pensar que cuando se habla bien de la España no urbana se hace con el sempiterno soniquete de que se hace desde la máxima del «menosprecio de corte y alabanza de aldea». Hay algo de verdad en eso, la sociedad se aglutina en las ciudades y desde ellas solo se ven las virtudes del afuera cuando surge una necesidad de salir de las mismas. La pandemia que llegó sorpresivamente y que aún colea en nuestras vidas fue un toque de atención, una llamada general a entender que la vida del afuera puede ser incluso mejor que la de las grandes o pequeñas urbes.

La España despoblada es el afuera. Desde ahí la vida se ve y se vive de otra manera y, por lo tanto, los poetas que son y serán siempre hijos de su tiempo escriben acerca de lo que les rodea y desde una cosmovisión distinta.

Nacho Escuín

Próximamente en Bala Perdida

viernes, 7 de octubre de 2022

CASTAS & PARIAS



Yo soy anarquista por vocación, nacido en León, igual que Durruti, y en principio y con todo lo que ello implica, nunca en mis 56 años de vida he comulgado con ningún gobierno que nos quiera teledirigir, y menos aún reeducar, da igual su ideología, no juego en su liga... Pero sí soy autónomo, paria ahora mismo del sistema, la casta más baja de todas, me dejo la piel por intentar salir adelante día a día, y tengo decir que con este en concreto nos están exprimiendo y sangrando como nunca antes pasó: esfuerzo privado versus público, 0 a 10: qué pena...

Vicente Muñoz Álvarez

NO ES PAÍS PARA AUTÓNOMOS



escribir poesía

vender zapatos

ser estar sentir

cómo pasan los días

cómo se esfuma

la vida

debe ser eso

Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 3 de octubre de 2022

REGRESIONES 2022

 

En 1986 yo tocaba la batería con Veredicto Final (y unos platillos Paiste verdes) en los Estudios Cascabel de León, para grabar este tema, Fiesta Gitana, que será la banda sonora de la nueva edición ampliada de Regresiones (de la primera lo fue Desesperación, otro de nuestros "grandes éxitos"), ya casi al caer de la mano de LcLibros: de un modo u otro, 36 años después, el ritmo continúa:


viernes, 30 de septiembre de 2022

LA MALDICIÓN DE LOS KARNSTEIN



Otra de las películas señeras del gótico italiano, La maldición de los Karnstein (La cripta e l'incubo, 1964), de Camillo Mastrocinque, reúne con sutileza todos los tópicos del género: castillos sombríos, criptas y pasadizos, monasterios en ruinas, maldiciones familiares, crímenes pasionales, espectros y aparecidos...

Adaptando a la pantalla grande la Carmilla de Sheridan Le Fanu, Mastrocinque rubrica un filme elegante, onírico y sugerente, lleno de luces y sombras, lúgubres tañidos de campanas y emociones contenidas, que nos envuelve en un maravilloso y tétrico halo de ensoñación.

Fantástica Adriana Ambesi, que parece comerse la cámara con sus enormes ojos negros, solvente como siempre Christopher Lee (en uno de sus escasos papeles de bueno) y convincentes todos los demás actores secundarios, sobre cuyas interpretaciones se sustenta en gran parte el peso de la película.

Si os gustan Charles Maturin, Horace Walpole y Matthew Gregory Lewis, la trinidad gótica por excelencia, además de Sheridan Le Fanu, el padre de la inmortal Carmilla, disfrutaréis de lo lindo con este largometraje.


domingo, 25 de septiembre de 2022

CASA BOTINES (Y la Torre de Plata)



Mi querida Casa Usher, mi Exin Castillos particular, aquel caserón neogótico y por aquel entonces, antes de la reforma, siniestro y sombrío, su interior sobre todo, aquellas lúgubres escaleras por las que mi padre aseguraba que correteaban gigantescas ratas, cinco pisos a oscuras sin ascensor hasta el ático de mi abuela, la madera crujiendo bajo las suelas de nuestros zapatos, la macilenta e intermitente luz, las ventanas modernistas y sus torres cilíndricas... Allí fueron a vivir de alquiler mis abuelos (al contrario de lo que pueda parecer, no eran viviendas de ricos, sino de pequeños comerciantes que se habían ido estableciendo en las inmediaciones del edificio en los años 20 y 30 del pasado siglo), a aquel palacio místico y tenebroso, como de ensueño de opio o desvarío simbolista, que Gaudí había construido tiempo atrás... La Casa Botines, con su foso y su reja de forja y su implacable San Jorge matando al Dragón y sus torreones y agujas y almenas... En ella nació y se crió mi padre y sus cuatro hermanas, y en ella vivía todavía mi abuela, rodeada de reliquias de tiempos remotos, canarios enjaulados, muñecas de porcelana y montañas de libros, cuando yo comenzaba a dar mis primeros pasos y a practicar tímidamente el arte de la ensoñación... Ah, qué recuerdos aquellos, cinco, seis, siete años, todo misterio y revelación, descubrimiento y promesas, aquel León provinciano, la tienda de mis abuelos en Ordoño II, los tebeos del Jabato y el Capitán Trueno y el Guerrero del antifaz, el vetusto Café Victoria, la catedral y la Calle Ancha, el destartalado Barrio Húmedo, los PP. Agustinos al lado (mi colegio: aquella fortaleza inmensa de ladrillo rojo de la que pronto hablaré), la recoleta y umbrosa Iglesia de San Marcelo y, muy en especial, el torreón del ático de mis abuelos, desde el que oteaba a vista de pájaro la somnolienta ciudad... Allí me recuerdo a menudo ensimismado mientras mi familia charlaba en el comedor, viendo pasar a los transeúntes, dónde irían, de dónde vendrían, cómo se llamarían, si serían felices o no, evocando una y mil veces la terrible pelea entre mercheros y gitanos que mi padre había contemplado de niño desde ese mismo torreón y de la que tantas veces me había hablado, navajazo viene y va, cuerpos tendidos en la plaza, tripas en las aceras, gritos de auxilio y gente corriendo... Mi padre, cuántas historias truculentas y fantasías me metió en la cabeza de niño... A él (y a mi madre, por supuesto, voraz lectora) le debo esta afición por las letras, siempre hablándome de mazmorras y pasadizos y tesoros y fortines y maquis y prodigios y monstruos... Frente a ella, la Casa Botines, paso todavía a menudo, ya reformada y reconvertida desde hace tiempo en museo, y hacia la torre de mi abuela instintiva e invariablemente miro, buscando su fantasma con una llave de plata en la mano, regresión tras regresión volviendo a mi infancia, a aquellos días primeros, a aquellas lecciones tempranas, a aquel quimérico despertar...

Vicente Muñoz Álvarez,
de Regresiones

Nueva edición ampliada,
próximamente en LcLibros



jueves, 22 de septiembre de 2022

ENTRE BABILONIA & WALDEN



Noche cerrada ya en Villaobispo, después de una porrada de kilómetros por esas carreteras solitarias del mundo tras una larga jornada de calzado a cuestas, y yo que aterrizo al fin en mi casa con la Transporter, en plenos días de ruta, y cómo pesan las maletas de muestras esta campaña, qué largas se hacen las horas y cuántos problemas con los clientes y las ventas, pensando en los dos hemisferios entre los que oscila mi vida, Babilonia y Walden, el capitalismo y la ensoñación, con todo el extrañamiento que ello implica, el yin y el yang, la cuadratura imperfecta del círculo... Noche cerrada ya fuera y dentro de mí, y los lobos aullando en el corazón de mi bosque, y las hojas de los chopos, observaba melancólico al volver, que comienzan a amarillear y volar, a dónde van, en preguntaba sujetando fuerte el volante, a dónde van... Amarillean las hojas de los árboles en el camino, encanecen mis sienes, pasan los días de ruta y los de ensoñación, y el mundo que gira y la nave que va, no sé hacia dónde, pero va... Ay, los años, las rutas y las maletas, las estaciones y las sensaciones, los muertos y los vivos y los animales perdidos, a dónde van, me repetía por la autovía regresando a casa a toda velocidad, a dónde van...

Vicente Muñoz Álvarez

Foto por Marlus Leon

lunes, 19 de septiembre de 2022

GRACIAS POR TANTO



Si a una editorial tengo que agradecerle estos últimos años la confianza que, a todos los niveles, ha depositado en mí, es a LcLibros, que hasta el momento ha reeditado siete títulos de mi bibliografía, a los que pronto se sumará una nueva edición ampliada de Regresiones.

Gracias, queridos drugos, por tanto.

A la venta, en papel y en ebook,
en la web de la Editorial:


jueves, 15 de septiembre de 2022

REGRESIONES 2022



Muy pronto en las calles, una nueva edición de Regresiones, ampliada con un montón de textos inéditos, hijos de mi carne y mi sangre, de la mano de LcLibros: ahora la ruta de calzado, luego la ensoñación...

Yo creo que Vicente Muñoz ya escribía por aquellos años en los que escribir estaba mal visto. Por eso, este Regresiones me parece que surge de su memoria de testigo voraz, que es como lo recuerdo en los tiempos en los que al volver la vista atrás no se veía nada. Él siempre miraba hacia adelante e, insaciable, leía, leía, leía... Pienso que, a veces, como un loco, para poner literatura de por medio a la sordidez cotidiana. La veracidad llegó después. Está ahora en esta joya en forma de libro, de cuando el color se iba introduciendo en el León inhóspito en el que la fraternidad se expresaba a bofetada limpia. Regresiones es para los que están y para los que no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar. Regresiones es un retrato urbano. Aquí no hay ni una sílaba dedicada a la manida seducción folclórica. Regresiones es una colección de impactos de alcance del día a día. De cuando los mandamientos se resumían en dos, porque nada era relativo: “Vivid en la calle, no paréis en casa”, o “La sangre aún me hierve cuando pienso en mi mala suerte”. Por ejemplo. Y hay ajuste y expiación en esto que también es un “gracias a la vida”.

Pacho Rodríguez


LAS JOYAS DE MI CORONA

martes, 13 de septiembre de 2022

TINTURA DE BELEÑO



Los recuerdos, las emociones, los extravíos, las sensaciones... Cuántas ya, a estas alturas de mi película, héroes y villanos, musas y brujas, magia blanca y negra, maestros y decepciones, cuántos y cuántas... Llueve suavemente sobre el mundo esta tarde de septiembre gris, rodeado ya de calzado por todas partes, antes de marcharme a la guerra, y al echar la vista atrás, la verdad, me da vértigo todo, lo bueno y lo malo, lo que duele y acaricia la piel, lo que me ha dañado o hecho mejor la vida ahí, dentro de mí, subiendo y bajando, colocando y descolocando, burbujeando, y qué extraño, pienso, el camino y la ruta, el viaje y las luces, las cárceles y limbos de mi corazón, los gozos y las sombras... Lo que es, es, le decía a mi chica el otro finde que había aprendido un discípulo en 30 años de estancia en un templo budista, y ella, con sus ojos de cielo, se reía y asombraba y cuestionaba esa enseñanza por simplista, mientras yo le intentaba explicar que no tanto, que lo que es, realmente es, y que la clave y el secreto de la iluminación no es entenderlo o decirlo, sino encarnarlo... En esa encrucijada, como Romeo y Julieta, hijos de Uróboros y el Amor, estamos...

Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 12 de septiembre de 2022

CHILES & GUINDILLAS



Rodeado ya en casa, en la furgoneta y en el garaje, de muestras de zapatos y zapatillas, tarifas, cartas de colores y maletas, lo que se dice petado hasta la bandera de calzado por dentro y por fuera, justo antes de comenzar la ruta, lanzarme de cabeza a Babilonia y abandonar temporalmente mi hogar, y también, la otra cara de mi misma moneda, de los humildes frutos de mi pequeño huerto urbano, que con tanto corazón y esfuerzo me ha dado el verano, chiles y guindillas, en esta ocasión. Entre ambos polos me debato (lo que es, es, me repito una y otra vez), calzado y poesía, capitalismo y ensoñación: quién sabe qué espera en la siguiente estación...

Vicente Muñoz Álvarez

Photo by Marlus Leon

domingo, 11 de septiembre de 2022

AMADOR



UNA película española sobre asesinos en serie en pleno régimen franquista, polémica y transgresora, con aire de nouvelle vague, diálogos existencialistas y una innovadora puesta en escena, no es desde luego algo habitual en la filmografía de aquel tiempo. Y es justamente eso lo que Francisco Regueiro nos ofrece en Amador, otra rareza que merece la pena desempolvar.

Inusual por el tema que aborda, desde luego, pero especialmente por la forma que tiene de contarlo, cómo nos introduce en la mente del protagonista mediante largos monólogos interiores y la objetividad con que se van narrando los hechos, casi a modo de crónica o documental, atendiendo más al aspecto psicológico del asesino que a lo truculento de sus crímenes.

Una y otra vez me venía a la cabeza al verla (e imagino que haya sido una influencia del director), El extranjero, de Albert Camus: lo absurdo, determinista y fatídico del destino que rige sus actos, y la pasividad y escepticismo con que los va encajando, como si fuera más bien un espectador de los mismos.

Magníficas interpretaciones, en especial las de Maurice Ronet y María Luisa Ponte, sorprendente guion del propio Regueiro (que volvió a abordar el tema, desde otro punto de vista, en Carta de amor de un asesino), y lo mejor de todo, una forma de rodar y contar totalmente atípica en la España de aquel tiempo.

Vicente Muñoz Álvarez,
de Películas que erizan la piel
(Canalla Ediciones, 2019)




miércoles, 7 de septiembre de 2022

CUADRO ESCOCÉS



en la terraza
de mi casa
esta tarde nublada
de septiembre

justo a punto
de comenzar
a vender zapatos

con El poder del ahora
en las manos
otra vez

observo de reojo
mis zapatillas
y mis pies

puro mandala
y cuadro escocés

estar presente
ser testigo
estar alerta

me susurran

no pienses
no proyectes
no analices

sé

Vicente Muñoz Álvarez

martes, 6 de septiembre de 2022

PURO CORAZÓN



no es la cantidad
de la cosecha
lo que importa
en un huerto urbano

limitado
por el espacio
y la tierra

sino la calidad
de los frutos que da

la magia
y fascinación
del regalo

perlas brillando
bajo el sol
en tus manos

puro corazón

Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 4 de septiembre de 2022

DÍAS TRANQUILOS EN PLAYA BORIZU



De nuevo en casa tras unos días de iluminación y descanso en Playa Borizu, donde se rodó Remando al viento, la maravillosa película de Gonzalo Suárez, evocando a los Shelley y a Byron e intentando, en plan satori, vivir plenamente el momento: ni pasado ni futuro, ni atrás ni adelante, ni cerca ni lejos: aquí y ahora, pensaba con las enseñanzas de Eckhart Tolle en la mano, ahora y aquí... Porque pasa la vida y encanecen mis sienes, porque se suceden, llore lo que llore y piense lo que piense, los ciclos, porque me toca comenzar de nuevo la ruta y centrarme ya en el calzado, porque amarillean otra vez las hojas de los chopos en el corazón del bosque, porque vendrá el otoño y luego el invierno y después la primavera y nuevamente el verano, y porque nada de lo que haga al respecto podrá cambiar el proceso, poca mente y mucha conciencia, me repetía escuchando el fragor de las olas y contemplando el horizonte gaseoso del mar a lo lejos, puro romanticismo y ensoñación, orbaye o no, haga frío o haga calor, escriba o venda zapatos, aquí y ahora es la única realidad verdadera: no la dejes pasar... 

Vicente Muñoz Álvarez

DÍAS DE OCIO EN EL PAÍS DE YANN

miércoles, 24 de agosto de 2022

HUERTO URBANO


De las mejores cosas del verano en la city, sin duda, los juegos florales en mi pequeño huerto urbano, punto de fuga y evasión: plantar, regar, aporcar, cosechar... Arde el planeta, pero la tierra sigue, al que la quiere, dando frutos...


martes, 23 de agosto de 2022

LAS MARIPOSAS DISECADAS



Silvia Pinal, la musa de Buñuel, la cándida Viridiana que a todos nos cautivó por su dulzura y bondad, nos regala en Las mariposas disecadas (1977), de Sergio Véjar, la que sin duda es su más perversa y morbosa interpretación, en las antípodas de sus habituales papeles.

Un film vesánico y transgresor, fascinante y sorprendente, que no dejará, por lo truculento de su guion y algunas secuencias inolvidables, indiferente a nadie.

Mejor, en cualquier caso, enfrentarse a él sin saber nada al respecto, como me ha pasado a mí, para que el factor sorpresa os pille desprevenidos, y dejarse llevar por su enfermizo encanto.

Narrada mediante flashback que van centrando poco a poco al espectador, lenta y pausada, elegante y contenida hasta bien avanzado el metraje, esta película mexicana, a caballo entre el romance y el drama, el thriller psicológico y el cuento de horror, aborda algunos tabús que pocos directores se han atrevido a filmar, saliendo airosa, en gran parte, gracias a la fantástica interpretación de Silvia Pinal, que por sí sola justifica su visionado.

Una rara avis que por nada del mundo deberías perderos.

Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 21 de agosto de 2022

LO IRREPARABLE

 

esta sensación

desde la pandemia
y el mal gobierno

de haber descendido
varios peldaños

cultural económica
y socialmente hablando

esta distopía
e involución

y sus efectos
secundarios

qué triste

Vicente Muñoz Álvarez

sábado, 20 de agosto de 2022

MALOS RECUERDOS por JESÚS PALACIOS



Ahora que está otra vez tan de moda reivindicar el cine y, en general, el pasado quinqui en nuestra cultura popular, nos ha parecido oportuno rescatar este breve pero intenso texto, publicado originalmente en el estupendo fanzine leonés Vinalia Trippers, en su especial Spanish Quinqui, editado en 2013 con portada del siempre grande Miguel Ángel Martín, en el que tuve la fortuna de colaborar, como en otras ocasiones gracias a la amable invitación de Vicente Muñoz Álvarez, uno de sus principales responsables, escritor, poeta y figura fundamental de la contracultura en la capital leonesa. Espero que aporte una visión distinta del fenómeno, algo menos sentimental y nostálgica que la habitual en muchos de entre quienes no vivieron los “viejos buenos tiempos” de El Torete, El Vaquilla y los demás:

La mitología quinqui me produce profundos sentimientos de amor/odio. O solo de odio, no sé. Es cierto que las películas de José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia, aparte de algunas otras que se apuntaron al carro, como Deprisa, deprisa de Saura, constituyen un fenómeno popular fascinante. Un genuino cine de género hispano, con profundas raíces en una coyuntura sociocultural, cuyos ecos siguen resonando en nosotros a día de hoy. Un cine comercial, del pueblo y para el pueblo, con algo de serie negra, algo de denuncia social y mucho de exploitation, que dicen los anglos. Un encuentro singular entre realidad y cine, como demuestran El Torete o El Vaquilla, antihéroes del género tan auténticos como la vida misma. El problema, de hecho, es que son demasiado auténticos para alguien como yo, que vivió su infancia y adolescencia en los 70, en el madrileño y satánico Carabanchel Bajo, junto a la Calle de la Vía, en un lugar llamado Colonias Experimentales… El problema es que yo conocí a los héroes del cine quinqui en mis propias carnes. Y no era nada divertido.

Recuerdo cuando cruzar la Calle de la Vía, hoy saneada y urbanizada como una absurda distopía residencial, era arriesgarte a perderlo todo: la bici, la paga, los chicles, el balón, la cartera (del colegio, claro), los cromos, los libros de texto. Y hasta la vergüenza (o sea, los pantalones). Recuerdo cuando pagabas un impuesto revolucionario por salir de clase, en el Colegio Nacional República del Ecuador, en mitad de un descampado, para volver a casa entero, con todos tus bienes y sin un ojo morado. Recuerdo cuando, una vez, apenas pudimos escapar ―éramos cinco o seis chavales―, de “las ruinas”, como llamábamos a otro descampado próximo coronado por un bloque de edificios sin terminar, ominosos esqueletos prehistóricos de hierro y cemento, acosados por una pandilla de quinquis que se divertía arreándonos pedradas y amenazándonos con palos y navajas. Me acuerdo de compañeros quinquis, ya en octavo de E. G. B. y en los primeros años de B. U. P., de los que me hice “amigo”, para que me protegieran de sus colegas ―esos “colegas” de Eloy de la Iglesia―, y de ellos mismos. Les compraba por veinte duros libros y cómics robados en grandes almacenes, y así les ayudaba a pagarse el caballo suyo de cada día. A veces, les sacaba anfetas de la farmacia sin receta, porque yo era payo y tenía cara de bueno.

Pero lo peor es que me acuerdo de cómo me alegré cuando empezaron a caer. Me alegré cuando uno se mató en el metro, saltando de vagón en vagón, perseguido por la poli. Me alegré cuando comenzaron a quedarse en los callejones, en las chabolas abandonadas, con la jeringuilla colgando del brazo, pálido y lleno de agujeritos. Me alegraba, cada vez que sabía de alguno que se estrellaba con la moto. Me alegré cuando supe que La Banda del Cobeta ya no tenía Cobeta, porque lo habían enchironado (y la palmó allí)… No, no me gusta demasiado el cine quinqui. Salvo los finales de las pelis, claro. Esos sí. Esos los sigo disfrutando hoy.

Jesús Palacios


viernes, 19 de agosto de 2022

LOS OLVIDADOS



la mayor parte
de los poetas
consagrados
por el canon
de este país
me parecen peores
que otros muchos
que conozco
y ningunea
deliberadamente
el sistema

por qué
me pregunto

no lo tengo
aún claro

Vicente Muñoz Álvarez

Tatoo: Gsús Bonilla