jueves, 27 de febrero de 2014

CATARSIS



terminar
 un nuevo libro

sacar 
lo peor
y lo mejor
del fondo
de mí

comenzar
a escribir
de nuevo

se repiten
los ciclos


Vicente Muñoz Álvarez,
de Días de ruta
(Ediciones Lupercalia, 2014)


miércoles, 26 de febrero de 2014

DÍAS DE RUTA: Sinopsis.

Oscilante y extremo, nunca aséptico ni imparcial, nunca en el medio: Vicente Muñoz Álvarez nos ofrece un nuevo libro. Indefinible en su estructura: ¿Un cuaderno de poemas? ¿Un diario, personal, de carretera…? ¿Un híbrido de ambos?, en cualquier caso, es un libro fuera de lo común, en el que comparte con nosotros textos muy personales. En DÍAS DE RUTA el autor trata de desterrar todo aquello que le oprime y desconcierta; donde elabora -con la gran estafa de la crisis económica de fondo- un ejercicio de escritura autosanador, a través de la confesión y la poesía. Fantasmas, miedos y traumas, en lucha constante contra la ensoñación de quien se felicita en el hecho asombroso de estar vivo: Welcome to Babilonia.

Gsús Bonilla, contraportada para Días de Ruta.


Ya en pre-venta en:


BOYS BOYS BOYS (Pezón furtivo)


pocas cosas hicieron vibrar tanto a la España de los 80 (al margen del 23 F) como los pechos de Sabrina Salerno en la Noche Vieja de 1987, aquella horterísima canción, Boys, aquel diminuto pantalón corto y aquel corpiño ajustado... repitieron el vídeo en los medios hasta la saciedad (incluso a cámara lenta), sobre todo el momento en que se le desborda uno de los pechos, un pezón furtivo y un instante de éxtasis y arrebato para todos los españolitos de a pie, y de indignación para todas las madres y esposas de este país... veintiún años tenía yo entonces, y recuerdo aquella actuación como un acontecimiento nacional que dividió a media España, millones de hombres babeando frente a la pantalla del televisor con los ojos como platos y millones de mujeres echando espumarajos y pestes por la boca, hasta el punto de generar casi una guerra civil (sin Tejero de por medio) entre ambos sexos... cuántas discusiones y peleas originó aquel dichoso vídeo, cuántas fantasías y exorcismos, yo fui testigo de unos cuántos, todo por un pecho rebelde escapándose de un corpiño ajustado (cuando había pasado ya el boom del destape setentero y los videoclubs rebosaban de películas X y los quioscos de revistas pornográficas de todo género y tipo)... cosas de la líbido y la imaginación, supongo, del arte de sugerir e insinuar, siempre más efectivo que el de mostrar, lo cierto es que la Sabrina aquella Noche Vieja de 1987, le pese a quien le pese, pasó a la historia de la televisión como un acontecimiento de máxima audiencia y escándalo nacional... visto ahora de nuevo, el vídeo, por lo timorato, parece de risa, pero por aquel entonces, os lo aseguro, no lo fue, aquellos pechos rebotando como pelotas de béisbol y los sensuales y chabacanísimos movimientos de Sabrina Salerno sobre la pista de baile... veintiún años tenía yo entonces, y veintisiete han pasado desde aquella noche, pero hay cosas que nunca se olvidan...



Vicente Muñoz Álvarez



FRIENDS


con Juan Vico, Rafael Saravia 
& Julio César Álvarez
en el Bar Leonés

photo by Vicente García

lunes, 24 de febrero de 2014

FRENESÍ GÓTICO (Y los maestros antiguos)


también por aquella época, a mediados de los 80, con diecisiete o dieciocho años, deslumbrado por H.P.Lovecraft y Los Mitos de Cthulhu, comencé a escribir mis primeros relatos... me veo ahora bajo el flexo de mi escritorio pluma en mano intentando trasladar mis ensoñaciones y quimeras al papel, desesperándome por encontrar la palabra justa y el ritmo adecuado, enfrentándome a mis primeros retos y esforzándome en emular torpemente a los maestros antiguos... todo lo cual daba como resultado una prosa barroca y retorcida, anacrónica a más no poder, truculenta, romántica y gótica, cargada de adjetivos y por completo desfasada, pero que a mí me parecía en aquellos días visionaria y tremenda... lógico, por supuesto, teniendo en cuenta mis lecturas de entonces: además de Lovecraft y su círculo, Edgar Allan Poe (sobre todo Ligeia y La caída de la Casa Usher, dos relatos que siempre me han fascinado), Guy de Maupassant, Nathaniel Hawthorne, E.T.A. Hoffman (y sus Elixires del Diablo), J.K.Huysmans (y la subversiva Al Revés), Gabriele D'Annunzio (en especial El Placer), Herman Melville, Robert Louis Stevenson, Lautréamnot (y sus Cantos de Maldoror), Baudelaire, Emily Bronte, Jean Potocki (y su Manuscrito encontrado en Zaragoza), Oscar Wilde (inolvidable Dorian Gray) y la trinidad gótica por excelencia: Horace Walpole, con su Castillo de Otranto, Matthew Gregory Lewis, con El Monje, y Charles Maturin, con Melmoth el Errabundo... lecturas todas, por supuesto, magníficas y necesarias, pero quizás no las más adecuadas para escoger como modelo de iniciación a la escritura a finales del siglo XX... no importaba, era lo mismo, lo cierto es que yo comenzaba a sentir cada vez más arraigado el impulso de expresarme por escrito y trasladar mis fantasías al papel, y me aplicaba en aprender los rudimentos básicos del oficio, cómo construir una historia, cómo perfilar los personajes, cómo montar los diálogos, cómo describir los paisajes, cómo desarrollar la trama y ponerla fin, utilizando manuales de estilo, apuntándome a talleres literarios por correo (postal) y leyendo frenéticamente, todo por la causa, lograr algún día escribir como aquellos maestros que tanto admiraba (sin sospechar que, muchos años después, una vez leído y asimilado todo aquello y bastante más, lo iba a desmontar de nuevo todo dentro de mi cabeza y a construir del caos resultante mi propia poética)... de aquel entonces, entre los dieciocho y los veintipico, en pleno frenesí gótico, datan mis primeros relatos, que conservo como oro en paño en viejas carpetas: MirellaLas siete puertas del infiernoLa transmutaciónEl hombre al que amaban las montañasDespertar de OtoñoLa casa del olvidoLa danza de las Xanas, La dicha en el crimen, etc, etc... sólo por los títulos podéis ya imaginaros de qué iba la cosa y poneros, sí, en lo peor: una prosa recargada y obsoleta, farragosa y absolutamente infumable... pero allí en cualquier caso estaba yo, aprendiz de poeta, emborronando y rompiendo como un poseso cuartillas, entregándome al oficio como a un ritual y dándolo todo para lograr llegar a ser algún día un verdadero escritor...


Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 23 de febrero de 2014

BARRIO HÚMEDO (El hígado & la piel)


mis padres siempre cuentan que mi primera borrachera en el Barrio Húmedo la pillé a los cuatro o cinco años, con limonada, una Semana Santa en que, en no sé qué mesón, cenando, me la dieron inocentemente a probar, medio vasito, poco más que mojar en ella los labios... y que al salir a la calle iba partiéndome el culo de la risa yo solo, haciendo eses por las aceras y dando tumbos de aquí para allá... yo apenas lo recuerdo, quizás alguna vaga imagen al fondo de mi cabeza, las mesas de madera y las jarras y cubas de vino de alguna bodega y muy poco más... pero sí, ya de adolescente y en lo sucesivo durante el resto de mi vida adulta, las cientos, seguramente miles de veces que he pateado sus calles y alternado en sus parroquias y bares, y los incontables litros de vino y cerveza, como para llenar varias piscinas, que he trasegado allí... menos, mucho menos ahora, la verdad, pero casi a diario durante los muchos años que viví en la ciudad, hasta los treinta, de cañas y vinos por sus tabernas... el Barrio Húmedo, Shangri-La leonés, rincón de almas perdidas, conocido en toda España por sus cientos de tascas, estandarte del León beodo, cuna de ilustres borrachos, patria chica de Genarín, país de Nunca Jamás, tela de araña absorbente, con sus callejas estrechas y destartaladas, sus plazas recoletas y sus mesones y tabernas (casi todas, por desgracia, recicladas hoy en impersonales bares de copas), el Barrio Húmedo, cuántos días y tardes y noches alternando a lo largo de mi vida allí... poco que ver ya con el que conocí en mi niñez, años 70, adolescencia, años 80, y juventud, años 90, salvo por los litros y litros de alcohol que en él, generación tras generación, se han trasegado... bares y tascas para el recuerdo, muchos de ellos que hoy ya no existen, donde, vaso tras vaso, nos dejamos el hígado y la piel: el Lisardo, el Emiliano, el Matasiete, el Minibar, el Racimo de Oro, la Cantina (y sus acid test), la Bodeguita, el Oriente Medio, el Lorenzo, el Montejos, el Universal (el bar de Bingo, guitarrista de mi grupo, Veredicto Final, nuestra segunda casa y punto de encuentro a finales de los 80), el Octubre Rojo, la Patata, el Flechazo, el Place (de Mila y Teté), el Pote, el Desnivel, el Garbanzo Negro, la Bodega Regia, el Besugo, la Gitana, la Piconera, el Chivani, la Bicha (vade retro, Satanás), el Valdesogo, la Tierra, el En obras, el Miche, el Húmedo, el Tizón, la Dulzaina, el Cuervo, el Dulcinea, el Celso, el Toisón (que inmortalizaron en una canción, himno de la noche leonesa, Los Cardíacos), el Agustín, el Benito, el Polvos, el Cafetín, el Quijote, la Mazmorra, el Esteban, etc, etc, etc... cuántos y cuántos vinos y cervezas en ellos, cuántos corazones perdidos, canciones y melopeas, amores y desencuentros, intrigas y peleas, mediodías de terrazas al sol e interminables sobremesas de orujos y noches de fiesta, cuántas historias y anécdotas, cuántas regresiones y cuántos, cuántos recuerdos...


Vicente Muñoz Álvarez


Noches de Toisón


THE DIVIDE


¿Qué sucedería si, tras un cataclismo nuclear, ocho personas desesperadas, sin apenas provisiones, se quedan atrapadas e incomunicadas en un refugio?

Aunque el planteamiento no es, desde luego, especialmente original (lo hemos visto en docenas de películas y abordado desde muy distintos enfoques), The divide (Aislados, 2011), de Xavier Gens (el director de la bizarra Frontiers), consigue dar una vuelta de tuerca más al asunto e imprimirle un plus de decadencia y depravación que pone los pelos de punta.

Que el hombre es un lobo para el hombre y que, acosado, puede convertirse en una bestia sin prejuicios ni escrúpulos, ya lo sabíamos, pero esta película lo plasma de una manera tan explícita y degenerada, tan cruda y angustiosa, que logra llenarnos de congoja el corazón.

Claustrofóbica y asfixiante a más no poder, The divide nos hace reflexionar sobre la naturaleza del hombre y el grado de perversión que, en determinadas circunstancias, puede llegar a alcanzar, y nos mantiene a la expectativa y en tensión frente a la pantalla durante las dos horas  largas que dura el metraje.

Pese a las malas críticas que recibió en su estreno, para mí, sin duda, una pequeña joya del género a reivindicar.

v

The Divide (completa) in You Tube:


viernes, 21 de febrero de 2014

VEREDICTO FINAL (Y Las Specíficas)


Veredicto Final, la banda que formamos a principios de los 80, qué recuerdos me trae, ese sí que es mi punto débil y mi magdalena de Proust personal... con dieciséis o diecisiete años en casa de César, él con la guitarra y yo a la batería (caja y un plato nomás) ensayando nuestros primeros temas... y luego con Bingo (también a la guitarra) y Luis (al bajo) y Ana Campe (a la voz) comenzando a patear escenarios... una mezcla de ska y rockabilly a nuesta bola y estilo, un repertorio de canciones sencillas pero cañeras y mucha ilusión, eso fue Veredicto Final en el León de mediados de los 80... ninguno sabíamos música y hacíamos lo que podíamos (no gran cosa) con los instrumentos, pero entonces éramos jóvenes e inquietos y suplíamos con energía y buen rollo esas carencias contagiando nuestro entusiasmo a la peña... lo cierto es que nos lo pasamos de puta madre en aquella época con el grupo, los colegas siempre en los ensayos, Dani, Roberto, Justo, Ramón, José, Pastor, Gato, Yoni, Carlos, Jandri, Bufa, Jato y Jatín, Jordi, Agustín, Vito, etc, etc, y apoyándonos birra en mano en todos los bolos que, aquí y allá, nos iban saliendo (en la Mandrágora con la Polla Records, en el Palacio de los Deportes con los Ronaldos, en la Pícara, en San Marcelo, en el Oasis, en el Tosión y en muchos otros garitos que ya ni recuerdo)... y luego los cambios en la formación, Emiliano y Koke y de nuevo César a las guitarras, Edu Núñez al saxo y, la guinda psicotrónica al pastel, Las Specíficas: Silvia (Vinalia), Yolanda, Rocío, Inma y Begoña haciendo coros y animando enloquecidas al personal... joder, qué bien lo pasamos, cinco años de fiesta con las baquetas y los amplis y guitarras de aquí para allá, sin más pretensión que divertirnos y hacer vibrar a la peña... grabamos una maqueta de seis temas y un par de canciones en un doble LP compartido con otros grupos de León, Fiesta Gitana y Desesperación, con Chiqui Cardiaco (todo un honor) a las mezclas y arreglos, continuamos dando conciertos durante algún tiempo y luego, sin forzarlo, sin discusiones ni tragedias, dejamos de ensayar y seguimos cada uno nuestro propio camino... pero fueron muy buenos tiempos aquellos, con nuestros boogies de colores y nuestras lambrettas y vespas y aquella enorme pandilla de colegas bailando como locos en nuestros conciertos... y en los de otros grupos afines también, Deicidas, Los Vagos, Positivos, Flechazos, Ópera Prima, Abogado del Diablo, Posesión Infernal (clavaditos a Parálisis Permanente) y por supuesto Los Cardiacos, con cuyos acordes crecimos y nos dejamos en muchas pistas de baile la piel... fueron, sí, buenos tiempos aquellos, frenéticos y desprejuiciados, y afortunadamente el ritmo continúa...

que nos quiten
lo bailao


Vicente Muñoz Álvarez


Fiesta Gitana

Desesperación

miércoles, 19 de febrero de 2014

PSYCH-OUT


Sólo por la banda sonora (de Strawberry Alarm Clock y The Seeds, en su mayoría), alucinógena y psicodélica donde las haya, y por la estética colorista y hippie, merece ya la pena videar esta película, Psych-Out (en España, Pasaporte a la locura, 1968), de Richard Rush, uno de los iconos de la contracultura norteamericana de aquel tiempo, junto a The Trip The Wild Angels (ambas de Roger Corman), y especialmente Easy Rider (de Dennis Hopper).

Si además estás familiarizado con el tema: Gaseosa de ácido eléctrico (la fantástica novela de Tom Wolfe), los Alegres Bromistas, los acid test, las luces estroboscópicas, las pinturas a lo dayglo y el rock progresivo, Psych-Out te cautivará.

Y si a mayores de todo esto, has viajado con Lucy in the Sky (with Diamonds) alguna vez, descubrirás en ella cientos de guiños lisérgicos y disfrutarás de lo lindo con las delirantes aventuras de sus protagonistas en las calles y buhardillas de Frisco, visión viene y va en busca de su destino...

Quizás demasiado tremendista el desenlace (la realidad es un sitio mortal: espero que este viaje sea bueno), pero fascinante y arrebatadora (al menos para los iniciados) de principio a fin.

Susan Strasberg, Jack Nicholson y Bruce Dern (entre otros alegres bromistas) buscando el camino de baldosas amarillas.

v

Trailer in You Tube:



MAÑANA en LEÓN


GAS

todo por qué
y para qué

todo absurdo
inconsistente
vacío

los triunfos
los fracasos
los desengaños

todo gaseoso
efímero pasajero

todo
por la causa

vivir


Vicente Muñoz Álvarez


Le pasquín poético: 1ª Ronda.

Vicente Muñoz Álvarez, presentado por Felipe J. Piñeiro.

Jueves, 20 de febrero, a las 21 horas 
en el Gran Café (León)

lunes, 17 de febrero de 2014

SERIES DE LOS 70 (En busca del tiempo perdido)


aquellas inolvidables series de televisión de mi infancia, mediados los años 70, aquellas entrañables series de la Transición, parte de mi educación sentimental, cuántas veces me vienen a la cabeza... solamente un par de canales, la 1 y la 2 (también llamada UHF), eran suficientes por aquel entonces para congregar a millones de españoles cada capítulo frente al televisor... las de detectives, Kojak, Colombo, McCloud y Banachek (a las que Pepe da Rosa dedicó una canción), de mis preferidas, las de terror, Historias para no dormir (de Chicho Ibáñez Serrador) o La dimensión desconocida (The Twilight Zone), las de dibujos animados, Mazinger Z (y sus delirantes puños fuera), Scooby Doo, Simbad el Marino o Dragones y mazmorras, las del Oeste, Bonanza, La casa de la pradera, El Virginiano o La conquista del Oeste, las de mascotas y animales, Flipper (el delfín), Furia (el caballo negro) y Lassie (el collie), Sandokan (adaptando una novela de Emilio Salgari), los fantásticos Hombres de Harrelson (otra de mis favoritas), la psicotrónica Pipi Calzaslargas, Raíces (y Kunta Kinte), Orzowey, Hombre rico, hombre pobre, PoldarkVerano Azul (y la trágica muerte de Chanquete), Hulk (y el inefable Lou Ferrigno), Yo, Claudio (y los excesos de Calígula y Mesalina), Embrujada, Autopista hacia el cielo, Perdidos en el espacio, las castizas Cañas y barro y La Barraca (basadas en sendas novelas de Vicente Blasco Ibáñez), Fama (y el paquete de Leroy, del que hablaban todas las chicas), El inmortal, Baretta (fantástico Robert Blake), Canon, El fugitivo, El hombre que costó seis millones de dólares, El Santo, Hotel (y la voluptuosa Coney Selleca), El Nido de Robin, Los Payasos de la Tele (¿Cómo están ustedes?), Los Chiripitiflauticos, Calles de San Francisco, Haway 5.0 (con su memorable sintonía surfera, que Loquillo versioneó), la bizarra Curro Jiménez, Kung-Fu (antes de que John Carradine comenzara a masturbarse con bolsas de plástico en la cabeza: asfixia autoerótica), Flecha Negra, Los Ángeles de Charlie, La mujer policía, Un hombre en casa, etc, etc... aquellas inolvidables series de la Transición que veía de niño con mis padres y hermana en las sobremesas, que me transportaban a realidades paralelas y potenciaban mi imaginación, antes de que llegaran la 5 y la Sexta y Antena 3, y mucho antes de que internet revolucionara para siempre nuestras vidas... con ellas crecí y me crié, de ellas, como madres nutricias, mamé y aprendí, y de todas conservo indelebles recuerdos, cientos, miles de secuencias grabadas a fuego en mi memoria, que una y otra vez, regresión tras regresión, vuelven a mi cabeza...

¿dónde
fueron a parar
aquellas caras

dónde
quedan ya
aquellos recuerdos?


Vicente Muñoz Álvarez

VESPAS & LAMBRETTAS (Restauración)


nos encontramos ayer por casualidad en la Plaza del Grano, César y yo, absorbiendo como esponjas el nítido sol de invierno (oscuro y lluvioso, este año, como pocos aquí se recuerdan) y tomando una caña en La Piconera, y volvimos a hablar con nostalgia del tema: las Vespas y Lambrettas de nuestra juventud... su padre tenía un taller de chapa y pintura cerca de Michaisa, subiendo hacia La Virgen del Camino, y allí íbamos los colegas de la pandilla a restaurarlas... las comprábamos (salvo los más pudientes) por cuatro duros, de segunda o tercera o cuarta mano, armatostes oxidados y gripados de los años cuarenta y cincuenta que César arreglaba y petroleaba y engrasaba y pintaba de vivos colores, amarillo, rojo, verde, rosa, etc, y finalmente maqueaba con espejos retrovisores y portamaletas y otros ornamentos... y allí estábamos nosotros, adolescentes recién salidos del cascarón, con nuestras relucientes Lambrettas y Vespas de todos los estilos y cilindradas recorriendo las calles y las afueras de la ciudad... que ahora mismo recuerde: Justo (una Vespa gris), Agustín (una amarilla), Bingo (una negra), Gato (también negra), Yony (creo que roja), Carlos (puede que azul), él (una Lambretta rosa recortada) y yo (una Vespa roja, primero, de cincuenta centímetros cúbicos, a los dieciséis años, y una flamante Lambretta verde metalizada a los dieciocho)... los pijos y los peras pilotaban Vespinos con pegatinas de Snoopy o, ya algo después, pepinos futuristas de gran cilindrada, mientras nosotros conducíamos aquellas pesadas y obsoletas pero deslumbrantes máquinas de colores con nuestras chicas en el asiento de atrás... no éramos mods, en absoluto (aunque ellos flipaban con nuestras motos y nosotros con Quadrophenia, una de las pelis de culto de aquella época), pero casi todos por aquel entonces en la pandilla, mediados los años 80, teníamos Vespas y Lambrettas e íbamos con ellas a los garitos de las afueras (mucho más lejos, la verdad, casi ninguna podía llegar: no dejaban de ser reliquias de tiempos remotos), al 44 sobre todo, al final del polígono (entonces sin edificar) de Eras de Renueva, o al Villa Evarista (qué entrañables recuerdos conservo de aquel merendero, detrás del Politécnico), o al bar de los Pinos, en mitad del bosque, o a los de La Candamia o al de Carbajal (donde los cubatas eran mucho más baratos), etc, etc... en la Plaza del Grano (una de las perlas -en peligro- de esta ciudad) absorbiendo como esponjas el nítido sol de invierno César y yo, ambos rondando ya los 50, hablando con nostalgia de los 18 y los 20, de todas aquellas Vespas y Lambrettas de colores que él con tanta ilusión restauró y de las juergas que a lomos de ellas nos corrimos...

30 años
han pasado
y parece
que fue ayer


Vicente Muñoz Álvarez

SOL DE INVIERNO


tras varias 
semanas de lluvia

como
una bendición

sol al fin
en la tierra

sobre las cumbres
nevadas

dentro
y fuera de mí

disipando
las tinieblas


Vicente Muñoz Álvarez

FRIENDS


con Julio César Álvarez
en el Bar Leonés

photo by Vicente García

domingo, 16 de febrero de 2014

AMOR Y MUERTE EN EL JARDÍN


A caballo entre el giallo y el cine de autor, el thriller psicológico y el arte y ensayo, Amor y muerte en el jardín (Amore e morte nel giardino degli dei, 1972), de Sauro Sacavollini, es, ante todo, un prodigio de narración no lineal (tomad nota, hermanos escritores) y secuencias magistralmente imbricadas, que propone un inquietante descenso al lado oscuro del corazón.

A diferencia de la mayoría de muestras del género, más preocupadas por el efectismo y la ambientación que por el propio argumento, Amor y muerte en el jardín apuesta por un guion complejo y perfectamente hilvanado, donde tres tiempos e historias aparentemente inconexas van poco a poco interrelacionándose, hasta terminar confluyendo en un sorprendente y clarificador final.

Todo ello rodado con una elegancia muy superior a la media, una fotografía deslumbrante y una estética refinada y decadente (en la línea de El placer, de D'Annunzio, o El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani, dos novelas que me venían una y otra vez a la cabeza al videar la película) que nos remite al mejor cine de autor de la época.

Un film morboso y desconcertante, truculento y perverso, donde el sadomasoquismo, el incesto y el crimen van de la mano, que no dejará, para bien o para mal (es lenta y espesa a rabiar, os aviso), indiferente a nadie.

Aunque, eso sí, no esperéis lo habitual de los giallos al uso: lo que Scavollini plantea es, sin duda alguna, más arriesgado.

v

Trailer in You Tube


sábado, 15 de febrero de 2014

TUNOS & PAPONES (Vade Retro)


nunca pude con ellos, iconos intocables y megarrancios de esta ciudad, y con el paso del tiempo la cosa ha ido a peor... tunos y papones, lo mismo me da, con sus ridículos uniformes unos, sus polainas ajustadas y pantaloncitos cortos y medallas universitarias y lazos de colores, sus guitarras y bandurrias y panderetas y su forma amanerada de bailar y vacilarle agilipollados siempre a la peña... y peor si cabe aún (y sí que cabe en esta ocasión) los otros, papones, con sus siniestros trajes negros o blancos o morados o rojos y sus lúgubres caperuzas, sus báculos y pasos sanguinolentos de procesión y tambores y trompetas apocalípticas colapsando al unísono las calles de esta ciudad... tunos y papones, papones y tunos, lo mismo me da, tribus aparte, guardianes de la tradición y las buenas costumbres, casposos a más no poder, vestigios de tiempos remotos, formando pequeños ejércitos y clanes al ritmo de sones marciales y desfilando como playmóbiles teledirigidos por las calles de esta ciudad... lacha desde pequeño, me dieron siempre, tunos y papones, y rechazo y grima total frente a sus manifestaciones de exaltación y poder, apesadumbrados y macilentos, halitosos y austeros o hipotéticamente lúdicos y viriles, lo mismo me da, lo cierto es que ocupaban a su antojo las calles de esta ciudad, y la gente les ovacionaba y vitoreaba y colapsaba aceras y plazas, no había escapatoria posible, me recuerdo luchando por llegar a comer puntual a casa de mis padres, intentando desesperadamente cruzar sus trincheras, y ser blanco de todo tipo de improperios e insultos, tunos y papones, papones y tunos, hermanos de sangre, cara (al sol) y cruz (gamada) de la misma moneda, qué intenso olor a podrido despredíais ya entonces, años 70 y 80, y seguís desprendiendo ahora, vuestras bocas enfervorizadas de piñón lanzando flamígeras proclamas hacia el santísimo cielo... tunos que se creían irresistibles galanes y papones de ojos reprimidos y lascivos clavándose como dardos envenenados en la piel, tunos haciendo cabriolas y papones del ku klux klan, papones y tunos alienados y exaltados, metáfora del antiguo régimen, papones alcanforados y tunos almibarados disputándose la verdad absoluta por las calles de esta ciudad... sus gestos, manolas, sus bares, atuendos y miradas, sus formas y procesiones e histriónicos desfiles y tamboradas y beatas cogorzas de mistela y flagelación, qué poco me gustásteis ya de niño, cómo os evité y he huido de vuestros disfraces durante toda mi vida y qué lejos os he intentado siempre tener... 

Vade Retro



Vicente Muñoz Álvarez

viernes, 14 de febrero de 2014

ARMAS



puños palos
espadas bombas
navajas cuchillos
fusiles pistolas

palabras

para disparar

no estoy
indefenso


Vicente Muñoz Álvarez

FRIENDS


Con Jorge M Molinero,
en la Librería A pie de página,
presentando El descrédito
en Valladolid

jueves, 13 de febrero de 2014

EL ARTE & LA LUCHA (Retrato del artista cachorro)



todo oscila
entre el arte 
y la lucha

el conflicto
y la humanidad

todo es
pura farsa
mentira

a tu alrededor
el mundo
se hunde
y otros
lo quieren
aprovechar

minuto
a minuto

la manzana
podrida

sólo te queda
la dignidad

pero

asegúrala bien
mientras dure
el viaje

si no

dalo por hecho

las pirañas
te devorarán


Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 12 de febrero de 2014

HOSTIAS (Como panes)


las que recibíamos en el colegio, primero, en los P.P.Agustinos, para todos los gustos y paladares, tortas a ambos lados de la cara (María o Fontaneda, nos preguntaban sádicamente los curas, y nosotros debíamos elegir: María con la palma de la mano o Fontaneda con el envés, tal cual os lo cuento), pescozones (la especialidad del Luismi: un torniquete con los dedos perforando sin piedad la nuca y la sien), tirones de patillas (sobre todo si llevabas el pelo largo: los había que se lo rapaban ex profeso para evitar aquella tortura), latigazos con los cinturones de la sotanas (la especialidad del Nerón) y todo tipo de golpes con reglas y varas en las manos, bien en las palmas, o peor aún, en los dedos y en las uñas, los más dolorosos... y hostias como panes entre nosotros también, tiempo después, de chinorris y adolescentes, por individual o en pandilla, para defender nuestro territorio, hostias a puño cerrado en la cara y el estómago y el pecho y la espalda, y patadas de todos los colores y estilos (emulando, por supuesto, a Bruce Lee) e incluso peleas multitudinarias de peñas enfrentadas, de barrios o plazas o piscinas o colegios enemigos, o entre heavys y rockers y punkis y mods e hinchas de equipos de baloncesto y de fútbol, etc... di muchas y encajé más todavía en aquella fase absurda y violenta de aclimatación, hasta que recibí una gran paliza de una bestia llamada Rambo (podéis imaginaros por qué), la horma de mi zapato, experto en lucha leonesa, a la puerta del Atomium, rodeados de gente enzarzándonos, después de haberle dado injustificadamente un par de collejas en el servicio a un panoli de su pandilla, ya ni siquiera recuerdo por qué... me vino a buscar a la discoteca, Rambo, yo bastante colocado ya, y nada más verle venir supe que me caerían por todos los lados, pero por orgullo y amor propio salí a la calle con él, di yo el primer puñetazo (la mejor defensa cuando temes al adversario: el factor sorpresa), y a continuación me elevó como a una pluma por la cintura, me tiró sobre la acera y comenzó a golpearme con saña a diestro y siniestro hasta hacerme perder prácticamente el sentido... la cara y el cuerpo reventados y llenos de hematomas y arañazos, y el orgullo por los suelos, me hicieron pensármelo más en lo sucesivo e ir progresivamente templando mis nervios... me las merecía, aquellas hostias como panes delante de docenas de personas, y me las llevé y las encajé con la mayor dignidad que pude y asimilé lo mejor que supe aquella lección: que en mi caso, mejor la pluma que el puño, la palabra que la herida, y que las próximas guerras y peleas, no menos encarnizadas, serían en lo sucesivo sobre el papel...


Vicente Muñoz Álvarez

LE PASQUÍN POÉTICO: 1ª Ronda.


Juan Vico: Jueves 13 de febrero, 
21 h, Café Bar La Pañería (Plaza Mayor)

Vicente Muñoz Álvarez: Jueves, 20 de febrero, 
21 h, Gran Café (C/Cervantes, 9)

León


martes, 11 de febrero de 2014

CASA CON JARDÍN (Sortilegio de infancia)


qué recuerdos maravillosos conservo de aquella casa, la de mis abuelos maternos, Manolo y Consuelo... no sé muy bien qué edad tendría cuando la vendieron, calculo que seis o siete años a lo sumo, quizás por eso tenga una imagen de ella distorsionada, pero a mí me parecía entonces un palacio encantado, aquella casa unifamiliar en la carretera de Caboalles, con su extenso huerto y jardín, el pilón de agua helada donde mis primos y yo nos chapuzábamos en verano, y justo al lado el enorme ciruelo por cuyas ramas trepábamos (y recolectábamos de su corteza una especie de resina amarilla que utilizábamos como pegamento en nuestros juegos), las hileras de hortalizas en la huerta (recuerdo perfectamente el primer día que extraje fascinado de la tierra una zanahoria, su intenso color naranja resplandeciendo bajo el sol), los árboles frutales, manzanos, perales y cerezos, los parterres de flores, los aperos de labranza, azadas, picos, palas y tijeras de podar, y mi abuelo Manolo, con su boina negra y su pierna chirriante de madera (se la habían llenado de metralla y cortado por la rodilla en la guerra, aunque durante años le estuvieron sacando del muslo trozos de metal que, según le oí contar varias veces a mi abuela, él conservaba en una caja) excavando sudoroso los surcos... la casa, en cambio, según me recuerda siempre mi madre, su hija, cuando hablo de ella con nostalgia, era incómoda y húmeda y fría, desapacible y poco acogedora, así que cuando a mis abuelos les salió la oportunidad de venderla, no dudaron un instante en hacerlo, comprando a cambio, por el mismo o semejante precio, un piso muy cerca, en la contigua Glorieta de Pinilla, que fue donde en lo sucesivo y ya para siempre, hasta su muerte muchos años después, les visitaría... de entonces, pienso, debe venir mi pasión por la tierra, tocarla con las manos y plantar en ella esquejes, verlos pacientemente crecer, regarlos y podarlos y aporcarlos y cosecharlos y cocinarlos y comerlos o envasarlos y conservarlos... de entonces, de aquella quimérica quinta de mi niñez, aquellas visiones, los frutos destellando como piedras preciosas bajo el sol resplandeciente de agosto o endulzando mi boca con sus jugos tibios de verano, y el deseo de vivir en una casa campo...

todo ello
con el tiempo
se hizo realidad

pero eso
(y lo que pasó después)
es parte también
de otra historia


Vicente Muñoz Álvarez

lunes, 10 de febrero de 2014

DESEO DE SER BRUCE LEE (Furia Oriental)


salíamos de aquellas películas exaltados y sobreexcitados, dándonos patadas y golpes ridículos por la calle e imitando las katas y técnicas que habíamos visto en pantalla... El mono borracho en el ojo del tigre, Tormenta de Kung Fu en el paraíso, Las 36 cámaras de Shaolin, La serpiente a la sombra del águila, auténticos festines de violencia, y por supuesto los clásicos de Bruce Lee: Operación Dragón, Juego con la muerte, Furia Oriental, El furor del Dragón y Kárate a muerte en Bangkok, que veíamos una y otra vez, analizando cada golpe y pelea, en las sesiones continuas del cine Trianón y el Crucero y el Lemy... Bruce Lee, el héroe por excelencia, el más grande artista marcial del siglo XX, luchador invencible, actor y (esto lo supe mucho tiempo después) filósofo... todos queríamos ser como él, pelear como él, parecernos a él, todos deseábamos ser entonces Bruce Lee, sus cicatrices de tigre en el pecho, sus ojos entornados de concentración y de furia, sus músculos y abdominales de acero, y muy especialmente sus nunchacos... aquellos letales instrumentos de lucha, formados por dos palos cortos unidos en sus extremos por una cadena, con los que se podía golpear, bloquear y estrangular a los adversarios... nos fascinaba su silbido siniestro cortando el aire, sus tácticas y rápidos movimientos y las distintas técnicas de lucha con ellos, y suspirábamos por llegar a tener algún día unos en nuestras manos... hasta que a Fernando, uno de los alumnos más vivos de clase, se le ocurrió fabricarse unos, aprender chapuceramente a usarlos, llevarlos al colegio y comenzar a venderlos por encargo... y vaya si le funcionó el negocio, docenas de chinorris con nunchacos en las manos, en la calle, en el patio y en el recreo, como pandillas de ninjas justicieros, o practicando con tesón en sus casas, dándose una y otra vez golpes en la cabeza y la espalda con ellos y enzarzándose frente al espejo en imaginarias peleas... un tipo listo, Fernando, que debió de hacer el agosto con aquellos nunchacos que todos queríamos tener... los fabricaba con palos de escoba, cortándolos en varias piezas y uniéndolas de dos en dos con argollas y cadenas, y nos cobraba una pasta gansa por ellos, creo recordar que 200 pesetas, que en los años 70 eran para un niño todo un capital... y allí estábamos nosotros, nunchacos en mano con pantalones de campana y jerseys de cuello de cisne, dando golpes a diestro y siniestro en los recreos e intentando desesperadamente parecernos a Bruce Lee... no sé qué hice luego con ellos, supongo que mi madre me los tiraría a la basura cuando se me pasó aquella furia oriental, pero me recuerdo perfectamente lleno de chichones y moratones frente al espejo del cuarto de baño, sin músculos ni abdominales, manejando aquellos absurdos nunchacos fabricados con palos de escoba e intentando parecerme, rubio y con gafas, a Bruce Lee...


Vicente Muñoz Álvarez

domingo, 9 de febrero de 2014

BARRO



mano del amo

moldeando la arcilla

torre de barro


Vicente Muñoz Álvarez

CCAN (Mi corazón al desnudo)


hemos vuelto a pensarlo y a comentarlo, Julio César y yo el otro día, lo que nos han robado, lo que nos falta, lo que nos duele, lo que echamos de menos el (antiguo) CCAN, al ver a la peña de La Curva en Valladolid, felices y desfasados, maravillosos y libres, evocando con nostalgia nuestra buhardilla, por qué la sinrazón, el desahucio, el desalojo, una lente de diamante para todos los creadores leoneses que babilonia, así por la cara, nos arrebató, privándonos del mejor espacio de la ciudad para hacer de él, hipotéticamente, un museo... el CCAN, joder, lo que vivimos allí, mi adolescencia y juventud,  mi corazón al desnudo, tantos momentos y generaciones, daba igual quién estuviera al frente (sobre todo y en cualquier caso Zulima: te queremos), las consignas eran las mismas: Pura Vida & Libertad... me encontré en La Curva con una chica que al hablar del asunto la otra noche me dijo, sí, un bar de feministas, y yo le dije, no, un club libertario, con todo lo que ello implica (feministas, por supuesto, incluidas), eso era el CCAN, su espíritu permanece, lo sé y lo agradezco y valoro, aunque el motor y la esencia, pienso, quizás fuera aquella estufa de leña que los socios alimentábamos en las gélidas noches de invierno, el verdadero corazón de la nave, sus efluvios, pasara lo que pasara aquella estufa encendida, qué jodido y fascinante lugar, el CCAN, cientos de conciertos y de fiestas y de lecturas, aquellas paredes oblicuas (o no euclidianas, que diría H.P. Lovecraft: nunca pude evitar asociar los ángulos irregulares de la buhardilla con Los sueños de la casa de la bruja), desafiando a la autoridad y al imperio, fiestas de despedida, actos multitudinarios, las memorables presentaciones de Vinalia, tantos conciertos, clímax continuo e intensidad... todo, es cierto, lo fagocita a la larga babilonia y el tiempo, huérfanos a la deriva, nostálgicos para toda la vida, lo que fue, lo que significó y lo que espero que en lo sucesivo, con o sin unos y otros, seguirá siempre siendo...

Pura Vida
& Libertad


Vicente Muñoz Álvarez

EL ESQUELETO DE LA SEÑORA MORALES


De cómo una mujer frígida y beata puede hacerle insoportable a un hombre la vida, de víboras y arpías, de hipócritas y santurrones, de puritanos y fariseos y de un crimen que podría haber sido perfecto, nos habla El esqueleto de la Señora Morales (1959), del director mexicano Rogelio A. González, una corrosiva comedia negra, inteligente y sarcástica donde las haya, y muy poco conocida fuera de las fronteras de su país.

Una Amparo Rivelles odiosa (a la que uno desearía estrangular a los pocos minutos de comenzar el metraje), un entrañable Arturo de Córdoba (ganándose de inmediato nuestra complicidad) y un magnífico elenco de actores secundarios encarnando histriónicamente los vicios de la sociedad, son los personajes que representan esta subversiva comedia humana, todo un clásico a reivindicar.

Aunque lo más sorprendente (para mí) haya sido descubrir en los créditos que el filme está basado en un relato del gran Arthur Machen (uno de mis autores de cabecera), en concreto El misterio de Islington, lo que le confiere un halo de extravagancia añadida.

Otra recomendación 5 estrellas 5, ideal para videar en la sobremesa de alguna de estas interminables jornadas de lluvia.

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El esqueleto de la Señora Morales (completa) in You Tube:


VALLADOLID (Por vosotros brindo)



un librero en este país 
que da la talla

Enrique Senoras

(para él todo mi respeto)

un poeta de inculto
que contagia buen rollo

Jorge M Molinero

(para él mis mejores latidos)

una artista adorable
que admiro

Casilda García Archilla

(para ella todo mi cariño)

un garito entrañable
para leer

La Curva

(para Ángel mis mejores deseos)

& un público para quitarse
el sombrero

el de Valladolid

gracias
a todos

por 
Ser & Estar


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