Recibir el Premio de la Crítica de Aragón por mi antología poética Hombre de mimbre, ha sido, la verdad, una enorme alegría, pero al mismo tiempo una ambigua experiencia: una mezcla de gratitud a Aragón y extrañamiento en Castilla y León, la cara y la cruz de la misma moneda.
Es curioso ver cómo el reconocimiento literario, a estas alturas de mi película, ha tenido que venir de fuera para encontrarme.
Mientras en Aragón han visto estos 26 años de trayectoria poética con ojos limpios y generosos, en Castilla y León (donde nací) el silencio y el ninguneo sigue siendo la respuesta oficial.
A veces me parece que, en las instituciones de mi Tierra, si no escribes y te comportas como ellas quieren, no entras en el juego de los despachos, las nominaciones y los apoyos, o sencillamente no existes.
Pero he aprendido algo nuevo en este cruce de caminos y con este Premio: para mi poética, guste o no guste, solo existe la Libertad.
Agradezco sinceramente a la Plataforma de Poetas por Teruel y a la Crítica Aragonesa que hayan leído mi obra sin prejuicios, premiando la resistencia, el margen y la conciencia.
Y sí, para qué ocultarlo, me siento un poco extraño en mi Tierra, a punto de cumplir 60 años y con docenas de libros a cuestas, aún hoy, todavía.
El mimbre es flexible,
pero no se rompe:
puro corazón.
Vicente Muñoz Álvarez
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