martes, 3 de julio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
MISTERIO DE LAS ESTACIONES
Pasé la primavera
esperando
el calor del verano
pasé el verano
aguardando
impaciente el otoño
pasé el otoño
deseando
la quietud del invierno
pasé el invierno
volviendo
a esperar la primavera.
Vicente Muñoz Álvarez,
de Parnaso en llamas
(Baile del sol, 2006).
martes, 26 de junio de 2012
EL ELEGIDO
Desde hace algunas horas contemplas embriagado el perfil de la montaña. Vislumbras tras la roca formas caprichosas, simetrías imposibles. Y vagamente resuena en tu memoria el recuerdo de los Mitos: retazos de un mundo salvaje, de una tierra joven cuyos moradores yacen insepultos en un sueño liviano. Las formas exteriores son tan sólo indicios de una civilización sedente, el perfil de algo que existió y aún puede renacer. Líquenes carnosos cubren las inmensas avenidas que se pierden en la niebla, de los muros fluye un ominoso resplandor y late con ritmo pausado el corazón de un ente dormido que desde hace siglos espera al Elegido.
Sabes que a veces el sutil veneno provoca malos viajes, y aunque siempre hallaste el camino de regreso, hoy compruebas con horror que la puerta está sellada y desde las tinieblas de tu mente Alguien te llama.
Vicente Muñoz Álvarez, de Marginales (Eje Ediciones, 2008).
Ilustraciones by Mik Baro.
lunes, 25 de junio de 2012
viernes, 22 de junio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
martes, 19 de junio de 2012
TEDIO
Sentado en la habitación
mientras afuera se oyen ruidos.
La amarillenta luz del flexo
me ilumina la cabeza,
las manos y el ombligo,
pero no llega a mis pies.
Mis pies están ahí quietos,
en la oscuridad,
como setas pálidas
pudriéndose en la bruma.
Todo sigue igual
mientras afuera se oyen ruidos:
libros, incienso,
literatura impublicable,
sonido de tic tac.
Dicen que las flores
tienen sentimientos,
pero yo las veo
marchitarse en el jarrón.
Me asomo a la ventana:
cuatro niños golpean
la trapa de un local
y a lo lejos ladra un perro.
De regreso a mi cuarto
pienso que lo peor de crecer
es no poder contar más años
con los dedos.
Vicente Muñoz Álvarez, de Canciones de la gran deriva (Ateneo Obrero de Gijón, 1999).
Photo by Jul
lunes, 18 de junio de 2012
BOLETUS 666
Eso fue exactamente lo que pesó (en una báscula digital) este boletus pinícola que Jul & yo encontramos el otro día, después de un gran paseo, en el corazón del bosque:
666 gramos.
666 gramos.
No nos lo podíamos creer...
Un capricho extraño de la naturaleza
que degustamos, sin complejos,
por todos sus sitios.
Y un trofeo micológico
de los que hacen época.
Gracias
Pachamama
gracias.
v
domingo, 17 de junio de 2012
THE HUMAN CENTIPEDE 2 (Full Sequence).
Cuando uno cree ya haberlo videado casi todo en pantalla, surgen películas como esta, demenciales y absolutamente bizarras, que te hacen replantearte de nuevo el concepto del cine de horror moderno y te remueven hasta el último centímetro de los intestinos (en este caso, nunca mejor dicho).
Tras la ya de por sí enfermiza de The Human Centipede (First Sequence), el director holandés Tom Six ha rodado una de las películas más salvajes y escatológicas de la historia, The Human Centipede 2 (Full Sequence), que te de deja boquiabierto en la butaca, asqueado y fascinado al mismo tiempo, incapaz, hasta pasado un buen rato, de sacar conclusiones sobre lo que acabas de ver.
Con una impresionante fotografía en blanco y negro, unas interpretaciones de escuela (la de Laurence R. Harvey especialmente, repugnante hasta decir basta) y un ritmo pausado e hipnótico, esta secuela del "ciempiés humano" es una tremenda exhibición de atrocidades (que diría el maestro Ballard), nauseabunda y escalofriante, que reinventa el slasher y el gore y nos transporta a los abismos más depravados de la mente humana.
Como Martyrs, A serbian film o Salo o los 120 días de Sodoma, por citar algún ejemplo (salvando las distancias) de películas polémicas y controvertidas, The Human Centipede 2 es un mazazo para la conciencia, un dardo envenenado que se clava al fondo del corazón, puro detritus para la mente y el cuerpo.
Obra maestra o bodrio indigesto, os corresponde juzgarlo a vosotros (yo aún no lo tengo claro), si es que lográis terminar de verla. Pero aviso: no es (ni muchísimo menos) para todos los públicos...
Trailer in You Tube:
viernes, 15 de junio de 2012
PRÓLOGO de MADRUGADA
DEJAR EL INCENDIO ATRÁS
El tiempo nos va desnudando (2009), la primera novela de Julio César Álvarez, fue la carta de presentación de un escritor ingenioso, al tiempo que incisivo y profundo, que con una prosa colorista y pop diseccionaba su entorno y su tiempo, la frivolidad y el vacío existencial de su generación, su falta de valores y estímulos, y el extrañamiento de las sociedades capitalistas modernas. Un primer libro valiente y sincero, sobre todo, o entre otras cosas, por desmarcarse de los tópicos literarios leoneses, ruralistas y regionalistas e históricos, tan rentables por estos lares, y abordar frontalmente y sin tapujos, de tú a tú, la realidad y el mundo que nos rodea, el suyo y el mío y el de esta ciudad, y por extensión el de otras muchas.
Aunque Julio, todo hay que decirlo, no era un recién llegado al mundo de la literatura. Durante años pudimos disfrutar de sus jugosas crónicas sobre música, cine o tendencias en la revista que coordinaba, Azul Eléctrico: Cultura Subterránea (una de las publicaciones leonesas independientes más destacables de los últimos tiempos, punto de encuentro de jóvenes creadores), así como de su presencia y apoyo en muchas lecturas y actos colectivos.
Posteriormente a esta novela, y antes de escribir la que el lector tiene ahora en sus manos, Julio César Álvarez publicó, como una especie de anexo o colofón a Azul Eléctrico, otro libro realmente curioso, Mientras el mundo cae: 50 nombres de la nueva escena cultural leonesa (2010), una serie de retratos subjetivos de varios de los creadores más activos de la ciudad, que nuevamente puso de manifiesto la fluidez de su prosa y sus dotes de observación.
Por todo ello, muchos esperábamos ya impacientes su nuevo libro, aunque ni los más cercanos teníamos noticia de por dónde irían los tiros. Y aquí está, al fin, el resultado: Madrugada, su segunda novela, de la mano de la Editorial Eutelequia.
Lo primero que se me ocurre destacar al respecto, para centrar un poco al lector, es la diversidad de lecturas y capas que nos ofrece este libro: documento escalofriante sobre las dependencias y la drogadicción, crónica de la movida madrileña de los años 80 y diario íntimo de un escritor, pero también (y esto es lo que a mi juicio lo hace más atractivo), viaje de iniciación y búsqueda y descenso a los abismos del yo. Un viaje cuya meta, por supuesto, no desvelaré en este prólogo, pero que nos enfrenta a nuestros miedos más profundos y a fantasmas que todos conocemos bien: el desaliento, la soledad, la cotidianeidad y el vacío.
Todas estas variantes y capas argumentales, y la intensidad dramática con que el autor las traslada al papel, hacen de Madrugada una novela dinámica y reflexiva, filosófica y existencial, que engancha y hace pensar al lector por encima de lo meramente testimonial: compartamos o no la forma de proceder del protagonista, no podemos evitar en más de un aspecto identificarnos con él y, al mismo tiempo, asustarnos de los paralelismos. Porque lo cierto es que Julio no habla sólo desde la piel de un drogadicto, sino desde la de cualquier persona que busca sentido a sus días y orientación para recorrer el camino, y eso es algo que, en mayor o menor medida, nos toca y afecta a todos.
También me parece importante señalar alguna de las (a mi juicio) influencias básicas del libro: el continuo deambular sin rumbo, el desear estar siempre en otro lado, la rutina de estar vivo y la evasión mediante el artificio, la búsqueda de nuestro yo escindido, el oficio de la escritura, el tono coloquial y la descripción de ambientes sórdidos, lo emparentan directamente con la literatura beat norteamericana, en especial con William Burroughs (Yonki y El almuerzo desnudo), pero también con Jack Kerouac (En el camino) y el resto de artífices del movimiento.
Y luego están Knut Hansum (Hambre) y Cesare Pavese, a los que el autor cita en más de una ocasión, Artaud y Henry Miller (Trópico de Cáncer), Lou Reed, Led Zeppelin, los Who y los Rolling Stones, la película Drugstore Cowboy, de Gus Van Sant, y planeando (aunque no los mencione explícitamente) sobre toda la novela, como una especie de ángeles (o demonios) tutelares, Albert Camus y Sartre, El extranjero y La náusea y el existencialismo francés, que parecen guiar fatídicamente los pasos del protagonista.
Todo ello con el telón de fondo de la movida madrileña y el SIDA, los punks y los rockers y mods (animales que se saben hermosos y diferentes), el mundo de la bohemia literaria y artística, las servidumbres y dependencias (no sólo de las drogas), el amor a los veinte y el amor más tarde en fuga (muy al estilo nouvelle vague), la atracción por el abismo (desde niño me ha apasionado lo que está mal), las relaciones interpersonales (Es fácil medir a los demás. No tanto a uno mismo) y la tristeza adulta (si nadie cree en ti, tú también dejas de creer en ti), el espíritu de cambio de la Transición, el hundimiento y la catarsis, el crimen y el castigo y, en última instancia, metafóricamente, el incendio y la madrugada, susceptibles de interpretar (como todo el libro) de varias maneras.
En cualquier caso, al margen de la lectura y conclusiones de cada lector, esta novela no aburrirá ni dejará indiferente a nadie: suceden muchas cosas, hay muchos personajes, se tocan muchas fibras, se analizan muchos sentimientos, se describen muchas situaciones y la acción discurre en muchos lugares.
Con su prosa brillante y concisa y su capacidad incisiva de análisis, Julio César Álvarez nos conduce sin estridencias ni sensacionalismos a los paraísos e infiernos del alma (el placer y el dolor, el amor y el odio, la dicha y la desdicha, el ying y el yang), y retrata de manera convincente la sociedad de hastío e incomunicación en que vivimos.
Damas y caballeros, apaguen los móviles y acomódense en sus asientos: la función va a comenzar.
Vicente Muñoz Álvarez, prólogo a Madrugada, de Julio César Álvarez (Eutelequia, 2012).
jueves, 14 de junio de 2012
FRIENDS
Con Julio César Álvarez y Xen Rabanal,
en la presentación de Madrugada.
photo by Santos M. Perandones
photo by Santos M. Perandones
miércoles, 13 de junio de 2012
MADRUGADA: Hoy en León.
Julio César Álvarez presenta hoy en Artemis la novela ‘Madrugada’
El escritor leonés bucea en su nueva producción literaria en el mundo de la Movida madrileña .
Diario de León 13/06/2012
Después de su exitoso inicio y su paso por la Feria del Libro de Madrid, Madrugada (Eutelequia, 2012), la nueva novela del leonés Julio César Álvarez, regresa a León en su presentación-cóctel oficial en la Librería Artemis. Contará, además de con el autor, con los también narradores Vicente Muñoz y Alfonso Xen Rabanal, dos piezas angulares de la creación literaria contemporánea local, creadores asimismo de la revista literaria de referencia Vinalia Trippers.
Madrugada, su nueva incursión en la novela después de aquel artefacto pop que se llamó El tiempo nos va desnudando y el retrato generacional compartido Mientras el mundo cae. 50 nombres de la nueva escena cultural leonesa, arranca en el Madrid de 1983, cuando un joven escritor en ciernes se acerca a la capital para vivir de primera mano y sin red un profundo autodescubrimiento personal. Le acompañan de cerca una abierta adicción a la heroína, un pasado con aristas, mil desengaños y cierta soledad.
Lugar: Artemis. Villabenavente 17.
Hora: 20.15.
'Madrugada' de Julio Cesar Álvarez en la Librería Artemis de León
Por Santi Fernández @novenoarte | Ileón.com 11/06/2012
El escritor estará este miércoles describiendo brevemente su nuevo libro.
El joven escritor leonés, creador de la mítica publicación Azul Eléctrico Cultura Subterránea está de enhorabuena, tras la presentación la semana pasada en la Feria del Libro de Madrid le toca el turno esta semana a León. Se hará acompañar el próximo miércoles por dos compañeros de profesión como son Vicente Muñoz Álvarez y Xen Rabanal.
El libro ha sido publicado por la editorial madrileña Eutelequia y viene avalado por varias figuras de la movida madrileña como Fernando Márquez 'El Zurdo' (La Mode) o Manolo Campoamor (artista plástico y voz de Kaka de Luxe).
Miércoles 13 de junio 20:30h
Librería Artemis.
Entrada libre.
lunes, 11 de junio de 2012
PALABRAS PARA JULIA
aún recuerdo a menudo
los años oscuros
que dejé atrás
mi descenso
particular al infierno
el extrañamiento el desamor
las noches de insomnio
las sábanas frías
los amaneceres gristes
los días sin huella
el remordimiento
la hipertensión
la baja autoestima
la zozobra el hundimiento
el naufragio el abandono
recuerdo todavía a menudo
aquellos años de olvido
y me estremezco
y valoro más aún
este presente
el calor de tu cuerpo
nuestro hogar
y nuestro amor tranquilo
Julia
que dure siempre
la magia
que nada rompa
este hechizo
Vicente Muñoz Álvarez
domingo, 10 de junio de 2012
LA CORRUPCIÓN DE CHRIS MILLER
Otra de las joyas ocultas del fantaterror hispano, La corrupción de Chris Miller (de Juan Antonio Bardem, 1973), es una excelente película de suspense (con toques de giallo) injustamente olvidada, pese estar muy por encima de la media del género, que nos presenta a una Marisol implacable y fatal (completamente distinta a la niña inocente que habíamos visto hasta entonces) y nos regala abundantes dosis de hemoglobina y espanto (hay secuencias, como la del salvaje apuñalamiento del vagabundo en la casa, que aún hoy siguen poniendo los pelos de punta).
El magnífico guion de Santiago Moncada (autor también del de la no menos inquietante La campana del infierno, otra perla negra del cine de aquel período), la banda sonora de Waldo de los Ríos, la afortunada dirección de Bardem y, muy en especial, las interpretaciones de las dos mujeres protagonistas, Jean Seberg y Pepa Flores (aka Marisol), enzarzadas en un duelo memorable de suspicacias y celos, convierten esta película en una pieza de coleccionista.
Frente a la mediocridad y falta de ideas del cine español de los últimos tiempos, se agradecen películas como esta, magnéticas y contundentes, que mejoran con el paso de los años como los vinos de las cepas más viejas.
Que ustedes la disfruten.
Vicente Muñoz Álvarez
La corrupción de Chris Miller (completa) in You Tube:
sábado, 9 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
FUTILIDAD
comienzan los largos paseos
de ensoñación
caminatas solitarias por el bosque pensando, hoy en concreto en la futilidad de vida, para qué esto y lo otro, por qué esto y aquello, si merece la pena esta lucha, si todos vamos a morir, si todo es tránsito, impermanencia, si nada perdura, si todo está en continuo cambio, para qué la literatura, la escritura, estas palabras, otra antología, otro libro, otro poemario, si al fin y al cabo nadie lee, para qué el desgaste, el vaciamiento, el gesto, si todo va a perderse, mensajes en botellas rotas, preguntas sin respuestas, claves cifradas, para qué el esfuerzo, la sangre, el anhelo, el insaciable deseo, si estamos de paso, dada esta fugacidad, por qué la duda, la baja autoestima, el estigma, la ansiedad, las horas perdidas, a dónde lleva todo, a qué me lleva esto, a dónde iré a parar, me pregunto una y otra vez, hasta que súbitamente me siento agobiado, acongojado, atrapado por mis pensamientos, y me digo, no es este el camino, mira a tu alrededor, el bosque, las nubes, la línea del horizonte, céntrate en el instante, huye de las trampas del ego, del apego, siente el momento, abandona el pensamiento, estás vivo ahora, conciénciate, no te dejes llevar, conoces ya el secreto, sentir y no pensar, parar la mente, estar alerta, detener el tiempo... pero tampoco eso es sencillo, lo parece pero no lo es, cualquier cosa rompe esta meditación doméstica, como una tela de araña los pensamientos me atrapan y asfixian sin que apenas me de cuenta, sin sentir el instante, arrastrándome al pasado y al futuro impidiéndome disfrutar el momento...
y así pasa el presente
y me engaña la mente
y termina el paseo
Vicente Muñoz Álvarez
cover by Toño Benavides
cover by Toño Benavides
miércoles, 6 de junio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
LA CALERA (Reboot)
Paredes desnudas, funcionalidad. Estrategia de autolesión. Cefaloeconomía catastrófica. Paredes bien cerradas, bien acerrojadas, ventanas bien enrejadas, todo bien cerrado y bien acerrojado y bien enrejado.
Thomas Bernhard
Durante una de mis visitas a Salzsburgo a mediados de los noventa, relacionada con un ensayo sobre Thomas Bernhard que por aquel entonces estaba escribiendo, tuve la ocasión de visitar la Calera, el escenario donde el escritor austriaco había ubicado su tremenda novela, de la mano de uno de sus protagonistas, Fro, el administrador de los terrenos de la propiedad. Una coincidencia que no viene al caso (al menos en esta historia) me puso en contacto con él, permitiéndome hacerle varias preguntas y, asimismo, debido a mi insistencia, conocer a continuación la Calera. Sin lugar a dudas, junto a Corrección, esa novela de Bernhard, La Calera, le dije entonces a Fro, era la que más me había impactado, la locura de su propietario, Konrad, empeñado en comprársela a su sobrino durante decenios, su inacabado Estudio sobre el oído, la desolación aterradora de aquel lugar y, en última instancia, el asesinato de su mujer y su posterior reclusión en un centro penitenciario. Él, Konrad, me dijo el administrador, había muerto hacía ya tiempo, y la Calera, expoliada y vacía, aún seguía en pie, junto a un lago, en el distrito de Sicking. No fue demasiado difícil convencer a Fro, evidentemente alcoholizado (lo supe nada más verle beber el primer whisky en el café donde nos presentaron), de que me llevase a ver aquel edificio, bastó una suma no muy alta y algunos comentarios de mi ensayo en construcción sobre Bernhard, al que él también admiraba, para que accediera a la mañana siguiente a acompañarme allí. Vino a recogerme en su coche a mi hotel a las ocho en punto, tal y como habíamos quedado la noche anterior, correctamente aseado y vestido, aunque ya a esa hora oliendo a alcohol, y condujo desde Salzsburgo hasta Sicking, vía Mondsee, de una sola tirada, respondiendo lacónicamente a mis preguntas, como molesto, me pareció, con la situación. Para mi ensayo, sin embargo, la oportunidad de conocer la Calera, y por extensión al propio Fro, uno de los personajes clave de la novela de Bernhard, me había parecido providencial y, seguramente, pensé entonces, determinante para su desarrollo. Como Konrad en la novela con su Estudio sobre el oído, aquel ensayo sobre Bernhard, en el que llevaba ya más de seis años inmerso, se había convertido para mí en una obsesión, continuamente corregido y reestructurado y reescrito, y la posibilidad de visitar la Calera y conocer de primera mano los testimonios de Fro, pensé, podría ser determinante para enfocarlo con un criterio original y, en consecuencia, lograr terminarlo. Pero Fro, el administrador de los terrenos de la Calera, amigo personal de Konrad, testigo en su juicio y, evidentemente, conocedor privilegiado de su historia, no parecía demasiado dispuesto durante el viaje a entrar en materia, sí la noche anterior, cuando bajo los efectos del alcohol me había hablado largo y tendido de Bernhard y la Calera, aceptando llevarme a verla al día siguiente, pero no entonces, aquella mañana, en el trayecto en coche de Salzsburgo hasta Sicking, quizás debido a la resaca, pensé, o a tener que recordar y por tanto revivir y sufrir, a causa de mis preguntas, el drama de la Calera. Aunque lo cierto es que, pese a su reserva y cambio de tono, hasta allí me condujo. Ya hemos llegado, dijo al final de un camino pedregoso por el que, poco después de Mondsee, nos habíamos desviado, esto es la Calera, el lago está al otro lado. Aparcamos el coche fuera, junto a un gran seto de arbusto que ocultaba el interior del inmueble, y entramos en la propiedad a través de una verja caída, forzada por los ladrones, según Fro, poco después de la detención de Konrad. El viejo tenía razón, dijo, este distrito, tal y como él comentaba una y otra vez, está lleno de ladrones y criminales, todo en este distrito parece abocado al robo y al crimen, Konrad no dejaba de repetirlo, y el hecho de que forzaran la verja de su propiedad a los pocos días de ser detenido lo confirma. Aunque de poco pudo servirles, añadió, porque entonces no quedaba ya nada de valor en el edificio, Konrad lo había vendido ya todo, durante años, debido a su precario estado económico y a espaldas de su mujer, fue vendiendo uno tras otro todos los objetos de valor que había en la Calera hasta dejarla casi vacía, de manera que los ladrones, cuando forzaron la verja y lograron al fin entrar en la casa, poco o nada valioso pudieron hallar, nada, en cualquier caso, que luego pudieran vender, añadió. Y: el viejo siempre tenía razón, puede que estuviera loco, pero en el fondo tenía razón, Konrad tenía siempre razón. Y: como puede observar, el portón de la casa también fue en su día forzado, todo, antes o después, fue violentado y forzado aquí. Y ciertamente era verdad, flotaba sobre aquel lugar un aura asfixiante y siniestra, una sensación de tragedia inminente y desolación profunda que ponía los pelos de punta (como en la Casa Usher, recuerdo que entonces pensé, como en la Casa Usher). No queda ya nada aquí, repitió Fro al entrar, y comenzó luego a enseñarme el edificio, las dependencias de Konrad en el primer piso, su dormitorio y el despacho donde, según dijo (y según Bernhard en la novela), se pasaba los días trabajando en su Estudio sobre el oído, y las de su mujer inválida a continuación, en el segundo, desde cuyas ventanas se podían contemplar los excelentes (pero de algún modo también siniestros) paisajes del lago. Precisamente aquí, dijo Fro llegado un punto, tras haber recorrido parte del piso, en esta habitación, fue donde la asesinó, aquí fue donde Konrad la disparó, unos dicen que en el pecho, otros que en la cabeza, pero fue aquí, en su silla de ruedas, donde la mató, y esas manchas en la pared, dijo señalando una esquina, lo atestiguan, esas manchas que nadie se dignó a limpiar, ni yo mismo me digné a limpiar... al fin y al cabo desde la muerte de Konrad a nadie le importa nada ya aquí, la Calera ahora es un santuario, un cementerio, y a nadie le importa nada ya aquí... salvo a los escritores, añadió. Ustedes, los escritores, vienen aquí buscando inspiración y respuesta a sus miedos y sólo encuentran más preguntas y miedos (tengo grabadas a fuego estas palabras en mi memoria), eso es lo que ustedes encuentran aquí, lo único que en el fondo encuentran, repitió. Y, efectivamente, fue lo único que en aquella visita encontré: preguntas sin respuesta, no respuestas a mis preguntas, y miedos, miedos y preguntas en lugar de inspiración y respuestas. Fro continuó, cada vez más taciturno y uraño, mostrándome el resto del edificio, las dependencias del tercer piso y el desván, la cochera, el sótano y el cobertizo y, finalmente, a petición mía, el colector de estiércol donde, según Bernhard (lo recordaba de la novela), los gendarmes habían encontrado a Konrad, congelado y prácticamente muerto, después de asesinar a su esposa. Mientras se apoderaba de mí de una forma casi tangible la náusea y la angustia, indudablemente, pensé, por el aura malsana de aquel lugar. Ese fue mi único contacto con la Calera y en eso consistió la visita. Luego, el viaje de vuelta en coche, de nuevo vía Mondsee, hasta Salzsburgo, sin apenas hablarnos, cabizbajos y abatidos, y la despedida escueta a la puerta de mi hotel. La última vez, en cualquier caso, que vi a Fro (aunque me enteré luego de que había fallecido poco tiempo después), la última que viajé a Salzsburgo y, por extensión, el fin de mi ensayo sobre Bernhard, definitivamente perdido, que desde aquel día, al visitar la Calera, supe que nunca prodría terminar.
Vicente Muñoz Álvarez, de Revisiones, obsesiones y otros tributos (Selección by Octavio Gómez Milián. Voces de Margot/Editorial Comuniter, 2012).
domingo, 3 de junio de 2012
EL EXTRAÑO VIAJE
Una auténtica rara avis de nuestro cine, marciana donde las haya, moderna y castiza, absurda y bizarra, que bajo ningún concepto (si no lo habéis hecho ya) deberías dejar de ver.
De lo mejor, en cualquier caso, del cine español del pasado siglo, El extraño viaje (1964), del polifacético Fernando Fernán Gómez, destila autoría y genio por los cuatro costados y sigue fascinando y arrebatando pese al paso del tiempo.
Sólo por videar in action a la pareja de protagonistas, nuestro queridísimo Jess Franco (sin duda en su mejor papel como actor) y la oronda Rafaela Aparicio, freaks hispanos paradigmáticos, merece la pena ya verla. Pero también por muchas cosas más: un guion sorprendente y perfectamente hilvanado, una delirante fusión de géneros (comedia negra, esperpento, suspense, terror), un ritmo endiablado, una puesta en escena impecable y una hilarante crítica de la sociedad de su tiempo, además, claro está, de la mano prodigiosa de su director, Fernando Fernán Gómez, más que nunca tocada aquí por el talento y la gracia.
Un clásico de culto en cualquier videoteca y otra de mis recomendaciones 5 estrellas 5.
El extraño viaje (completo) in You Tube:
sábado, 2 de junio de 2012
viernes, 1 de junio de 2012
ESTO NO RIMA: Hoy en León.
La voz de la poesía más crítica se cita en el volumen ‘Esto no rima’
La antología, coordinada por el leonés Abel Aparicio, se presenta hoy en Artemis
L. Castellanos/ La Crónica de León
El leonés Abel Aparicio se ha encargado de la coordinación y selección de ‘Esto no rima’, una selección de poesía social en la que participa una cincuentena de poetas e ilustradores. La presentación del libro tendrá lugar hoy, a las 20.15 horas, en la Librería Artemis de León con la presencia de algunos de los autores leoneses que intervienen en la publicación: Felipe Zapico, Vicente Muñoz Álvarez, Toño Morala, Casilda García Archilla, Fran Alegre, Eloísa Otero y Abel Aparicio.
Se trata, sin duda alguna, de un ambicioso proyecto editorial con voz propia y entregado a la causa reivindicativa que ha sido publicado por Origami, una joven editorial andaluza que nació hace poco menos de un año. Todos los derechos de autoría de los participantes, así como los del antólogo y un porcentaje de la editorial, se destinarán al Comedor Social Paris 365 de Pamplona.
‘Esto no rima’ nació entre los meses de mayo y junio de 2011 por iniciativa de Aparicio, para quien el objetivo de la obra es “denunciar mediante la poesía la situación actual en la que nos encontramos, donde los dirigentes políticos en los que depositamos nuestra confianza a través del voto en las urnas son incapaces de solventar la situación”.
Y así, asumiendo una vocación de denuncia, reclamación y reivindicación, el libro abre sus páginas a diferentes poetas españoles para que, a través del verso, voceen sus lamentos y arenguen en favor de la solidaridad y en contra de toda suerte de intransigencias, totalitarismos y abusos. Son muchos los autores que se han puesto a la tarea, entre ellos el legendario Marcos Ana o el reputadísimo Jorge Riechmann, y han entregado su talento poético al servicio de una causa que se rebela contra la injusticia y el abuso y exterioriza su indignación. “El nivel de malestar aumenta cuando vemos cómo el número de casos de corrupción crece cada día, mientras los políticos implicados en ellos andan libres por las calles y siguen ocupando sus puestos”, indica Abel Aparicio.
La ‘antología de poesía indignada’ llega hoy a León
Lugar: Librería Artemis (calle Villa Benavente, 17). Hora: hoy a las 20.15.
01/06/2012. Diario de León.
«Los poetas reunidos en esta asamblea de papel también convierten sus palabras en palabra pública, de todos y para todos». Así comienza el prólogo de Isaac Rosa de Esto no rima, una ‘antología nacional de poesía indignada’ surgida desde León, por iniciativa del poeta Abel Aparicio, que después de haber sido presentada en Madrid y otras ciudades, llega hoy a la Librería Artemis. Estarán presentes en el acto varios de sus autores leoneses, en concreto Felipe Zapico, Vicente Muñoz, Toño Morala, Casilda García, Fran Allegre, Eloísa Otero y el propio compilador, Abel Aparicio.
http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/la-antologia-de-poesia-indignada-rsquo-llega-hoy-a-leon_695126.html
Presentación del libro 'Esto no Rima' en la Librería Artemis
Presentación del libro 'Esto no Rima' en la Librería Artemis
Por Santi Fernández @novenoarte | ileón.com 31/05/2012
La presentación será este viernes y contará con varios de sus autores.
¿Qué tienen en común Felipe Zapico, Vicente Muñoz Álvarez, Toño Morala, Casilda Gacía Arcilla, Fran Allegre, Abel Aparicio y Eloisa Otero?
Además de ser grandes poetas y comunicadores de la ciudad ahora tienen en común un libro, Esto no Rima, y una forma de escribir, la denominada 'Poesía Indignada' con la que quieren denunciar la indignación que vive el pueblo y ellos mismos.
Este viernes estarán firmando ejemplares en la librería Artemis de la capital.
Presentación 'Esto no rima'
Viernes 1 de Junio 20:15 horas
jueves, 31 de mayo de 2012
SABOREANDO A BLANCA LI (y 4)
Me desperté en el suelo al mediodía. Con cien campanas martilleándome en las sienes, pero ileso. Ni un rasguño, ni una herida, nada.
Blanca Li, por supuesto, no estaba. Había desaparecido llevándose casi todo del piso... excepto mi gabardina, los pantalones, la chaqueta… Sólo me faltaba la cartera, con poco dinero, y las tarjetas de crédito, sin nada de dinero… Así que estaba bien, la cosa, el milagro o el sueño ese... En cualquier caso estupendo.
Mientras me vestía improvisé una versión oficial para comisaría: que ella, borracha como estaba, se mareó toda en el coche y tuve que pararla y empezó a vomitar con saña al salir y entonces, para no incomodarla, me di unos segundos la vuelta y como por arte de magia se esfumó sin dejar huella... Algo extraño, inexplicable, sin hacer el menor ruido, con las esposas puestas... Y otra vez voces, insultos, gritos… Sargento para aquí, sargento para allá…Su ineptitud, su negligencia…
La vieja historia de siempre.
La chica, tal y como me aseguró, cumplió su promesa y desapareció de la ciudad sin dejar rastro. Y por supuesto, no más crímenes, ni un sólo castrado más…
Se acabó. Caso cerrado. Dos, seis, diez meses… Investigaciones, sospechas, disculpas, más disculpas…Y directo a los archivos, el caso, hasta nuevo aviso.
Yo volví a mi antiguo puesto, mis labores con el narco, veladas, confidencias, regalitos… En fin, las pequeñas ventajas de la policía.
Robe, el Carnicero, salió del hospital al poco tiempo, con sus métodos tradicionales, y la palmó dos años después de otro navajazo en un burdel. Estocada al cuello y fin del trayecto. Descanse en paz.
Y de Blanca Li, mujer pantera, por suerte o por desgracia nunca más volví a saber.
Quizás nos encontremos en algún otro lugar del camino.
FIN
Vicente Muñoz Álvarez, relato incluido en Black Pulp Box/Aftersun (Aristas Martínez, 2012).
miércoles, 30 de mayo de 2012
SABOREANDO A BLANCA LI (3)
El teléfono me despertó poco después de haberme acostado. Dos agentes. Habían encontrado otro cuerpo mutilado y desangrado como los anteriores. Pero esta vez habían encontrado a alguien muy cerca del coche, una mujer, que de momento se había negado a hablar.
Me puse un tiro rápido, para vencer un poco el sueño, y salí disparado hacia la dirección que me habían dado aquellos polis. Era en el centro de la ciudad, en una plaza arbolada, entre otros coches. Y allí estaba: esposada junto a la pared en cuero negro, botas negras, guantes negros, pelo y ojos negros… Como una vampiresa. O un ángel nocturno. Andrógina, salvaje e irresistible.
Los agentes la habían encontrado a un par de manzanas de distancia, tambaleándose, caminando como borracha a pasos lentos. No había opuesto resistencia, pero se había negado a abrir la boca. La habían apoyado contra la pared con las esposas y había estado como en trance hasta que yo llegué. Eso era todo. No había más. Y en lo tocante al cadáver, lo de siempre: aquel paquete de picadillo entre las piernas, la sangre por el coche, en los cristales, jirones de carne en todas partes…
Procedí como las veces anteriores, llamar a la oficina, a la ambulancia, acordonar la zona… Pero eso sí: la chica se venía conmigo, en mi coche, a la comisaria. Estaba esposada, volada… No habría ningún problema. Y seguramente no tuviera nada que ver con todo aquello, además… Drogada o borracha, seguramente... Que me dejaran actuar, que atendieran al cadáver…
La subí al coche y arranqué sin más explicaciones. En el sillón trasero. Con las esposas. Tras la reja. La veía por el espejo retrovisor como a una diosa, con sus ojos negros penetrantes clavados en los míos y aquellos labios rojos…
- ¿Cómo te llamas? - pregunté. Pero no contestó. Permaneció callada un rato mientras la miraba y conducía y fumaba un cigarrillo.
- Lo hago por tu bien, de veras... Si no quieres hablar ahora tendrás que hacerlo luego, en la comisaria, y te aseguro que allí no resultará tan agradable... Así que venga, dime: ¿cómo te llamas?
- Blanca Li - me contestó.
- Muy bien, estupendo, bonito nombre, Blanca Li… No es que pegue mucho con tu aspecto, pero vale, en cualquier caso es bonito: Blanca Li... Y ahora quiero que me digas qué hacías cerca del lugar del crimen a estas horas...
- Salí a tomar una copa - dijo -. Bebí más de la cuenta y preferí volver andando a casa para tomar el fresco un poco... Esos policías me detuvieron y me hicieron esperar.... No hay más que eso.
- De acuerdo, de momento te creo. ¿ Dónde tienes la documentación ?
- En casa - dijo -. Me la dejé allí olvidada. Si quiere podemos pasar a recogerla de camino a la comisaría…
Fue así, nada más, como os lo cuento. No fue cosa mía. Estaba alucinando al verla, no puedo negarlo… sus ojos, sus labios, aquel cuerpo… Pero fue ella quien me lo dijo: vamos a casa a buscar la documentación... No hubo otra cosa, de verdad. Ni lo había pensado tan siquiera. Aunque el caso es que nos dirigíamos ya hacia su apartamento... Un bloque de hormigón en las afueras, un piso octavo, una habitación llena de velas, incienso y ropa de cuero en todas partes…Y ella que me dice que le suelte las esposas hipnotizándome… que necesita ir al servicio, buscar el carnet, servirme un trago…Y yo que me acomodo en el sofá, enciendo un cigarrillo, miro al techo…Y ella que vuelve desnuda con su melena de aguas negras goteando espalda abajo, su cuerpo moreno y felino, musculoso, mirándome fijamente a los ojos, y pone un disco, Action Woman, y se estira, se retuerce, me provoca, se tumba a mi lado, me besa, me baja el pantalón y empieza a masturbarme pausadamente... Y yo que no aguanto más y digo quiero hacerlo... Y ella que susurra espera amor, mira primero, echa un vistazo…Y se me tumba enfrente, abre las piernas y allí está, su vulva dentada, de colmillos blancos muy afilados, como agujas… abriéndose y cerrándose… mostrando su interior rojo y oscuro… Me deja acostarme con ella, dice, pero no penetrarla, por mi bien... sólo a cambio de que olvide todo, los crímenes, las pruebas, el carnet… de que la deje esfumarse, desaparecer, largarse al fin del mundo…Y yo que digo sí, naturalmente, que ya no para de girarme el coco contemplando aquel prodigio, jugoso, babeante, tentador...
Y luego el sueño… Olvido y sueño…Y un túnel largo oscuro.
Continuará...
Vicente Muñoz Álvarez, relato incluido en Black Pulp Box/Aftersun (Aristas Martínez, 2012).
Ilustraciones by Miguel Ángel Martín.
martes, 29 de mayo de 2012
SABOREANDO A BLANCA LI (2)
Empujé la puerta y allí estaba: lleno de vendajes y esparadrapos por el cuello.
- Qué hay, Robe ¿cómo va esa herida? - le pregunté. Y él se me quedó mirando muy extrañado, sorprendido, preguntándose qué hacía yo en su habitación a aquella hora.
- Verás, Robe, estoy algo confuso por lo que está ocurriendo últimamente, los asesinatos en los coches, los tipos esos con las mordeduras... La verdad es que no sé muy bien lo que hacer y bueno, pensé que tal vez pudieras tú ayudarme... El asunto no tiene que ver mucho conmigo, con el narco y esas cosas…
- Y vienes a verme para que yo te solucione el caso... ¿ No es así ?
- No exactamente, sólo quiero que me des tu opinión, que me digas lo que piensas del tema…
- Mira - me dijo -, para ser sinceros, yo tampoco tengo ni idea de lo que puede estar pasando… Y no es que no quiera ayudarte, de verdad, lo digo en serio, dejando aparte otras historias… He visto las fotos de las dentelladas, de los tíos mutilados… Me las trajo el jefe del departamento el otro día para preguntarme lo que opino, igual que tú, y te juro que no sé de qué pude ir el asunto... El jefe dice que no hay huellas, pistas de ninguna clase, nada... Y que los forenses tampoco se ponen de acuerdo… una navaja, una sierra, un animal…
- Así es, Robe, no sabemos nada. Y nos volvemos locos con los periodistas, los familiares de las víctimas, la asfixiante opinión pública…
- Yo en tu lugar empezaría a preguntarle a todo el mundo - dijo -, a repartir leña a destajo, ya sabes, a quien pueda saber algo, a los que hayan descubierto los coches o a quien sea... La violencia es la mejor baza frente al miedo. Ves cantar a la peña sin tapujos, confesarlo todo, lo que hicieron, lo que pensaron hacer y hasta lo que nunca han hecho... Que alguna vez te equivocas, mala suerte, ya te disculparán en la oficina… caso extremo, fuerza mayor… lo que haga falta. Pero de entre todo ese ganado atrapas al culpable, no lo dudes... Préndeles fuego en el culo y verás cómo se arregla todo…
Conque ya estábamos de nuevo, otra vez la vieja historia de la fuerza, la violencia contra la razón, el resultado frente al método... Me estaban entrando ganas de rematarle ya del todo... No podía con él, no le tragaba. Le hubiera dicho: vale pues, hasta mañana. Y le hubiese descerrajado un tiro a bocajarro en la sien. Hasta luego, baboso, fin de etapa... Aunque luego sólo dije: gracias por todo, Robe, ya nos veremos... Sin hacer para nada realidad mi sueño.
Nueve y diez de la noche. En mi automóvil. Vuelta a casa.
Continuará...
Ilustraciones by Miguel Ángel Martín.
lunes, 28 de mayo de 2012
SABOREANDO A BLANCA LI (1)
Dios bendito… aquello era espantoso… la carne triturada, desgarrada, hecha jirones, cercenada aquí y allá, grumos de sangre en todas partes, en el salpicadero, sobre el volante, en los cristales… Un boquete enorme, como una dentellada, caliente aún, borboteante… Como el resto, los tipos anteriores: todos castrados de igual modo. Que ya iban cuatro, con el del Mercedes, chorreando sangre, mutilados… Y el jefe machacándome todos los días... Es que no había pista alguna, indicios, huellas, nada. Sólo aquellas mordeduras, dentelladas enormes, bestiales, espantosas… Los demás polis me preguntaban: qué hacemos con el cuerpo, las huellas, la ambulancia, el tanatorio… Les dije que le pusieran una manta encima, que no tocaran nada, que llamaran al forense, que acordonaran la zona, que esperaran. Yo tenía que ir a casa a descansar un poco. Lo necesitaba ya, después de varias noches sin dormir, dándole vueltas… aquellas mordeduras, como si les hubiese arrancado el miembro un cocodrilo, de una dentellada, ñam, y se acabó: desencajados, desangrados, muertos de dolor… o de placer... Porque tenían caras de extasiados todos, como de estar gozando lo suyo en el momento clave… su expresión, los ojos entornados, su sonrisa… Los cuatro igual, además, hombres ricos, de mediana edad, calvetes, barrigudos… en sus coches de lujo desangrados con aquel puré de picadillo entre las piernas... Les robaban los anillos, las medallas, la cartera… y les dejaban pudriéndose en la noche, muertos.
Me empaquetaron el caso de rebote, así a lo tonto, por casualidad.... Que la semana anterior habían herido al Robe, el Carnicero, él, que todo lo sabía, que todo lo arreglaba, experto en sangre, amputaciones, torturas y descuartizamientos… En una refriega en un burdel, un buen tajo en el cuello, a dos centímetros escasos de la yugular. Le habían dado para el pelo, al Robe, siempre vociferando, insultando, golpeando… Tal vez reflexionara en el hospital un poco, su filosofía, el creerse dios con la pistola al cinto... Pero entre tanto yo me estaba comiendo aquel marrón, bien distinto a los otros, mi especialidad: narcotráfico, alijos, estupefacientes… Un trabajo fácil, controlar a ciertos tipos, incautar algunas dosis, hacer la vista gorda… Y recibir a cambio favores, paquetes, comisiones… O a lo sumo enchironar a alguno, pobres diablos normalmente… tres, seis, diez meses… para que el mundo se creyera un poco lo de la justicia... Pero jamás como aquel terrible asunto, algo tan siniestro como lo de las mordeduras. Que me estaba trastornando bien, con el jefe encima todo el día, echando pestes, los policías, reporteros, la asfixiante opinión pública… No sabía ya qué hacer, le daba vueltas por la noche con las fotos de los fiambres en las manos, aquellos boquetes, aquellas caras de placer… Porque además eran muy ricos, los castrados, todos hombres importantes: Director X, Señor J, Señor H… Presidentes de tal, Miembros de cual, Honoris Causa… Que de haber sido otra cosa, pobres hombres, vagabundos, emigrantes, todo hubiera sido quizás algo distinto, menos público, el asunto, menos protocolario, qué sé yo... Pero no, nada de eso, con los ricos no hay manera, todo es diferente, todo rápido y observando estrictas reglas…Y yo es que no tenía ni idea de cómo ventilar aquella historia, cómo proceder, por dónde respirar, atar siquiera un cabo... Me inventaba de todo, frente al jefe: que tal vez fuera un psicópata resentido, el autor de las matanzas, o una banda de skinheads o alguna feminista loca... Pero nada, no tragaba, la cosa... Y venga a explotar en gritos… sargento para aquí, sargento para allá… Un marrón curioso, al fin y al cabo
Aquella tarde, la del cuarto hombre asesinado en el Mercedes, tampoco pude conciliar el sueño. Tenía que hacer algo de inmediato, tomar medidas, aunque resultasen incongruentes y absurdas. Le daba vueltas en la cama, fumando como un loco cigarrillos con aquellas fotos esparcidas por el suelo, y es que siempre era lo mismo: coágulos de sangre en todas partes y carne hecha puré. No había más, nada de lo que suele siempre sacar del apuro al poli bueno… huellas dactilares, cabellos, un mechero, colillas, barro en los zapatos... nada. Todo era muy limpio, obra de un profesional, sin duda. Le di vueltas y vueltas. Lo pensé... Hubiera preferido no tener que hacerlo, desde luego, pero no me quedaba otro remedio. Porque llega un punto, cuando ya no hay más salidas, en que todo puede ser razonable. Te ves de pronto con la soga al cuello y tienes que tragar cualquier manduca. Lo que sea. Y para mí había llegado ese momento: la hora de las claudicaciones.
Llamé a la Comisaría para preguntar por el hospital donde habían ingresado al Robe y salí de mi apartamento al caer la noche.
Lo nuestro era un asunto personal. Nada grave, pero desagradable, en cualquier caso. Él hacía esto y yo lo otro, él decía blanco y yo decía negro… Siempre así, disparidad total de caracteres. No nos llevábamos muy bien que digamos, pero nos respetábamos. Que cada uno hiciese su trabajo y punto, nada de comentar lo del otro, sus métodos, sus confidencias… Pero en el fondo, en lo profundo, bien guerreros los dos, prestos a saltarle al otro al cuello... Y hacia allá iba yo en mi coche, dirigiéndome a verle al hospital. Venciendo escrúpulos, por decirlo de algún modo.
Me abrió la puerta una enfermera, una muñeca morena, bien formada, con su bata blanca perfilando aquellas curvas y sus nalgas rebotando al caminar sobre los zuecos… Iba tras ella hacia la habitación del Robe y la veía tan oronda surcando aquel pasillo, con su melena brillante y sus tremendas caderas… Así que no me di cuenta hasta que llegamos. Habitación 312: Roberto Sancristobal.
Continuará...
Vicente Muñoz Álvarez, relato incluido en Black Pulp Box/Aftersun (Aristas Martínez, 2012).
Ilustraciones by Miguel Ángel Martín.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

























