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jueves, 30 de agosto de 2018

PERRO DE LA LLUVIA: Fragmentos (5)



Sin saber muy bien por qué, se dirigió instintivamente hacia la playa. El cielo estaba despejado y en lo alto destellaba ya a esa hora un sol brillante. Las calles estaban aún casi vacías y las suelas de sus zapatos chirriaban sobre las baldosas de la acera al caminar. 

Siguió andando por la alameda hasta divisar por fin el mar. Sobre la playa correteaban docenas de gaviotas picoteando entre las algas. Se apoyó en la barandilla del paseo y se quedó observando el horizonte unos minutos. Era como una gasa evanescente entre el mar y el cielo, un reflejo inalcanzable. Le hubiera gustado estar allí, caminar sobre las aguas hasta alcanzar aquel punto soñado.

Entonces vio cómo una gaviota capturaba a un pez. La vio lanzarse en picado sobre el agua y levantar el vuelo a continuación con su presa. La vio volar sobre la arena, aproximarse a él muy lentamente, como a cámara lenta, y arrojar su botín a escasos metros de donde se encontraba. 

El pez, comprobó al acercarse, estaba medio podrido y no tenía ojos, pero coleteaba lánguidamente sobre las baldosas anaranjadas del paseo...


Vicente Muñoz Álvarez,
de Perro de la lluvia y otros cuentos
(Iralka Editorial, 1997)



lunes, 5 de febrero de 2018

PERRO DE LA LLUVIA: Fragmentos (4)



Ella sale del coche y mira al cielo. Está por momentos más oscuro.Encapotado de enormes nubes grises. Él sigue al volante. Acaba de robar un banco. Le persigue un policía. Cada vez está más cerca. El suelo del coche está lleno de jeringuillas, de latas vacías de cerveza. En el asiento trasero hay una chaqueta. Ella mira al suelo. Su vista se detiene en una mancha oscura. Es un trozo de jamón lleno de hormigas. Corren sobre él en todas direcciones. No hay ninguna quieta. Él mira por el retrovisor de coche y descubre la chaqueta en el sillón trasero. Se olvida del policía. Se da la vuelta. La coge. Hurga en los bolsillos. Ella siente una gota de agua en su cabeza. Se levanta. Mira al cielo. Otra gota. En la cara. Está lloviendo. Pisotea el trozo de jamón lleno de hormigas. Vuelve a entrar al coche...


Vicente Muñoz Álvarez,
de Perro de la lluvia y otros cuentos
(Iralka Editorial, 1997)


sábado, 4 de noviembre de 2017

PERRO DE LA LLUVIA: Fragmentos (3)



Cuando estás así ya nada te importa. Ni la vida, ni la muerte, ni el infierno mismo te interesan. Todo te da igual. Salvo el dolor. Podrían encumbrarte, coronarte, hacerte rico o insultarte, humillarte y condenarte luego a muerte. Nade de eso importa. Ves sólo gusanos a tu alrededor, un pastel infecto, cientos, miles de larvas escarbando, adelantando su trabajo, marcándose horas extras. Algo realmente espantoso. Difícil de olvidar...


Vicente Muñoz Álvarez,
de Perro de la lluvia y otros cuentos
(Iralka Editorial, 1997)


viernes, 18 de agosto de 2017

PERRO DE LA LLUVIA: Fragmentos (2)



Corría entre las dunas y sus pies se hundían en la arena. Tres hombres encapuchados le seguían a no mucha distancia. Era de noche. Hacía calor. Soplaba una ligera brisa y a lo lejos, desde algún punto indefinido, se escuchaba el rumor de las olas en la playa. Había que alcanzar el mar. La luna brillaba allá en lo alto. Sus pies se hundían en la arena. Los encapuchados ganaban distancia. Se acercaban más y mas. Estaba cansado. Tenía miedo. Escuchaba el latido acelerado de su corazón. Los relojes le pesaban demasiado en los bolsillos. Relojes antiguos, de plata, con cadenas, cientos, miles de relojes en la arena: tic tac, tic tac, tic tac. Los encapuchados se acercaban. Llevaban gaviotas muertas en las manos. Daban gritos. Ganaban distancia. Había que alcanzar el mar.


Vicente Muñoz Álvarez,
de Perro de la lluvia y otros cuentos
(Iralka Editorial, 1997)

viernes, 26 de mayo de 2017

PERRO DE LA LLUVIA según ANA GRANDAL



Leer estos relatos es como masticar carne cruda: 
te duelen las mandíbulas, su sabor es metálico y revulsivo… 
pero alimentan.

Ana Grandal

martes, 3 de mayo de 2016

PERRO DE LA LLUVIA: Fragmentos (1).



Nadie me hizo caso. Les advertí cientos de veces, pero a todos les dio igual. Se limitaron a llamarme melenudo y drogadicto y loco, pero no me hicieron caso. Yo sabía que todo estaba a punto de estallar, de joderse y bien, si se me permite la expresión. Me lo decían las últimas visiones: terremotos, cataclismos, grandes fuegos, una mano purulenta que abría la caja de Pandora y zas, todo al carajo: la tierra desolada, calcinada y hecha trizas. Es que siempre era lo mismo, no fallaba, la cosa, comerme un par se setas y visionar muerto de miedo aquel desastre. Nada de ingravidez y luces de colores, como antaño, aquella extraña paz, aquella beatitud, aquel estar fuera del mundo, desnudo entre las flores, sin dormir pero soñando... Ahora todo era caos y destrucción, una gran bola de fuego, el mundo entero en llamas, el fin de nuestra raza...


Vicente Muñoz Álvarez, de Perro de la lluvia y otros cuentos (Iralka Editorial, 1997).