sábado, 29 de junio de 2019

DEL DOMINIO DE LOS PENSAMIENTOS



pedaleando en la bici por la orilla del río al amanecer, antes de que me aplaste a partir del mediodía el calor, la misma dinámica de siempre: el dominio de los pensamientos... salgo en la bici, me repito cada mañana, para meditar y desconectar de mi cabeza y del mundo, y mis pensamientos, nubes que vienen y van, como una tela de araña lo distorsionan y envuelven todo, no veo en realidad, pienso al pedalear, ni el río ni el bosque, ni desconecto de mi cabeza y el mundo como en el fondo pretendo, porque los pensamientos me asaltan y tiranizan, hila que te hila esto con lo otro y aquello, hasta impedirme disfrutar de lo que realmente estoy oyendo y viendo: el coro improvisado de cientos de pájaros, el rumor del agua del río y las ramas meciéndose al viento, el bosque exuberante y radiante y pleno, el quiebro vertiginoso del milano en el cielo... eso es con lo que en realidad me quiero quedar y encarnar, con todo eso y nada más que con eso, pero mis pensamientos no me permiten hacerlo, que si esto y lo otro y aquello, según pedaleo lo compruebo, si dejo de pensar siento y percibo, si pienso no y me estreso... me doy cuenta de todo eso, cómo me asaltan y dominan los pensamientos, y me digo hasta aquí hemos llegado, sólo ser testigo y estar, céntrate en la meditación y el momento... 


Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 28 de junio de 2019

LOS MUERTOS NO MUEREN



eso me repito
últimamente

como terapia
y consuelo

porque son carne
de nuestra carne
y vivimos en ellos

los muertos
no mueren

no mueren
los muertos


Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 26 de junio de 2019

PURA LIBERTAD



17 días como soles sin separarme casi ni un minuto del mar, cómo los necesitaba para limpiarme por dentro y qué bien me han sentado, y enormes paseos balsámicos por la playa al amanecer, desdibujado por la bruma y fundido en cuerpo y alma en la arena, y Doñana salvaje y Faro luminoso y sobre todo Isla Culatra, República Independiente De No Se Sabe Qué, sortilegio y ensoñación, perdida en el espacio y el tiempo, y las caracolas y conchas enormes y medusas gigantes y horizontes eternos, y el amor y la ternura y los juegos, terapia absoluta, pura libertad...

Vicente Muñoz Álvarez

photo by Marlus Leon

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL: Entrevista en Diario de León.



El escritor Vicente Muñoz acaba de culminar su trilogía sobre el cine. J. CASARES -

«La sociedad capitalista alienta el miedo»

Nno hay nada que paralice más que el miedo y Vicente Muñoz ha reunido en su último libro las mejores maneras de conjurarlo. ‘Películas que erizan la piel’ propone un paseo por sus títulos preferidos, con paradas en clásicos como ‘Vértigo’, pero también cintas desconocidas e ineludibles.

CRISTINA FANJUL / Diario de León, 16/06/2019

Con portada de Miguel Ángel Martín, Vicente Muñoz se sumerge de nuevo en el mundo del cine de terror en Películas que erizan la piel, un trabajo con el que cierra la trilogía de Cult movies y en el que propone una guía a través de las tribulaciones cinematográficas que nos obligan a mirar el terror cara a cara.

—¿Qué tipo de terror aporta el cine que no se dé en la literatura?

—Obviamente, el visual, con todo lo que ello implica, que no existe, salvo en la imaginación del lector, en la literatura. Una imagen, según dicen, vale más que mil palabras, y en cierto modo así es, aunque no menos cierto es también que las palabras a veces logran transmitir con mayor intensidad imágenes que la pantalla no capta con tantos matices. Dependerá de la pericia e intenciones de cada director, en suma, el resultado final de la película. En el género de terror, además, donde lo visual es a veces lo más importante, por encima incluso del propio argumento, este aspecto es aún más determinante que en otro tipo de cine.

—¿Cuánta literatura hay en las películas con las que has cosido el libro?

—Muchísima. Una de las peculiaridades de este libro es la interconexión de todas las películas que comento con autores y obras que han sido básicas para mi formación. Como ya he dejado bien claro en el prólogo, no soy crítico de cine, soy narrador y poeta, y por lo tanto este libro (y los dos anteriores de la Trilogía: Películas para llevarse al infierno y Películas para la penumbra) no es la típica guía cinéfila al uso, sino más bien el diario de cine de un escritor, donde comento apasionadamente las películas que a lo largo del tiempo más me han impactado y sus conexiones con las obras literarias de donde proceden. No las mejores de la historia del cine, que todo el mundo conoce, sino las que por uno u otro motivo, al margen de su calidad y presupuesto, más me han impactado y yo considero que nadie debería dejar de ver. Me interesa más descubrir al cinéfago un tipo de cine, de serie B o Z, independiente, de culto o como queramos llamarle, desconocido por la gran mayoría, que analizar las mejores películas de la historia del cine, que requerían un listado a parte y sobre las que hay ya mucho escrito.

—¿Estas películas encierran más miedo o más terror?

—Depende, supongo, del concepto que cada uno tenga del miedo o terror, de lo que le provoque más angustia y entronque con sus fobias y paranoias íntimas. Yo soy, en todo caso, más de miedo que de terror, y las películas que reseño en este libro son, en gran parte, de terror psicológico, que es el subgénero del horror que más me interesa. Más de obsesiones que de monstruos y de insinuar que de mostrar, en suma.

—¿Hay que aprender a tener miedo?

—Todo en realidad es aprendizaje en esta vida, desde que nacemos hasta que morimos, y de todas nuestras experiencias, sensaciones y emociones, vamos aprendiendo y conformando progresivamente nuestra personalidad. El miedo es, parafraseando a H.P. Lovecraft, la emoción más antigua del ser humano, y el miedo más antiguo de la humanidad es el miedo a lo desconocido, que además de provocarnos escalofríos, nos ayuda a protegernos de ciertos monstruos, reales o imaginarios.

—¿A qué tienes miedo tú?

—Al dolor y la agonía, sobre todo, mucho más que a la muerte en sí, que es inevitable. Y a otras muchas cosas también: perder el trabajo, los principios, el honor, la ética y la identidad, etc, cosa que esta sociedad capitalista sin duda alienta y favorece.

—¿Crees que en ocasiones utilizamos el miedo para no ver lo que genera terror de verdad?

—Tal vez, porque quizás conjurando a nuestros propios fantasmas logremos exorcizarlos, y situándonos frente al miedo logremos acostumbrarnos a él. O simplemente por la política del avestruz: meter la cabeza debajo del brazo para no ver el horror que realmente nos rodea.

—¿Quiénes son los maestros y por qué?

—La lista sería muy larga, pero si tuviera que elegir a uno solo, sin duda sería a Edgar Allan Poe, el padre del terror moderno, que fue el primero en dar al miedo una forma acorde a nuestras más bajas pasiones (El corazón delator, La caída de la Casa Usher o Ligeia son buen ejemplo de ello), sustituyendo los fantasmas tradicionales de la literatura gótica por otro tipo de entidades y presencias que nacen de nosotros mismos, de nuestro interior y de los miedos más arraigados en la psique colectiva.

—¿No hay nada como el miedo gótico?

—Seguramente sí, y de hecho el terror gótico está hoy ya prácticamente en desuso, pero siento predilección por ese género literario y sus artífices: Horace Walpole (El Castillo de Otranto), Matthew Gregory Lewis (El monje) y Charles Maturin (Melmoth el errabundo), la trinidad gótica por excelencia, que de adolescente me erizaron como pocos la piel y son parte de mi educación sentimental.

—¿Cómo cambió el género Poe? ¿Es el primer autor cinematográfico?

—Sustituyendo, precisamente, los fantasmas y obsesiones del terror gótico por otros de carne y hueso y horrores que nacen de nosotros mismos, no del exterior. Los tres relatos que antes mencioné son buen ejemplo de ello: ahí no hay monstruos ni fantasmas entendidos como tales, sino obsesiones arraigadas en nuestro subconsciente, que nos arrastran a la locura y al crimen o la desesperación. No sé si fue el primer autor llevado a la pantalla grande, seguramente no (Nosferatu, de Murnau, inspirado en Drácula, de Bram Stoker, sin ir más lejos, es de 1922), pero por si acaso yo abro este libro reseñando La caída de la Casa Usher (uno de los relatos más terroríficos, a mi juicio, de todos los tiempos, y el que más veces he leído en mi vida) de Jean Epstein (1928), una maravilla del cine mudo.

—¿Cómo ha evolucionado el cine de terror?

—Al mismo tiempo que han ido evolucionando también los efectos especiales: haciéndose cada vez más truculentos y explícitos, y pasando de sugerir e insinuar (el productor Val Lewton, por ejemplo, era experto en eso) a mostrar en primeros planos cada vez más sangrientos y aterradores.

— ¿Por qué tantas películas de los años sesenta?

—Por varios motivos: el primero y más importante para mí, porque esos años fueron los de mi infancia y adolescencia, en los que se gestaron mis fantasmas y miedos, que llevo arraigados en mi subconsciente como la bola de hierro de un presidario. Y también, sin duda, por mi pasión por los movimientos contraculturales, psicodélicos y revolucionarios de aquel tiempo, que me hace ver con indulgencia y nostalgia las películas rodadas en este período de experimentación y de cambio.

—¿Quién es el genio absoluto del terror?

—Volviendo a lo que antes comentaba, si tuviera que elegir a uno solo, sería Edgar Allan Poe. Sin olvidar a H.P. Lovecraft, por supuesto, otro de los grandes e imprescindibles, Arthur Machen, Algernon Blackwood, M.R. James, Guy de Maupassant, etc. Eso en la literatura. En el cine, la cosa andaría entre Mario Bava, puro efectismo y pasión, y David Cronemberg, profeta de la Nueva Carne, aunque podría añadir otros.


sábado, 8 de junio de 2019

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL en PLAYTIME



Guía de 'Películas que erizan la piel'

Vicente Muñoz Álvarez nos contagia su pasión por el cine de culto

José Ángel Barrueco, Jueves, 30 de mayo de 2019

Tras sus volúmenes Cult Movies: Películas para llevarse al infierno y Cult Movies: Películas para la penumbra, el escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez publica Cult Movies: Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones), en esta ocasión con textos centrados en filmes de terror y/o suspense y en filmes que le hayan estremecido aunque tal vez no todos cumplan los requisitos del género.

Para quien no conozca los libros anteriores, consisten en compendios de reseñas breves, muy subjetivas y literarias, en las que (él mismo lo ha afirmado en varias ocasiones) no pretende alumbrar un manual repleto de análisis técnicos, sino compartir una especie de diario personal en el que despacharse a gusto con todas aquellas obras que le han marcado de una u otra manera y que cree que nadie debería perderse. Por eso todas ellas destilan un elemento sustancial: pasión. Y la pasión de Vicente Muñoz se contagia, obliga al lector a tener a mano siempre los portales de IMDb y de FilmAffinity, a consultar esas películas (las haya visto o no, las recuerde o no, le suenen o no), a averiguar si es posible revisarlas o verlas por primera vez. En este nuevo repertorio del autor no faltan las menciones a escritores que influyeron en su formación, a cineastas que quizá no están aquí por diversos motivos pero a los que él termina aludiendo, a obras y nombres que uno va anotando.

Además de esta pasión que Vicente inocula en todo lo que hace, su lectura es adictiva porque nos descubre, en mayor o menor medida, títulos marginados o malditos. Es posible que, de un director muy popular, elija la rareza, la película de debut, el filme que impactó en audiencias minoritarias aunque luego ese director se vendiera al sistema y empezara a rodar obras más monótonas o menos personales: por ejemplo los casos de Walter Hill, de Neil Jordan o de Ted Kotcheff, que aparecen aquí reseñados gracias a tres peliculones a los que yo también rindo culto (La presa, En compañía de lobos y Despertar en el infierno). En varias páginas, quizá sin proponérselo, Vicente nos demuestra que muchos cineastas están en plena forma y dan lo mejor de sí mismos cuando nadie los conoce, o cuando les obligan a ajustarse a un presupuesto bajo, o cuando no cuentan con grandes medios ni estrellas pero les sobra entusiasmo.

Otra de las virtudes de este volumen es que hay cierta predilección por el cine de finales de los 60 y principios de los 70, que fueron los años de aprendizaje del autor, el tiempo en que adiestró su gusto cinéfilo porque éstas eran las películas que veía en los cines; sin olvidarnos de los primeros 80, cuando el gran Chicho Ibáñez Serrador programó aquella inolvidable tanda de películas bajo el título de "Mis terrores favoritos".

Notable me parece su labor de cicerone en el cine italiano y español de aquellos años. Porque Vicente nos recomienda que veamos filmes que en su día pasaron desapercibidos y que hoy son de culto, aunque siguen sin ganar popularidad: El cuerpo y el látigo, Amador, La llamada, El tercer ojo, El monte de las brujas, Huellas de pisadas en la luna o Héctor, el estigma del miedo, por citar unos pocos.

Pero que nadie se asuste: no todos son títulos difíciles de encontrar o están extraviados en el olvido… También hay espacio para películas que a todos nos parecen de cabecera: Freaks, Psicosis, La noche del cazador, La semilla del diablo, El resplandor, La matanza de Texas, Dead Man, Inseparables, ¿Quién puede matar a un niño?, Arrebato, Perros de paja, ¿Qué fue de Baby Jane? o Réquiem por un sueño. Porque Vicente, y ésta es otra de sus virtudes como cinéfilo, no se pone barreras, no es un espectador sujeto a prejuicios, ni a modas, ni a etiquetas. Si algo le gusta, sea de primer orden o sea de serie Z, lo anunciará sin tapujos y sin temor al qué dirán (y, créanme, en las listas de cine siempre hay gente que prefiere mentir antes que reconocer que le entusiasman las locuras de Russ Meyer).

En estos tiempos de sobrecarga de información, donde todo dios con una cuenta de Twitter se cree crítico de cine y analista político, donde hay tanta oferta cultural que acabamos abrumados y perdemos horas en elegir la próxima serie o la próxima película para degustar, necesitamos cada vez más la figura de prescriptores que nos guíen por los géneros, que nos señalen y nos aconsejen qué debemos oír, leer y visionar. Necesitamos a personas como Vicente Muñoz Álvarez, que hagan el papel que, antaño, hicieron en televisión José Luis Garci o Chicho Ibáñez Serrador.



viernes, 7 de junio de 2019

CURA DEL BIENESTAR



y ahora sí que sí, pienso al límite de mis fuerzas y al fin, pura convalecencia, tocan los días de mar y de ensoñación, de limpieza y purificación, y atrás van a quedar, me repito (para no llevarlos encima como una condena), los de ruta y desolación, que han sido muchos y de muy diversa índole en los meses pasados... atrás la incertidumbre y la crisis y los hospitales y el calzado y los traumas y la baja autoestima, atrás... sólo amor y arena y playa, como terapia, las semanas que vienen... y los ojos más bellos del mundo en el corazón...


Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 5 de junio de 2019

TRAVESÍA según ENRIQUE VILLAGRASA



Versos y poetas para la Feria del libro

Además, estará presente Travesía (Chamán), el que creo es el mejor libro del poeta Vicente Muñoz Álvarez. Una poesía crítica con la existencia desde una poética de huida, en busca de esa puerta enclavada en la realidad: “y esa enigmática clarividencia a veces… a veces…” Fragmentos, trozos, poemas en prosa de gran belleza. Muñoz Álvarez es literatura.


Enrique Villagrasa en Librújula

Nuestras recomendaciones poéticas para la Feria del libro de Madrid:


lunes, 3 de junio de 2019

EL MAL DE MONTANO



de que este último año, 2018/2019, ha sido trepidante y extraño a todos los niveles (sobre todo en lo que a literatura se refiere: tres libros inéditos y tres reediciones ampliadas), doy fe, y de que en lo sucesivo, como terapia si no quiero abrasarme, tendré que desconectar una temporada, también... pero ahí queda esto entretanto, hermanitos, 4000 y pico en face y otros cuantos en la vida real: es vuestro turno de leerme, si os apetece, ahora: yo tengo que descansar...


Vicente Muñoz Álvarez