sábado, 8 de marzo de 2014

ANDRÉS (Y las cumbres nevadas)


una vez más, como una iluminación, el monte con Andrés, el Fontañán esta vez, un día perfecto de sol de invierno y la serenidad del ascenso, las encinas perennes, el serbal de los cazadores, la montaña en su plenitud, las aves rapaces, la roca afilada, los riachuelos desbordándolo todo y la Wendy detrás y nosotros patea que te patea montaña arriba, sintiendo el momento, disfrutando el instante, nadie como mi hermano Andrés para irse de ruta, cuántos años ya haciéndolo, cientos de caminatas para limpiarnos por dentro, esa realidad aparte que es el monte leonés, tantos sitios de poder, ese gozo y ese placer de adentrarnos en nuestros laberintos secretos, cómo cambia el mundo, los buitres y los zorros y corzos y quebrantahuesos, la tila y la bota de vino, regresión tras regresión (cómo la mangamos en su día y qué relajados estamos, de la que nos libramos) subiendo y ascendiendo hasta las trincheras de los maquis (qué putas las tuvieron que pasar allí), La Robla a nuestros pies y todo el circo de cumbres nevadas, Peña Ubiña, Peña Valdorria, el Correcillas y el Espigüete y los Picos de Europa y el Curavacas y al otro lado el Nevadín y el Teleno y la inmensa llanura de fondo, el secarral, como una frontera de caracteres y ensueños, León y la Meseta divididos por las montañas y nosotros allí, contemplando hipnotizados el horizonte, la civilización a lo lejos, qué pequeño todo desde las alturas, qué intenso y puro el sol en lo alto, Andrés, mi hermanito Andrés, cuántas rutas y aventuras desde hace tantísimos años, qué placer dejar a un lado babilonia para perderse en el bosque, un lugar fuera del mundo, su mística y sus silencios, los fósiles y los minerales, da igual el tiempo que  pase o haya pasado, todo sigue igual, extraño proceso y una incuestionable (y budista) verdad...

cuando llegues 

a la cima de la montaña

sigue subiendo


Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 7 de marzo de 2014

GRAVEDAD (El mundo a mis pies)


aquí crecí
y me crié

León
Botines
Plaza de
San Marcelo

y esa Torre de Plata
en la parte superior
derecha de la foto

era la casa
de mis abuelos

donde nació
mi padre
y mi atalaya mágica
de ensoñación

desde la que
de niño
contemplaba
el mundo
a mis pies

pese
a la gravedad

buenos
recuerdos


Vicente Muñoz Álvarez

CANGREJOS DE RÍO (Embeleso)


fascinación, desde niño, por la flora y la fauna del río: las esponjas y medusas de agua dulce, la hidra verde, los nerítidos y los ditiscos, los ancílidos y los esféridos, los girínidos y los bétidos, el tubifex y los pirálidos, el esparto y el acónito y la digitalis, las truchas y barbos y bogas y culebras y tortugas y ranas y renacuajos y sapos y tritones y salamandras y algas y nenúfares... y sobre todo los cangrejos... mi padre despertándome de madrugada para ir pescarlos, la cesta de mimbre (su olor intenso a humedad) y el cebo podrido (cuanto más apestoso mejor), el trayecto en coche dormido (o ensoñando: jugando, por ejemplo, a talar árboles y montañas con un enorme cuchillo imaginario, apéndice cronenbergiano de mi propio brazo), el rocío y el frescor de la orilla del río, el termo con café caliente y la fogata crepitante y la colocación estratégica de los reteles en las pozas, para luego, a los pocos minutos, como por arte magia, sacarlos cuidadosamente del agua con un palo en forma de horqueta llenos de cangrejos... cómo me embelesaba entonces aquello, sus antenas y ojos fieros, sus impresionantes corazas y pinzas (cuidado con los dedos), ver cómo, poco a poco, batida a batida, se iba llenando la cesta, cómo se revolvían y coleteaban, y cómo amanecía y se disipaba lentamente la bruma sobre el agua y asomaba el sol tras las choperas... y luego, al llegar a casa a mediodía, mi madre limpiándolos y cocinándolos, guisados o con arroz (cangrejo autóctono leonés, hoy prácticamente desaparecido, de color chocolate y sabor intenso, nada que ver con el señal que llegó luego, rojizo e insípido), cuántas madrugadas memorables con mi padre, a los seis o siete años, al calor de aquellas improvisadas hogueras, pescándolos y observándolos y jugando atemorizado con sus pinzas... tiempos maravillosos y lejanos que (salvo en mis regresiones) no volverán...


Vicente Muñoz Álvarez

MANTRA



sol de invierno

en nuestros corazones

paz en la tierra


Vicente Muñoz Álvarez

jueves, 6 de marzo de 2014

23 F (Y la noche de los transistores)


y entre tantos y tantos recuerdos, imágenes y sensaciones, uno en concreto que aún me hace temblar: el teniente coronel Tejero, tricornio calado y pistola en mano, asaltando el Congreso de los Diputados aquel fatídico 23 F de 1981... quince años tenía yo aquel día, y me encontré el recado al llegar a casa al anochecer, después de salir de clase, mis padres angustiados frente al televisor explicándome como había y estaba siendo la cosa, en plena investidura de Calvo Sotelo, la toma del Congreso por los guardias civiles, con Tejero al frente lanzando la siniestra proclama de Quieto todo el mundo, los diputados parapetados tras los asientos, el forcejeo con Gutiérrez Mellado y el disparo al aire que congeló el corazón de España, seguido de otras ráfagas de ametralladora... la noche de los transistores, la llamaron, porque casi todo el país la pasó pegado a la radio, Cadena Ser, que siguió emitiendo sin interrupción, dando parte de la evolución de los hechos... y luego la intervención en la televisión del Rey, adusto y uniformado, poniendo fin al conflicto... y la liberación de los diputados y rendición de Milans del Bosch y Tejero al día siguiente, y el corazón de España, tímida y cautelosamente, volviendo a latir de nuevo... uno de los acontecimientos, sin duda, traumáticos de la Transición, un jarro de agua fría a la celebración del final del Régimen que hasta entonces vivíamos, que a todos hizo reflexionar y volver a tener pesadillas con yugos y verdugos... quince años, tenía yo ese día, calle del Carmen 12, y no olvido aquel ominoso disparo al aire en el Congreso, los que dieron la cara y los que se escondieron, y sobre todo el rostro congestionado de mis padres frente al televisor siguiendo los hechos... 

Vade Retro

Satanás

de la que nos libramos


Vicente Muñoz Álvarez



DESPUÉS DE TANTOS AÑOS



Les vi después de tantos años
hablando de incesto y fin de raza
con ojos cansados de niños
que no quieren dormir

Leopoldo Michi y Juan Luis
Castrillo de las Piedras
y el presentimiento ya inequívoco
de la locura

que había en aquella casa
como un aura de ensueño
mientras ellos fumaban y bebían
conjurando a sus fantasmas
y entonando obscenos
mantras de inquietud

y allí estaban los tres
que presagiaban la demencia
de un futuro que al llegar aún fue peor

y yo les miraba o admiraba
y comprendía de sus lágrimas
que jugar a ser maldito
es tan hermoso y arriesgado
porque nadie hay capaz
de confundir al tiempo
sin curtirse luego en el olvido

y réquiem por los santos.


Vicente Muñoz Álvarez, de Parnaso en llamas (Baile del Sol, 2006).


LEOPOLDO MARÍA PANERO

martes, 4 de marzo de 2014

CUENTA LAS HORAS

y sobre todo
la precariedad
de los días

cómo pasan sin que te des cuenta
cómo vuelan desgastan se esfuman
frente a la fugacidad de los gestos
lo efímero de las palabras

cuenta
las horas

la muerte espera
en la siguiente
estación


Vicente Muñoz Álvarez

SANGRE PARA DRÁCULA (The Addiction)



pero todo
al fin
y al cabo

en este oficio
(cada vez más de moda)
de la poesía

qué es

quién más pilla
brilla destaca
quién es más
auténtico o duro
qué cuellos morder
o qué pasillos
e infiernos recorrer

la historia
se repite

el corazón
y la sangre

no


Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 3 de marzo de 2014

GABI OCA FIDALGO (Hijo de Satanás)


el objetivo y el fin de todas estas regresiones, como iréis comprobando o comprobaréis, es recuperar mi y vuestro pasado, porque es parecido, exorcizar mis fantasmas, descerrajar con ganzúa de plata las puertas blindadas de mi corazón (también el vuestro, si no lleváis banderitas rojas y amarillas en la hebilla del reloj), analizar y psicoanalizar lo que ha sido para mí León (sin leonesismos) en las últimas décadas, y ahora y hoy me toca rendirle homenaje a un tipo que se ha dejado en sus tigres y calles y esquinas los huevos y la piel por la mala vida y la literatura, y por qué no decirlo, uno de los escritores secretos e imprescindibles de esta ciudad... que los demás le chupen la polla a cualquiera (todos sabemos sus nombres), pero yo hoy, con mis mejores latidos, le canto a mi tron, porque sí, porque es auténtico y porque así me lo pide mi ética y estética: Gabriel Oca Fidalgo, Gabino o Gabi para los amigos... os llevo de la mano, regresión tras regresión, a una fiesta de Vinalia del otro milenio en la que apareció: en el CCAN, petado el Club de peña (no recuerdo qué grupo sonando, pero siempre sonando), y el Gabi que se nos presenta sudoroso y tembloroso y espídico con un novelón fotocopiado en las manos (al Bufa y a Silvia y mí) pidiéndonos que lo leamos... y luego, al entrarle, su tremenda maña y maestría... mezcla asombrosa de Céline (siempre presente) y Bukowski y Burroughs y El Ángel, híbrido e hijo de Satanás, el Gabi, sorprendiéndonos con su prosa (y poesía, aunque él no lo admita) de no ficción... pasan los años, nos seguimos viendo, yonquis he conocido a muchos, pero que escriban y hayan asimilado así a los maestros a pocos, así lo he de decir, Gabino, con dos cojones que te he visto siempre ahí, por eso, puros principios, tu primer (pedazo de) libro, La carretera muerta, y por eso también, porque te lo has ganado pulso, a punto de salir tu nueva novela, Ansiedad, no diré aún quién la va editar (ya lo dirás tú), y la misma sensación de siempre: con dos cojones Gabino, gran libro, orgulloso de él que estoy, esto sí que es el León antiguo, sin más pleitesías, pronto una bomba de relojería, va por ti esta vez, hermanito, el ritmo continúa...


Vicente Muñoz Álvarez

COSAS QUE (TODAVÍA) ME HACEN SONREÍR (y disminuyen la resaca)


mi chica, su piel suave y los dedos de sus pies buscando los míos al anochecer, algunos amigos, los días congelados de sol de invierno, escribir frenéticamente, leer a mis colegas del gremio, el pimentón y la tila y el vino, mi perra Wendy, los paseos kilométricos con ella por el bosque al amanecer, las escapadas al monte, los minerales (sobre todo el oropimente y el rejalgar y la pirita limonitizada y la blenda acaramelada), los buenos editores, las regresiones, mi colección de libros dedicados, pensar en cuando me arrebataba la novela gótica, las buenas lecturas, las parejas que perduran, la magia de los símbolos y del azar, los ocasos y los crepúsculos, Kerouac y los beats, Cesaria Evora, las películas de la Hammer, los spaghetti western y los giallos, los maniquíes de los años 70, las rocas con forma de cara, la playa y las dunas y las olas encrespadas, la furgoneta en verano, mi compay Andrés, los salones recreativos donde me crié, la gente que cumple, los escritores (buenos o malos) que se dejan las vísceras sobre el papel, los que no fingen, los outsiders, los nihilistas, los marginales, los anarquistas, los desafíos y viajes de mi hermano Carlos (para mí Castaneda), los Cardíacos, el pantano de Luna, el cementerio y el fortín (de los maquis) del pantano de Luna, mi hermana y mis padres (siempre presentes), las paradas de los monstruos y las ferias de freaks, la Isla de los Conejos (no va de coña), Richard Corben y Berni Wrightson, los recuerdos de mi infancia y adolescencia (algo, está claro, me dejé perdido allí), la lisergia de mi juventud (otro tanto de lo mismo), Veredicto Final (& las Specíficas), pasear en bicicleta, las huellas de animales sobre el barro, salir a buscar setas, el serbal de los cazadores, el olor de las cuevas, las Historias de la cripta, los cernícalos y los milanos, los acuarios y los terrarios, los oricios y los pulpos y las medusas, bucear, las noches del Toisón y del Ccan, las lambrettas y vespas de mi juventud, los microscospios (y sus realidades aparte), el musgo y el liquen, el rock progresivo, la psicodelia y las luces estroboscópicas y los acid test y los alegres bromistas, la Casa Botines (y la Torre de Plata), los Mitos de Cthulhu, viajar, volar, sentir, descubrir, ensoñar, amar, Thomas Bernhard (y su ferocidad), Céline y Huysmans y Bukowski (y sus benditos huevos), Walden y Sangri-La, la playa nudista de Vega, el camino de baldosas amarillas, los fetiches y las perlas, los universos paralelos, Portugal en otoño e invierno, trabajar la tierra, tocarla y removerla y plantar en ella esquejes y regarlos y podarlos y aporcarlos y verlos pacientemente crecer y cosecharlos y cocinarlos y comerlos y si sobran envasarlos, las cumbres nevadas, Vinalia Trippers, el cine de culto, las salamandras y los tritones y cangrejos y tortugas y renacuajos, seguir vivo y encanecer y tener fuerza (aún) para contároslo... 

a pesar 

de la avidez 

de la erosión


Vicente Muñoz Álvarez


domingo, 2 de marzo de 2014

DÍAS DE RUTA: We're on the Road together.



bueno, ahora sí que sí: mañana entra en imprenta Días de ruta, otro libro (más) en el que me he dejado las vísceras & la piel... y al hilo de la cuestión, pienso, qué importantes son, una vez más, los amigos, hasta en un oficio introspectivo y solitario a muerte como es la escritura: sin Gsús Bonilla, que lleva meses dándole vueltas y revueltas conmigo, David González y su exterminación de erratas, Julia D Velazquez, siempre inspirándome y poniendo imagen a mis textos y libros, Vepister y su piano, Ricardo Moreno Mira, el editor que cualquier escritor desearía encontrar, y, por supuesto, todos vosotros, tripulación de confidentes, las cosas no serían como son... 

gracias a todos por ser 
& estar

pronto
en las librerías

v

DÍAS DE RUTA: Poética (Velpister + Julia D Velázquez + Vicente Muñoz Álvarez)

SOY UN CYBORG



sábado, 1 de marzo de 2014

REGRESIONES (Versus literartura)



contar todo
lo que he visto
y vivido
buceando
hasta el fondo
de mi cabeza
y mi piel

no seré
el primero
ni el último

pero 
lo intento

con nostalgia
y a mi manera

y lo más
importante

mientras
babilonia
naufraga

estoy
saldando
cuentas

sin ira

y lo estoy
pasando bien

nada más
puedo pedirle
a la literartura


Vicente Muñoz Álvarez

SALONES RECREATIVOS (Rituales de iniciación)


salones recreativos en el León de finales de los 70 y principios de los 80, con sus mesas ajadas de billar y de ping pong y sus futbolines y máquinas primitivas de pinball, salones recreativos en los que me crié, con sus jefes (siempre de mala hostia y una riñonera de cuero llena de monedas en la cintura), sus matones y gorrones y frikis y pardillos y buscavidas, sus pequeños ambigús y lolitas fatales y tribus y pandillas... el México (el único que aún sigue abierto) en una bocacalle de Ordoño II (Territorio Visón), el Parque en Bernardo del Carpio, el Charly en Julio del Campo, el Picos (luego Tijuana) en Villa Benavente, y otros muchos cuyo nombre ya no recuerdo en cada barrio, en Pinilla, en el Crucero, en Las Ventas (Territorio Comanche), en San Claudio y etc... salones recreativos de la era predigital, adictivos y peligrosos, aquellas interminables partidas de billar (con Justo, Roberto, Luis, César, Dani, Jose, Ramón, Yuyo, Jandri, Vito o Carlos: por vosotros brindo) en viejas mesas con los tapetes zurcidos y descoloridos y los palos astillados, los tigres apestosos, las luces macilentas, las máquinas de una y cinco y finalmente (ya en los 80) de veinticinco pesetas (las de comecocos y matamarcianos), las veces que te tragaban la moneda, el jefe renegando abriéndolas y arreglándolas y dándote cambio, los mirones apostados a los lados comentando las jugadas, los manguis tramando siempre algún palo, las jukebox con los éxitos de la temporada (Los Chunguitos, Las Grecas, Umberto Tozzi, Georgie Dann, Los Brincos, Los Bravos, el omnipresente Muro de Pink Floid, Daniel Magaz, Tequila, los Purple, Status Quo, Police, Fórmula Quinta o Miguel Ríos: vaya refrito), el olor a ambientador barato, los perritos acartonados y las hamburguesas y el ketchup y la mostaza, las hostias (como panes) entre pandillas, las carteras y carpetas con los ídolos de turno (dependiendo de si eras chico o chica) y las mochilas y chupas amontonadas, las colillas y gargajos y cáscaras de pipas tapizando el suelo, los cigarrillos sueltos, el humo asfixiante, las cervezas y mirindas y cocacolas, los camellos y yonkis y trapicheros... salones recreativos de mi adolescencia, realidades a parte, mundos paralelos con leyes propias, cuántas horas en sus máquinas intentado dominar sus técnicas, luchando por conseguir una partida gratis o una bola extra, cuántas monedas e ilusiones perdidas, atardeceres opresivos de la dictadura y festivos de la transición, besos robados, cigarros compartidos, conjuras y venganzas y flirteos y confidencias y luchas de clases y castas... 

extraño aprendizaje

rituales de iniciación


Vicente Muñoz Álvarez

jueves, 27 de febrero de 2014

CATARSIS



terminar
 un nuevo libro

sacar 
lo peor
y lo mejor
del fondo
de mí

comenzar
a escribir
de nuevo

se repiten
los ciclos


Vicente Muñoz Álvarez,
de Días de ruta
(Ediciones Lupercalia, 2014)


miércoles, 26 de febrero de 2014

DÍAS DE RUTA: Sinopsis.

Oscilante y extremo, nunca aséptico ni imparcial, nunca en el medio: Vicente Muñoz Álvarez nos ofrece un nuevo libro. Indefinible en su estructura: ¿Un cuaderno de poemas? ¿Un diario, personal, de carretera…? ¿Un híbrido de ambos?, en cualquier caso, es un libro fuera de lo común, en el que comparte con nosotros textos muy personales. En DÍAS DE RUTA el autor trata de desterrar todo aquello que le oprime y desconcierta; donde elabora -con la gran estafa de la crisis económica de fondo- un ejercicio de escritura autosanador, a través de la confesión y la poesía. Fantasmas, miedos y traumas, en lucha constante contra la ensoñación de quien se felicita en el hecho asombroso de estar vivo: Welcome to Babilonia.

Gsús Bonilla, contraportada para Días de Ruta.


Ya en pre-venta en:


martes, 25 de febrero de 2014

DÍAS DE RUTA: La portada.


BOYS BOYS BOYS (Pezón furtivo)


pocas cosas hicieron vibrar tanto a la España de los 80 (al margen del 23 F) como los pechos de Sabrina Salerno en la Noche Vieja de 1987, aquella horterísima canción, Boys, aquel diminuto pantalón corto y aquel corpiño ajustado... repitieron el vídeo en los medios hasta la saciedad (incluso a cámara lenta), sobre todo el momento en que se le desborda uno de los pechos, un pezón furtivo y un instante de éxtasis y arrebato para todos los españolitos de a pie, y de indignación para todas las madres y esposas de este país... veintiún años tenía yo entonces, y recuerdo aquella actuación como un acontecimiento nacional que dividió a media España, millones de hombres babeando frente a la pantalla del televisor con los ojos como platos y millones de mujeres echando espumarajos y pestes por la boca, hasta el punto de generar casi una guerra civil (sin Tejero de por medio) entre ambos sexos... cuántas discusiones y peleas originó aquel dichoso vídeo, cuántas fantasías y exorcismos, yo fui testigo de unos cuántos, todo por un pecho rebelde escapándose de un corpiño ajustado (cuando había pasado ya el boom del destape setentero y los videoclubs rebosaban de películas X y los quioscos de revistas pornográficas de todo género y tipo)... cosas de la líbido y la imaginación, supongo, del arte de sugerir e insinuar, siempre más efectivo que el de mostrar, lo cierto es que la Sabrina aquella Noche Vieja de 1987, le pese a quien le pese, pasó a la historia de la televisión como un acontecimiento de máxima audiencia y escándalo nacional... visto ahora de nuevo, el vídeo, por lo timorato, parece de risa, pero por aquel entonces, os lo aseguro, no lo fue, aquellos pechos rebotando como pelotas de béisbol y los sensuales y chabacanísimos movimientos de Sabrina Salerno sobre la pista de baile... veintiún años tenía yo entonces, y veintisiete han pasado desde aquella noche, pero hay cosas que nunca se olvidan...



Vicente Muñoz Álvarez



FRIENDS


con Juan Vico, Rafael Saravia 
& Julio César Álvarez
en el Bar Leonés

photo by Vicente García

lunes, 24 de febrero de 2014

FRENESÍ GÓTICO (Y los maestros antiguos)


también por aquella época, a mediados de los 80, con diecisiete o dieciocho años, deslumbrado por H.P.Lovecraft y Los Mitos de Cthulhu, comencé a escribir mis primeros relatos... me veo ahora bajo el flexo de mi escritorio pluma en mano intentando trasladar mis ensoñaciones y quimeras al papel, desesperándome por encontrar la palabra justa y el ritmo adecuado, enfrentándome a mis primeros retos y esforzándome en emular torpemente a los maestros antiguos... todo lo cual daba como resultado una prosa barroca y retorcida, anacrónica a más no poder, truculenta, romántica y gótica, cargada de adjetivos y por completo desfasada, pero que a mí me parecía en aquellos días visionaria y tremenda... lógico, por supuesto, teniendo en cuenta mis lecturas de entonces: además de Lovecraft y su círculo, Edgar Allan Poe (sobre todo Ligeia y La caída de la Casa Usher, dos relatos que siempre me han fascinado), Guy de Maupassant, Nathaniel Hawthorne, E.T.A. Hoffman (y sus Elixires del Diablo), J.K.Huysmans (y la subversiva Al Revés), Gabriele D'Annunzio (en especial El Placer), Herman Melville, Robert Louis Stevenson, Lautréamnot (y sus Cantos de Maldoror), Baudelaire, Emily Bronte, Jean Potocki (y su Manuscrito encontrado en Zaragoza), Oscar Wilde (inolvidable Dorian Gray) y la trinidad gótica por excelencia: Horace Walpole, con su Castillo de Otranto, Matthew Gregory Lewis, con El Monje, y Charles Maturin, con Melmoth el Errabundo... lecturas todas, por supuesto, magníficas y necesarias, pero quizás no las más adecuadas para escoger como modelo de iniciación a la escritura a finales del siglo XX... no importaba, era lo mismo, lo cierto es que yo comenzaba a sentir cada vez más arraigado el impulso de expresarme por escrito y trasladar mis fantasías al papel, y me aplicaba en aprender los rudimentos básicos del oficio, cómo construir una historia, cómo perfilar los personajes, cómo montar los diálogos, cómo describir los paisajes, cómo desarrollar la trama y ponerla fin, utilizando manuales de estilo, apuntándome a talleres literarios por correo (postal) y leyendo frenéticamente, todo por la causa, lograr algún día escribir como aquellos maestros que tanto admiraba (sin sospechar que, muchos años después, una vez leído y asimilado todo aquello y bastante más, lo iba a desmontar de nuevo todo dentro de mi cabeza y a construir del caos resultante mi propia poética)... de aquel entonces, entre los dieciocho y los veintipico, en pleno frenesí gótico, datan mis primeros relatos, que conservo como oro en paño en viejas carpetas: Mirella, Las siete puertas del infierno, La transmutación, El hombre al que amaban las montañas, Despertar de Otoño, La casa del olvido, La danza de las Xanas, La dicha en el crimen, etc, etc... sólo por los títulos podéis ya imaginaros de qué iba la cosa y poneros, sí, en lo peor: una prosa recargada y obsoleta, farragosa y absolutamente infumable... pero allí en cualquier caso estaba yo, aprendiz de poeta, emborronando y rompiendo como un poseso cuartillas, entregándome al oficio como a un ritual y dándolo todo para lograr llegar a ser algún día un verdadero escritor...


Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 23 de febrero de 2014

BARRIO HÚMEDO (El hígado & la piel)


mis padres siempre cuentan que mi primera borrachera en el Barrio Húmedo la pillé a los cuatro o cinco años, con limonada, una Semana Santa en que, en no sé qué mesón, cenando, me la dieron inocentemente a probar, medio vasito, poco más que mojar en ella los labios... y que al salir a la calle iba partiéndome el culo de la risa yo solo, haciendo eses por las aceras y dando tumbos de aquí para allá... yo apenas lo recuerdo, quizás alguna vaga imagen al fondo de mi cabeza, las mesas de madera y las jarras y cubas de vino de alguna bodega y muy poco más... pero sí, ya de adolescente y en lo sucesivo durante el resto de mi vida adulta, las cientos, seguramente miles de veces que he pateado sus calles y alternado en sus parroquias y bares, y los incontables litros de vino y cerveza, como para llenar varias piscinas, que he trasegado allí... menos, mucho menos ahora, la verdad, pero casi a diario durante los muchos años que viví en la ciudad, hasta los treinta, de cañas y vinos por sus tabernas... el Barrio Húmedo, Shangri-La leonés, rincón de almas perdidas, conocido en toda España por sus cientos de tascas, estandarte del León beodo, cuna de ilustres borrachos, patria chica de Genarín, país de Nunca Jamás, tela de araña absorbente, con sus callejas estrechas y destartaladas, sus plazas recoletas y sus mesones y tabernas (casi todas, por desgracia, recicladas hoy en impersonales bares de copas), el Barrio Húmedo, cuántos días y tardes y noches alternando a lo largo de mi vida allí... poco que ver ya con el que conocí en mi niñez, años 70, adolescencia, años 80, y juventud, años 90, salvo por los litros y litros de alcohol que en él, generación tras generación, se han trasegado... bares y tascas para el recuerdo, muchos de ellos que hoy ya no existen, donde, vaso tras vaso, nos dejamos el hígado y la piel: el Lisardo, el Emiliano, el Matasiete, el Minibar, el Racimo de Oro, la Cantina (y sus acid test), la Bodeguita, el Oriente Medio, el Lorenzo, el Montejos, el Universal (el bar de Bingo, guitarrista de mi grupo, Veredicto Final, nuestra segunda casa y punto de encuentro a finales de los 80), el Octubre Rojo, la Patata, el Flechazo, el Place (de Mila y Teté), el Pote, el Desnivel, el Garbanzo Negro, la Bodega Regia, el Besugo, la Gitana, la Piconera, el Chivani, la Bicha (vade retro, Satanás), el Valdesogo, la Tierra, el En obras, el Miche, el Húmedo, el Tizón, la Dulzaina, el Cuervo, el Dulcinea, el Celso, el Toisón (que inmortalizaron en una canción, himno de la noche leonesa, Los Cardíacos), el Agustín, el Benito, el Polvos, el Cafetín, el Quijote, la Mazmorra, el Esteban, etc, etc, etc... cuántos y cuántos vinos y cervezas en ellos, cuántos corazones perdidos, canciones y melopeas, amores y desencuentros, intrigas y peleas, mediodías de terrazas al sol e interminables sobremesas de orujos y noches de fiesta, cuántas historias y anécdotas, cuántas regresiones y cuántos, cuántos recuerdos...


Vicente Muñoz Álvarez


Noches de Toisón


THE DIVIDE


¿Qué sucedería si, tras un cataclismo nuclear, ocho personas desesperadas, sin apenas provisiones, se quedan atrapadas e incomunicadas en un refugio?

Aunque el planteamiento no es, desde luego, especialmente original (lo hemos visto en docenas de películas y abordado desde muy distintos enfoques), The divide (Aislados, 2011), de Xavier Gens (el director de la bizarra Frontiers), consigue dar una vuelta de tuerca más al asunto e imprimirle un plus de decadencia y depravación que pone los pelos de punta.

Que el hombre es un lobo para el hombre y que, acosado, puede convertirse en una bestia sin prejuicios ni escrúpulos, ya lo sabíamos, pero esta película lo plasma de una manera tan explícita y degenerada, tan cruda y angustiosa, que logra llenarnos de congoja el corazón.

Claustrofóbica y asfixiante a más no poder, The divide nos hace reflexionar sobre la naturaleza del hombre y el grado de perversión que, en determinadas circunstancias, puede llegar a alcanzar, y nos mantiene a la expectativa y en tensión frente a la pantalla durante las dos horas  largas que dura el metraje.

Pese a las malas críticas que recibió en su estreno, para mí, sin duda, una pequeña joya del género a reivindicar.

v

The Divide (completa) in You Tube:


viernes, 21 de febrero de 2014

VEREDICTO FINAL (Y Las Specíficas)


Veredicto Final, la banda que formamos a principios de los 80, qué recuerdos me trae, ese sí que es mi punto débil y mi magdalena de Proust personal... con dieciséis o diecisiete años en casa de César, él con la guitarra y yo a la batería (caja y un plato nomás) ensayando nuestros primeros temas... y luego con Bingo (también a la guitarra) y Luis (al bajo) y Ana Campe (a la voz) comenzando a patear escenarios... una mezcla de ska y rockabilly a nuesta bola y estilo, un repertorio de canciones sencillas pero cañeras y mucha ilusión, eso fue Veredicto Final en el León de mediados de los 80... ninguno sabíamos música y hacíamos lo que podíamos (no gran cosa) con los instrumentos, pero entonces éramos jóvenes e inquietos y suplíamos con energía y buen rollo esas carencias contagiando nuestro entusiasmo a la peña... lo cierto es que nos lo pasamos de puta madre en aquella época con el grupo, los colegas siempre en los ensayos, Dani, Roberto, Justo, Ramón, José, Pastor, Gato, Yoni, Carlos, Jandri, Bufa, Jato y Jatín, Jordi, Agustín, Vito, etc, etc, y apoyándonos birra en mano en todos los bolos que, aquí y allá, nos iban saliendo (en la Mandrágora con la Polla Records, en el Palacio de los Deportes con los Ronaldos, en la Pícara, en San Marcelo, en el Oasis, en el Tosión y en muchos otros garitos que ya ni recuerdo)... y luego los cambios en la formación, Emiliano y Koke y de nuevo César a las guitarras, Edu Núñez al saxo y, la guinda psicotrónica al pastel, Las Specíficas: Silvia (Vinalia), Yolanda, Rocío, Inma y Begoña haciendo coros y animando enloquecidas al personal... joder, qué bien lo pasamos, cinco años de fiesta con las baquetas y los amplis y guitarras de aquí para allá, sin más pretensión que divertirnos y hacer vibrar a la peña... grabamos una maqueta de seis temas y un par de canciones en un doble LP compartido con otros grupos de León, Fiesta Gitana y Desesperación, con Chiqui Cardiaco (todo un honor) a las mezclas y arreglos, continuamos dando conciertos durante algún tiempo y luego, sin forzarlo, sin discusiones ni tragedias, dejamos de ensayar y seguimos cada uno nuestro propio camino... pero fueron muy buenos tiempos aquellos, con nuestros boogies de colores y nuestras lambrettas y vespas y aquella enorme pandilla de colegas bailando como locos en nuestros conciertos... y en los de otros grupos afines también, Deicidas, Los Vagos, Positivos, Flechazos, Ópera Prima, Abogado del Diablo, Posesión Infernal (clavaditos a Parálisis Permanente) y por supuesto Los Cardiacos, con cuyos acordes crecimos y nos dejamos en muchas pistas de baile la piel... fueron, sí, buenos tiempos aquellos, frenéticos y desprejuiciados, y afortunadamente el ritmo continúa...

que nos quiten
lo bailao


Vicente Muñoz Álvarez


Fiesta Gitana

Desesperación

READING in GRAN CAFÉ

 

gracias a todos
por ser & estar


miércoles, 19 de febrero de 2014

PSYCH-OUT


Sólo por la banda sonora (de Strawberry Alarm Clock y The Seeds, en su mayoría), alucinógena y psicodélica donde las haya, y por la estética colorista y hippie, merece ya la pena videar esta película, Psych-Out (en España, Pasaporte a la locura, 1968), de Richard Rush, uno de los iconos de la contracultura norteamericana de aquel tiempo, junto a The Trip y The Wild Angels (ambas de Roger Corman), y especialmente Easy Rider (de Dennis Hopper).

Si además estás familiarizado con el tema: Gaseosa de ácido eléctrico (la fantástica novela de Tom Wolfe), los Alegres Bromistas, los acid test, las luces estroboscópicas, las pinturas a lo dayglo y el rock progresivo, Psych-Out te cautivará.

Y si a mayores de todo esto, has viajado con Lucy in the Sky (with Diamonds) alguna vez, descubrirás en ella cientos de guiños lisérgicos y disfrutarás de lo lindo con las delirantes aventuras de sus protagonistas en las calles y buhardillas de Frisco, visión viene y va en busca de su destino...

Quizás demasiado tremendista el desenlace (la realidad es un sitio mortal: espero que este viaje sea bueno), pero fascinante y arrebatadora (al menos para los iniciados) de principio a fin.

Susan Strasberg, Jack Nicholson y Bruce Dern (entre otros alegres bromistas) buscando el camino de baldosas amarillas.

v

Trailer in You Tube:



INCIENSE AND PEPPERMINTS: Strawberry Alarm Clock.

MAÑANA en LEÓN


GAS

todo por qué
y para qué

todo absurdo
inconsistente
vacío

los triunfos
los fracasos
los desengaños

todo gaseoso
efímero pasajero

todo
por la causa

vivir


Vicente Muñoz Álvarez


Le pasquín poético: 1ª Ronda.

Vicente Muñoz Álvarez, presentado por Felipe J. Piñeiro.

Jueves, 20 de febrero, a las 21 horas 
en el Gran Café (León)

lunes, 17 de febrero de 2014

SERIES DE LOS 70 (En busca del tiempo perdido)


aquellas inolvidables series de televisión de mi infancia, mediados los años 70, aquellas entrañables series de la Transición, parte de mi educación sentimental, cuántas veces me vienen a la cabeza... solamente un par de canales, la 1 y la 2 (también llamada UHF), eran suficientes por aquel entonces para congregar a millones de españoles cada capítulo frente al televisor... las de detectives, Kojak, Colombo, McCloud y Banachek (a las que Pepe da Rosa dedicó una canción), de mis preferidas, las de terror, Historias para no dormir (de Chicho Ibáñez Serrador) o La dimensión desconocida (The Twilight Zone), las de dibujos animados, Mazinger Z (y sus delirantes puños fuera), Scooby Doo, Simbad el Marino o Dragones y mazmorras, las del Oeste, Bonanza, La casa de la pradera, El Virginiano o La conquista del Oeste, las de mascotas y animales, Flipper (el delfín), Furia (el caballo negro) y Lassie (el collie), Sandokan (adaptando una novela de Emilio Salgari), los fantásticos Hombres de Harrelson (otra de mis favoritas), la psicotrónica Pipi Calzaslargas, Raíces (y Kunta Kinte), Orzowey, Hombre rico, hombre pobre, Poldark, Verano Azul (y la trágica muerte de Chanquete), Hulk (y el inefable Lou Ferrigno), Yo, Claudio (y los excesos de Calígula y Mesalina), Embrujada, Autopista hacia el cielo, Perdidos en el espacio, las castizas Cañas y barro y La Barraca (basadas en sendas novelas de Vicente Blasco Ibáñez), Fama (y el paquete de Leroy, del que hablaban todas las chicas), El inmortal, Baretta (fantástico Robert Blake), Canon, El fugitivo, El hombre que costó seis millones de dólares, El Santo, Hotel (y la voluptuosa Coney Selleca), El Nido de Robin, Los Payasos de la Tele (¿Cómo están ustedes?), Los Chiripitiflauticos, Calles de San Francisco, Haway 5.0 (con su memorable sintonía surfera, que Loquillo versioneó), la bizarra Curro Jiménez, Kung-Fu (antes de que John Carradine comenzara a masturbarse con bolsas de plástico en la cabeza: asfixia autoerótica), Flecha Negra, Los Ángeles de Charlie, La mujer policía, Un hombre en casa, etc, etc... aquellas inolvidables series de la Transición que veía de niño con mis padres y hermana en las sobremesas, que me transportaban a realidades paralelas y potenciaban mi imaginación, antes de que llegaran la 5 y la Sexta y Antena 3, y mucho antes de que internet revolucionara para siempre nuestras vidas... con ellas crecí y me crié, de ellas, como madres nutricias, mamé y aprendí, y de todas conservo indelebles recuerdos, cientos, miles de secuencias grabadas a fuego en mi memoria, que una y otra vez, regresión tras regresión, vuelven a mi cabeza...

¿dónde
fueron a parar
aquellas caras

dónde
quedan ya
aquellos recuerdos?


Vicente Muñoz Álvarez

VESPAS & LAMBRETTAS (Restauración)


nos encontramos ayer por casualidad en la Plaza del Grano, César y yo, absorbiendo como esponjas el nítido sol de invierno (oscuro y lluvioso, este año, como pocos aquí se recuerdan) y tomando una caña en La Piconera, y volvimos a hablar con nostalgia del tema: las Vespas y Lambrettas de nuestra juventud... su padre tenía un taller de chapa y pintura cerca de Michaisa, subiendo hacia La Virgen del Camino, y allí íbamos los colegas de la pandilla a restaurarlas... las comprábamos (salvo los más pudientes) por cuatro duros, de segunda o tercera o cuarta mano, armatostes oxidados y gripados de los años cuarenta y cincuenta que César arreglaba y petroleaba y engrasaba y pintaba de vivos colores, amarillo, rojo, verde, rosa, etc, y finalmente maqueaba con espejos retrovisores y portamaletas y otros ornamentos... y allí estábamos nosotros, adolescentes recién salidos del cascarón, con nuestras relucientes Lambrettas y Vespas de todos los estilos y cilindradas recorriendo las calles y las afueras de la ciudad... que ahora mismo recuerde: Justo (una Vespa gris), Agustín (una amarilla), Bingo (una negra), Gato (también negra), Yony (creo que roja), Carlos (puede que azul), él (una Lambretta rosa recortada) y yo (una Vespa roja, primero, de cincuenta centímetros cúbicos, a los dieciséis años, y una flamante Lambretta verde metalizada a los dieciocho)... los pijos y los peras pilotaban Vespinos con pegatinas de Snoopy o, ya algo después, pepinos futuristas de gran cilindrada, mientras nosotros conducíamos aquellas pesadas y obsoletas pero deslumbrantes máquinas de colores con nuestras chicas en el asiento de atrás... no éramos mods, en absoluto (aunque ellos flipaban con nuestras motos y nosotros con Quadrophenia, una de las pelis de culto de aquella época), pero casi todos por aquel entonces en la pandilla, mediados los años 80, teníamos Vespas y Lambrettas e íbamos con ellas a los garitos de las afueras (mucho más lejos, la verdad, casi ninguna podía llegar: no dejaban de ser reliquias de tiempos remotos), al 44 sobre todo, al final del polígono (entonces sin edificar) de Eras de Renueva, o al Villa Evarista (qué entrañables recuerdos conservo de aquel merendero, detrás del Politécnico), o al bar de los Pinos, en mitad del bosque, o a los de La Candamia o al de Carbajal (donde los cubatas eran mucho más baratos), etc, etc... en la Plaza del Grano (una de las perlas -en peligro- de esta ciudad) absorbiendo como esponjas el nítido sol de invierno César y yo, ambos rondando ya los 50, hablando con nostalgia de los 18 y los 20, de todas aquellas Vespas y Lambrettas de colores que él con tanta ilusión restauró y de las juergas que a lomos de ellas nos corrimos...

30 años
han pasado
y parece
que fue ayer


Vicente Muñoz Álvarez