miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL HORROR (Semilla Negra)


Siempre me ha acompañado y siempre ha estado ahí, el horror, siempre presente... Porque seguramente, pienso, esta fascinación mía por lo truculento y macabro venga, como casi todo, de mi más temprana infancia, aquellos cómics y libros y aquellas películas que tanto me impresionaban y dejaban indelebles huellas en mí... Los cómics: Vampus, Rufus, SOS, Dossier Negro, Monsters, Espectro... Solamente por las portadas merecían ya la pena, hipnóticas y tenebrosas, sangrientas y horripilantes, sádicas y perversas... Y en su interior aquellas tremendas historias de monstruos y aparecidos, conjuros y maleficios, crímenes y venganzas, demonios y exorcismos... Los cambiaba (junto a los de superhéroes), después de leerlos y analizar a fondo sus viñetas, por otros semejantes en el Quiosco Campo, cerca de mi casa (por un duro, creo recordar), haciendo así interminables aquellas lecturas... Los libros: poco tiempo después, como derivación natural de mi curiosidad e instinto, al ver en qué relatos y autores se basaban las historietas, Allan Poe, H.P. Lovecraft, Robert Blooch, Guy de Maupassant, Bram Stocker, Mary Shelley, etc, etc... La pasión febril por los Mitos de Cthulhu y los clásicos de terror, por la novela gótica y romántica, y después por el decadentismo y el simbolismo, todo iba llegando unido... Y las películas: thrillers, giallos, slasher, caníbales, espiritismo, ciencia ficción, todo lo que caía en mis manos, extravagancias para todos los paladares y gustos, con títulos tan sugerentes e irresistibles como Manchas de sangre en un coche nuevo, Los monstruos del terror, El ataque de los muertos sin ojos, ¿Quién puede matar a un niño?... Y también, por supuesto (al hilo de esta película), las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador, quizás las que más me aterraban, austeras y sombrías como el propio Régimen que agonizaba, terroríficas y espeluznantes... Todo lo cual hizo de mí un mitómano empedernido, nostálgico y soñador, que se pasaba horas pegado a los libros y a la pantalla del televisor alimentando quimeras... Y finalmente, como colofón a todo ello, los gritos: los que durante años, según mis padres y mi hermana (tal cual os conté), daba por las noches en sueños, gritos estremecedores, angustiosas pesadillas de las que nada recordaba al despertar y que ponían a todos en casa los pelos de punta... Así que, evidentemente sí, siempre me ha acompañado y ha estado ahí, el horror, siempre presente... Y por supuesto que me sigue fascinando, que sigo releyendo a mis viejos maestros del pánico y videando películas de terror olvidadas, setenteras a ser posible (porque son las que mejor retratan mi infancia: el miedo y la caspa de la dictadura y las sombras y excesos de la Transición), y buscando ese punto de fuga, de éxtasis y de arrebato, que necesito como una droga a diario para evadirme del otro horror, el auténtico y verdadero: esta sociedad podrida e hipócrita que el hombre ha creado...

Vicente Muñoz Álvarez, 
de Regresiones  (LcLibros, 2022)



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