miércoles, 11 de febrero de 2026

LA CRIATURA



El cine de la Transición española es, sin lugar a dudas, el más transgresor de nuestra filmografía, a veces para bien, dando lugar a obras maestras de culto, como Arrebato, Quién puede matar a un niño o Bilbao, y otras muchas para mal, con infinidad de bodrios infumables (especialmente del género erótico), hoy en día totalmente obsoletos. Todo ello, lo bueno y lo malo, debido a la necesidad de cerrar una etapa de represión y celebrar otra de apertura, que caracterizó aquellos tiempos de cambio.

Y de entre todos los directores que mejor retrataron aquella época iconoclasta y provocadora, uno brilla, por su talento y valentía, con luz propia: Eloy de la Iglesia, nuestro Fassbinder o Pasolini patrio, como a menudo se le califica: comunista, yonqui y marica, como él mismo se retrataba.

Películas como El diputado, El sacerdote, Los placeres ocultos, Navajeros o La semana del asesino (uno de los filmes más salvajes y sórdidos del cine español), entre otras, reflejan a la perfección, sin filtros éticos ni morales, aquel período único en nuestra Historia, que solo los que lo vivimos en primera persona sabemos de verdad como fue: una auténtica locura y fiesta, por un lado, y un ajuste de cuentas con todos los traumas y frustraciones del pasado, arraigados durante cuarenta años de dictadura.

Aunque, dentro de su ya de por sí transgresora filmografía, La criatura (1977) se lleva la palma en lo tocante a romper tabúes y abordar temas escabrosos. 

No es su mejor película, pero sí la más provocadora y epatante, mostrando unas relaciones afectivas que aún hoy, en pleno siglo XXI, resultan sorprendentes y escandalosas. 

De hecho, prácticamente ninguna de las películas de Eloy de la Iglesia podría filmarse como entonces ahora mismo, en esta sociedad tan progre que vivimos, y por supuesto, menos aún durante la época franquista.

Pero mejor no decir nada más al respecto, para no desvirtuar el factor sorpresa, y dejaros que descubráis vosotros mismos (si no la habéis visto aún) el caramelo envenenado que contiene.

Una Ana Belén como jamás os habréis imaginado y una película que no os sacaréis en mucho tiempo de la cabeza: no doy más pistas.

Gracias, Eloy de la Iglesia, por existir.

Vicente Muñoz Álvarez

No hay comentarios:

Publicar un comentario