Única película de su director, Jean Brismée, La terrorífica noche del demonio (La plus longue nuit du diable aka The Devil's Nightmare, 1971), es una rara avis psicotrónica y marciana, a caballo entre el horror gótico y el giallo, el surrealismo y el thriller, que hará, sobre todo por su estética y ambientación, las delicias de los amantes del género.
Pese a ser, en principio, semejante a muchos otros filmes de la época, hay algo en él que lo hace especial, su extraña y lúgubre atmósfera, su aura onírica y tétrica, su impactante arranque en blanco y negro (con una secuencia que hoy estaría prohibida), su retorcido guion, lleno de lujuria y hemoglobina, su fotografía y colores chillones, su erotismo salvaje, y las impresionantes interpretaciones de Erika Blanc, exuberante y tremenda, en el papel de súcubo, y Daniel Emifork, repulsivo y grimoso, en el de diablo, que por sí solas justifican su visionado.
Sin ser una gran película, La terrorífica noche del demonio seduce por su deslumbrante puesta en escena, como de ensueño de opio o pesadilla decadentista, su ritmo lento pero envolvente, y sus extravagantes crímenes (uno por cada pecado capital), estupendamente orquestados, además de por su estética psicodélica y setentera, al estilo Mario Bava, tan característica de los filmes de terror de aquel tiempo.
Más rara que un perro verde e ideal para los días de bajón y resaca.
Vicente Muñoz Álvarez