domingo, 1 de mayo de 2016

EL BOSQUE DEL LOBO



De todos licántropos que ha habido en la historia del cine, Benito Freire en El bosque del lobo (1970), de Pedro Olea, posiblemente sea uno de los más atípicos y a la vez, por su credibilidad y cercanía, inquietantes.

La película está inspirada en un personaje real, Manuel Blanco Romasanta, el llamado lobishome de Allariz, un psicópata gallego que, creyéndose víctima de un aojamiento que lo convertía en licántropo las noches de luna llena, asesinó a mediados del siglo XIX a varias mujeres y niños.

José Luis López Váquez, inmenso y en las antípodas de sus habituales roles cómicos y humorísticos de la época, da vida en El bosque del lobo al buhonero Benito Freire (Romasanta en la vida real), y nos regala una de las interpretaciones más estremecedoras del cine español de aquel tiempo.

Si por algo destaca esta película, además de por el papelón memorable de José Luis López Vázquez (que ya de por sí la justifica), es por la magnífica recreación de la Galicia profunda del siglo XIX, caciquil y supersticiosa, sórdida y mágica, húmeda y sangrienta a la vez, y por el tono sobrio y contenido, casi documental, con que aborda los hechos, que confiere al film un aura de crónica negra muy sugerente y realista.

Una rara avis del cine de hombres lobo, sin duda, que por nada del mundo deberíais perderos.

Vicente Muñoz Álvarez

Trailer en You Tube:


sábado, 30 de abril de 2016

viernes, 29 de abril de 2016

EL MERODEADOR según JULIO CÉSAR ÁLVAREZ



El Merodeadorun clásico underground

Regresa El Merodeador a por lo que le pertenece. Este pequeño librito re-editado por la editorial ACVF (la edición original de Baile del Sol es prácticamente inencontrable) encierra algunos de los relatos más inteligentes, sensitivos y maduros que ha dado la literatura independiente nacional de la mano de Vicente Muñoz. Acercarse a El Merodeador es hacerlo a toda una tradición de la literatura que él conoce tan bien, la de la angustia, el miedo atávico y el dolor de existir. Así su desnudo parece el de todos, sus heridas abiertas parecen las nuestras y la cosa acaba por ser una comunión profunda entre los hombres que, en el fondo, es para lo que sirve la literatura (si es que sirve para algo, que no importa).

Reivindico como receptor y apasionado lector esta colección introspectiva de relatos fantasmales que es El Merodeador. Aquí aparecen fragmentos de Pavese, de su adorado Bernhard, Pessoa o el mismísimo Cervantes, confirmando esa impresión que tuve de adolescente de que la verdadera literatura se parece mucho a la vida, por no decir que es la propia vida. Eso lo sabe a la perfección el bueno de Vicente Muñoz, que ha hecho de la literatura su residencia habitual, su lugar de esparcimiento y sufrimiento (siempre dice que esto de escribir es una carrera de fondo que desgasta mucho las zapatillas), ese espacio extraño donde ver reflejados nuestros propios espectros y la mejor/peor cara de nosotros mismos (que es la que interesa de verdad a las palabras, pues ya se sabe que son ellas las que nos utilizan a nosotros y no al contrario).

El padre del underground leonés se convierte aquí en un autor centroeuropeo que crea un sustrato divergente, una educación sentimental con el futuro y lo eternamente joven y arriesgado, un diálogo igualitario con nuestros temores más escondidos y que solemos esconder bajo capas de autoengaño. Evidenciando (una vez más) que la literatura es un eterno contrato de sangre con el diablo, una enfermedad de difícil cura. Aunque ya se sabe, la eternidad sólo sonríe cómoda ante los valientes. Normal pues que siempre firme con V, V de victoria, claro está.


Julio César Álvarez,
del blog Respirar descontento.




jueves, 28 de abril de 2016

BÓVEDA



el cielo
como pantalla

y todo lo que
pasa por él

nubes sol
viento granizo
rayos estrellas lluvia

los pensamientos

no somos actores
somos pantalla

el drama
sino la trama

trampas
del ego


Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 27 de abril de 2016

VINALIA TRIPPERS 14: HELTER SKELTER



hijos de carne y hueso no tengo (y visto lo visto, mucho mejor así), pero de letra y papel, ya, docenas... aunque ninguno, desde luego, como Vinalia Trippers, el primogénito, del que me siento especialmente orgulloso... cumple ahora 20 años y lo celebramos con este Especial Psichokillers, Helter Skelter, 150 páginas de ilustraciones y relatos subterráneos, y un escalofriante Poemash, Santa Sangre, en los que hemos reunido a los mejores cerebros de nuestra generación y con los que cerramos una segunda época que, si nada nos lo impide, dará paso a otra nueva...

podéis ir reservando ya vuestro ejemplar (vinaliatrippers@yahoo.es), porque será, como la ocasión lo requiere, una edición limitada...

Silvia Vinalia, Rodrigo Zoográfico & myself a los mandos, y la mejor tripulación del mundo mundial en la nave, porque 20 años no es nada...

a vuestra salud
hermanitos

Narrativa

Pepe Pereza, Joaquín Piqueras, Carlos Salcedo Odklas, Julio César Álvarez, Mario Crespo, Juanjo Ramírez Mascaró, José Ángel Barrueco, Iván Rojo, Miguel Baquero, Alexander Drake, Patxi Irurzun, Rubén Darío Fernández, Maica Bermejo Miranda, Gabriel Oca Fidalgo, Esteban Gutiérrez Gómez, José G.Cordonié, Octavio Gómez Milián, José Manuel Vara, Javier Esteban, Josu Arteaga, Felipe Zapico Alonso, José Naveiras, Cisco Bellabestia, Choche, David Vázquez, Déborah Vukusic, Pablo Cerezal, Xen Rabanal, Vicente Muñoz Álvarez, Diego López, Jesús Palacios, Javier Castellanos

Poesía

David Benedicte, Silvia D Chica, Marcos Matacana Martín, Ballerina Vargas Tinajero, Ricardo Moreno Mira, Gsús Bonilla, Julia Roig, Georgie García, José Malvís, Eva García Fornet, Iñaki Estévez Muñiz, Jorge M Molinero, Javier Vayá Albert, Felipe J. Piñeiro, Chapu Valdegrama, Roxana Popelka, Carlos de la Cruz, Vicente Muñoz Álvarez, Ana Curra

Ilustración

Toño Benavides (portada Vinalia), Miguel Ángel Martín, Salva Rubio, Nuria Palencia, Gonzalo Guitérrez (ARG), Cisco Bellabestia, Pablo Gallo, Andrés Casciani, Diego Blanco, J.Kalvellido, Luis F.Sanz, Mik Baro, Pablo Jeje, Riot Uber Alles, Pedro Espinosa, Kike Morten, Fernando Centrángolo, Santos Perandones, Rodrigo Córdoba, Silvia D Chica (portada Poemash)

Diseño

Rodrigo Zoográfico


Próximamente en la Tierra


lunes, 25 de abril de 2016

ENTREVISTA en ACVF EDITORIAL



Entrevista con Vicente Muñoz Álvarez,
autor de El merodeador

Por Inma de Arcos

Acaba de cumplir cincuenta años y más de una decena de libros, y sigue escribiendo la literatura fresca y personal de sus veinte y pocos años, quizá incluso más fresca y personal que la de sus inicios. Vicente Muñoz Álvarez es editor alternativo y poeta, y a su manera un crítico de música y de cine. Pero es sobre todo el autor de El merodeador, libro del que ACVF Editorial acaba de publicar la segunda edición, revisada por él mismo y ampliada. Es quizá su obra con más capas, la que más nos permite proyectarnos como lectores, apoyándonos en el nervio de sus páginas para construir nuestro propio nervio. Entre la autobiografía y la ficción, los relatos de El merodeador son la descripción de la quiebra mental de un escritor, un recorrido peligroso por ese filo de lo imposible que los creadores solitarios deben atravesar para alcanzar la autonomía creativa. Le quería preguntar por ese delfín que aparece varado en una playa y he conseguido que me responda. 

Éste es el resultado de ésta y otras preguntas. 

¿Cuándo y cómo surgió la idea de escribir El merodeador?

Calculo que hacia el año 2003 o 2004, poco después de que terminara mi anterior libro de relatos, Los que vienen detrás (DVD Ediciones, 2002). Comencé a escribir algunos fragmentos sueltos, primero, que poco a poco y con el paso del tiempo fueron cobrando sentido y unidad global, conformando esta especie de híbrido entre novela y libro de relatos que es El merodeador. Por aquel entonces vivía en una vieja casa de pueblo restaurada, y allí, en ese entorno solitario y a veces inquietante, salió este libro, que describe fielmente mi estado anímico y sentimental de aquellos días.

Han pasado casi diez años desde la primera vez que se publicó El merodeador. ¿Qué diferencias hay entre aquella primera edición en Baile del Sol y esta nueva edición en ACVF Editorial?

Esta versión incluye dos relatos inéditos que escribí justo después de la publicación del libro y que vienen a ser una especie de colofón o conclusión final al mismo. Además de haber revisado y pulido en profundidad la versión original. Eso sí, a diferencia de aquélla, por razones editoriales, esta versión no incluye las fantasmagóricas ilustraciones de Toño Benavides que acompañaban a la primera, salvo la de la portada.

¿Los libros que leemos y que escribimos nos pueden cambiar la vida, nuestra manera de entender la vida?

Estoy convencido de que para ciertas personas, lectores y escritores, es así. Al menos en mi caso es así. Este libro, El merodeador, está dedicado a Thomas Bernhard, uno de mis escritores fetiche, que por aquel entonces leía obsesivamente, y eso, sin duda, se refleja en él. A la vez, la escritura es para mí una especie de catarsis y exorcismo que me ayuda a expulsar fantasmas y miedos y refleja mis experiencias, con lo cual todo se retroalimenta de todo, lo que leemos y escribimos, conformando lentamente y a la larga nuestro destino.

El relato del delfín, «La playa», es uno de los que más me ha sorprendido. Me ha parecido que puede tener, además, una base autobiográfica.

Sí, totalmente autobiográfica, como la mayoría de los relatos de este libro y de casi toda mi obra al completo. Tal cual lo cuento en ese texto, sucedió. El ochenta por ciento de El merodeador es autobiográfico, pero este relato en concreto lo es al cien por cien.

También otros animales, como los gatos y los peces, juegan un papel determinante en este libro.

Los animales han sido y son muy importantes en mi vida, siempre me han rodeado, perros, gatos, tortugas, salamandras, tritones, peces, etcétera. Siento una especial debilidad y empatía por ellos, sobre todo por los perros, y sus vidas y destinos se entrelazan muy estrechamente con el mío, apareciendo a menudo en mis libros.

El merodeador es una presencia constante. Qué es el merodeador: ¿la amenaza de locura, de enfermedad? ¿la posibilidad de la muerte? ¿o todas estas cosas juntas?

Todas esas cosas juntas, sí, por un lado, algo así como la voz de mi conciencia, tal vez... Y por el otro, mi alter ego escritor, esa parcela de mi cabeza siempre alerta y al acecho, merodeando alrededor de mí, observando y transcribiendo lo que siento y pienso y observo...

No soy muy partidaria del concepto de generación, pero ¿cuál es la relación de tu generación con la enfermedad y la muerte?

Supongo que la misma que la de cualquier otra, una realidad y certeza desoladora, aunque en mi caso en concreto, bastante influenciada también por los estragos que las drogas produjeron en los años ochenta y noventa en mi entorno, que se llevaron a muchos conocidos y dejaron, en otros, tremendas secuelas.

¿También tenemos en España nuestros propios escritores malditos?

Por supuesto. Algunos ya paradigmáticos, como Leopoldo María Panero, otros menos conocidos, como El Ángel, José María Fonollosa o Raúl Núñez, y muchos otros que ya casi nadie recuerda, como Pedro Luis de Gálvez o Armando Buscarini, junto a miles más de los que, por desgracia, al haber quedado su obra inédita, nunca se ha sabido ni se sabrá... La literatura está llena de escritores malditos, el arte en general lo está, crear es a la vez un don y una maldición que te aísla del mundo y estigmatiza, para lo bueno y (especialmente) para lo malo...

Aunque eres un admirador de algunos autores estadounidenses, como los beat, aquí me ha parecido ver un estilo, digamos, más europeo, incluso centroeuropeo. No sé si esto que te pregunto tiene algún sentido.

Sí, por supuesto. Como te comentaba antes, este libro está dedicado al escritor austriaco Thomas Bernhard, y por él pululan también Kakfa, Pessoa, Céline, Pavese, Unamuno, Sartre, etcétera, etcétera. Los beat han sido otra de mis grandes influencias, sin duda, pero en El merodeador, quizás, están menos presentes que los escritores europeos.

¿Cómo ve el Vicente Muñoz Álvarez de hoy, un autor maduro, al autor que concibió esta obra hace ya más de una década? ¿Hubo un antes y un después de El merodeador?

Como un escritor enfrentado en soledad a sus propias fantasmas en un caserón de pueblo aislado, ya con una base de muchas lecturas y libros publicados, buscando su propia identidad. Es, aún hoy, uno de mis libros favoritos y de los que más orgulloso me siento, con uno de los que más me identifico, y creo que el primero donde conseguí escribir lo que verdaderamente quería escribir.

Unos críticos han identificado El merodeador con una novela; otros, con un libro de relatos. ¿Cuál es la opinión de Vicente Muñoz Álvarez?

Yo creo que es ambas cosas a la vez: un libro de relatos que se puede leer como una novela, porque hay un hilo conductor, una estructura circular y conexiones entre todos los relatos, y una novela que se puede leer como un libro de relatos, porque todos ellos son independientes y autónomos y pueden leerse y comprenderse sin necesidad del resto. En realidad, este es mi formato favorito, este tipo de libros de relatos con un hilo conductor común, a modo Las mil y una noches o Los tres impostores, del gran Arthur Machen, otro de mis libros de cabecera.

Has escrito tanta o más poesía que relatos. ¿Con qué género te sientes más a gusto a la hora de expresarte?

Creo que soy un escritor todoterreno, porque también he escrito varios ensayos, y me muevo a gusto, sin presiones, en los tres géneros. Aunque siempre me va más, en cualquier caso, el formato breve. Por naturaleza y principios tiendo a la concisión y si puedo decir algo en cien palabras, no utilizo mil. Me gustan, además, los territorios fronterizos, la prosa poética, por ejemplo, y mezclar en un mismo libro poesía y prosa. Aunque tampoco es que me importe mucho el género, escribo lo que siento y quiero escribir, salga en el formato y registro que salga, sin más ni más, y sin pensar en cuál encuadrarlo.

A una isla desierta (o a un pueblo incomunicado), ¿te llevarías un libro de Pessoa, uno de Bernhard…?

De Bernhard, sin duda, que para mí es uno de los más grandes escritores de todos los tiempos. De Pessoa me quedo con esa maravilla que es el Libro del desasosiego, otra influencia importante en mi obra, pero no con la mayor parte de su poesía, que no es del todo de mi agrado.

Enhorabuena por tu libro. Muchas gracias por atenderme.

Gracias a ti.



domingo, 24 de abril de 2016

OASIS



esa clarividencia
a veces

esos días
en los que todo pasa por encima de ti
como si nada realmente importara

en los que vives pero no juzgas
sientes pero no sufres
observas pero no piensas

en los que literalmente
todo te resbala

esa filosofía 


Vicente Muñoz Álvarez

photo by Elisa M

HISTORIAS DE TERROR



De entre las varias adaptaciones a la pantalla grande que Roger Corman hizo de los relatos de Edgar Allan Poe en los años sesenta, La tumba de Ligeia, La máscara de la muerte roja, El péndulo de la muerte, La caída de la Casa Usher y La obsesión, Historias de terror (Tales of terror, 1962) es la única integrada por varios episodios: Morella, El gato negro y El caso del señor Valdemar, tres de los relatos más célebres del escritor norteamericano.

En todos ellos Vincent Price, interpretando muy diferentes papeles, es el protagonista, junto a algunos otros grandes actores del género, como Peter Lorre y Basil Rathbone, también fantásticos en sus respectivos roles, y en los tres es inconfundible la dirección y mano de Roger Corman: los colores chillones, la ambientación gótica e iluminación tenebrosa, los caserones siniestros y la atmósfera barroca y expresionista que caracteriza a todas las películas que integran el ciclo.

De los tres episodios, personalmente me quedo con el primero, Morella, enfermizo y decadente donde los haya, aunque los otros dos no tienen tampoco desperdicio, el tono histriónico y humorístico de El gato negro (que combina elementos de este relato y de El barril de amontillado) y El caso del señor Valdemar, el más fiel argumentalmente a la versión original de Poe, con la perla añadida de la interpretación de Basil Rathbone.

Una fantástica combinación, sin duda, Poe, Corman y Price, que dio como resultado estas seis pequeñas obras maestras, imprescindibles en cualquier videoteca.

Vicente Muñoz Álvarez

Trailer in You Tube:


viernes, 22 de abril de 2016

miércoles, 20 de abril de 2016

MI VIDA EN LA PENUMBRA: Fragmentos (2).




EL ÁNGEL DE LA CATEDRAL


Como una visión pura de tristeza estaba allí y yo la miraba, aquella manta sobre sus cansadas piernas, morena, ojos azules, bajo las arcadas góticas de la catedral. Momentos mágicos, reveladores, que quizá son religión: imágenes de luz que son poesía, bajando, subiendo y regresando de nuevo al mismo sitio.

Un tren fantasma y tú en el flujo de mis pensamientos. Mirando por la ventana y viendo sólo mi reflejo. Lleno de pena y rabia por tu ausencia e intentándote explicar que he renacido, que he dejado de beber, que vuelvo a ser el mismo... Pero recordando también aquella carta, su advertencia, tus labios rojos estampados sobre sus palabras: Debemos una vez más concentrarnos, recuperar el Norte y con él la armonía... No quiero seguir huyendo... Y yo observando a aquella chica para redimirme a mi extraño modo en su tristeza, una catarsis, porque mi adicción era más fuerte o mi voluntad mucho más débil, qué más da: no todos tenemos la misma fuerza.

Lo que ahora está pasando corrobora mi anterior postura: dolor físico auténtico por la distancia. Pero corren tiempos duros y nubes que no escampan. Me alejé de ti para encontrarte, no para perderte, y para buscar también otros caminos... Lo lineal, lo legible, lo inteligible... Intentaba ser yo mismo, no plagiar de la experiencia, pero el filón se estaba acabando. ¿Qué quería, qué buscaba, qué esperaba? Tal vez sólo te buscaba a ti, que compartiste por un tiempo mi vida... Juegos de prestidigitador, perversiones, confidencias: mantras obsesivos de desolación.

Aprendí poco del tiempo mientras tú allanabas el futuro. Pero ese pasado hoy ya no existe. Sólo quiero que te asomes a mí y me des de nuevo a oler tu piel... Tengo otra historia que contar: el resplandor de aquellos ojos, su desolación. Cómo descubrí su santidad y cómo su rostro demacrado hizo mi luz.

Fue como un milagro verla allí, entre los mendigos con la mano extendida, silenciosa y agostada junto a los muros de la catedral. La observé en silencio unos minutos y renací luego en sus cenizas para volver maduro a ti.

He dejado de beber, no te preocupes. He llegado al centro neurálgico de las sensaciones para dejar a un lado la botella. He viajado al fin del tiempo sin tener que cubrir grandes distancias.

Nada hay que no esté al fondo de nuestro corazón.


Vicente Muñoz Álvarez,
de Mi vida en la penumbra
(Editorial Eclipsados, 2008)


lunes, 18 de abril de 2016

DECADENCIA



buscar como último recurso
el encanto de la decadencia

cuando apenas
queda nada de lo que fue

torres derrumbadas
Ofelias ahogadas

cuando lo que hay
es puro simulacro de ayer

ciudades desoladas
puertas cerradas

cuando nuestra civilización
se desmorona y naufraga

este reino devastado
y surrealista a la vez

(sobre)vive
de recuerdos


Vicente Muñoz Álvarez

EL MERODEADOR en ACVF EDITORIAL



Os comunico la inminente publicación de Refugio de mascotas, de Roberto Villar Blanco, y El merodeador, de Vicente Muñoz Alvarez, ambos en Relata, la colección de libros de relatos de ACVF Editorial.

Dos libros muy diferentes, literariamente exigentes y atrevidos. Dos autores creativos de escritura sobresaliente.

Refugio de mascotas es un volumen de carácter realista, en la senda del precisionismo del estadounidense Raymond Carver y otros cultivadores contemporáneos del realismo, de los realismos. El merodeador es a veces un libro autobiográfico y testimonial. Su escritura obsesiva lo emparenta con el austríaco Thomas Bernhard.

Son dos autores personalísimos. Los parentescos literarios que acabo de apuntar son simples indicadores que pueden ayudar a entender sus apuestas.

El próximo jueves 21, a las 19 h, presentamos el libro de Roberto Villar en Espacio Siluro, en el centro de Madrid. Estáis todos invitados.

En nombre de ACVF Editorial, gracias a los dos por permitirnos publicar sus libros.



sábado, 16 de abril de 2016

CULT MOVIES con DEMIAN ORTIZ


Vicente Muñoz Alvarez y su nuevo libro Cult Movies: Películas para la Penumbra, publicado por Excodra, están en la casa. Desde aquí gracias nuevamente al autor por permitirme formar parte de este regalo literario y cinematográfico. Y no lo olvidéis, si sois amantes del Séptimo Arte, este Cult Movies, debería ser vuestro.


jueves, 14 de abril de 2016

DE LAS PÉRDIDAS



perdí algo básico
en algún lugar

pero no sé
cómo ni cuándo

ni qué ni dónde 
empezar a buscar


Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 13 de abril de 2016

DÍAS DE RUTA según ABEL APARICIO


Hacía ya bastante tiempo que tenía ganas de leer "Días de ruta" (Ed. Lupercalia, 2014), de Vicente Muñoz Álvarez y que cuenta con el prólogo de un buen amigo, Gsús Bonilla. Un diario, un saco de boxeo, un poema que muestra transparente los miedos, un relato que discurre al ritmo frenético de los pensamientos, un sube y baja, una carretera vacía, una ciudad atestada de gente, un huerto con toda su paz. Un libro, una vida.


INDICIOS


mirar hacia dentro 
y describir el caos interior

el desasosiego la impaciencia 
la inconstancia la lucha

para mostrar al exterior
algún indicio

el cielo y el infierno 
la duda y la ensoñación

aunque no te lleve a nada
aunque no consigas nada

solamente
ser tú mismo


FRONTERAS


están primero
las metas

lo que te gustaría ser
cómo desearías estar parecer
dónde querrías llegar

y están después
las fronteras

lo que realmente eres
cómo estás pareces
dónde te encuentras

asumirlo lleva
toda la vida


lunes, 11 de abril de 2016

CRUCE DE CAMINOS



cosas que envejecen sin que apenas te des cuenta, los años, por supuesto, cómo se acumulan, junto a otras aleatorias y ya subjetivas que van conformando tu paso fugaz por la tierra, tu experiencia y situación, ese cúmulo de pequeñas frustraciones que van erosionando como el viento tu roca, las quimeras que soñaste, lo que pudo haber sido y no fue y en especial lo que es, falacia e impostura, inercia y demolición, frente a esas otras que nunca nadie te enseñó y a fuerza de golpes fuiste aprendiendo, cómo sobrevivir al naufragio, el latido inmediato del corazón, el estar presente y alerta, aquí y ahora, y dan sentido y rumbo al camino... 

tú eliges la ruta


Vicente Muñoz Álvarez


FRIENDS



con Silvia D Chica, Gabriel Oca Fidalgo, 
Esteban Gutiérrez Gómez & Gsús Bonilla, 
en Dolores de Poesía en los Bares 2016

sábado, 9 de abril de 2016

EL DISIDENTE



Enervado por mi mundo decidí una tarde despedir su turbulencia. El esplín, la frustración y la derrota detonaron en mi alma la explosión. Comencé por despojarme de mis falsos atributos y, purificado, quise hollar nuevos senderos. Con frecuencia tornábase abrupto el camino y se hacía difícil avanzar. Extraños individuos lo surcaban: misántropos y opiómanos, profetas, visionarios y suicidas. Y a todos llamaban disidentes. Marginados por la vida se identificaban como outsiders y formaban una logia para defender sus intereses. Lo grotesco, lo perverso, lo esotérico y salvaje era su consigna, aunque cada cofradía lucía un estandarte.

Caminé con ellos una parte del sendero, pero pronto mis pasos se tornaron otra vez vacilantes. Hasta que una tarde, agotado por su mundo, decidí auxiliar de nuevo a mi conciencia. Una vez más me desnudé y emprendí el exilio. Descubrí entonces otra senda inexplorada y en ella me adentré sin que ninguno me siguiera.

Pero todos me llamaron disidente.


Vicente Muñoz Álvarez, de Marginales (Excodra Editorial, 2015).

Ilustraciones by Mik Baro.



jueves, 7 de abril de 2016

MI VIDA EN LA PENUMBRA: Fragmentos (1).



Te quería entonces y te sigo queriendo ahora. Junto a todo ese montón de vírgenes que velan por nosotros en tantos pueblos donde extrañamente hemos rezado. O cuando me agarrabas fuerte la mano mientras te cosían la brecha del pie. Entonces llevaba el pelo corto y estaba más delgado. Porque envejecemos, eso está claro, nos quemamos juntos y también eso es importante. O cuando me tocas la guitarra en casa mientras floto. Que seas fiel y sumisa y bestia con tu cuerpo. Desde la biblioteca, desde la maldita P.S.S., desde la más completa laxitud. ¿Qué diablos hago aquí? La niebla devorando lentamente los paisajes e invierno y navidad y muerte. Frío. Siempre rejas y ventanas. Objetor de conciencia, ratón de biblioteca, murciélago de archivo... Y tú fuera de mí en el gimnasio o en la escuela... El descontrol de la ciudad. Y la armonía de las montañas, en los bosques, en los pueblos, llenos de nuestras pisadas, tuyas y mías, esperando y buscando caminos, consumiéndonos en vida y allí en cambio todo tan distinto, cuando sientes desde lo profundo esa magia que en ningún otro lugar puede existir. Y así pasa mi tiempo y recuerdo cuando era niño y más tarde un chaval y todo me pesaba y me agobiaba y quería a toda costa que llegase ya el mañana. Que siempre ha sido igual, la misma inquietud, la misma impaciencia, la historia triste de mi contradicción... ¿O es que mi equilibrio está en el propio caos? Quizá se esa la clave: lo que ayer amé hoy puedo odiarlo, ya no pruebo el bourbon, me arrepiento de mis indecisiones y aplaudo después mi intemperancia... Como quise prolongar también aquellos días de un invierno ya lejano en que tú salías a volar para mí y en el musgo que traías estaba mi terapia, el antídoto contra mi soledad. Pero ha pasado el tiempo y ahora todo aquello sólo existe en este cofre lleno de recuerdos. Y aún así podríamos ser héroes. Aunque seamos sólo dos personas, carne y hueso y quizás un alma y nada más.

***

Bebió un sorbo y hojeó por encima el periódico: crímenes, guerras, pobreza, descensos en la Bolsa, corrupción política, programas de televisión... Le pareció el mismo guión de siempre, las mismas noticias repetidas una y otra vez, el mismo montaje, la misma dinámica, la misma información: una realidad plagiándose absurda y despiadadamente día tras día.
Bebió otro trago apoyado en la barra y miró a su alrededor. También aquellas, las de sus compañeros, le parecieron de algún modo las mismas caras, las mismas facciones veladas por el mismo cansancio, por la misma náusea, por el mismo miedo. Todos tenían semejantes problemas, semejante trabajo, semejantes familias, veían los mismos programas de televisión y conversaban invariablemente de las mismas cosas. Todos, de una forma u otra, tenían marcado en sus rostros el selló apático de la resignación.
Apuró la copa de orujo y siguió andando por la avenida. La mañana estaba encapotada y ventosa, desapacible, y todo el mundo se dirigía apresuradamente al trabajo, cientos de personas circulando como autómatas por las calles, dispuestas a desempeñar su tedioso papel en el engranaje forzado de la sociedad.

***

Ella entonces se calla y deja de llorar. Se da cuenta de que él nunca podrá entenderlo, así que bajará del coche al llegar a la ciudad y caminará por la calle hasta que alguien le proponga ir a su casa. O esperará a que amanezca en un hostal y seguirá buscando al día siguiente.
Él, en cambio, comienza a estar confuso. La idea de su cuerpo esbelto y joven le seduce. Los pezones que transparenta su camiseta empapada y el pelo chorreando sobre los sillones de cuero. Pero ese no es su estilo. Y prefiere no forzar la situación.
Mientras sigue lloviendo y a los dos les duele el silencio que rompe la radio, las líneas blancas de la carretera, el vaivén de los limpiaparabrisas, los destellos de los faros de los coches, kilómetros, palabras contenidas, pensamientos cruzados y esa triste despedida a las afueras, ella descendiendo aún mojada del vehículo y él observándola por el retrovisor mientras se aleja, su frágil silueta sobre un muro de ladrillos rojos y la débil luz de las farolas, la lluvia, la avenida, los semáforos...El fin de un corto adiós.


Vicente Muñoz Álvarez,
de Mi vida en la penumbra
(Editorial Eclipsados, 2008)

martes, 5 de abril de 2016

EL MERODEADOR: Prólogo.



PRÓLOGO
(o una ventana que se abre a una vida ajena)


Hace tiempo que reflexiono sobre la naturaleza de los prólogos y su importancia, así que cuando comencé a pensar en la obra de Vicente Muñoz lo hice desde el convencimiento de que un prólogo no hace mejor un libro (al igual que una crítica, sea de quien sea, no nos engañemos), en contra de lo que se crea en algunos círculos, pero sí puede hacerlo peor, no cabe duda, así que asumí el reto de intentar que estas líneas no desluzcan la obra que preceden.

Vicente Muñoz Álvarez es uno de esos autores que requieren de pocas explicaciones a priori, pues su identidad literaria está más que definida y una larga lista de títulos lo avalan, creando así una trayectoria firme y una obra consistente como pocas lo son en gente de su edad (muchos son los casos de autores que no entienden el ritmo propio que sustenta el mundo literario y que se dejan llevar por las prisas o el exceso de sed de notoriedad, y es exactamente en esto donde Vicente Muñoz se distancia y con enorme perspectiva sabe que es una carrera de fondo este universo literario, y que a cada libro pone una baldosa más para sus seguidores y quizá para su camino de retorno, nunca se sabe). 

El autor de este merodeador posee una innata capacidad para narrar escenas de la vida cotidiana, algo que inexorablemente lo une a la corriente realista; Eloy Fernández Porta ya incide sobre la peculiar percepción del mundo de Vicente Muñoz en el prólogo de Golpes. Ficciones de la crueldad social (edición de Vicente Muñoz Álvarez y Eloy Fernández Porta, Barcelona, DVD, 2004) y lo sitúa como uno de los cultivadores del nuevo realismo en España; “obsesivo” y “bernhardiano” son otras de las características por él señaladas, y aunque sí hay mucho de esto en la obra de Vicente Muñoz Álvarez existen en ella muchas cosas más, como ahora veremos detenidamente. Poeta de la conciencia, autor adscrito al nuevo realismo, poeta intimista, editor de fanzines… quizá estemos ante uno de los autores más camaleónicos en los tiempos que corren, y esa conjunción de géneros y estilos le hacen a su vez más equilibrado para el lector, más cercano también, capaz de contar con precisión cualquier tipo de situación. Esta conjunción estilística y de maneras de contar se puede ver con claridad en su libro Perro de la lluvia (Irún, Iralka, 1997); allí, un compendio desmesurado de formas narrativas toman forma y viajan de la más cristalina realidad al delirio sin mostrar fragilidad alguna, consistente siempre, mostrando un dominio del arte de la narrativa propio de los grandes del género, grande también en cuanto que es capaz de reírse de su propia vida. Los que vienen detrás (Barcelona, DVD, 2002) cuenta con todo lo ya mencionado (como es propio de todo autor de voz reconocible) e inaugura una de las “marcas de la casa” en la obra de Vicente Muñoz Álvarez: la fusión de prosas e ilustraciones en un mismo libro (un magistral Miguel Ángel Martín pone rostro e imágenes a las narraciones); éste es, sin duda, uno de los libros más significativos en la bibliografía del autor y, por qué no decirlo, en el nuevo realismo español del s.XXI.

Pero hablar de Vicente Muñoz no es hacerlo sólo de prosa, es también hablar de poesía. Privado (Tenerife, Ediciones de Baile del sol, 2005) es una magnífica antología que recoge la esencia poética del autor y da testimonio de su capacidad para redescubrirse y mostrar bien una conciencia social admirable, bien un estilo exteriorista, bien un lirismo que arranca de lo más hondo para llegar a lo más hondo del lector, algo que experimenta también en Parnaso en llamas (Tenerife, Ediciones de Baile del sol, 2006). Canciones de la gran deriva (Gijón, Ateneo Obrero de Gijón, 1999) y 38 Poemash (León, Vinalia bolsillo, 2000) ya habían mostrado los distintos perfiles del autor, pero en la mencionada antología una nueva identidad, oculta bajo el título “vidas paralelas”, se aproxima con tanta consistencia que uno no puede más que sorprenderse ante tanta capacidad de innovación y a su vez tanto dominio del ritmo narrativo.

Vicente es, además, motor de proyectos como Tripulantes (Zaragoza, Editorial Eclipsados, 2007), un libro que cuenta con más de 80 creadores y que homenajean desde el microrrelato y la ilustración al fanzine, antes citado, Vinalia Trippers, y de un proyecto que ha coordinado junto a Patxi Irurzun y que verá la luz en breves fechas: Hank Over (como se desprende del título, un tributo a Bukowski en toda regla). La vinculación de Vicente Muñoz a estos proyectos colectivos dice mucho de sus intenciones literarias, de esa necesidad de mostrar al público a aquellos autores a los que considera cerca y de devolver a la literatura lo que ésta le da cada día en forma de atinadas invitaciones al lector.

El merodeador es uno de esos libros en los que el lector puede verse reflejado, en él puede sentir que observa tras una ventana las aventuras y desventuras vividas por el protagonista del mismo, como si de un mirón se tratara, sintiendo el corazón palpitar a cada instante ante la siguiente página. Ese reflejo se deriva de una sensación que le recorre de principio a fin, como si reconociera con claridad el tono, como una canción que conoce y no puede dejar de tararear, un grato aroma que reconforta, una canción que dice amor (y desamor), desasosiego (y paz) y ternura (y desolación).

El lector se va a sumergir en un espacio en el que ya habitan autores como Pavese, Castaneda, Bernhard (sí, sí, sí), Osho, Céline, Unamuno (también), Pascal… y este hecho y pluralidad en el uso de las citas no hace más que definir la propia identidad de Vicente Muñoz Álvarez, abierto siempre a todo aquel que diga algo y lo diga bien, expuesto sin recelos a todas las tendencias y a todos los vaivenes de la propia vida. Y en él también habita Pessoa, y con él su desasosiego, el mismo o uno semejante al que domina el libro, el que introduce al lector sin previo aviso en una cadencia musical de sentimientos. Este tono constante no termina con la última de las páginas del libro, pues su estructura circular le llevará de nuevo a la primera página, a la primera cita, a la primera presencia, le llevará a las ilustraciones de Toño Benavides (que hace gala de su clase y de su reconocido prestigio en cada una de ellas), perfectas muestras del universo desasosegante y obsesivo del autor.

Para aquel que sea amante de las clasificaciones y que no pueda soportar la presencia de la duda antes de iniciar la lectura de un libro, debo añadir que nos encontramos ante una novela, compuesta de capítulos que podrían ser leídos de forma independiente, eso sí. En ella el autor parece distanciarse de la acción a través de la voz de su narrador (en tercera persona), pero no debe engañarnos este juego de manos, pues no es otra cosa que convertirse a sí mismo en personaje, capaz de ficcionar su propia vida. Esta distancia es una de las características propias de los autores exterioristas, aquellos que pueden narrar aspectos vividos con una mirada casi ajena, de aquel que presencia la escena pero no la vive, de un mirón, de un merodeador. El uso puntual de la inicial como muestra de identidad asume la presencia de otros autores y otras lecturas en la propia obra (otras visitas); Kafka, Blanchot, Auster… desfilan por estas páginas y nos ayudan a entender la cadencia del desasosiego, el tono constante del que vive y es observado. Una vida para ser observada, una ventana para entender una vida. ¿Alguien será capaz de no mirar?


Ignacio Escuín Borao

(este prólogo se incluyó en la primera edición de El merodeador, en Baile del Sol, 2007)

Página web de El merodeador en la web de ACVF

lunes, 4 de abril de 2016

EL TORMENTO DE LAS 13 DONCELLAS



Una muy disfrutable y poco conocida extravagancia gótica, en la línea de la mejor tradición de la Hammer, que hará sin duda alguna las delicias de los amantes de género.

Inspirada vagamente en El pozo y el péndulo, el célebre relato de Edgar Allan Poe, El tormento de las trece doncellas (1967), de Harld Reini, nos sumerge de lleno en un mundo de fantasmas y aparecidos que bebe de los grandes filmes de terror gótico italianos (los guiños a La máscara del demonio, de Mario Bava, son evidentes) e ingleses (en especial los de Terence Fisher), pero con un cierto toque de humor negro añadido, como de casa del terror de feria decimonónica, muy propio de los Krimi alemanes de los años 60, que le aporta un toque de originalidad e interés añadido.

Muertos resucitados, venganzas de ultratumba, bosques siniestros, castillos malditos, cámaras de tortura, criptas y maleficios, y la presencia, siempre imponente, del gran Christopher Lee, hacen de esta entretenidísima y muy poco recordada película una pieza de coleccionista imprescindible en cualquier videoteca.

Para chuparse los dedos.

Vicente Muñoz Álvarez

Trailer in You Tube:


FERNÁNDO MÉNDEZ

domingo, 3 de abril de 2016

LOBOS DE MAR



los que seguimos
los que estamos
los que quedamos

 os lo contamos
a nuestra manera

luego vendrán otros
 que lo harán a la suya

y así una
y otra vez

una y otra vez

desde que el mundo
es mundo

sopla las velas


Vicente Muñoz Álvarez

jueves, 31 de marzo de 2016

MAL DE ALTURA



hay una cima mítica y muy alta dentro de ti, que son los 50, desde la que se supone que todo debe de ser serenidad y armonía, un paisaje acogedor y despejado y tranquilo, pero lo que en realidad se siente al coronarla es vértigo, un horizonte encapotado y sobrecogedor y helado, que no os vengan con cuentos... otra cosa es qué sentido del equilibrio tengas tú en concreto, cómo se sujeten tus pies en la tierra y qué remedios hayas aprendido durante el ascenso para soportar el mal de altura... como dice un viejo proverbio zen: cuando llegues a la cima de la montaña, sigue subiendo...


Vicente Muñoz Álvarez

ZONA


qué difícil
entender el mundo
tener la conciencia tranquila
cumplir con todo a tiempo
reciclarse estar al día
no desesperarse acobardarse
deprimirse abandonarse
no enfermar

qué fácil
desfallecer
arrojar la toalla
elegir mal el camino
qué pequeños somos
cuánto nos exigen
qué jodido nos lo ponen
y qué fácil es fallar


Vicente Muñoz Álvarez,
de Canciones de la gran deriva (Origami, 2012).


miércoles, 30 de marzo de 2016

PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA en LA TORMENTA EN UN VASO


En el año 2011, la editorial Eutelequia sacó a las librerías Cult movies. Películas para llevarse al infierno, un libro donde el escritor y poeta leonés — una de las voces más destacadas, si no la principal, del underground español—, Vicente Muñoz Álvarez (Leon, 1966) seleccionaba un centenar de películas que, para él, resultaban de inexcusable “visionado”, o quizás “videado”, por utilizar su expresión, ya que la mayoría de ellas no se proyectan regularmente en cines ni en televisiones, y para poder verlas hacía falta muchas veces un esfuerzo de rastreo y casi de investigación policial para conseguir hacerse con una copia, a pesar de los inmensos almacenes que uno puede encontrar en la Red. Pero en todos los casos de aquel libro, el esfuerzo merecía la pena y el fruto era encontrarse frente a una película distinta, extraña, inquietante, salvaje…

Vaya por delante que las películas que Vicente Muñoz recomendaba en aquel libro, al igual que las que recomienda ahora en este que acaba de aparecer, Películas para la penumbra, no están significadas seguramente por su calidad técnica, o por su excelente argumento, o por la magnífica interpretación de sus actores. A veces también, pero en todo caso no se trata de películas recomendables “al uso”, sino de películas que destacan y a las que se les rinde culto (tomo palabras del prólogo): «por lo crítico, lo atípico, lo raro, lo grotesco, lo perverso, lo incómodo, lo hiriente, lo hipnótico, lo arrebatador». Películas, en resumen, que despojan al cine de ese papel que muchas veces quiere dársele de mero vehículo de ocio y entretenimiento y le devuelve esa otra función, que para muchos directores y espectadores es la idónea, que es servir para expresar lo que quizás no podría expresarse de otro modo, el mundo de las pesadillas, de lo inefable, de lo oscuro…

Este es el factor común de las 132 películas ahora seleccionadas y por lo que son, o merecen ser tenidas, como películas de culto. En la mayoría de los casos se trata de filmes marginales, proyectados en círculos minoritarios o que han tenido un efímero paso por las salas, pero nos encontramos también con películas que, pese a todo, podrían calificarse de exitosas, incluso de comerciales, como Moby Dick, de John Huston, o varias películas de Polanski, que se distinguen, en último caso, de las películas digamos “corrientes” por buscar un planteamiento distinto, original, insólito y hasta contrario a lo establecido.

Son películas que buscan retratar lados oscuros, comportamientos febriles, aspectos morbosos. El recopilador de ellas, Vicente Muñoz Álvarez, se manifiesta en muchas páginas del libro amante de lo grotesco, de lo truculento, de lo escalofriante, y declara su pasión por el fantaterror, las historias vampíricas y de ultratumba, así como por la psicodelia y los comportamientos alterados, pero en su selección hay películas como Harold y Maude, de Hal Ashby, o la impresionante Atlantic City, de Louis Malle, donde la cuerda de lo habitual se rompe por el lado de lo tierno y humano. También en cintas como ¿Qué fue de Baby Jane?, de Robert Aldrich, donde las más brutales pasiones humanas son suficientes para trasladarnos a esa realidad inquietante.

El periodo que Vicente Muñoz Álvarez cubre es prácticamente toda la historia del cine, desde los años 20, con Las manos de Orlac, de Karl Freund, hasta la muy reciente Searching for a sugar man, de Malik Bendjelloul. Por el camino, todo un conjunto de filmes dignos de culto, y la especial predilección del autor por el “giallo” italiano y, recientemente descubierta, por el cine de terror mexicano de los años 60.

En su nómina de películas y autores hay también un apartado, y no de los más pequeños, para los cineastas españolas, entre los que destaca a Carlos Saura, algunas de cuyas películas ya registró en el libro anterior, y otras como Cría cuervos o Elisa, vida mía incluye en esta selección. Desde Fata morgana, de VicenteAranda, a Morbo, de Gonzalo Suárez, pasando por El extraño viaje, de Fernando Fernán-Gómez, Mi querida señorita, de Armiñán, y varios filmes en los que interviene el gran José Luis López Vázquez, el autor hace mención de, al menos, una decena de películas españolas dignas de figurar entre las más auténticas.

En resumen, un libro necesario para el cinéfilo o para quien considere el cine como un arte con todas sus consecuencias y no como un simple pasatiempo comercial. Pues como tal arte, debe buscar una forma de expresar lo turbador y lo conmovedor. A estos, sin duda, les resultará de mucha utilidad este listado de películas, como manera de guiarse en medio de la avalancha de filmes insustanciales, películas de temporada o proyecciones simplemente vacías.


Excodra, Madrid, 2015. 182 pp. 15,90 €

Miguel Baquero, en La tormenta en un vaso.