domingo, 16 de marzo de 2014

EL CUERPO Y EL LÁTIGO


Una de mis películas favoritas de Mario Bava (junto a Operazione Paura), El cuerpo y el látigo (La frusta e il corpo, 1963) es una oscurísima y delirante extravagancia gótica, quizás la película gótica por excelencia, que condensa a la perfección el ideario del romanticismo: pasiones desenfrenadas, vicios prohibidos, atracción por el mal, castillos siniestros, puertas chirriantes, pasadizos ocultos, amor más allá de la muerte, venganzas de ultratumba, sadomasoquismo, necrofilia, etc, etc.

Con un joven Christopher Lee y una deslumbrante Daliah Lavi, una atmósfera asfixiante, una banda sonora envolvente y una escenografía e iluminación (especialidad de la casa) para quitarse el sombrero, el maestro Bava construye este impresionante homenaje a la literatura gótica, elegante y expresionista, macabro y atemporal, que para mí figura entre los mejores exponentes del  género.

Si os gustan Charles Maturin, Edgar Allan Poe (y las adaptaciones cinematográficas que Roger Corman hizo de sus relatos), Lautréamont o Emily Brontë y su legado de cumbres borrascosas, esta es, sin duda, vuestra película.

Obra Maestra con mayúsculas.

v

Trailer in You Tube


sábado, 15 de marzo de 2014

ADN


seguir escribiendo
seguir siendo yo
seguir mi camino

por encima
de todas las cosas

(y las hay
o ha habido
muy bellas)

lo único
que me identifica

no puedo ni quiero
cambiar mi destino


Vicente Muñoz Álvarez

SALTO AL VACÍO


darlo todo
y dejarme
en el intento
la piel

para caer
en picado
de cabeza
al vacío

cada vez
más

duelen
los golpes


Vicente Muñoz Álvarez

FRIENDS


con Julia D Velázquez, 
Felipe J Piñeiro, 
Raquel Lanseros 
& Asunción Carracedo

photo by Javier Casares

DÍAS DE RUTA: Ya en las librerías.

jueves, 13 de marzo de 2014

ESPAÑOLES, FRANCO HA MUERTO (Así comenzó la fiesta)


al menos para mí, un chinorri de nueve años por aquel entonces, y para el resto de mis compañeros de clase, que disfrutamos de tres días de luto nacional sin tener que ir al colegio... pero también para otros muchos, la mitad de España al menos, reprimidos y alienados por cuarenta años de dictadura... con esas palabras de Arias Navarro, Franco ha muerto, el 20 de noviembre de 1975, terminaba aquel lapso de infamia en nuestra Historia y arrancaba tímidamente la Transición, la proclamación del Rey ante las Cortes inmediatamente después, la Ley para la Reforma Política y el Gobierno de Adolfo Suárez, las elecciones del 77 y la Constitución del 78, y también, todo (en especial esto) hay que decirlo, al menos para los adolescentes (hijos sietemesinos de la democracia), el desmadre y la fiesta: el punk y el destape y el cine alternativo y los cómics subterráneos y los fanzines incendiarios y los conciertos en directo y el underground y la Pura Vida (llámala si te apetece Movida)... como el fin de una larga maldición, comenzaban a soplar en España aires nuevos, crestas de colores, escritores sin pelos en la lengua, películas delirantes, creadores sin prejuicios, quinquis populares (el Vaquilla y el Torete y el Pirri), bandas de rock sin complejos y todo tipo de asociaciones y minorías (antes clandestinas) celebrando a su manera aquella recién estrenada libertad... como el fin de una pesadilla, quedaban atrás las camisas azules y el caciquismo y la hipocresía y el aislamiento y el cara al sol, y, como en un gigantesco acid test colectivo (a la española), la gente se desmelenaba y quitaba los disfraces y mostraba eufórica su verdadera piel sin preocuparse de lo que hiciera o dijera o pensara el vecino... y en medio de todo aquello, de niño primero y de adolescente poco después, estaba yo, despertando a la vida y al mundo, forjándome a mí mismo entre el colegio y los salones recreativos del barrio, tomando nota de todo lo que veía y escuchando a los Cardiacos y a los Ramones (gabba gabba hey) y a Siniestro Total...

no estuvo mal
la fiesta


Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 12 de marzo de 2014

RELEVO (La vida es silbar)


en el hospital

esta tarde

en la sala
de urgencias

una anciana
agonizando
en una camilla

y el enfermero
que la llevaba
por el pasillo

silbando

silbando


Vicente Muñoz Álvarez

DÍAS DE RUTA: Hipocondría.


cada vez más
hipocondríaco

pensando en todas las enfermedades habidas y por haber, en que casi todas podría tenerlas yo, el hígado tocado algunos días, los riñones otros, los pulmones siempre, la tensión por las nubes, la espalda y el cerebro roto, diabetes, hepatitis, colesterol, ácido úrico, trastorno límite de personalidad, problemas de integración, extrañamiento y deriva, falta de perspectiva, síndrome de inadaptación, colon irritable, reuma, artritis y cefalea... cualquier dolencia que leo o me impresiona se traslada empáticamente a mí, como una esponja absorbo cualquier enfermedad, me abruman todas las noches pesadillas extrañas, pienso en el fin de los días, en que se acaba el tiempo, en la fugacidad de la vida y en la debilidad del cuerpo... esta mañana, en el hospital, al ir a tomarme la tensión y pedir mis pastillas, carteles anunciando todo tipo de males, campañas de vacunación, gente atestando el ascensor y las salas de espera, oliendo a sudor y miedo, buscando cura y consuelo, y yo en medio del caos encarnando subconscientemente todas las penas del mundo hasta que el doctor, tras la medición, me dice que todo va bien, al límite pero bien, relativamente bien... y entonces respiro hondo y bajo corriendo las escaleras y salgo suspirando a la calle y me digo que por hoy ya está bien, basta ya de aprensiones, vale ya de tragedias, la sangre sigue fluyendo, el corazón bombea y es hora de sentarme a escribir para renacer de nuevo de mis propias cenizas...


Vicente Muñoz Álvarez, 
de Días de ruta 
(Ediciones Lupercalia, 2014).


Photo by Julia D Velázquez, 
tuneada por José Manuel Vara
para el proyecto Antipsiquiatría.

martes, 11 de marzo de 2014

TEDIO INFINITO (Una temporada en el infierno)


otro de los recuerdos imborrables de los P.P.Agustinos: la lluvia repiqueteando en las ventanas de las aulas durante aquellas interminables jornadas de clase... horas que se estiraban como chicles, pereza aplastante, rutina insufrible, aburrimiento absoluto... y aquella lluvia racheada y oblicua estrangulándote el corazón... mal ya las mañanas, a las ocho en punto en la parada del autobús (de la Avenida de Roma) muerto de sueño, frío cortante leonés y noche cerrada en la tierra, Guzmán desolado, las calles vacías, los bloques espectrales de hormigón en la niebla, las sirenas de las fábricas (aún las escucho), los obreros con bocadillos envueltos en papel de periódico caminando como autómatas hacia el matadero, las churrerías aceitosas (y su fauna madrugadora de bebedores de orujo y mistela), y al llegar al colegio aquellas alienantes colas en fila india para subir a las aulas y los curas enfundados en sus siniestras sotanas esperándonos... tremendas mañanas lluviosas en los P.P.Agustinos de los años 70, de nueve a once y de once y media a una y media del mediodía, con un intervalo de media hora para el recreo, pero mucho peor aún por las tardes, después de comer apresuradamente y hacer los deberes, de nuevo en autobús de vuelta a clase, otras tres horas de condena, cárcel y tortura, suplicio y martirio, que terminaban lobotomizándote y cortándote la respiración... y la lluvia de aquellos días, metáfora del tedio infinito, repiqueteando en las ventanas de las aulas (y de mi memoria), monótona e hipnótica y persistente, aquellos claustrofóbicos atardeceres, aquella sensación de desidia y deber incumplido y aquel aprendizaje del remordimiento y el miedo...

no muy distinto

me imagino

el infierno


Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 10 de marzo de 2014

DÍAS DE RUTA: Prólogo.



pero, tú, Marat, ¿por qué caminos tan dificultosos recorres la carrera del hombre libre, que de espinas han trabado tu ruta antes de alcanzar el final? Era en medio de los tiranos que tú nos hablabas de libertad

Marqués de Sade: Escritos políticos

1.

Primero como autor, poco después como persona, conozco a Vic desde hace algunos años; tampoco muchos, pero entiendo que son los suficientes como para tenernos el aprecio justo para barajar dentro de las líneas que marcan las confianzas el referenciarnos, cuando proceda, como mi amigo; el término “amigo” no es gratuito, nunca lo es. No para mí. Me consta que también él pone el listón bien alto. 

Soy aficionado al dulce y que un autor de la trayectoria y recorrido de Vicente Muñoz Álvarez siga ofreciendo estos caramelos es para felicitarse, claro; pero que te otorgue el privilegio de presenciar el proceso de su creación, que te invite a participar en él, y encima, te encargue un prólogo para hospedarle en lo que será su último libro es, como poco, para considerarse un suertudo; especialmente cuando, como me pasa a mí, es complejo distanciarse de la admiración que siente por alguien que una vez escribió en un poema que había que hablar claro, gritar fuerte y no ser cómplice; versos que, desde entonces, resuenan muy adentro y que tengo presentes cuando me enfrasco en cualquier intento de poema, para el momento oportuno en el que la idea me ronde por la cabeza. 

Podría decir, sin equívoco, que fue entre estos versos donde empecé a tomar su poesía como unos de los pilares necesarios en mi ideario particular. 

El hecho de tener, o no, apego para con ciertas personas me lleva a veces a vivir emociones que me cuesta horrores gestionar. Confundirlas. ¿Cuándo acaba el autor y empieza la persona, o viceversa?

Qué le vamos a hacer, cada cuál es como es, pero tomar conciencia de que la amistad aporta los instrumentos necesarios para progresar en el hecho de vivir siempre lo consideré otro puntal, también necesario, para formarte como persona o en cualesquiera de los ámbitos, profesionales o no, que atañen a un individuo dentro de una sociedad. Con Vicente Muñoz Álvarez me pasa que descubro fascinado que mucho de parentesco y proximidad hay con él. Esa misma cercanía de nuevo emana en este DÍAS DE RUTA suyo, donde para mí no es un trabajo complejo reconocerse.

2. 

De manera que no me engañaré, ni os engañaré, valga mi prólogo como homenaje a un tío que se está dejando los huevos en la literatura de este país, desde hace casi dos décadas; embebido por los sumideros, reptando bajo cañerías, para desembocar en las depuradoras que nos devuelven las aguas puras de la literatura transparente. Un autor al que le importan un carajo los réditos, los créditos y esas mierdas que tanto gustan a ciertos escribidores de orificios, espumarajos y vaselinas. Alguien a quien respetar.

Habría de decir, antes de todo, o poner sobre aviso, que lo que sucederá en este libro desobediente, de ilímites y frontera, fuera de clasificaciones, es que su lectura podría dar la sensación de que nos va a situar ante un diario de sentimientos encontrados, más o menos organizados de algún modo; pero, como en el sortilegio de las nubes, hay lugar a otra interpretación. Yo digo: que este es un libro que va más allá del vómito.

Su autor, en él, nos revelará la monotonía como existencia; un planeta propio donde todo está previsto y ajustado, y en esa armonía la barbarie de la duda que te turba, el temor ante una situación frente a la cual el individuo se siente en peligro.

Aquí, Vicente, tiene pues, interés por liberarse de esos sentimientos amargos y la necesidad de buscar “nuevas alegrías” que le purifiquen: 

¿Dónde está el camino de baldosas amarillas?

Por tanto, así lo entiendo yo, DÍAS DE RUTA más que un libro convencional, ya sea de poemas, prosa, etcétera, es un tratado para con la vida hoy, cuando el sistema capitalista se descompone como una oveja muerta a la orilla del arroyo, que además, quizá te sirva para aprender a ver el lado positivo de un todo. A mí, por ejemplo, me vale para universalizar el día a día, desde lo pequeño a lo infinito, donde memoria y crítica hacen del amor un ejemplo de fraternidad y compromiso: 

LA POESÍA, o aquello que a unos nos salva, y, supongo que en la misma proporción, destruye a otros tantos.

3.

Es en el verano de 2013 cuando my friend Vic me dio a leer el archivo digital de DÍAS DE RUTA y a medida que iba visualizando los textos y absorbiendo palabras, fui descubriendo a un hombre en continúa contradicción con su interior; a vueltas con esa voz que nos regula los estados de ánimo, la mucha o ninguna gana de vivir. 

Y encontraba a un tipo con la energía en modo off, decepcionado, superado; como en un paisaje de inercia, con un horizonte de zozobra al fondo.

Intuí el vacío. Visualicé el color negro, el humillo que despide el campo de batalla cuando los bandos en guerra son uno propio, de blanco y negro, a la par, en el transcurso de la contienda; el tiempo de la noche y el día enredado en igual trinchera; uno que es, a la vez, los buenos y los malos; en definitiva tú mismo a puñetazos contigo. Interiormente también vivo su incomprensión con relación a lo que le sucede. Percibo los trazos del lápiz cuando se empiezan a crear fantasmas con todo tipo de ideas, cuando se corre el riesgo de estar alejado de sí, descentrado. 

Asimilo su dibujo y sitúo mi atención sobre su ser interno y concluyo que si a partir de ahí, él acepta, al nivel del corazón, las experiencias de la vida -mientras se protege- es que ya es tiempo de que se pase a otra cosa, que se cambie de actitud si es que quiere mejorar la suerte. Con determinación:

Siempre adelante/ me digo/ ya volverá/ la poesía/ ya llegará/ la ensoñación. 

Subrayo, me apropio del oxígeno que aún proyecta.

Tomo apuntes, y escribo al margen como nota imprescindible que, una vez más, tengo la fortuna de toparme con un autor que sigue vinculado a la piel. Un escritor contracorriente y al otro lado del espejo y, para mi deleite, un poeta para tempestades e intemperie.

4.

Me considero un hombre y escritor esponja, fetichista y mitómano hasta la médula..., nos apunta en uno de sus textos y me parece importante, como el "to open-to close" de ojos que lo globaliza todo en este libro; como la puerta abierta, con la que se inicia DÍAS DE RUTA que nos allana el camino hacia la sinceridad; hasta la puerta cerrada, que lo concluye. No hay exhibición, hay exposición: se arriesga. Entretanto se danza en otra melodía, con su propia poesía y música distinta de fondo; caracteres distintivos de autores relegados al país de las amnesias, a la cúspide de la ingratitud y el desprecio, en definitiva, condenados al ostracismo. Es El Canto de la Tripulación:

Olvidados. 

Habilidosos de la literatura, la música, el cine o la pintura.

God save the Trippers

Bien podríamos reunirlos, poco después, en este verso absoluto: mis/ amigos/ perros/ de la lluvia, del poema "Poetas", y que vosotros mismos iréis descubriendo texto a texto, página a página, en el transcurso de DÍAS DE RUTA. Todos ellos referentes y precisos compañeros en este viaje, de igual manera que lo han sido a largo y ancho de toda su trayectoria como autor disidente de la literatura oficial de este país; no en vano Vicente Muñoz Álvarez es un autor con más de una veintena de libros publicados, donde se puede constatar quiénes iluminan su obra; nutrida, y que abarca desde los años 90 hasta hoy; donde narrativa, ensayo, poesía, reseñas, fanzines y libros colectivos, apuntalan su figura; la cual, no me cansa decir, admiro profundamente. 

5.

Fascinación entonces por esta bitácora personal, que no es tal, donde queda registrado el dato de lo acontecido, la perspectiva y la ilusión; pero también la ira, el desastre y la desesperanza.

Son cuatro los apeaderos: “CAMPAÑA DE OTOÑO: Días de ruta”, “CUADERNO DE INVIERNO: Una realidad aparte”, “CAMPAÑA DE PRIMAVERA: Babilonia en ruinas”, “CUADERNO DE VERANO: Arte de la Ensoñación”, como dársenas en las que se sube o baja, y es el clima y su conjunto quien condiciona el trayecto hasta el principio de ese otro final, el ensoñado; ese fin en el cual arribar puro y cristalino y originarse de nuevo.

He aquí el arte de la ensoñación: DÍAS DE RUTA. Ni menos, ni más, que apostar por las tres o cuatro cosas sencillas que verdaderamente nos hacen feliz, frente a las siete u ocho que nos van jodiendo en nuestra cotidianidad... eso sí, dejarse la vida necesariamente en el envite. 

La ruta y derrotero como el día a día en la vida de un representante de calzado, para los que no lo sepáis, además de escribir vendo zapatos, soy representante de calzado, que se prenda de la literatura con todo su corolario; que ama a sus amigos, a quienes le rodean, con la correspondencia lógica del sentido común; que venera a la vida como si fuese un Dios aparte, inequívocamente de este mundo.

Era Kerouac, Santo y devoción para Vicente Muñoz Álvarez, quien decía que la vida es un país extranjero; yo hoy atiendo a un inmigrante, a un hombre al aire libre; con su desnivel en la trocha, como senda abierta en la maleza.

Contemplo ese horizonte al fin, más turbio que los orines de las escupideras del palacio, cómo clarea. 


Gsús Bonilla; Diciembre de 2013, Pozos de Cabrera (León).

Prólogo a Días de Ruta (Ediciones Lupercalia, 2014).


DANIEL CALPARSORO

domingo, 9 de marzo de 2014

PRODUCCIONES VINALIA TRIPPERS


y sobre todo
ese proyecto
(o acid test)
colectivo

cientos
de tripulantes
remando
en el mismo barco

tantos años

Vinalia Trippers
y los buenos latidos

cambian
los tiempos

el gesto
permanece


Vicente Muñoz Álvarez

REPORTAJE en DIARIO DE LEÓN


VINALIA TRIPPERS: Entrevista en Diario de León.


Literatura de las cuatro ‘pes’: 
porno, punk, pulp y pop. 

Vinalia Trippers cumple 15 años fiel a su espíritu. 

Hace quince años nació un experimento literario que surgió para reivindicar a todos aquellos que se salían de los márgenes. Tres lustros después y frente a todo tipo de pronóstico, Vinalia Trippers es un referente en las letras españolas.

*

En el siglo pasado, H. G. Wells escribió un folleto titulado ‘La miseria de los zapatos’, un alegato político acerca de la diferenciación social a partir del calzado. Aunque cogido de puntillas, hay relación entre el británico y Vicente Muñoz. El escritor y editor leonés es zapatero y escritor o escritor y zapatero y, como Wells, ha sido capaz de idear una nave cuyo billete da derecho a viajar a mundos ocultos para la mayoría. 

Esta es la historia de los tripulantes de Vinalia.


Cristina Fanjul. Diario de León, 09/03/2014


Hay ocasiones en las que la realidad hace que te detengas... y hay personas que se la juegan con la realidad para reinventarse. Eso es lo que Vicente Muñoz y Alfonso Xen Rabanal decidieron hacer en 1996 cuando pusieron en marcha una revista que desarrollara los mundos literarios que les nacían y para los que, por entonces, no encontraban plataforma. Aquel fue el comienzo de Vinalia, un fanzine «de corte subterráneo, literatura ilustrada de difícil salida, políticamente incorrecta por temática, estética e ideología».

Un pequeño equipo integrado por ellos dos, Silvia Díaz Chica, Cusco y, poco después, Rodrigo Córdoba demostró que el mundo es más ancho del que se mueve entre los cauces de la convencionalidad. Llevan ya casi quince años y van para muchos más. Su éxito ha sido de tal calibre que su último número: Spanish quinqui se ha agotado en sus puntos de venta de Madrid y Barcelona. «La acogida ha sido asombrosa», destaca Vicente Muñoz, que sostiene que la nostalgia entre los cuarentones ha hecho que este especial dedicado a la España Cañí de los 70, al lumpen, de la delincuencia y la marginalidad haya causado sensación. Y es que en la retina permanecen las historias de personajes como el Pirri, las películas de Eloy de la Iglesia, las siembras de la heroína y los supermercados de la droga.

Pero, desandemos el camino. La primera fase del Vinalia se prolongó hasta el 2005. Fueron diez números que marcaron época. En sus páginas crecieron escritores que luego se convertirían en estrellas, como Hernán Migoya, e ilustradores como Miguel Ángel Martín y Toño Benavides. Fueron capaces de crecer porque fabularon con todo lo que quisieron, sin censura ni cortapisas de ningún tipo. Para todos ellos, Vinalia fue una nave hacia lo desconocido. Eran tripulantes de algo cuyo alcance no eran capaces de intuir. Fue su campo de pruebas, su laboratorio creativo. «Realizamos mucho más. Durante aquellos años incluso fuimos capaces de poner en marcha encuentros de editores independientes y de todo ello surgieron inmensas posibilidades de colaboración», recuerda Vicente Muñoz. Y es que los fanzines nacieron empapados de la tradición pulp norteamericana, del realismo sucio, del porno y la ‘literatura de la noche’. Pocos eran los que por aquel entonces se atrevían a arriesgar tanto. Sin embargo, ellos lo hicieron, y lo hicieron sin red. «No quisimos recibir subvenciones ni patrocinios; no queríamos atarnos a ninguna editorial que pudiera marcarnos el paso», recuerda.

Con el tiempo, se subieron a la nave creadores como Nacho Abad, Manuel Moya, Antonio Redondo Andújar, Inés Toledo, Norberto Luis Romero, Eladio Orta, Patxi Irurzun, Jorge Barco, Joaquín Piqueras, Mik Baro, Juanjo Ramírez o Adriana Bañares.

Sin embargo, en esto llegó el huracán internet, que barrió a las revistas independientes. «De 300 ejemplares pasamos a vender tan sólo 80. Nos quedamos profundamente decepcionados y decidimos parar. Mantuvimos, eso sí, el sello Vinalia Trippers», recuerda Muñoz Álvarez, que añade que la revista Tripulantes aparecida en el 2007 nació como despedida. «Fue una antología de relatos», precisa el escritor. Sin embargo, las ganas pudieron con la incertidumbre y decidieron seguir adelante con la experiencia. Desde entonces, han lanzado a las librerías tres números más: Trippers from the Crypt, Plan 9 del Espacio Exterior y Spanish Quinqui.

«Vinalia Trippers sigue siendo lo que se concibió al principio: un circuito de artistas basado en la amistad. No hay estrellas ni divos. Hay muy buenos latidos y nos ha hecho encontrar nuestro propio estilo», asegura mientras prepara ya el próximo número del fanzine. Sostiene Vicente Muñoz que todos ellos han evolucionado. En su caso, y aparte de su faceta como escritor —tiene ya 20 libros a sus espaldas—, la experiencia le ha servido para poner en marcha antologías como Hank Over, por ejemplo, una edición homenaje a Bukowski que publicó Mondadori. Además, en los blogs de Vinalia siguen surgiendo nuevas voces literarias, voces jóvenes y alternativas que descubren caminos inéditos en la literatura. «Me interesa más la literatura que está por llegar».



sábado, 8 de marzo de 2014

ANDRÉS (Y las cumbres nevadas)


una vez más, como una iluminación, el monte con Andrés, el Fontañán esta vez, un día perfecto de sol de invierno y la serenidad del ascenso, las encinas perennes, el serbal de los cazadores, la montaña en su plenitud, las aves rapaces, la roca afilada, los riachuelos desbordándolo todo y la Wendy detrás y nosotros patea que te patea montaña arriba, sintiendo el momento, disfrutando el instante, nadie como mi hermano Andrés para irse de ruta, cuántos años ya haciéndolo, cientos de caminatas para limpiarnos por dentro, esa realidad aparte que es el monte leonés, tantos sitios de poder, ese gozo y ese placer de adentrarnos en nuestros laberintos secretos, cómo cambia el mundo, los buitres y los zorros y corzos y quebrantahuesos, la tila y la bota de vino, regresión tras regresión (cómo la mangamos en su día y qué relajados estamos, de la que nos libramos) subiendo y ascendiendo hasta las trincheras de los maquis (qué putas las tuvieron que pasar allí), La Robla a nuestros pies y todo el circo de cumbres nevadas, Peña Ubiña, Peña Valdorria, el Correcillas y el Espigüete y los Picos de Europa y el Curavacas y al otro lado el Nevadín y el Teleno y la inmensa llanura de fondo, el secarral, como una frontera de caracteres y ensueños, León y la Meseta divididos por las montañas y nosotros allí, contemplando hipnotizados el horizonte, la civilización a lo lejos, qué pequeño todo desde las alturas, qué intenso y puro el sol en lo alto, Andrés, mi hermanito Andrés, cuántas rutas y aventuras desde hace tantísimos años, qué placer dejar a un lado babilonia para perderse en el bosque, un lugar fuera del mundo, su mística y sus silencios, los fósiles y los minerales, da igual el tiempo que  pase o haya pasado, todo sigue igual, extraño proceso y una incuestionable (y budista) verdad...

cuando llegues 

a la cima de la montaña

sigue subiendo


Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 7 de marzo de 2014

GRAVEDAD (El mundo a mis pies)


aquí crecí
y me crié

León
Botines
Plaza de
San Marcelo

y esa Torre de Plata
en la parte superior
derecha de la foto

era la casa
de mis abuelos

donde nació
mi padre
y mi atalaya mágica
de ensoñación

desde la que
de niño
contemplaba
el mundo
a mis pies

pese
a la gravedad

buenos
recuerdos


Vicente Muñoz Álvarez

CANGREJOS DE RÍO (Embeleso)


fascinación, desde niño, por la flora y la fauna del río: las esponjas y medusas de agua dulce, la hidra verde, los nerítidos y los ditiscos, los ancílidos y los esféridos, los girínidos y los bétidos, el tubifex y los pirálidos, el esparto y el acónito y la digitalis, las truchas y barbos y bogas y culebras y tortugas y ranas y renacuajos y sapos y tritones y salamandras y algas y nenúfares... y sobre todo los cangrejos... mi padre despertándome de madrugada para ir pescarlos, la cesta de mimbre (su olor intenso a humedad) y el cebo podrido (cuanto más apestoso mejor), el trayecto en coche dormido (o ensoñando: jugando, por ejemplo, a talar árboles y montañas con un enorme cuchillo imaginario, apéndice cronenbergiano de mi propio brazo), el rocío y el frescor de la orilla del río, el termo con café caliente y la fogata crepitante y la colocación estratégica de los reteles en las pozas, para luego, a los pocos minutos, como por arte magia, sacarlos cuidadosamente del agua con un palo en forma de horqueta llenos de cangrejos... cómo me embelesaba entonces aquello, sus antenas y ojos fieros, sus impresionantes corazas y pinzas (cuidado con los dedos), ver cómo, poco a poco, batida a batida, se iba llenando la cesta, cómo se revolvían y coleteaban, y cómo amanecía y se disipaba lentamente la bruma sobre el agua y asomaba el sol tras las choperas... y luego, al llegar a casa a mediodía, mi madre limpiándolos y cocinándolos, guisados o con arroz (cangrejo autóctono leonés, hoy prácticamente desaparecido, de color chocolate y sabor intenso, nada que ver con el señal que llegó luego, rojizo e insípido), cuántas madrugadas memorables con mi padre, a los seis o siete años, al calor de aquellas improvisadas hogueras, pescándolos y observándolos y jugando atemorizado con sus pinzas... tiempos maravillosos y lejanos que (salvo en mis regresiones) no volverán...


Vicente Muñoz Álvarez

MANTRA



sol de invierno

en nuestros corazones

paz en la tierra


Vicente Muñoz Álvarez

jueves, 6 de marzo de 2014

23 F (Y la noche de los transistores)


y entre tantos y tantos recuerdos, imágenes y sensaciones, uno en concreto que aún me hace temblar: el teniente coronel Tejero, tricornio calado y pistola en mano, asaltando el Congreso de los Diputados aquel fatídico 23 F de 1981... quince años tenía yo aquel día, y me encontré el recado al llegar a casa al anochecer, después de salir de clase, mis padres angustiados frente al televisor explicándome como había y estaba siendo la cosa, en plena investidura de Calvo Sotelo, la toma del Congreso por los guardias civiles, con Tejero al frente lanzando la siniestra proclama de Quieto todo el mundo, los diputados parapetados tras los asientos, el forcejeo con Gutiérrez Mellado y el disparo al aire que congeló el corazón de España, seguido de otras ráfagas de ametralladora... la noche de los transistores, la llamaron, porque casi todo el país la pasó pegado a la radio, Cadena Ser, que siguió emitiendo sin interrupción, dando parte de la evolución de los hechos... y luego la intervención en la televisión del Rey, adusto y uniformado, poniendo fin al conflicto... y la liberación de los diputados y rendición de Milans del Bosch y Tejero al día siguiente, y el corazón de España, tímida y cautelosamente, volviendo a latir de nuevo... uno de los acontecimientos, sin duda, traumáticos de la Transición, un jarro de agua fría a la celebración del final del Régimen que hasta entonces vivíamos, que a todos hizo reflexionar y volver a tener pesadillas con yugos y verdugos... quince años, tenía yo ese día, calle del Carmen 12, y no olvido aquel ominoso disparo al aire en el Congreso, los que dieron la cara y los que se escondieron, y sobre todo el rostro congestionado de mis padres frente al televisor siguiendo los hechos... 

Vade Retro

Satanás

de la que nos libramos


Vicente Muñoz Álvarez



DESPUÉS DE TANTOS AÑOS



Les vi después de tantos años
hablando de incesto y fin de raza
con ojos cansados de niños
que no quieren dormir

Leopoldo Michi y Juan Luis
Castrillo de las Piedras
y el presentimiento ya inequívoco
de la locura

que había en aquella casa
como un aura de ensueño
mientras ellos fumaban y bebían
conjurando a sus fantasmas
y entonando obscenos
mantras de inquietud

y allí estaban los tres
que presagiaban la demencia
de un futuro que al llegar aún fue peor

y yo les miraba o admiraba
y comprendía de sus lágrimas
que jugar a ser maldito
es tan hermoso y arriesgado
porque nadie hay capaz
de confundir al tiempo
sin curtirse luego en el olvido

y réquiem por los santos.


Vicente Muñoz Álvarez, de Parnaso en llamas (Baile del Sol, 2006).


LEOPOLDO MARÍA PANERO

martes, 4 de marzo de 2014

CUENTA LAS HORAS

y sobre todo
la precariedad
de los días

cómo pasan sin que te des cuenta
cómo vuelan desgastan se esfuman
frente a la fugacidad de los gestos
lo efímero de las palabras

cuenta
las horas

la muerte espera
en la siguiente
estación


Vicente Muñoz Álvarez

SANGRE PARA DRÁCULA (The Addiction)



pero todo
al fin
y al cabo

en este oficio
(cada vez más de moda)
de la poesía

qué es

quién más pilla
brilla destaca
quién es más
auténtico o duro
qué cuellos morder
o qué pasillos
e infiernos recorrer

la historia
se repite

el corazón
y la sangre

no


Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 3 de marzo de 2014

GABI OCA FIDALGO (Hijo de Satanás)


el objetivo y el fin de todas estas regresiones, como iréis comprobando o comprobaréis, es recuperar mi y vuestro pasado, porque es parecido, exorcizar mis fantasmas, descerrajar con ganzúa de plata las puertas blindadas de mi corazón (también el vuestro, si no lleváis banderitas rojas y amarillas en la hebilla del reloj), analizar y psicoanalizar lo que ha sido para mí León (sin leonesismos) en las últimas décadas, y ahora y hoy me toca rendirle homenaje a un tipo que se ha dejado en sus tigres y calles y esquinas los huevos y la piel por la mala vida y la literatura, y por qué no decirlo, uno de los escritores secretos e imprescindibles de esta ciudad... que los demás le chupen la polla a cualquiera (todos sabemos sus nombres), pero yo hoy, con mis mejores latidos, le canto a mi tron, porque sí, porque es auténtico y porque así me lo pide mi ética y estética: Gabriel Oca Fidalgo, Gabino o Gabi para los amigos... os llevo de la mano, regresión tras regresión, a una fiesta de Vinalia del otro milenio en la que apareció: en el CCAN, petado el Club de peña (no recuerdo qué grupo sonando, pero siempre sonando), y el Gabi que se nos presenta sudoroso y tembloroso y espídico con un novelón fotocopiado en las manos (al Bufa y a Silvia y mí) pidiéndonos que lo leamos... y luego, al entrarle, su tremenda maña y maestría... mezcla asombrosa de Céline (siempre presente) y Bukowski y Burroughs y El Ángel, híbrido e hijo de Satanás, el Gabi, sorprendiéndonos con su prosa (y poesía, aunque él no lo admita) de no ficción... pasan los años, nos seguimos viendo, yonquis he conocido a muchos, pero que escriban y hayan asimilado así a los maestros a pocos, así lo he de decir, Gabino, con dos cojones que te he visto siempre ahí, por eso, puros principios, tu primer (pedazo de) libro, La carretera muerta, y por eso también, porque te lo has ganado pulso, a punto de salir tu nueva novela, Ansiedad, no diré aún quién la va editar (ya lo dirás tú), y la misma sensación de siempre: con dos cojones Gabino, gran libro, orgulloso de él que estoy, esto sí que es el León antiguo, sin más pleitesías, pronto una bomba de relojería, va por ti esta vez, hermanito, el ritmo continúa...


Vicente Muñoz Álvarez

COSAS QUE (TODAVÍA) ME HACEN SONREÍR (y disminuyen la resaca)


mi chica, su piel suave y los dedos de sus pies buscando los míos al anochecer, algunos amigos, los días congelados de sol de invierno, escribir frenéticamente, leer a mis colegas del gremio, el pimentón y la tila y el vino, mi perra Wendy, los paseos kilométricos con ella por el bosque al amanecer, las escapadas al monte, los minerales (sobre todo el oropimente y el rejalgar y la pirita limonitizada y la blenda acaramelada), los buenos editores, las regresiones, mi colección de libros dedicados, pensar en cuando me arrebataba la novela gótica, las buenas lecturas, las parejas que perduran, la magia de los símbolos y del azar, los ocasos y los crepúsculos, Kerouac y los beats, Cesaria Evora, las películas de la Hammer, los spaghetti western y los giallos, los maniquíes de los años 70, las rocas con forma de cara, la playa y las dunas y las olas encrespadas, la furgoneta en verano, mi compay Andrés, los salones recreativos donde me crié, la gente que cumple, los escritores (buenos o malos) que se dejan las vísceras sobre el papel, los que no fingen, los outsiders, los nihilistas, los marginales, los anarquistas, los desafíos y viajes de mi hermano Carlos (para mí Castaneda), los Cardíacos, el pantano de Luna, el cementerio y el fortín (de los maquis) del pantano de Luna, mi hermana y mis padres (siempre presentes), las paradas de los monstruos y las ferias de freaks, la Isla de los Conejos (no va de coña), Richard Corben y Berni Wrightson, los recuerdos de mi infancia y adolescencia (algo, está claro, me dejé perdido allí), la lisergia de mi juventud (otro tanto de lo mismo), Veredicto Final (& las Specíficas), pasear en bicicleta, las huellas de animales sobre el barro, salir a buscar setas, el serbal de los cazadores, el olor de las cuevas, las Historias de la cripta, los cernícalos y los milanos, los acuarios y los terrarios, los oricios y los pulpos y las medusas, bucear, las noches del Toisón y del Ccan, las lambrettas y vespas de mi juventud, los microscospios (y sus realidades aparte), el musgo y el liquen, el rock progresivo, la psicodelia y las luces estroboscópicas y los acid test y los alegres bromistas, la Casa Botines (y la Torre de Plata), los Mitos de Cthulhu, viajar, volar, sentir, descubrir, ensoñar, amar, Thomas Bernhard (y su ferocidad), Céline y Huysmans y Bukowski (y sus benditos huevos), Walden y Sangri-La, la playa nudista de Vega, el camino de baldosas amarillas, los fetiches y las perlas, los universos paralelos, Portugal en otoño e invierno, trabajar la tierra, tocarla y removerla y plantar en ella esquejes y regarlos y podarlos y aporcarlos y verlos pacientemente crecer y cosecharlos y cocinarlos y comerlos y si sobran envasarlos, las cumbres nevadas, Vinalia Trippers, el cine de culto, las salamandras y los tritones y cangrejos y tortugas y renacuajos, seguir vivo y encanecer y tener fuerza (aún) para contároslo... 

a pesar 

de la avidez 

de la erosión


Vicente Muñoz Álvarez


domingo, 2 de marzo de 2014

DÍAS DE RUTA: We're on the Road together.



bueno, ahora sí que sí: mañana entra en imprenta Días de ruta, otro libro (más) en el que me he dejado las vísceras & la piel... y al hilo de la cuestión, pienso, qué importantes son, una vez más, los amigos, hasta en un oficio introspectivo y solitario a muerte como es la escritura: sin Gsús Bonilla, que lleva meses dándole vueltas y revueltas conmigo, David González y su exterminación de erratas, Julia D Velazquez, siempre inspirándome y poniendo imagen a mis textos y libros, Vepister y su piano, Ricardo Moreno Mira, el editor que cualquier escritor desearía encontrar, y, por supuesto, todos vosotros, tripulación de confidentes, las cosas no serían como son... 

gracias a todos por ser 
& estar

pronto
en las librerías

v

DÍAS DE RUTA: Poética (Velpister + Julia D Velázquez + Vicente Muñoz Álvarez)

SOY UN CYBORG



sábado, 1 de marzo de 2014

REGRESIONES (Versus literartura)



contar todo
lo que he visto
y vivido
buceando
hasta el fondo
de mi cabeza
y mi piel

no seré
el primero
ni el último

pero 
lo intento

con nostalgia
y a mi manera

lo más
importante

mientras
babilonia
naufraga

estoy
saldando
cuentas

sin ira

y lo estoy
pasando bien

nada más
puedo pedirle
a la literartura


Vicente Muñoz Álvarez

SALONES RECREATIVOS (Rituales de iniciación)


salones recreativos en el León de finales de los 70 y principios de los 80, con sus mesas ajadas de billar y de ping pong y sus futbolines y máquinas primitivas de pinball, salones recreativos en los que me crié, con sus jefes (siempre de mala hostia y una riñonera de cuero llena de monedas en la cintura), sus matones y gorrones y frikis y pardillos y buscavidas, sus pequeños ambigús y lolitas fatales y tribus y pandillas... el México (el único que aún sigue abierto) en una bocacalle de Ordoño II (Territorio Visón), el Parque en Bernardo del Carpio, el Charly en Julio del Campo, el Picos (luego Tijuana) en Villa Benavente, y otros muchos cuyo nombre ya no recuerdo en cada barrio, en Pinilla, en el Crucero, en Las Ventas (Territorio Comanche), en San Claudio y etc... salones recreativos de la era predigital, adictivos y peligrosos, aquellas interminables partidas de billar (con Justo, Roberto, Luis, César, Dani, Jose, Ramón, Yuyo, Jandri, Vito o Carlos: por vosotros brindo) en viejas mesas con los tapetes zurcidos y descoloridos y los palos astillados, los tigres apestosos, las luces macilentas, las máquinas de una y cinco y finalmente (ya en los 80) de veinticinco pesetas (las de comecocos y matamarcianos), las veces que te tragaban la moneda, el jefe renegando abriéndolas y arreglándolas y dándote cambio, los mirones apostados a los lados comentando las jugadas, los manguis tramando siempre algún palo, las jukebox con los éxitos de la temporada (Los Chunguitos, Las Grecas, Umberto Tozzi, Georgie Dann, Los Brincos, Los Bravos, el omnipresente Muro de Pink Floid, Daniel Magaz, Tequila, los Purple, Status Quo, Police, Fórmula Quinta o Miguel Ríos: vaya refrito), el olor a ambientador barato, los perritos acartonados y las hamburguesas y el ketchup y la mostaza, las hostias (como panes) entre pandillas, las carteras y carpetas con los ídolos de turno (dependiendo de si eras chico o chica) y las mochilas y chupas amontonadas, las colillas y gargajos y cáscaras de pipas tapizando el suelo, los cigarrillos sueltos, el humo asfixiante, las cervezas y mirindas y cocacolas, los camellos y yonkis y trapicheros... salones recreativos de mi adolescencia, realidades a parte, mundos paralelos con leyes propias, cuántas horas en sus máquinas intentado dominar sus técnicas, luchando por conseguir una partida gratis o una bola extra, cuántas monedas e ilusiones perdidas, atardeceres opresivos de la dictadura y festivos de la transición, besos robados, cigarros compartidos, conjuras y venganzas y flirteos y confidencias y luchas de clases y castas... 

extraño aprendizaje

rituales de iniciación


Vicente Muñoz Álvarez